| Documental | Los Clavos de la Cruz (Nails of the Cross) |
| Serie | Conspiraciones Bíblicas E1 2014 |
| La investigación realizada sobre los clavos procedentes de una crucifixión que se encontraron en la tumba de Caifás | |
En Noviembre de 1990 se encontró una tumba en la ciudad de Jerusalén.
La tumba era similar a otras muchas encontradas anteriormente y contenía doce osarios con numerosos restos óseos. Al retirar las capas de polvo y tierra que los cubrían, se encontró en dos de ellos el nombre de Caifás.
La noticia fue publicada en los periódicos y revistas especializadas de todo el mundo, pero nunca se llegó a publicar un sorprendente hallazgo que pasó inadvertido.
En 2010, el periodista investigador Simcha Jacobovici, al examinar el inventario de objetos encontrados en la tumba vio que se mencionaban dos clavos de hierro, uno de ellos en el suelo de la tumba y el otro en el interior de un osario con el nombre de José Caifás.
Encontrar clavos de hierro es corriente en las excavaciones, pero resulta extraño encontrarlos en el interior de un osario, donde a veces se incluyen algunos objetos, pero nunca hasta ahora se había encontrado algo tan vulgar como un clavo de Hierro.
Jacobovici intenta localizarlos y, al parecer, los encuentra en la Universidad de Tel Aviv, en manos del antropólogo forense Israel Hershkovitz, quien los recibió para su examen unos quince años atrás sin indicación de su procedencia, pero que dada la fecha en que los recibió podrían ser los encontrados en la tumba de Caifás.
Un análisis microscópico indica que el clavo tiene incrustaciones de colada, una calcita propia de un ambiente calizo y con mucha humedad.
Su hallazgo es recibido con sumo escepticismo por parte de la comunidad científica. No existen pruebas de que los clavos salieran de la tumba de Caifás, sólo la coincidencia de fechas, y mucho menos de que los clavos procedieran de una crucifixión.
Y ¿por qué iba Caifás a tener un par de clavos, fueran de una crucifixión o no, en el osario en el que se guardaron sus huesos?
La literatura rabínica ofrece una posible respuesta al afirmar que en aquella época se creía que los clavos extraídos a un crucificado podían tener poderes mágicos curativos. ¿Fueron entregados esos clavos a Caifás en los últimos años de su vida cuando, aquejado por la enfermedad, esperaba una cura milagrosa?
Y de ser así, de las decenas de miles de personas crucificadas en Israel durante el dominio romano ¿a quién podría corresponder esa crucifixión?
Otro objeto llamativo es una moneda judía del rey Agripa en el interior de uno de los cráneos.
En muchos pueblos del siglo I se solía poner una moneda sobre la lengua de los difuntos para pagar al barquero Caronte el paso en barca del río Estigia hacia el inframundo. Pero era una costumbre pagana. ¿Qué hace una moneda como ésa en una tumba de una familia de sacerdotes judíos?
¿Tal vez uno de los doce osarios contenía los restos de alguien que no era judío, de un pagano?
Para determinar si los clavos estuvieron realmente en alguno de esos osarios se toman muestras del interior de varios osarios del siglo I elegidos al azar, incluyendo los dos que tienen el nombre de Caifás. El osario más ricamente ornamentado, perteneciente al Sumo Sacerdote, ha contenido en algún momento agua hasta un tercio de su altura.
Las tumbas encontradas en Israel suelen tener un ambiente calizo y seco, es raro encontrar humedad en ellas, pero en la colina que hay sobre la tumba de Caifás hay una antigua tubería de la época romana. Una filtración o rotura en ella podría justificar la abundante humedad de la tumba.
Los análisis con microscopio electrónico, recuento de isótopos y difracción de Rayos X demuestran que ambos clavos estuvieron, casi con toda seguridad, en el interior de ese osario, y que en algún momento éste se llenó de agua hasta un tercio. Posteriormente fue vaciado y vuelto a colocar, pero uno de los clavos se quedó en el suelo de la tumba.
Un exhaustivo examen microscópico revela que hay unas pequeñas colonias de hongos que debieron crecer sobre algún material orgánico adherido a los clavos. Eso, y la presencia de una pequeña cantidad de Fósforo, parece apoyar la idea de que el clavo pudo estar en contacto con carne y hueso, de los que quedaron algunas partículas al ser extraído. 
También se encuentran pequeños fragmentos de partículas con textura reticulada. La explicación más probable es que son pequeños trozos de madera retenidos entre las irregularidades del hierro y que con el tiempo han desaparecido, pero dejando una huella en el hierro con la estructura celular de la madera.
El experto en maderas Werner Schoch, del Laboratorio QWR de Suiza, identifica esa estructura como madera de conífera, y más específicamente, de Cedro, y las varias hileras colapsadas que se encuentran se deben a la introducción de un clavo.
Todos los datos conseguidos con los análisis más modernos nos llevan a dos conclusiones inevitables. Los dos clavos estuvieron en contacto con hueso animal y clavados en madera de cedro, por lo que es muy posible que fueran usados en una crucifixión.
Y, por alguna razón, esos clavos tenían una importancia especial que hizo que los familiares de Caifás los metieran en el osario donde habían de descansar sus huesos.
Caifás es conocido en toda la cristiandad como el Sumo Sacerdote que promovió la crucifixión de Jesús.
¿Pueden esos clavos ser los que atravesaron las manos de Jesús?
Existe la posibilidad de que Caifás ordenara la ejecución de Jesús por motivos políticos, intentando evitar las revueltas que Jesús y sus apóstoles estaban promoviendo. Y tal vez en ese momento, o quizás más tarde, comprendiera que había ordenado matar al Mesías.
¿Conservaría esos clavos como recordatorio y muestra de arrepentimiento por el crimen que había cometido?
Probablemente Jesús fue para Caifás uno más de los muchos alborotadores que había en aquella época y a los que había que reprimir para evitar que los romanos llevaran a cabo una represión mayor.
En los años siguientes, sin embargo, el hermano de Jesús, Santiago, fue su sucesor y dirigente de la secta de los judeocristianos y adquirió un gran prestigio entre muchos judíos, motivo por el cual fue bastante odiado por los sacerdotes saduceos y fariseos.
También Santiago sería enemigo de Caifás, y es posible que éste recordara que fue él mismo el que hizo crucificar a Jesús, el que según Santiago y sus seguidores era el Mesías.
¿Pudo arrepentirse de haber crucificado a Jesús?
No lo creo. La gente que está en el poder sólo cambia para empeorar.
Más bien creo más probable la otra teoría mencionada, que Caifás, aquejado por la edad y las enfermedades de la vejez, o él o algún familiar adquirieron los clavos de un crucificado para que le sirvieran como amuleto curativo.
Y probablemente eligieron los clavos de algún crucificado reciente, es muy improbable que fueran los clavos de la crucifixión de Jesús, ocurrida al menos diez años antes de la muerte de Caifás.
Escrito y Publicado el 24 de Marzo de 2015