La idea de instalar satélites solares en el espacio no es
nueva, ya hace muchos años que fue planteada y Gerard K.
O'Neill, al desarrollar sus ideas en los años setenta, contaba
con que éste fuese el motivo principal que podría atraer las
inversiones de gobiernos y empresas privadas.
Por desgracia, en la época en que O'Neill hizo su estudio, el
coste de lanzamiento era muy superior a lo que es hoy en día y
el riesgo de accidente era muy superior al actual, por lo que la
idea fue aparcada hasta que las condiciones económicas lo
permitieran.
Y las condiciones económicas parecen estar a punto.
Japón, país en el que las inversiones a largo plazo son
mucho más habituales que en ningún otro sitio, ha hecho sus
cuentas y tiene casi a punto el primer satélite de energía
solar que será lanzado seguramente en el transcurso de los próximos años.
Será un modelo pequeño, pero será el prototipo de los que
vengan a continuación.
Un satélite solar de un Km² de superficie puede producir energía
eléctrica suficiente para abastecer a una ciudad de un millón
de habitantes, pero no vamos a hacer nada tan grande, para
empezar será suficiente con unos diez mil metros cuadrados, es
decir un cuadrado de cien metros de lado.
Para construirlo será preciso lanzar todas las piezas al
espacio, ocupando el volumen de varias lanzaderas. Al llegar a
Alfa se ensamblarán las piezas, se colocarán los paneles y se
situará en órbita.
A partir de ahí sólo hay que mantenerlo perpendicular a los
rayos solares y la antena emisora de microondas apuntando hacia
la Tierra.
Sería conveniente que la órbita fuese geoestacionaria, al
menos al principio, cuando sólo va a haber una antena receptora
en la superficie terrestre, de tal forma que el satélite siempre
esté situado sobre la antena receptora.
En el centro del satélite hay un módulo de mando y un sistema
de giróscopos que mantendrán los paneles siempre orientados al
sol.
Toda la energía captada por los paneles solares es convertida en un rayo de microondas que se mantendrá siempre apuntando a una antena receptora que habrá en la superficie terrestre.
En la imagen de la izquierda podemos ver un prototipo construido por
los japoneses para demostrar el funcionamiento del
satélite solar que planeaban lanzar en los próximos años.
En la parte superior están los paneles fotovoltaicos que
transforman la luz en electricidad.
En la misma estructura se encuentra una emisora que
envía un rayo de microondas a la antena receptora que se
ve en la parte inferior de la fotografía.
En esta antena el rayo de microondas es vuelto a
convertir en energía eléctrica que se envía a la red
eléctrica convencional.
Se puede apreciar la separación entre la antena y el
terreno, que permitiría el cultivo de plantas.