Bien, seamos pretenciosos, aún a riesgo de equivocarnos.
Basándonos únicamente en un solo ejemplo, la Tierra, podemos especificar cuales son las condiciones que sabemos que son necesarias para la Vida, tal como la conocemos, y qué probabilidades aproximadas hay de que se cumplan en nuestra galaxia, suponiendo que en la Vía Láctea hubiera unos 300.000 MM (Millones) de estrellas.
Para ello, sin embargo, hay que conocer cómo se han formado el Sol, los planetas, la Tierra, los mares y la Vida. Podéis dar un pequeño repaso (sólo unas treinta páginas) en El Origen de la Tierra y la Luna y siguientes. Aquí solo expondremos algunas de las condiciones que considero que serían necesarias.
Nuestra galaxia tiene aproximadamente la forma de una lenteja, más gruesa en el centro y menos por los bordes. En ella, el noventa por ciento de las estrellas se encuentran concentradas en una zona bastante reducida del centro de la galaxia, mientras que solo el diez por ciento de las estrellas se distribuyen en los brazos espirales de la misma.
Contra lo que durante mucho tiempo se ha creído, la Vía Láctea no está formada por dos brazos espirales, sino que hay al menos cinco brazos, lo que demuestra lo difícil que puede resultar ver la forma de la galaxia desde el interior de la misma.
Hay tres razones bastante importantes para suponer que en el centro de la galaxia la vida sería mucho más improbable que en los brazos espirales.
Las estrellas están demasiado cerca unas de otras.
Esto significa que en el centro de la galaxia habrá muchos más sistemas de dos, tres e incluso más soles y muy pocos sistemas de un solo sol, requisito indispensable para que el clima de un planeta de su entorno sea más o menos estable, condición que, como veremos más adelante, es fundamental para que la vida evolucione a una ecología tan compleja como la de nuestro planeta.
La evolución de las estrellas hace que éstas se formen a partir de una nube de gas y polvo, concentrándose hasta que en su interior comienza una reacción nuclear. Esta reacción nuclear hace que los elementos más ligeros y abundantes (Hidrógeno y Helio) se fusionen formando elementos más pesados. Mientras mayor sea la masa inicial de la estrella, más rápido se producirá esta fusión y, llegado un punto crítico la estrella estallará en una supernova esparciendo gran parte de su masa por el espacio.
La explosión de una supernova genera una ingente cantidad de radiaciones cósmicas capaces de bombardear cualquier planeta que se encuentre en su entorno hasta una distancia de varias decenas de años luz. Los efectos de esta radiación, a sólo veinte años luz de distancia, son capaces de arrancar literalmente una gran parte de la atmósfera de un planeta, sometiéndolo a un bombardeo capaz de casi cauterizar el planeta. Si la Tierra pasara por un trance semejante podríamos perder casi un tercio de la atmósfera, gran parte de la fauna y flora moriría por las radiaciones y la vida tardaría millones de años en recuperar la diversidad que tenía anteriormente.
En la periferia de la galaxia, un planeta como el nuestro puede pasar por este trance aproximadamente cada mil millones de años, pero un planeta situado en la nube central de la galaxia se vería bombardeado cada pocos millones de años, no dando tiempo a que la vida pudiera recuperarse y seguir evolucionando tras cada cataclismo estelar.
Conforme las estrellas nacen y mueren, la composición del polvo espacial se va haciendo cada vez más pesada. Si las primeras estrellas se formaron con muchísimo hidrógeno y muy poco hierro, la cantidad de metales de las siguientes estrellas es cada vez mayor. Al aumentar la metalicidad de una estrella, ésta empieza a arder mucho antes, con lo cual se forman estrellas cada vez más pequeñas e inestables, que arden más rápido y que impiden que en su sistema puedan formarse planetas que tengan tiempo suficiente para desarrollar una ecología compleja.
Este proceso será mucho más rápido en el corazón de las galaxias que en su periferia.
Por todo ello debemos indicar que aunque haya trescientos mil millones de estrellas en una galaxia, la vida será más probable en una zona determinada de la periferia de la galaxia.
Por supuesto, no podemos descartar por completo que pudiera surgir la vida en el mismo centro de la Vía Láctea, pero lo más probable es que esto sólo ocurra en la periferia, a la que llamaremos la zona habitable de la galaxia.
Es posible que demasiado en la periferia también disminuyan las probabilidades, pero a la espera de que la ciencia recopile más datos y conocimientos nos conformaremos con asumir, siendo muy optimistas, que hasta el diez por ciento de las estrellas se encuentran en la zona habitable de la galaxia.
Esto nos deja 30.000 MM de estrellas en la zona habitable de la galaxia.
Es preciso que exista un Sol similar al nuestro. Para ello es necesario que en su origen tenga una masa similar, por lo que podemos descartar las estrellas más masivas y las más pequeñas.
Si la estrella es demasiado pequeña se convertirá en una enana blanca, si es demasiado grande consumirá su combustible demasiado rápido para dar tiempo a que en alguno de sus planetas evolucione la vida.
El porcentaje de estrellas de un tamaño más o menos similar al Sol es menor de un 5% (el 90% son menores de 0'5 masas solares), no obstante vamos a suponer que hasta un diez por ciento de las estrellas serán de un tamaño similar al de nuestro Sol.
Tendremos entonces 3.000 MM de estrellas de masa similar al Sol.
Si el sistema contuviese dos o más soles, habría temporadas durante las cuales cualquier planeta recibiría una irradiación de calor y luz solar muy superior o muy inferior a la media, y aunque es posible que la vida simple pudiera adaptarse a un ciclo regular con una diferencia muy grande de temperaturas, parece muy poco probable que un ecosistema tan complejo como el nuestro pudiera sobrevivir.
La mayoría de los sistemas multiestelares se encuentran en la zona central de la galaxia, pero aún en la periferia, donde estamos nosotros, la proporción de sistemas de una sola estrella es aproximadamente de sólo el cincuenta por ciento.
Descartemos pues los sistemas con más de un sol.
Nos quedan 1.500 MM de Sistemas Estelares.
Por supuesto, el sistema tiene que tener planetas.
Como los planetas surgen como simples aglomeraciones de gas y polvo igual que las estrellas, el hecho de que un cuerpo espacial se convierta en planeta o en estrella depende exclusivamente de su tamaño. Es decir, que por cada estrella se habrán formado también decenas, cientos o quizás incluso millares de planetas en la galaxia.
¿Cuántos de ellos orbitarán alrededor de una estrella como la nuestra?
Como no tenemos más que un ejemplo observable, la Tierra, vamos a suponer que nuestro sistema solar es típico y que cada estrella tiene una corte de unos diez planetas.
Tendremos entonces 15.000 MM de planetas.
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