Artículo La Explosión que cambió el Mundo
Revista Selecciones del Reader's Digest, Febrero de 1968, Pag 21 a 27
Geólogos, arqueólogos e historiadores han sacado a la luz la erupción volcánica de Santorin, que hace 3.500 años supuso el fin de la civilización minoica y, probablemente, provocó las plagas de Egipto que propiciaron el éxodo de los judíos.

 

Al reconstruir la historia de una erupción volcánica de proporciones gigantescas, ocurrida hace 3.400 años frente a las costas de Grecia, los hombres de ciencia parecen haber descifrado el enigma de la desaparecida Atlántida y hallado la cuna de la civilización occidental.

La explosión que cambió el mundo
Por Ronald Schiller

Sucedió un tranquilo día de verano en el mar Egeo. El viento soplaba del Noroeste y un sol espléndido bañaba de luz la hermosa isla de Santorin, a setenta millas al norte de Creta. Numerosos barcos se hallaban surtos en el puerto. Los viñedos, sembrados en terrazas, mostraban un magnífico aspecto. Gran número de personas se bañaban en las fuentes termales que brotaban de la montaña sagrada, en pleno corazón de la isla, mientras consultaban a los oráculos en las grietas de las laderas que despedían vapor.

De pronto, aquel monte de 1.500 metros comenzó a agitarse, a rugir, y luego estalló en una erupción volcánica de inenarrable violencia. Cuando por fin hubo cesado aquella luvia de fuego, la parte central de la isla había desaparecido en un enorme hueco que se abrió en el mar. Los únicos restos que quedaron, conocidos hoy con el nombre de islas de Santorin, fueron cubiertos de ceniza volcánica. Aquella explosión y sus efectos subsiguientes habrían de alterar el rumbo de la historia.

 

Testimonios arqueológicos demostraron hace tiempo que una serie de acontecimientos catastróficos (incluido el cataclismo del cual emergió la civilización occidental) tuvo lugar alrededor del siglo XV antes de Cristo. ¿Ocurrió entonces la explosión de Santorin? ¿Fue realmente de tal magnitud como para haber desencadenado consecuencias tan enormes?

Ambos interrogantes fueron contestados a raíz de un descubrimiento accidental realizado en 1956 por el profesor Angelos Galanopoulos, del Instituto Sismológico de Atenas. En la pequeña isla de Thera, uno de los fragmentos de Santorin que no se tragó el mar, dicho hombre de ciencia fue invitado a visitar una mina de la cual se extrae ceniza volcánica para ser utilizada como cemento. Allí, en el fondo de la mina, descubrió, ennegrecidas por el fuego, ¡las ruinas de una casa de piedra! En su interior fueron encontrados dos pedazos de madera chamuscada y las dentaduras de un hombre y una mujer. Mediante el análisis del carbono 14 se situó la fecha de la muerte de ambas personas alrededor del año 1400 antes de Cristo, es decir, en el siglo XV antes de la Era Cristiana.

La ceniza volcánica que cubría estas ruinas tenía un espesor de unos treinta metros, lo que indica que la erupción que la esparció debió ser la más grande de la historia de la humanidad.

Las excavaciones en Thera han continuado y, a mediados del pasado año, un equipo de arqueólogos y científicos griegos y norteamericanos desenterraron el primer pueblo minoico descubierto intacto, al igual que Pompeya, ciudad romana también sepultada por una erupción volcánica.

Una muralla de agua

¿Qué violencia tendría la explosión de Santorin? A fin de establecer comparaciones, los sabios utilizan como punto de referencia la erupción del Krakatoa, en las Indias Orientales, en 1883. Dicha isla volcánica fue quebrantada en su base por un terremoto, lo que dio lugar una enorme invasión de agua fría marina, que se mezcló con la lava candente. La irresistible presión del vapor y de los gases hizo saltar en pedazos la cima del monte Krakatoa, de 445 metros de altitud, formando una nube de polvo ígneo que ascendió a una altura de 53 kilómetros y lanzó rocas a una distancia de ochenta kilómetros. Este polvo dio la vuelta al globo, enrojeciendo hasta tal punto los crepúsculos que numerosas personas de la costa oriental de los Estados Unidos, atemorizadas por estos resplandores, llamaron a los bomberos meses después de haber ocurrido el suceso. Cuando la erupción hubo agotado su fuerza, el casco vacío del volcán se derrumbó en un cráter de 180 metros sobre el mar, formando marejadas que destruyeron 295 pueblos, causaron 36.000 víctimas y lanzaron un buque a tres kilómetros tierra adentro. El estruendo hizo temblar casas que se encontraban a casi ochocientos kilómetros de distancia, siendo escuchado en un radio que sobrepasaba los tres mil.

En opinión de los geólogos, la explosión de Santorin siguió practicamente el mismo proceso, a excepción de su violencia, que fue bastante mayor. La energía liberada en el aire equivalió, según el profesor Galanopoulos, a la explosión simultánea de varios centenares de bombas de hidrógeno; lo que quedó de la isla fue sepultado bajo treinta metros de ceniza candente. La explosión del Krakatoa tan sólo depositó unos treinta centímetros. El viento se encargó de esparcir las cenizas de Santorin sobre una extensión de doscientos mil kilómetros cuadrados, principalmente hacia el Sudeste, donde aún yace en el fondo del mar, formando una capa cuyo espesor oscila entre unos centímetros y varios metros.

Cuando el volcán se hubo vaciado a sí mismo, la montaña hueca que se formó cayó en su cráter a 365 metros bajo el nivel del mar, lo que dio lugar a marejadas cuya altura en el vórtice se calcula alcanzó los 1.500 metros. Estas olas gigantescas partieron en todas direcciones a una velocidad de 300 kilómetros por hora, abatieron sobre la costa de Creta sucesivas murallas de agua de treinta metros de altura, inundaron unas dos horas más tarde el delta de Egipto, y aún les restó fuerza para sepultar el antiguo puerto de Ugarit, en Siria, a unos mil kilómetros de distancia.

He aquí, expuestos, los cálculos sobre los efectos físicos que se derivaron de la explosión de Santorin. Trataremos a continuación de los históricos, indudablemente más trascendentales.

La desaparición de un pueblo

La civilización occidental ha vinculado los orígenes de su tradición estética, intelectual y democrática a la Grecia clásica. Sin embargo, en la época de la explosión de Santorin, Grecia estaba habitada por tribus helénicas sumamente primitivas. El gran florecimiento cultural que se registraría allí posteriormente tuvo sus raíces en un pueblo que llamaremos minoico. Cerca de un millón de estas gentes, que habitaban media docena de ciudades cretenses y disponían de puestos avanzados en Santorin y en otras islas, utilizaban un sistema muy complejo de escritura y practicaban varios deportes, entre ellos el boxeo, la lucha libre y una especie de corrida de toros, en la que los lidiadores saltaban sobre los cuernos de los animales para burlar su embestida. Empleaban aparatos sanitarios con sistema de desagüe, refrescaban sus residencias canalizando las brisas frías y fabricaban jarrones, adornos y pinturas murales tan extraordinarios y de aspecto tan moderno que incluso hoy no desentonarían en una elegante sala de estar. Sus embajadores y sus flotas mercantes surcaban todos los mares del mundo entonces conocido.

Súbitamente, a finales del siglo XV antes de Cristo, en la cúspide de su poderío, desaparece de forma abrupta tan brillante civilización. Excavaciones realizadas han revelado que todas las ciudades minoicas fueron destruidas simultáneamente, derrumbándose sus grandes palacios y amplios edificios de piedra como castillos de naipes.

Antes de los recientes descubrimientos geológicos, el ocaso de la civilización minoica constituía un misterio sumamente intrigante, y sus causas se atribuían bien a una revolución o a la invasión de algún pueblo enemigo. Hoy día, sin embargo, son muchos los historiadores convencidos de que dicha destrucción fue en todos sus aspectos el resultado de la erupción de Santorin, es decir, el terremoto original, el holocausto en sí, las ondas aéreas de choque y las rugientes marejadas. La densa lluvia de ceniza volcánica cubrió los fértiles valles de Creta, destruyó las cosechas e imposibilitó la agricultura en la isla durante varias décadas. Casi toda la raza minoica pereció.

Desde luego quedaron algunos supervivientes aislados: aquellos que lograron llegar a las altas montañas sumados a los que se encontraban en lejanas travesías en el momento de la tragedia. Según los testimonios arqueológicos, casi todas estas gentes huyeron a la parte occidental de Creta, y de allí hacia Micenas, sobre la vecina costa de Grecia. Aunque asolado por las marejadas provenientes de Santorin, el litoral griego no sufrió los estragos de la lluvia volcánica, gracias al viento del Noroeste.

Como resultado de la emigración minoica, floreció la civilización de Micenas alrededor del año 1400 antes de Cristo, fecha en que aparecen los primeros documentos de la historia de Grecia. Dichos refugiados aportaron a los griegos su alfabeto, su arte, el tiro con arco y sus juegos, cosas todas desconocidas en el continente. También les enseñaron a trabajar el bronce y el oro, y probablemente les ayudaron a construir las grandes tumbas y palacios, gloria de la civilización micénica.

El enigma de la Atlántida

Los griegos de la Edad de Oro, empero, no olvidaron del todo la civilización desaparecida ni la catástrofe que tanta influencia habían tenido sobre su pueblo. Aquellas quedaron consignadas en varias leyendas, y es presumible que, entre ellas, se encontrara la de la Atlántida.

Nos cuenta Platón, quien posteriormente habría de registrar el incidente, que, en el año 590 antes de Cristo, el legislador y poeta ateniense Solón fue informado, durante una visita a Egipto, por algunos sacerdotes egipcios, de que en la antigüedad

"vivía en tu patria la más hermosa y noble raza de hombres que jamás haya habido; de quienes tanto tú como tu ciudad sois apenas la semilla o el remanente... mas luego ocurrieron terremotos y violentas inundaciones, y en sólo día y noche de lluvia todos vuestros guerreros quedaron sepultados en la tierra y la isla de la Atlántida desapareció bajo el mar".

Según este relato, la Atlántida era un reino insular y tenía una extensión de dos millones de kilómetros cuadrados, demasiado grande para tener cabida en el Mediterráneo; Platón la situó en el mar más allá de la Columnas de Hércules) hoy día el Estrecho de Gibraltar), de la que el océano Atlántico recibe su nombre. Dicha isla, según Platón, había sido destruida nueve mil años antes de la época de Solón.

Los arqueólogos señalan muchos aspectos inverosímiles en el relato de Platón sobre la desaparecida Atlántida. Galanopoulos opina que dichas discrepancias se deben a un simple error de Solón, quien confundió el símbolo egipcio de "100" con el de "1.000", multiplicando así por diez todas las cifras. Si eliminamos un cero, la destrucción habría tenido lugar novecientos años antes de Solón, es decir, en el siglo XV antes de Cristo, coincidiendo con la erupción de Santorin, y la extensión de la Atlántida quedaría entonces reducida a doscientos mil kilómetros cuadrados, lo que concuerda con las dimensiones de las islas del Mediterráneo oriental. Galanopoulos señala también que sobre la costa de Grecia, cerca de Creta, existen dos promontorios que fueron conocidos en la antigüedad como las "Columnas de Hércules".

Según la descripción de Platón, la planicie sobre la que se asentaba la "Ciudad Real de Atlántida" se parece mucho a la existente en Creta, en que se levantaba la ciudad minoica de Faistos. Además, la descripción de la parte del reino consagrado a Poseidón, dios del mar, con sus fuentes termales, grietas que despedían vapor y canales en círculos concéntricos, "concuerda perfectamente con las características, contornos y extensión de la isla de Santorin", afirma Galanopoulos. Todavía hoy se pueden distinguir sobre la caldera, o cráter submarino, vestigios de canales y puertos. Estas y otras concordancias, demasiado precisas para ser meras coincidencias, han movido a más de un historiador famoso a declarar franca y llanamente que "por fin se ha resuelto el enigma de la Atlántida".

¿Fue éste el Exodo?

Una segunda e importante consecuencia histórica del cataclismo de Santorin fue el efecto que, al parecer, ejerció sobre el norte de Egipto, a más de setecientos kilómetros de distancia, donde por aquella época sufrían los hijos de Israel bajo el yugo de la esclavitud. Hace mucho tiempo que los historiadores han destacado la curiosa similitud entre las Diez Plagas, según las consigna la Biblia, y los desastres que acompañaron las erupciones volcánicas. Las aguas vecinas pudieron adquirir un color herrumbroso y envenenarse los peces, a la par que los trastornos meteorológicos seguramente engendraron torbellinos, zonas pantanosas y lluvias rojizas.

Las Diez Plagas produjeron fenómenos parecidos. Las aguas de Egipto de tornaron tan rojas como la sangre, exterminando a los peces y obligando a las ranas a invadir la costa. Las tinieblas envolvieron la tierra durante tres días. Los cielos tronaron y cayó del firmamento un candente granizo volcánico. La langosta llegó con los torbellinos, devorando las pocas cosechas que quedaban. Al infestar los insectos los pantanos y los cadáveres descompuestos, se produjeron enfermedades entre hombres y ganados. Imperaba la muerte hasta el grado de cobrar al "primogénito" de cada familia.

Los documentos egipcios de la época confirman el desastre. Un papiro reza:

"La tierra está totalmente muerta... el sol está oculto y los ojos de los hombres no pueden vr su luz".

"¡Oh, que la tierra deje de rugir y cese de reinar el caos —es el lamento contenido en otro documento—. Las ciudades están destruidas, no hay frutos ni plantas... la plaga se enseñorea sobre la tierra".

¿Aprovecharon la confusión los esclavizados israelitas para iniciar su éxodo hacia la Tierra Prometida? Como testimonio, algunos exegetas citan el siguiente pasaje del

Libro Primero de los Reyes 6:1

"El año cuatrocientos ochenta después de la salida de los hijos de Israel de Egipto, el cuarto año del reinado de Salomón sobre Israel..."

Como Salomón reinó desde 970 hasta 930 antes de la Era Cristiana, el Exodo tuvo que ocurrir precisamente en la época en que Santorin voló hecha pedazos.

La Biblia relata asimismo cómo el Faraón persiguió a los israelitas y pereció ahogado en el mar con todo su ejército. Algunas inscripciones egipcias también se refieren a este acontecimiento. Galanopoulos atribuye esta catástrofe a la marejada que se produjo al caer al mar el cono de Santorin, hecho que pudo ocurrir semanas o meses después de haber comenzado las erupciones y las plagas.

El investigador griego hace notar que las palabras yam suf pueden significar lo mismo "Mar Rojo" que "Mar de Juncos", y agrega que la Biblia ha querido darle el último significado. Para identificar este lugar cita el lago Sirbonis, un pantano de agua salobre situado entre el Nilo y Palestina, que está separado del Mediterráneo por una estrecha faja de tierra. Su tesis es que los israelitas huyeron a través de este puente seco, con las aguas "a diestra y siniestra", precisamente durante el intervalo en que el mar fue arrastrado con fuerza hacia el Egeo, y los egipcios fueron sorprendidos en el mismo lugar al ser invadido por la enorme marejada que se produjo poco después. El intervalo entre ambos fenómenos debió ser de unos 20 minutos.

Estas teorías sobre el Exodo no son tan contundentes como las que se refieren a la destrucción de la civilización minoica y la desaparición de la Atlántida. Sin embargo, aquellos hechos ocurrieron en fechas tan concordantes que no es posible atribuirlas al mero azar. Todas encajan en su lugar respectivo como las partes de un rompecabezas incompleto. Actualmente, científicos e historiadores se esfuerzan por encontrar las piezas que aún faltan, a fin de probar definitivamente que la civilización occidental nació entre las llamaradas y cenizas de una erupción volcánica en el mar Egeo, acaecida un ventoso día de verano, hace 3.400 años.

En mi opinión

Creo que fue a los 14 años, en 1974, cuando compré este Selecciones en un mercadillo de segunda mano (tres ejemplares por 10 pesetas). Al releerlo me doy cuenta de que era mucho mejor de como lo recordaba.

He sido lo más fiel posible al texto y sólo he corregido UN error de impresión. Si veis más errores, han sido por mi culpa.

Un par de comentarios:

El Laberinto del Minotauro

La civilización minoica no se llamaba así. Cuando el arqueólogo Arthur Evans encontró las ruinas de Knossos, en Creta, las relacionó con los mitos del rey Minos, y le puso ese nombre. ¿Quienes eran en realidad?

Parece ser que eran un pueblo marinero y comerciante que habitaba la mayor parte del Mediterráneo, en ciudades costeras e islas. Su origen sigue siendo un misterio. Su final, tras la destrucción de su civilización por el volcán de Santorin, parece que fue establecerse en varias ciudades de la costa Mediterránea dando origen a los micénicos, los fenicios y, quizás, los filisteos.

La isla tampoco se llamaba Santorin, sino Kalisté (la más bella) y posteriormente los griegos la llamaron Thera, en honor a su héroe mitológico Teras.

Fueron los mercaderes venecianos, en la Edad Media, quienes la llamaron Santa Irene, que se apocopó en Santorini.

Para relacionar la erupción del volcán con las Plagas de Egipto, hay que tener en cuenta varios detalles:

Primero, la datación de 1 Reyes 6:1 apunta con exactitud al año 1446 aC. Supondremos que podría ser verdad. Pero...

Patrones de Evidencia: El Éxodo

Muchos historiadores, quizás la mayoría, creen que el Éxodo se produjo 250 años más tarde, sobre el 1200 aC. Yo no estoy de acuerdo.

La historia del Éxodo se contó oralmente durante varias generaciones. No fue hasta el año 1100 aC en que se escribió la primera versión del relato, en el que sólo se mencionaban TRES plagas. Sobre el año 900 aC se escribió una nueva versión, más épica y con SIETE plagas. Y no fue hasta el año 600 aC en que se enumeraron las DIEZ plagas. Aún hubo una nueva versión, la definitiva, escrita por los sacerdotes yavistas durante el destierro en Babilonia, en la que se añadieron algunos detalles pero sin cambiar el número de plagas.

Sabemos, por numerosas fuentes, que nunca hubo 600.000 esclavos judíos en Egipto. Ni judíos ni de otras etnias. Hubo esclavos, sí, por delitos como robo o rebelión, o capturados en guerras. Incluso había personas que se convertían en esclavos voluntariamente durante un período de 7 ó 10 años para pagar deudas o resolver situaciones económicas de extrema gravedad.

Que sí es posible que durante el caos generado por la erupción hubiera esclavos que aprovecharan para robar joyas a sus amos y salir pitando, siendo luego perseguidos por los ejércitos egipcios. Luego, cuando escribieron el relato, dijeron que los egipcios se las regalaron alegremente para que se fueran, pero ¿alguien se lo cree?

Pero también, a lo largo de los varios siglos desde que José y sus hermanos, los hijos de Jacob-Israel, se establecieron en Egipto, seguro que hubo muchos grupos que abandonaron Egipto y volvieron a Israel y Judea. Y cada grupo contó su historia, y se contaron muchas historias durante generaciones y al final se unieron muchas historias distintas en un mismo relato. Y todo eso antes de que, por fin, se pusieran por escrito.

En cuanto al paso del mar Rojo, es evidente que no pudo ser en el mar Rojo porque en aquella época ese mar no se llamaba así. No recibió ese nombre hasta varios siglos más tarde. Anacronismos. Como Abraham viajando por tierras filisteas 600 años antes de que llegaran los filisteos. O teniendo camellos 900 años antes de que fueran domesticados.

En fin, que la Biblia puede ser fiable en algunas cosas pero en historia se inventa mucho. Demasiado.

Me fío más de los hallazgos arqueológicos que de los relatos que recopilaron y reescribieron los sacerdotes yavistas casi mil años después de que supuestamente ocurrieran.

 

Escrito y Publicado el 5 de Mayo de 2026