Novas y Supernovas

Una estrella mantiene un equilibrio bastante inestable.

La fuerza gravitatoria la mantiene unida y genera una presión gigantesca sobre su centro. Allí la presión es tan grande que algunos núcleos se fusionan para formar núcleos más pesados. Esta fusión genera energía y esta energía impide que la estrella siga cayendo hacia su interior.

Es como una cúpula hinchable. Mientras inyectemos aire, la cúpula se sostendrá. Cuando dejemos de inyectar aire, la cúpula caerá.

Conforme los átomos más pequeños se van fusionando en átomos más pesados, se va generando más energía de la que se consume, pero cuando en el interior de las estrellas se forma un núcleo de hierro y éste alcanza un cierto tamaño, la cantidad de energía generada en el núcleo estelar acaba siendo menor que la que se consume, y al llegar a ese punto no es capaz de soportar la gigantesca presión gravitatoria.

En cuestión de milésimas de segundo, toda la masa de la estrella cae sobre el núcleo. En un período de tiempo tan breve como no podemos imaginar, se produce una concentración de energía gigantesca, tan grande que en esas milésimas de segundo los átomos del interior de la estrella son capaces de combinarse para formar átomos aún más pesados que el hierro.

Dependiendo del tamaño original de la estrella, su destino puede ser uno de varios, pero en la mayoría de las ocasiones esa concentración de energía no es capaz de mantenerse estable más que unas milésimas de segundo y la estrella explota esparciendo la mayor parte de su materia por el espacio.

Y en esa materia se encuentran en muy diversas proporciones todos los elementos conocidos de la tabla periódica de elementos, empezando por el hidrógeno, que fue creado en el origen del universo, los elementos ligeros, hasta llegar al hierro, que se crearon poco a poco, a lo largo de miles de millones de años, en el corazón de las estrellas, y los elementos más pesados, que se crearon en las milésimas de segundo que dura la explosión de una supernova.

La Segunda Generación
de Estrellas y Planetas

Conforme las estrellas iban estallando, el espacio interestelar se fue llenando de polvo y escombros. Polvo formado por todos los elementos en muy diversas proporciones, siendo aún más abundante el hidrógeno pero con un porcentaje cada vez mayor de helio, carbono, aluminio, hierro, uranio, etc. Y del corazón de las estrellas también salieron despedidos trozos de material fundido que al enfriarse formaron los primeros aerolitos, compuestos de silicatos o de metales, según de la parte de la estrella de la que partieron.

Empujado por la radiación de las estrellas, el polvo estelar tendía a acumularse en determinadas zonas del espacio, y tal como miles de millones de años antes las nubes de hidrógeno fueron capaces de formar planetas y estrellas, también el polvo se acumuló y formó nebulosas de las que más tarde nacerían nuevos sistemas estelares.

Se formaron nuevos planetas, nuevas estrellas, pero ahora de unas características diferentes.

Las nuevas estrellas contenían una cierta cantidad de elementos pesados, y debido a esto empezaban a arder antes. Al tener, ya desde su inicio, un núcleo de elementos metálicos, se generaron campos magnéticos gigantescos que alcanzaban enormes distancias.

También los planetas eran diferentes. En una nube de gas y polvo la mayor parte de la nube era hidrógeno, pero todo el polvo, todos los elementos pesados, se hundieron en el corazón de los planetas formando en ellos un núcleo sólido con importantes cantidades de metales y rocas.

 

Escrito y Publicado el 21 de Marzo de 2007 

 

 

Las Primeras Estrellas Origen del Sistema Solar