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Torrejón de Ardoz en la Época Romana. Costumbres, Leyes y Forma de Vida. Las Invasiones Bárbaras

Creada06-02-2018
Modificada06-02-2018
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Torrejón, Ciudad Romana

Los romanos empezaron a conquistar España desde un par de siglos aC. En el 193 aC conquistaron, reformaron y fundaron la ciudad de Toledo. Después de unos cuantos dimes y diretes con los Lusitanos, al mando de Viriato, y con los numantinos, a partir del año 130 aC ya no encontraron oposición digna de mención, y desde entonces controlaron todas las tierras de la península.

La civilización entró en todos los pueblos íberos y celtas de España, y hay que reconocer que su influencia fue bastante positiva.

Al menos nos legaron varias cosas fundamentales.

El Derecho Romano

Copiado en parte del sistema judicial griego, aunque algo más imperfecto, estaba basado en leyes iguales para todos los ciudadanos del imperio y en la Jurisprudencia (prudencia judicial): Los jueces debían emitir sentencias que no contradijeran sentencias anteriores. Y seguían la máxima "In Dubio Pro Reo", en la duda, pronunciarse a favor del reo.

Aún hoy, el Derecho Romano sigue siendo base de los sistemas judiciales modernos.

Para hacer cumplir las leyes se mantenían legiones en todas las provincias romanas y, aunque ésa era su labor principal, no se les caían los anillos si en su tiempo libre se dedicaban a la construcción de calzadas y acueductos, tareas en las que eran grandes expertos.

Entre los diversos pueblos íberos y celtas que habitaban la península había algunos que se dedicaban al robo y saqueo de pueblos vecinos, y los ejércitos romanos fueron implacables con todos ellos hasta conseguir que renunciaran a esas actividades de rapiña.

El mismo emperador Octavio Augusto estuvo durante algún tiempo en la ciudad de Segisema (la actual Sasamón, en Burgos) para perseguir a cántabros y astures, hasta que renunciaron a su forma de vida y, por la cuenta que les traía, se dedicaron a la agricultura, la ganadería, y otras actividades que no supusieran el robo a pueblos vecinos.

Las Villas Romanas

Eran viviendas y casas de labor que dirigían una hacienda para labores agrícolas y ganaderas.

Villa RomanaLa vivienda se construía alrededor de un patio cerrado, rodeado de una galería porticada con algunos árboles frutales y una alberca o fuente en su centro. Al ser una zona sombreada, las altas temperaturas de la estepa castellana se mantenían en el exterior, mientras en el patio y las habitaciones que lo rodeaban se gozaba de un microclima mucho más confortable que en el exterior, tanto en Verano como en Invierno.

A menudo el sistema se complementaba con una serie de galerías bajo el suelo por las cuales circulaba el aire calentado en un horno, con lo que en las duras condiciones del invierno el interior de las casas era muy cálido y agradable. El sistema recibió el nombre de Gloria, y se sigue utilizando en muchas casas antiguas de la meseta castellana. Y la verdad es que los que lo disfrutan afirman estar en la Gloria.

Los romanos solían disfrutar de las Termas, casas de baños para la higiene y relaciones sociales, con agua caliente y chorros de agua. Aunque en las ciudades eran habituales las termas públicas, disponer de baños y saneamientos con agua caliente en aquellas pequeñas villas era todo un lujo para la época.

Triclinio RomanoLas comidas se celebraban con los comensales recostados en triclinios, tres divanes alrededor de una mesa que era servida por esclavos o mujeres. Esta era la forma habitual en que se comía en la mayor parte del imperio y las tierras de Oriente Medio.

La imagen en la que los pintores religiosos representaban la Última Cena, con Jesús y sus Apóstoles sentados en sillas alrededor de una mesa, es falsa. Jesús estaba recostado en un diván, apoyado en el costado izquierdo, y tomaba los alimentos de la mesa central con su mano derecha. La izquierda se reservaba para otros menesteres menos higiénicos. A su lado estaría recostado su anfitrión, quizás Juan el Evangelista, que presumía de que era él, el Discípulo Amado, el que apoyaba su cabeza en el pecho de Jesús en la Última Cena. A continuación estarían colocados los demás apóstoles.

Al principio las mujeres romanas no solían compartir la mesa con los hombres, sino que comían en la cocina o, en el caso de fiestas y recepciones, en la misma sala que los hombres pero en mesa aparte y sentadas, ellas sí, en sillas.

Fue la mujer del emperador Octavio Augusto, Livia (la conoceréis de la serie Yo, Claudio), la que insistió en participar en los banquetes junto a su esposo y desde entonces la costumbre se imitó y las mujeres patricias, después las de los funcionarios y más tarde casi todas, pudieron compartir la mesa con los hombres.

Fuera de la zona de la vivienda estaban las cuadras y estancias donde se elaboraban y almacenaban los productos agrícolas.

En Torrejón de Ardoz se han encontrado los restos de varias villas romanas, una de ellas entre el barrio del Castillo y el barrio de San Benito.

Por desgracia no se han realizado excavaciones arqueológicas en el terreno, y ni siquiera sabemos si entre esas villas había alguna pequeña ciudad romana de piedra y ladrillo para sustituir a la aldea carpetana ya abandonada del Soto del Henares.

Las Calzadas Romanas

Red de Calzadas RomanasEl mayor legado que nos dejaron los romanos es el de las Calzadas Romanas, una obra de ingeniería que, sin levantar un palmo del suelo, unía las más de cien provincias del Imperio a lo largo de 400.000 Km de calzadas, suficientes para dar 10 veces la vuelta a la Tierra o para cubrir la distancia de la Tierra a la Luna.

Gracias a las calzadas los ejércitos podían acudir con rapidez a cualquier lugar del imperio y los comerciantes podían llevar sus productos a todas las ciudades y villas sin tener que bregar por los a veces intransitables caminos de piedras y barro.

Por el Sur de Torrejón circulaba una vía romana que iba desde Zaragoza hasta Mérida, con un tramo que bordeaba el río Henares, desde Complutum (Alcalá de Henares) a Titulcia y Toledo. Desde Complutum también había una calzada secundaria que iba hacia los pueblos del Sur de Madrid, y que probablemente está enterrada bajo las vías del tren que va de Madrid a Alcalá.

Los Invasores Bárbaros

De forma paulatina, desde un siglo antes de la sonora Caída del Imperio Romano, varios pueblos del Norte de Europa migraron hacia el Sur hasta llegar a la Península Ibérica.

Los griegos, varios siglos antes, habían llamado a estos pueblos Bárbaros, una onomatopeya de su forma de hablar. Para los griegos, cualquiera que no hablase Griego o Latín, hablaba "bar-bar".

Aquí, a partir del año 409, llegaron tres pueblos: Suevos, Vándalos y Alanos.

Los Vándalos se fueron hacia Andalucía, a la que dieron nombre, y posteriormente al Norte de África, a Túnez, donde conquistaron la ahora romana ciudad de Cartago y con la flota capturada se dedicaron a lo suyo: Hacer el vándalo mediante incursiones de rapiña a las costas del Norte del Mediterráneo.

En la Meseta Central se establecieron los Alanos.

Y a los Gallegos les tocaron los Suevos.

Todos ellos tenían por costumbre la inveterada tradición de la rapiña, asaltando aldeas y ciudades agrícolas y ganaderas para robarles el sustento.

Unos 60 años más tarde comenzaron a llegar Godos y Visigodos, tribus procedentes de Germania que huían del avance invasor de Hunos y otros y que al llegar a España fundaron varios reinos.

Estos reinos solían ser malos vecinos, imponiéndose por la fuerza de las armas y la traición, e incluso cuando todos los reinos acabaron bajo el dominio de un único rey había muchas discrepancias y reyertas entre reyes y nobles que pretendían serlo.

Al final la España Visigoda quedó unificada en casi toda la península incluyendo parte del Norte de África, la antigua provincia romana de Mauritania Tingitana, la actual Marruecos.

Pero las constantes luchas por el poder de los nobles godos, y especialmente la traición del gobernador de Ceuta, acabarían provocando la catástrofe.

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