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Gerard K. O'Neill ante la maqueta de
una de las ciudades espaciales que diseñó. ¿Sabéis
ya lo que está haciendo con los lápices? |
Gerard K. O'Neill, nacido en Brooklyn en 1.927, fue profesor de física en la Universidad de Princeton desde 1.954 hasta su retiro en 1.985.
En 1.969 se hizo cargo de unas clases para los alumnos que iniciaban carreras de física. Insatisfecho con el programa de estudios, decidió reformar el curso radicalmente sustituyendo los tradicionales problemas por la elaboración de guías de aprendizaje que los alumnos tenían que diseñar y seguir para resolver cualquier tipo de problema científico. La reforma fue un completo éxito y este sistema de enseñanza aún se emplea en la Universidad de Princeton.
En aquel año Neil Armstrong pisó por primera vez la Luna y O'Neill planteó a sus alumnos una serie de problemas que tenían que ver con el espacio. La respuesta de los alumnos fue entusiasta, y aún lo fue más cuando O'Neill les planteó el reto de diseñar un hábitat espacial que fuese técnicamente factible y económicamente rentable.
En 1.974 publicó un artículo titulado
"La Colonización del Espacio" que llamó la atención
de varios departamentos gubernamentales, entre ellos la NASA, que patrocinó un estudio que se realizó en la
Universidad de Stanford en el verano de 1.975.
Bajo la dirección de O'Neill, treinta científicos, ingenieros y
estudiantes de diversas ramas de la ciencia trabajaron durante
diez semanas para dar a luz un informe en el que se explicaban
los pasos que había que dar para llegar a construir ciudades en
el espacio.
No estaciones, sino ciudades con capacidad
para miles de habitantes, con campos de cultivo y paneles solares
que las harían autosuficientes y con una población que
realizaría trabajos que las harían económicamente rentables.
Y todo ello con la tecnología de 1.975, en todo el proyecto no
quedó ningún problema que no pudiese ser resuelto usando la
tecnología de la época.
Veinticinco años más tarde habría que rehacer todos los
cálculos técnicos y económicos y, con las nuevas tecnologías,
el coste del proyecto podría ser muy inferior.
Por desgracia, las circunstancias políticas y económicas en aquellos momentos eran tales que incluso el futuro de la NASA como institución estaba amenazado por lo que fue imposible conseguir financiación para comenzar el proyecto.
A la vista de que no conseguiría apoyo por parte del gobierno, en 1.978 fundó el Instituto de Estudios Espaciales que, con aportaciones voluntarias y privadas llegó a financiar numerosos estudios necesarios para el desarrollo de las Ciudades en el Espacio.
También escribió libros de divulgación, el primero de los cuales "La más alta frontera" ha sido traducido a varios idiomas, y realizó numerosas conferencias para difundir la idea de que el futuro de la Humanidad podía resultar mucho más esperanzador pasando por el espacio.
Aparte de sus trabajos en pro de la colonización del espacio, también ha tenido un papel destacado en otras varias facetas de la ciencia.
Como físico, en 1.956 sentó las bases de
una nueva técnica que permitió multiplicar la cantidad de
energía que los sincrotones eran capaces de manejar.
Actualmente ese sistema se usa en todos los aceleradores de
partículas del mundo.
En 1.983 participó en el proyecto Geostar y sus aportaciones supusieron varias importantes mejoras en el diseño original del satélite.
Su última aportación a la tecnología fue el diseño de una red de transportes en tren de alta velocidad, con vehículos viajando sobre campos magnéticos y ordenadores dirigiendo su camino de una forma similar a como se distribuyen los mensajes en una centralita telefónica. Las simulaciones por ordenador demostraron que la eficiencia de la red de transportes sería diez veces mayor que las redes de transporte actuales.
Gerard K. O'Neill murió en 1.992 sin ver cumplido su sueño, pero en los últimos años cada vez son más las instituciones gubernamentales y privadas que han demostrado su interés por las ideas que propugnó.