El Sueño de Ícaro

Desde el principio de la historia, la Humanidad se ha distinguido de los animales por su capacidad de soñar.

En ocasiones eran sueños quiméricos, sin la más mínima posibilidad de realizarse.

Otras veces esos sueños han hecho que el Hombre imagine una situación mejor, y haya hecho lo posible por hacerla realidad.

Qué sueños eran quiméricos o realizables era algo imposible de decir en la época en que se tuvieron por primera vez esos sueños.

Desde que Icaro robó las alas que había fabricado su padre y murió al acercarse demasiado al sol, siempre se dijo que el volar es para los pájaros.

Hubieron de pasar miles de años para que el hombre pudiera por fin volar y durante todos esos años hubo hombres que murieron al arrojarse desde las alturas o quemados en la hoguera por intentar atribuirse cualidades que Dios había reservado para las aves.

Muchos de nosotros tenemos un sueño: el de que algún día podamos viajar al espacio.

Desde la llegada del Hombre a la Luna en 1969 es un sueño cada vez menos quimérico y más asequible, de hecho son ya más de un centenar de personas las que han viajado al espacio.

Hoy en día casi nadie duda que algún día pisaremos otros planetas en el Sistema Solar, instalaremos hábitats y ciudades y realizaremos procesos de terraformación en Marte y en Venus para hacer que ambos planetas se parezcan lo más posible a la Tierra.

Los pasos para conseguirlo han sido estudiados por numerosos científicos serios y hay ya muy pocas cosas que queden por averiguar.

Y lo fundamental y más importante que se ha averiguado es que cualquier proceso de terraformación que intentemos llevar a cabo en cualquier planeta o luna del Sistema Solar tardará siglos y hasta milenios en completarse, así que ¿qué esperanza tenemos de que en el siglo que empieza podamos colonizar otros planetas?

Sinceramente, ninguna.

Lo más que podríamos conseguir en todo caso sería instalar bases más o menos permanentes, más o menos autosuficientes y más o menos seguras, pero en ningún caso más o menos agradables para vivir y formar una familia en ellas.

Existe otra opción en la que muy poca gente ha pensado, y es construir Ciudades en el Espacio.

No, no en la superficie de un planeta o luna del sistema solar, tampoco en el subsuelo, ni bajo los míticos mares de Venus ni a las orillas de los canales marcianos.

En el Espacio, es decir, en órbita alrededor de la Tierra, o de la Luna, o de Marte o Júpiter o cualquier planeta o luna del sistema solar.

La idea no es de ahora, sino que se viene pensando en ella, cada vez con más seriedad, desde hace bastante tiempo. Hay varias instituciones públicas y privadas en los Estados Unidos que dedican gran atención a la colonización del espacio y en los últimos años algunas agencias espaciales están investigando en temas que facilitarían enormemente la construcción de Ciudades en el Espacio.

Antecedentes Literarios de las
Ciudades en el Espacio

Todas las grandes ideas que han hecho progresar a la Humanidad han nacido como las fantasías de algún soñador.

Hubo épocas en las que estos soñadores eran considerados locos, muy pocos eran capaces de transmitir ese sueño a otras personas, y de entre ellos, menos todavía eran los capaces de sustentar sus teorías en una sólida base científica.

No sabemos realmente si las alas que Dédalo construyó y con las que su hijo se mató forman parte de la fantasía o tienen alguna base real. Tal vez si en vez de usar cera para unir las plumas se hubiese utilizado un pegamento como el epoxi, Ícaro podría haberse acercado al Sol sin que sus alas se deshicieran.

Fue Leonardo el primero que intentó un acercamiento técnico al problema del vuelo, y los diseños que realizó se conservan hoy en día como inapreciables tesoros de la historia, la ciencia y el arte.

También Cyrano hizo sus pinitos al describir siete formas de viajar a la Luna, y entre algunas tan disparatadas como atrapar una bandada de gansos o capturar el rocío que se evapora por las mañanas nos encontramos con una agradable sorpresa: la primera descripción detallada sobre el funcionamiento de los motores a reacción.

Se coge un trono de oro porque, como todos saben, sólo el oro tiene la pureza necesaria para ascender a las esferas celestes.

A su alrededor atamos varios mosquetes apuntando hacia abajo y procedemos a dispararlos. El retroceso de cada mosquete hace elevarse el trono en el que estamos sentados y, si vamos cargando y disparando los mosquetes con la suficiente rapidez, no dará tiempo a que el trono vuelva a caer a la Tierra.

Julio Verne logró transmitir a sus lectores el hecho de que un viaje a la Luna no era algo completamente imposible y descabellado, sino que había fórmulas físicas y matemáticas que tarde o temprano permitirían al Hombre dar el salto al espacio.

Desde entonces han sido cientos, y hasta miles, los escritores que han descrito cómo el espacio será conquistado y en los últimos años, con el advenimiento del cine y la televisión, todos tenemos una idea de cómo viviremos dentro de mucho tiempo en algún remoto planeta de alguna lejana galaxia.

Pero muy pocos han sido los que han escrito sobre estaciones espaciales, tal vez porque estamos tan acostumbrados a vivir en la superficie de la Tierra que no nos hacemos a la idea de vivir con los pies en el espacio.

Ampliar: La Luna de LadrillosQuizás la primera referencia a una ciudad espacial se encuentre en 1869 en The Brick Moon, La Luna de Ladrillos, un cuento de Edward Everett Hale, en el que unos trabajadores están ultimando los detalles de una estación orbital antes de su lanzamiento cuando un accidente los lanza al espacio antes de que hayan tenido ocasión de salir.

Obligados a permanecer allí durante varios meses, tienen que sobrevivir por sus propios medios hasta su rescate, y lo hacen tan bien que cuando por fin vienen a rescatarles deciden que allí se vive mucho mejor de como jamás han vivido en la Tierra.

Julio Verne en 1878 también incidió en el tema de un asentamiento espacial autosuficiente, pero quien realmente consiguió dar un aspecto más real y científico al tema fue Konstantín Tsiolkovski que desde 1895 y durante varios años describió satélites de comunicaciones, estaciones orbitales y ciudades en el espacio.

La idea fue progresando en la ciencia ficción y conforme pasaban los años cada vez eran más frecuentes las historias sobre estaciones y ciudades espaciales, en algunos casos haciendo las funciones de arcas de Noé para escapar de una Tierra moribunda, en otros como estaciones de tránsito en el camino a otros planetas, en pocos, pero cada vez más, como una ciudad permanente con sus satisfechos habitantes sin ningún deseo de volver a la Tierra (a no ser por turismo, claro).

Ciudad Espacial de Darrell C, RomickA principios de los años cincuenta Arthur C. Clarke escribió una novela titulada "Islas en el Cielo" y menos de cinco años más tarde, el ingeniero Darrel C. Romick describió una ciudad espacial cilíndrica de un kilómetro de largo por quinientos metros de diámetro habitada por veinte mil personas.

Al mismo tiempo que los escritores de ciencia-ficción, también los científicos "serios" se tomaban cada vez más en serio la idea. Hermann Julius Oberth enumeró en 1923 algunos de los posibles beneficios que podría aportar a la Humanidad la colonización del espacio. En 1929 se describió la primera estación espacial con forma de rueda y John Desmond Bernal diseñó un mundo autosuficiente construido en el interior de una esfera en rotación.

Wernher Von Braun, Carl Sagan, Freeman Dyson y otros muchos científicos no tan conocidos pero igual de reconocidos, aportaron en alguna otra ocasión ideas sobre estaciones orbitales y ciudades espaciales haciendo que el concepto fuera cada vez menos increíble.

Como nació esta página

En 1979 pasaron varias cosas importantes.

En el universo, dos cosmonautas soviéticos establecieron en 275 días el record de permanencia en el espacio y los Voyager 1 y 2 pasaron junto a Júpiter con una diferencia de cuatro meses enviando gran cantidad de fotografías.

En el mundo, quinientos estudiantes iraníes secuestraron a los miembros de la embajada americana, los rusos enviaron tropas a Afganistán y Somoza renunció a la presidencia de Nicaragua y partió para el exilio.

En España acabábamos de estrenar Constitución y nos preparábamos para unas elecciones generales en las que por primera vez los mayores de 18 años podrían ejercer su derecho a elegir a sus gobernantes.

Yo voté por primera vez, conseguí mi primer trabajo y compré en el Rastro de Madrid un libro titulado Ciudades del Espacio.

Desde entonces se han batido todos los records espaciales, han habido muchas más guerras y algunos de aquellos políticos a los que votamos han pasado por la cárcel. Yo he cambiado varias veces de trabajo y, sin saber cómo, vuelvo a trabajar en la misma empresa en la que empecé a trabajar hace ya tantos años. Durante todos estos años he observado la investigación espacial, esperando que los hechos expuestos en aquel libro comenzaran a hacerse realidad.

Y también he escrito. He escrito mucho y publicado nada, será que no sé escribir bien, pero insisto porque me gusta. Y las dos novelas que he escrito hasta ahora transcurren en ciudades espaciales parecidas a aquellas que O'Neill describió, aunque en una época más lejana de la que a él le hubiera gustado. Él pensaba que en el año 2000 ya podrían estar funcionando una base en la Luna y una factoría espacial y la primera ciudad espacial estaría a medio construir. Yo no creo que la primera ciudad espacial que se pueda llamar realmente ciudad se construya en los próximos setenta años, aunque pondré todo mi empeño en divulgar la idea de que ése es el camino que debe seguir la exploración del espacio.

Al principio de 1999 me hice internauta y una de las primeras cosas que intenté, tras aprender a moverme un poco por Internet, fue buscar todo lo que hubiera en la Red sobre el concepto de Ciudades en el Espacio.

¡Y no encontré nada!.

Sólo busqué en español pero quedé sorprendido de que no hubiera ninguna página sobre el tema, ni sobre O'Neill, y las únicas referencias que encontré a estaciones espaciales eran las antiguas, SkyLab, Mir, o la futura Estación Espacial Internacional.

¡No es posible, tiene que haber algo!. Pregunté en un par de foros, escribí a los autores de varias webs espaciales en español así como a varios profesores al azar en la universidad de Princeton y en el MIT, a los cuales agradezco encarecidamente su atención.

Bien, me dije. Si no hay nada lo haré yo.

Empecé sin apenas información, el libro que leí hace veinte años lo perdí cuando hice el servicio militar en Barcelona en el año del golpe (no tuve nada que ver, lo juro), así que sólo tenía un artículo de seis páginas en un almanaque mundial, Colonias en el Espacio, y lo poco que era capaz de recordar.

Con eso, un poco de imaginación y lo que he aprendido durante años de lecturas de revistas científicas, empecé a hacer mi página.

Y un día, mientras accedía por primera vez a la revista Scientific American en inglés, encontré una referencia al estudio de la NASA de 1975.

Es decir, que no se había olvidado. El trabajo de Gerard K.O'Neill no fue un trabajo aislado de un profesor universitario que decidió escribir un libro exponiendo sus sueños, que de ahí se hicieron míos.

No, el trabajo de O'Neill fue un trabajo ¡patrocinado por la NASA! (yo no sabía eso).
¡Pues tenía que haber algo en la NASA!.

Y de repente, en una de esas búsquedas en las que pinchas, y pinchas, y vuelves a pinchar desesperado y aburrido por la lentitud de Internet, una foto apareció ante mí.

 

Ciudad Espacial Isla 3 Exterior

Era Isla 3

Y desde ahí di con varios enlaces a páginas que hablaban sobre el tema de las ciudades en el espacio, aunque los americanos, y quizás por eso no las encontré antes, las llaman colonias.

En fin, hoy soy un asiduo lector de todas esas páginas y a ellas acudo para documentarme de los aspectos técnicos de la construcción de Ciudades en el Espacio.

Espero que el tema os interese, y si tenéis dudas sobre la realidad científica de los datos que expongo, podéis hacer dos cosas, esperar a que este sitio siga creciendo y responda a todas las preguntas que os planteéis, o escribirme, este sitio crecerá en la dirección que vosotros decidáis.

Y mientras tanto, feliz navegación.

Referencias y Enlaces Útiles

Para realizar estas páginas he necesitado documentarme en muchos sitios, sería imposible mencionarlos todos pero aquí indicaré algunos de los que más me han ayudado.

 

Enlaces en Inglés
Instituto de Estudios Espaciales Este instituto, fundado en 1977 por O'Neill, financia y promueve estudios que permitan resolver los problemas que se puedan presentar durante una futura colonización del espacio.
Aquí podréis encontrar una Galería de Diapositivas y una Galería de Don Davis, dibujante de las ilustraciones del libro de O'Neill.
PERMANENT Publicado y Mantenido por Mark Prado, un entusiasta de la idea, en esta página se tratan en gran profundidad todos los aspectos relacionados con la construcción de ciudades espaciales.
Asentamientos Espaciales La página de los Asentamientos Espaciales de la NASA. Muchos documentos técnicos y una Galería de Arte Espacial muy completa.
Bigelow Aeroespace Turismo espacial en estructuras hinchables en órbita.

Por desgracia, todos están en inglés. Antes había algunos en español, pero los han ido eliminando. Si me entero de algún otro interesante, lo incluiré.

Ciudades en el Espacio Gerard K. O'Neill

Escrito y Publicado el 8 de Junio de 1999
Ultima modificación el 26 de Mayo de 2015