Debido a los errores de la Iglesia Católica, que
durante mucho tiempo había estado atesorando bienes materiales y
se había empeñado en una lucha por el poder terrenal, las capas
sociales más bajas, campesinos, artesanos y comerciantes estaban
descontentos con las jerarquías eclesiásticas, que se llevaban
el diezmo de sus bienes y de los que prácticamente no recibían
nada a cambio.
La vida de lujo y pecado de los cardenales y obispos en Roma era
bien conocida por toda la población de Europa e incluso reyes y
emperadores sentían rencor al Papado que interfería
frecuentemente en el gobierno.
Ya desde el siglo XIII, con San Francisco de Asís, se
planteaba la cuestión de si la Iglesia debería acumular
riquezas o debería repartirlas entre los pobres.
En el XIV John Wycliffe, en Inglaterra, defendió varias
opiniones que atentaban contra la autoridad de la Iglesia,
criticando las riquezas del papado y las indulgencias mediante
las que los ricos podían comprar el perdón para determinados
pecados, incluso por anticipado.
También hizo que la Biblia se tradujera al inglés y encomendó
a discípulos suyos, conocidos como Los Predicadores de los
Pobres, para que predicaran en inglés, cuando el Vaticano imponía
el latín en todas las predicaciones.
Después de muerto, la Iglesia lo consideró hereje e hizo que,
44 años después de su muerte, su cuerpo fuera desenterrado y
quemado en la hoguera, pero sus ideas calaron hondo en el ánimo
de Jan Hus, un reformista bohemio que inició una campaña contra
la Iglesia. Su ejecución por hereje en 1415 provocó una guerra
civil en Bohemia que fue sofocada por el emperador y el Papa.
El desarrollo de la imprenta a mediados del siglo XV
hizo que las ideas anticlericales tuvieran una mayor difusión y
cuando Lutero, en 1517, publicó sus 95 tesis contra las
indulgencias papales, pudo difundir sus ideas mucho más que sus
predecesores.
Excomulgado por el Papa, condenado por el emperador, perseguido
por ejércitos y sacerdotes, Lutero se mantuvo oculto durante más
de un año traduciendo la Biblia al alemán y escribiendo
panfletos que eran publicados y distribuidos masivamente. El
resultado fue una revuelta de los campesinos que pensaron
encontrar una liberación de la tiranía eclesiástica. Lutero,
sin embargo, no pretendía causar una guerra por lo que publicó
un panfleto en el que exortaba a los campesinos a abandonar las
armas.
Ante esta actitud de Lutero, muchos nobles se volvieron
partidarios suyos.
Tras el fin de la revuelta, Carlos V concedió que cada estado pudiera decidir, dentro de su propio territorio, sobre cuestiones religiosas, pero en 1529 la mayoría católica hizo que se derogase esta norma. Los luteranos elevaron su más enérgica protesta, lo que les hizo ganar el apodo de "protestantes".
Carlos V estaba empeñado en acabar con los luteranos,
pero distraída su atención con varias guerras contra Francia y
los turcos, no pudo enviar tropas hasta quince años más tarde.
Para entonces ya era tarde: El luteranismo se había convertido
en la fé de más de la mitad de la población de Alemania y
aunque se perdieron batallas al principio los luteranos
consiguieron ganar la libertad religiosa.
De una forma algo más pacífica las ideas
protestantes se infiltraron en muchos países europeos, unas
veces apoyadas por la burguesía, otras por la nobleza, en
ocasiones directamente por la monarquía.
Apenas cincuenta años después de morir Lutero, el
Protestantismo había cambiado por completo el mapa de la
sociedad.
La idea fundamental del protestantismo es que la Biblia es la Palabra de Dios pero al contrario de lo que siempre afirmaron los católicos, cualquiera puede interpretarla y comprenderla.
Así, libres de la autoridad eclesiástica, los
protestantes pueden leer la Biblia y tras meditar en lo que han
leído pueden sacar sus propias conclusiones, conclusiones que
posteriormente podrán ser discutidas con otras personas.
Esto ha hecho que a lo largo de los años hayan surgido numerosas
sectas, cada una con una interpretación distinta de diversos
pasajes de la Biblia, pero también ha contribuido a darle un
valor al pueblo, libre por fin de la autoridad religiosa, que fue
el primer paso para la democracia.
La traducción de la Biblia a los diversos idiomas europeos,
favorecida también por el auge de la imprenta, ha contribuido a
la difusión de la cultura, haciendo que en los países
protestantes el analfabetismo descendiera de forma impresionante.
Es difícil determinar todas las creencias
protestantes pues al formar decenas de sectas siempre habrá
alguna que no comparta ciertas ideas con las demás.
No obstante sí puede afirmarse que todas, sin excepción, creen
en la Biblia como Palabra de Dios.
Casi todas consideran a Jesús el hijo de Dios y muchas, aunque
no todas, creen en la virginidad de María.
También el sacrificio de Jesús es considerado por casi todos
como un medio de expiar el pecado original.
Sin embargo, a partir de ahí podemos decir que no hay unanimidad en casi ningún otro aspecto aunque hay ideas que se pueden encontrar en varias sectas protestantes.
La mayoría de los protestantes suelen reunirse para
el culto en común los domingos, aunque hay algunas sectas que se
reunen los sábados o incluso los lunes.
Estas reuniones se llevan a cabo en templos que han sido
financiados por los feligreses, aunque algunas sectas prefieren
reunirse en la intimidad de sus hogares formando grupos de unas
pocas familias.
El eje de las reuniones protestantes es el sermón del ministro
de la iglesia, aunque hay sectas donde no hay ministros y son los
feligreses los que se turnan para pronunciar varios sermones.
El sermón suele ir acompañado de himnos cantados por todos los
feligreses aunque hay sectas que prohiben la música pues la
consideran una afrenta al Señor.
Toda esta diversidad ha hecho del protestantismo una filosofía muy versátil y dinámica que puede cumplir las aspiraciones de muchos creyentes, pues después de investigar durante algún tiempo todos los fieles pueden encontrar una secta en la que le resulte más fácil creer.