De todo lo expuesto concluimos que la vida es un fenómeno raro y efímero, que ha sido posible en el Universo sólo en los últimos 8.000 MM de años y en estrechos márgenes de las galaxias, y que, de no tener más información que demuestre lo contrario, dejará de ser posible su aparición en el universo (al menos la vida tal como la conocemos) dentro de unos 10.000 MM de años.

Aún así, en estos momentos, y siendo optimistas, hemos calculado (con muchas, muchísimas especulaciones) que en cada galaxia sólo hay unos 30 planetas habitables susceptibles de que en ellos evolucione la vida inteligente, y posiblemente sólo seis se encontrarán en la fase de máximas probabilidades de que esto esté ocurriendo en este preciso momento.

Pero estar en la fase de máxima probabilidad no significa tampoco seguridad de que evolucione la vida inteligente.

En mi opinión la vida tenderá a aparecer en cualquier medio líquido en el que haya minerales abundantes y se produzcan intercambios de energía a un nivel más o menos estable. Estabilidad, esa es la clave. Si un ambiente permanece más o menos estable durante mil millones de años es seguro que surgirán bacterias, células, organismos, plantas y animales. Pero si el medio ambiente pasa por etapas con cambios radicales de temperaturas, de la composición de la atmósfera u otros cambios drásticos, los organismos que se hayan podido formar correrán un enorme riesgo de desaparecer.

Las Grandes Extinciones

A lo largo de nuestra historia la Tierra ha estado sometida a grandes cataclismos. Algunos de ellos han sido devastadores, otros no tanto, pero sí lo suficiente para acabar con gran parte de la población de seres vivos del planeta.

Uno de los cataclismos más devastadores fue La Gran Extinción del Pérmico, que tuvo lugar hace unos 250 MM de años, posiblemente debido a la formación de un supervolcán en Siberia, no el típico volcán que imaginamos habitualmente, una montaña, sino una extensión tan grande como algunos países de tamaño medio, horadada por centenares de volcanes, géiseres y grietas en la corteza terrestre por los que millones de toneladas de gases y cenizas se volcaron a la atmósfera cubriendo todos los continentes con nubes de gases tóxicos y polvo que provocaron la muerte del noventa y cinco por ciento de las especies marinas y de casi la totalidad de las especies terrestres.

Cuando las condiciones del planeta volvieron a ser medianamente habitables, un millón de años más tarde, las pocas especies que habían sobrevivido evolucionaron con rapidez para dar inicio al reinado de los dinosaurios, reinado que acabó con la caída de un meteorito de más de 10 Km de diámetro en las costas de Centroamérica hace 65 MM de años y que acabó de paso con el 70% de las especies vivas.

Como éstas, desde que los animales empezaron a poblar la Tierra, se han producido cinco grandes extinciones y otras menores pero de efectos igualmente terribles. Hace 72.000 años, por ejemplo, un supervolcán en la isla de Sumatra provocó un descenso de las temperaturas de la Tierra de unos 15º originando una era glacial que duró mil años y acabó con varias especies de homínidos y primates dejando apenas unos pocos miles de miembros de las especies humanas.

En resumen, en períodos lo bastante largos de tiempo, la supervivencia de cualquier especie animal está en el filo de la navaja. Cualquier fenómeno cataclísmico, como un supervolcán, un meteorito o incluso la explosión de una supernova a menos de 20 años luz de distancia pueden poner en peligro la existencia de cualquier especie.

Pero afortunadamente la vida es persistente y después de cada cataclismo vuelven a desarrollarse nuevas especies que en pocos millones de años vuelven a poblar el planeta ocupando todos los nichos ecológicos posibles.

 

La Vida es Dura y no Dura

Como decía mi abuelo, la vida es dura. Y no dura.

Además de todos los requisitos previos que ya hemos mencionado hasta ahora, para que en un planeta surja una especie inteligente es necesario tener una característica muy especial: Suerte.

Lamentablemente ese no es un factor que podamos cuantificar, pero creo que con lo dicho hasta ahora podemos apreciar la razón que tenía mi abuelo.

En toda la galaxia puede que haya sólo unas pocas especies inteligentes. También es posible que sólo haya una especie inteligente por cada cien galaxias, aún no tenemos medios para averiguarlo. De cualquier forma, cualquier cúmulo de circunstancias, por muy improbables que sean, si se han producido una vez se pueden repetir muchas más. Es una cuestión de estadísticas, pues aunque el universo no es infinito, hay en él varios miles de millones de galaxias que han tenido una historia similar a la nuestra así que es bastante probable que la vida, y la vida inteligente, pueda haber surgido en otros lugares del universo.

¿Podremos entrar en comunicación con ellos?

De momento no. Aun cuando el número de civilizaciones extraterrestres sea de varias decenas por galaxia, las distancias entre ellas serán tan grandes, habrá tantos lugares en los que buscar, que quizás en los mil millones de años que pueda sobrevivir nuestro planeta no tengamos tiempo a explorar todos los lugares posibles.

 

 

La corta vida de un planeta con vida El Futuro de la Humanidad