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Manuel Chillía, "hermafrodita auténtico", huérfano cubano, viajero en China y Rusia donde se codeó con la corte de los zares y llegó a ser Primera Bailarina del Ballet de Moscú.

Creada29-05-2021
Modificada30-05-2021
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Septiembre5

Manuel Chillía "Manolito"

Insólito personaje, que nunca estuvo en Torrejón, aunque sí llegó a tener relación con nuestra ciudad, o más exactamente, con La Casa Grande.

Insólito, porque él se definía a sí mismo como "Hermafrodita auténtico".

Que ¿qué es eso? ¿Cómo puede una persona ser hermafrodita?

Hombres, Mujeres y Hermafroditas

Damos por sabido y entendido que hay dos clases de personas, los hombres y las mujeres. Los hombres nacen con órganos sexuales masculinos y las mujeres con órganos sexuales femeninos. Pero la cosa es un poquitín más compleja. Todo viene determinado por sus genes. O, más precisamente, por un programa genético que determina el desarrollo y la construcción de los órganos internos de una persona.

En los genes de todas las personas están escritas las instrucciones que hacen que una célula se multiplique y las células hijas se diferencien y unan para formar distintos tejidos, órganos y cuerpos. Y esas instrucciones se ejecutan gracias a la producción de diversas hormonas que activan diferentes juegos de instrucciones, lo que hace que algunos órganos sean diferentes en hombres y mujeres.

Las personas tienen esas instrucciones, ese programa genético, escritas en 23 pares de cromosomas. De cada par de cromosomas, uno ha sido heredado de su padre y el otro de su madre. El par 23 es el que determina el sexo de una persona.

Lo mismo es válido en cualquier especie animal: Aunque cada especie tiene distinto número de cromosomas, con juegos de instrucciones diferentes capaces de fabricar una hormiga o un elefante, en todas ellas existe un par de cromosomas que determina el sexo del animal.

Si una persona tiene el par 23 con genes XX (heredados de la madre y de la abuela paterna), sus instrucciones de construcción harán que se desarrolle como una mujer.

Pero si tiene el par 23 con genes XY (madre y padre), en determinados momentos del desarrollo se producirán unas hormonas que activarán otros juegos de instrucciones para fabricar órganos sexuales masculinos.

Algunos órganos se van desarrollando de forma paulatina, a lo largo de todo el desarrollo y crecimiento, pero otros se desarrollan de forma brusca en determinados momentos, en varias fases. Los órganos sexuales masculinos, en particular, se desarrollan aún en la fase embrionaria, cuando, según el programa de instrucciones genéticas se produce un bombardeo de hormonas (testosterona) que activan determinados genes y aceleran el desarrollo de los órganos sexuales masculinos. Otros bombardeos, a los 12 años, provocan la pubertad, completando la formación de los órganos reproductores.

En realidad SIEMPRE hay una cierta producción de hormonas masculinas, pero es mucho más intensa en esas edades. Incluso en las mujeres, aunque en éstas, al faltar el cromosoma Y, esta producción es muy escasa. Estamos programados así.

Durante esos bombardeos hormonales es cuando se hacen más evidentes las diferencias sexuales de hombres y mujeres. Por eso, al nacer, como le dijo un niño a Arnold Schwarzenegger en la película Poli de Guardería, "Los niños tienen pene y las niñas vagina".

Los Huevedoces de Centroamérica

Hace varios siglos, no sabemos si dos o cuatro, un hombre en Centroamérica nació con una mutación genética. Esa mutación implicó un cambio en el programa de construcción de los órganos de una persona. Y ese cambio era que NO se producía el bombardeo hormonal de testosterona durante la etapa embrionaria.

Como resultado, los embriones de varón, al carecer de ese bombardeo, no activaron las instrucciones que debían desarrollar los órganos masculinos, y al nacer tenían los órganos sexuales y la apariencia externa de niñas.

Los niños con esta mutación eran confundidos con niñas, criados, vestidos y educados como niñas. Pero aunque recibieran esta educación, algunos de sus impulsos y comportamientos, seguían siendo de niños. Preferían los juegos físicos antes que los sociales. Se relacionaban con otros niños en estructuras sociales competitivas y jerarquizadas, de jefes y subordinados, antes que los juegos más colaborativos e igualitarios de las niñas. Jugaban más a guerras, batallas y policías y ladrones, o indios y vaqueros, que a comidas, bebés, fiestas o romances. Si les regalaban una muñeca, no la metían en una cuna ni la cuidaban ni jugaban a alimentarla, sino que le arrancaban la cabeza, que usaban como pelota, mientras que piernas y brazos servían de porterías.

Pero el bombardeo hormonal de la pubertad, a los doce años, SÍ se producía, e incluso con más intensidad que en los niños normales. Y ante este bombardeo, los órganos sexuales masculinos se empezaban a desarrollar, apareciendo los testículos, para gran desconcierto de ellos mismos, sus padres y cuantos le conocían. El hecho de que los testículos (huevos, en lenguaje popular) aparecieran a los doce años, hizo que en Centroamérica se les llamara Huevedoces.

Esto está también explicado en el Documental ¿Hay Más de Dos Sexos?, de la serie Secretos del Universo, en el capítulo Los Güevedoces.

Según la intensidad de este bombardeo, los órganos sexuales femeninos externos (la vagina) podían llegar a desaparecer, o quedar como un vestigio, pero totalmente desconectado de un sistema reproductor femenino, que en ellos estaba tan sólo esbozado, de forma insuficiente como para poder tener un embarazo.

Y podían tener relaciones con mujeres y tener hijos. Hijos e hijas. Y a los hijos varones les transmitieron la misma mutación.

Durante varias generaciones la mutación se fue extendiendo a sus descendientes, algunos emigraron, se casaron y tuvieron hijos, y hoy en día existen huevedoces en varios países de Centroamérica, como Costa Rica, Nicaragua, Honduras y otros.

La insólita vida de Manuel Chillía

En 1886, cuando Cuba aún era una provincia española, una niña fue abandonada en la puerta de un hospicio en la ciudad de La Habana.

Criada, según su apariencia, como una niña, permaneció en el hospicio toda su infancia hasta que, a partir de los 14 años, se desarrollaron sus órganos masculinos.

Según la Historia Ilustrada de La Casa Grande:

Escapó del hospicio a finales del pasado siglo, y fue a parar a la China, donde convivió con un importante mandarín.

Éste, con su influencia, consiguió introducirlo en la entonces floreciente y animada Corte de los Zares Rusos.

Hacia 1912, al poco de llegar a Rusia, llegó a ser la primera bailarina del Ballet del Zar.

En aquella corte proliferaban las grandes fiestas. Llegó a entablar amistad personal con el célebre, influyente y diabólico Rasputín, de quien contaba acciones rocambolescas inimaginables.

En 1917, tras la revolución bolchevique, escapó de Rusia cargado de muebles, joyas y antigüedades. Llegó a Barcelona, donde continuó con su escandalosa y extravagante vida, trató a toda clase de artistas, toreros, bailarines, etc., estableciendo entrañable amistad entre otros muchos personajes con Dalí, Manolete e Imperio Argentina.

En un palacete del Paseo de Gracia barcelonés, amontonadas, sin orden, este extraño personaje conservaba todos los muebles, alhajas y joyas, que en su día trajo de Rusia.

Manolito, hermafrodita y tacaño hasta la saciedad, vivía con sus tres fieles sirvientas, hermanas entre ellas, Teresa, Inocencia e Isabel, recientemente fallecidas sobrepasando todas, al igual que su señor, los 100 años de edad.

Las mantenía con un presupuesto de 500 pesetas semanales, a base de pan, sardinas y lentejas, pero, eso sí, comiendo en vajilla de oro y cristalería de Bohemia.

...

En el año 1972, un año antes de que Rafael Onieva adquiriese la Casa Grande, y dos años antes de comprar la colección de Iconos, conoció en un viaje relámpago que realizó a Barcelona a tan singular y extraño personaje. Su nombre por entonces: Manuel Chillía, para los amigos Manolito. Su edad, 93 años. Su sexo, hermafrodita auténtico, como él se definía.

...

El mismo día en que se conocieron nuestro personaje y Rafael Onieva, llegaron a un acuerdo, y todo ese conjunto de antigüedades pasó a manos del industrial cordobés.

Esas antigüedades son las que hoy decoran gran parte de las habitaciones de La Casa Grande.

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