X De los pastores que vieron la natividad del Señor

  1. Y, cerca de aquel sitio, habitaban los pastores de que ya hemos hablado. Pero sus rebaños de cabras y de ovejas no se recogían más que al caer la noche, en lugares apartados y lejanos, donde pastaban en las montañas y en la llanura. Y, al oscurecer, cada pastor reunía su rebaño, y velaba y guardaba sobre él las vigilias de la noche. Y he aquí que el ángel del Señor vino sobre los pastores, y la claridad de Dios los cercó de resplandor. Y tuvieron gran temor y, lanzando gritos, se congregaron en un mismo lugar, y dijeron los unos a los otros:
    — ¿Qué palabra es ésta que hasta nosotros ha llegado, y que no conocemos?
  2. Mas el ángel les dijo de nuevo:
    — No temáis, hombres discretos e inteligentes que os habéis congregado Porque he aquí que os doy nuevas de gran gozo, y es que os ha nacido hoy mismo un salvador, que es el Cristo del Señor, en la ciudad de David. Y esto os será por señal. Cuando entréis en la gruta, hallaréis a un niño envuelto en pañales y echado en un pesebre de bueyes
    Y, después de haber oído al ángel, los pastores, en número de quince, fueron aprisa al paraje que les indican aquél. Y, viendo a Jesús, se prosternaron ante él y lo adoraron. Y alababan en voz alta a Dios, diciendo:
    — Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz y buena voluntad para con los hombres.
    Y cada uno de los pastores volvió a su rebaño, alabando y glorificando al Cristo.

 

 

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