La Influencia de la Luna

La Luna, girando alrededor de la Tierra, hace que el eje de la Tierra nunca se aparte demasiado de su propio plano orbital, de esa forma aunque su tendencia natural sería tener una oscilación mucho más amplia, la masa lunar, orbitando en un plano alrededor de la Tierra, mantiene sujeto el eje dejándolo apenas oscilar solo unos dos o tres grados por encima o por debajo del eje del plano orbital de la Luna. Gracias a ello, a lo largo de los últimos 4.000 MM de años la inclinación del eje de la Tierra nunca ha llegado a ser tanta que haya provocado diferencias estacionales tan radicales que hayan destruido la vida.

Y este es otro requisito imprescindible para la existencia de la vida en cualquier planeta, que los efectos de la Precesión Caótica se vean anulados por la existencia de una luna de masa suficiente para estabilizar su eje de rotación.

Aparte de esto, la superficie de todos los planetas es bombardeada constantemente por radiaciones cósmicas y solares de alta energía. Estas radiaciones son tan penetrantes que podrían romper con facilidad moléculas complejas, de ahí que las formas de vida que habitasen la superficie de un planeta acabarían muriendo por culpa de las radiaciones.

Pero la Tierra tiene un campo magnético a su alrededor que la protege de la mayor parte de estas radiaciones, permitiendo que organismos complejos como plantas y animales puedan vivir en la superficie.

Ese campo magnético es generado por las corrientes internas del núcleo metálico de la Tierra. Y esas corrientes se mantienen en movimiento por el efecto marea de la Luna.

Es decir, que gracias a la Luna no solo mantenemos estable el eje de rotación de la Tierra, sino que también tenemos un escudo magnético que nos protege de las radiaciones cósmicas.

Ahora bien, para que esto funcione, la Luna del planeta debe ser bastante grande, no basta con tener una luna mil veces más pequeña que el planeta.

La masa de la Luna, por ejemplo, es un 1'5% de la de la Tierra, y eso nos lleva a un descubrimiento sorprendente: En relación al tamaño de su planeta, la Luna es el satélite más grande del sistema Solar. Cierto que hay satélites más grandes, pero se encuentran en órbita alrededor de planetas gigantes, representando menos de la diezmilésima parte del tamaño de su planeta. Su masa, desde luego, es totalmente incapaz de tener una influencia significativa sobre su planeta.

La Luna en cambio nos influye de varias formas.

  1. Mantiene sujeto el eje de la Tierra.
  2. Provoca mareas que tienen una importante influencia en el clima.
  3. El efecto marea hace que el núcleo de hierro fundido se mantenga en movimiento, rodando por el interior del Manto Líquido, generando un intenso campo magnético alrededor de la Tierra que la protege de los rayos cósmicos y radiaciones de partículas solares que serían más perjudiciales para la Vida en la tierra.

Si no tuviéramos Luna

Sin la Luna, el Eje de Rotación de la Tierra se inclinaría de forma aleatoria, muy despacio, tardaría cientos de miles de años, pero eso haría que cuando su eje estuviera muy inclinado hacia la eclíptica, el plano orbital de la Tierra, entonces pasaría por períodos de varios miles de años en que el eje de rotación estaría 'tumbado' sobre la eclíptica, haciendo que casi cualquier zona del planeta sufra una insolación continua durante varios meses en verano y otros tantos de oscuridad total en invierno. La vida que durante los períodos benignos hubiera empezado a adaptarse para colonizar la tierra sería exterminada en el siguiente período 'infernal'. 

Sin la Luna no habría efecto marea en el núcleo metálico del planeta, con lo que no se habría generado un campo magnético de suficiente intensidad para detener los rayos cósmicos. La superficie terrestre sería bombardeada con masivas dosis de radiación y partículas de muy alto poder energético que destruirían las moléculas complejas de los organismos vivos que vivieran en la superficie.

La vida solo hubiera podido desarrollarse en los mares o en cavernas bajo la zona ecuatorial y es posible que los seres vivos más complejos fueran similares a los camarones, o quizás incluso insectos del tamaño de los ácaros, viviendo en el espacio intersticial entre los granos de arena de las orillas de los ríos.

De todo ello vemos que para que la vida sea posible en un planeta es preciso que este tenga una luna bastante grande.

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Y para calcular las probabilidades de que un planeta tenga una luna bastante grande debemos conocer cómo se formó nuestra querida Luna.

Si habéis repasado el documento que mencioné al principio, El Origen de la Tierra y la Luna, os habréis hecho una idea general de cuál es el origen más probable de nuestra Luna. Surgió como consecuencia de un choque de la Tierra con otro planeta de la mitad de su tamaño y a una velocidad suficiente para que los escombros salpicados formasen un anillo que posteriormente se aglomeró para formar un cuerpo sólido.

Y esto nos lleva a pensar que el mismo choque que produjo la rotación de la Tierra también provocó con sus salpicaduras de escombros, la formación de la Luna.

Concluimos entonces en que para que un planeta tenga posibilidades de desarrollar vida inteligente es preciso, además de que se cumplan las condiciones ya mencionadas, que en el inicio de su formación se produzca un choque planetario capaz de imprimir una rotación rápida del planeta y que de sus escombros se forme un satélite con una masa superior al 1% de la masa total de los dos planetas en colisión.

Pero no mucho más grande. Si la Luna, en vez del 1'5% de la masa terrestre hubiese sido más grande, por ejemplo un 3%, el efecto marea que produjese sobre la Tierra hubiera sido tan intenso que hubiera levantado mareas muchísimo más elevadas de lo que lo hizo nuestra Luna. Y el efecto marea tiende a detener la rotación del planeta, por lo que una Luna con el doble de masa podría detener la rotación de la Tierra en unos pocos cientos de millones de años.

En nuestro caso, sin embargo, se dio la circunstancia de que la Luna se formó con un 1'5% de la masa terrestre, a unos 30.000 Km de distancia de la Tierra, dando una vuelta a su alrededor en unas veinte horas mientras que la Tierra tenía una rotación de seis horas. El efecto marea de la Luna ha hecho que al cabo de 4.000 MM de años la Tierra gire en 24 horas y la Luna se haya alejado hasta los 384.000 Km girando alrededor de la Tierra en 27 días.

Si la Luna hubiese sido el doble de grande, el efecto marea hubiera sido tan intenso que la Tierra se hubiese visto mucho más frenada y posiblemente hoy en día la Tierra estaría totalmente detenida con respecto a la Luna, dándole siempre la misma cara tal como ella nos la da a nosotros. Eso haría que la rotación de la Tierra con respecto al Sol fuera del mismo tiempo que la Luna tarda en dar una vuelta a nuestro alrededor, probablemente un mes y medio (La Luna también se hubiera alejado mucho más, debido a su mayor tamaño). Tendríamos entonces días y noches de unas 500 horas respectivamente, con lo que las temperaturas llegarían a extremos incompatibles con la vida.

Por todo ello debemos concluir que para que en un planeta pueda desarrollarse y evolucionar la Vida es imprescindible, al menos según lo que sabemos, que el planeta tenga una luna de un tamaño adecuado. 

 

 

El Cambio Climático Estacional Probabilidad de la Colisión Lunar