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Las partículas deforman el espacio y esta deformación afecta a las partículas que la rodean generando las fuerzas.

Creada01-04-2006
Modificada16-06-2015
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Deformaciones y Ondas

Una partícula, sola en el espacio, provoca una deformación en el conjunto de los varios tejidos dimensionales que forman el espacio. Esta deformación es estática, si la partícula no se mueve la deformación que causa tampoco lo hace.

Cuando dos partículas como un protón y un electrón están cerca, se producen dos deformaciones diferentes en dos dimensiones diferentes. Una de estas deformaciones hace que las dos partículas se acerquen, la otra hace que se alejen. El resultado es que una de las partículas, la que ofrezca menos resistencia al movimiento, acabe dando vueltas alrededor de la otra a la distancia en que las dos fuerzas de atracción y repulsión se equilibren.

Donde antes había un electrón causando una deformación estática en el espacio, ahora hay un electrón que está cambiando de posición continuamente, y la deformación que provoca en el espacio también cambia continuamente generando una vibración en el tejido espacial. Esta vibración genera una onda de la misma longitud que el diámetro de la órbita del electrón alrededor del núcleo y de una intensidad equivalente a la diferencia de intensidad entre la máxima y la mínima distancia entre ambos puntos. Tal como una lona elástica: si hay un gimnasta de pie sobre ella la deformación de la lona es estática pero si está saltando cada uno de sus saltos generará una onda que se transmitirá por toda la lona hasta el infinito, aunque la intensidad de la onda será cada vez menor hasta llegar a hacerse inapreciable. En la lona, de dos dimensiones, la intensidad de la vibración será inversamente proporcional a la distancia al centro de la onda. En el espacio, de tres dimensiones, lo será al cuadrado de la distancia.

Igual que el electrón, al girar alrededor del protón, genera una onda, cuando esta onda llega hasta otro electrón va a alterar su rumbo haciendo que el segundo electrón cambie de trayectoria o, si está orbitando otro protón, cambie de órbita. De esta forma las órbitas de los electrones, que tienden a seguir una trayectoria circular o elíptica, cambian continuamente de órbita de una forma tan caótica que es totalmente imposible adivinar en qué lugar de un átomo se va a encontrar en un momento dado. El espacio está lleno de átomos, pero además se ve atravesado por un número casi infinito de ondas que se entrecruzan continuamente entre sí sin llegar a interferirse entre ellas.

Porque una particularidad de las ondas es que cuando dos ondas se cruzan se produce una interferencia en el punto del cruce, pero una vez pasada la interferencia la onda recupera elásticamente su forma, amplitud e intensidad original, exactamente igual que si no se hubiera cruzado con ninguna otra onda en su camino.

Pero en ocasiones dos ondas interfieren en una zona del espacio donde ya hay originalmente una deformación causada por la presencia de otras partículas. En tales casos la zona de interferencia entre ambas ondas genera una zona en la que se produce una sobreacumulación de energía. Esta sobreacumulación es un punto con más energía que los puntos circundantes y, como sabemos, la energía y la materia son intercambiables, o más bien, la materia es energía concentrada. Y cuando se produce una acumulación intensa de energía en un punto del espacio, es como si de la nada apareciera una partícula que antes no existía.

Son las partículas virtuales, partículas que surgen de forma espontánea en todos los puntos del espacio y duran un período de tiempo muy reducido antes de volver a disolverse en la nada.

Estas partículas virtuales, surgiendo a trillones en cada centímetro cúbico del universo, cuando lo hacen cerca de una partícula estable la hacen vibrar y generan en ellas propiedades emergentes, propiedades que no existían previamente pero que manteniendo todas las propiedades originales de las partículas les confieren una capacidad de interacción que no tenían antes.

En el espacio situado entre dos partículas cercanas, la aparición de estas partículas virtuales genera en muchas ocasiones una partícula virtual mucho más energética que recorre el camino entre ellas y es lo que a muchos físicos de partículas les han llevado a la errónea impresión de que eran partículas transmisoras.

Del mismo modo, los fotones son también partículas virtuales que solo cobran existencia cuando una onda electromagnética llega a una zona donde el campo electromagnético es lo bastante intenso como para que su interferencia mutua genere una partícula capaz de chocar físicamente con un electrón haciéndole cambiar abruptamente de trayectoria. De ahí la doble naturaleza de la luz, que cuando está viajando por el espacio interatómico se comporta como una onda pero que al llegar al espacio intraatómico o a la cercanía de una partícula se comporta e interactúa como una o más partículas.

Mientras más energética es una onda electromagnética más fotones aparecen en el momento de su interacción, pero mientras no interactúe con otras partículas un rayo de luz solo contiene ondas electromagnéticas.

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