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Desde niños empezamos a mentir. ¿Lo aprendemos por imitación? ¿O es un mecanismo evolutivo natural?

Creada05-09-2016
Modificada05-09-2016
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Diciembre1

Reseña del Documental ¿Por qué Mentimos? de la serie Secretos del Universo

¿Por qué Mentimos?

Durante mucho tiempo, la mayoría de los neurocientíficos pensaron que los niños empezaban a mentir a partir de los cinco años, cuando comenzaban a interactuar con el mundo de los adultos, pero experimentos realizados con niños observando su comportamiento revelan que empiezan mucho antes. A los dos años el 30% de los niños cuentan mentiras, y a los 3 años el 50%. A los 7 u 8 años el 100% de los niños mienten, sea cual sea su raza, cultura o religión.

Algunos padres pueden alarmarse con este dato, pero se ha observado que los niños que mienten antes tienen más desarrolladas sus capacidades cognitivas, quizás por el hecho de que tienen que planificar por anticipado sus palabras y actos para no contradecir sus mentiras.

Las mentiras veniales son aquellas que, sin perjudicar a nadie, ahorran tiempo, esfuerzos y explicaciones, o que resuelven con rapidez y sin daños un conflicto. Si estamos con los amigos y queremos irnos a ver un partido de fútbol podríamos ofender a los amigos al hacerles ver que preferimos el fútbol a su compañía, por eso solemos mentir afirmando que tenemos un trabajo o nos sentimos enfermos.

Pero hay personas que son mentirosos patológicos que mienten sin considerar el perjuicio que puedan causar a los demás y que a menudo utilizan mentiras veniales sin ser necesario.

El Coste de la Mentira

Decir la verdad es más fácil. Los recuerdos quedan almacenados en el cerebro y recurrir a ellos, para una persona normal, es algo inmediato. El proceso mental que realiza el cerebro activa fundamentalmente zonas cerebrales de la Materia Gris.

Pero para mentir es preciso inventar una historia, recabar informaciones de diversas fuentes, unirlas en una historia creíble y narrarla sin dudas que revelen que estamos mintiendo.

La actividad de un cerebro cuando miente es muy distinta a la de un cerebro cuando está contando la verdad. Se activan muchas más zonas cerebrales, especialmente de la Materia Blanca.

Los mentirosos compulsivos tienen un 25% más Materia Blanca que las personas sinceras porque desarrollan más esas zonas cerebrales, pero acaban tan envueltos en sus redes de mentiras que acaban perjudicándose a sí mismos y a las personas que las rodean.

Las nuevas tecnologías permiten mentir con más facilidad, aunque las clases de mentiras son las que siempre han sido.

La Mentira del Mayordomo: 'Dí que no estoy'.

La Mentira de la Marioneta: 'Soy alto, rubio y delgado'.

Hay empresas que para publicitar sus productos inventan marionetas que hagan críticas positivas. Un estudio del lenguaje utilizado por marionetas revela que las personas sinceras hablan del producto mostrando los pros y contras del mismo, pero las marionetas suelen inventar historias sobre sí mismos en relación con el producto, hablan más de sí mismos y usan más a menudo el 'yo'.

Un análisis de los numerosos comentarios que hacen los internautas sobre diversos productos o artículos revela que casi todos son sinceros, pero hay entre un 5 y 10% que han sido hechos por marionetas.

Un Detector de Mentiras en el Móvil

Un neurocientífico ha desarrollado un software que, examinando el tamaño de las pupilas de un sujeto pueden determinar si está mintiendo, basándose en el hecho de que a las personas que mienten, por el hecho de requerir mayor esfuerzo mental, se les dilatan las pupilas sin que puedan hacer nada por evitarlo.

El dispositivo no es completamente fiable, pero tiene un índice de aciertos del 85%, igual que los Detectores de Mentiras de la policía. Sólo que los Detectores de Mentiras, con entrenamiento adecuado, pueden ser engañados. Un Detector de Mentiras basado en la variación del tamaño de las pupilas, no. Y se espera mejorarlo para alcanzar una fiabilidad mayor, quizás de hasta el 100%. Cuando ello sea posible se podrá hacer una APP que convierta cualquier dispositivo con cámara (teléfono móvil, tablet, o gafas inteligentes) en un Detector de Mentiras que podremos usar en cualquier momento y lugar.

¿Te imaginas un juicio, una conferencia política o, mejor aún, un pleno del Congreso de Diputados?

La Falsa Realidad

Pensamos que lo que vemos es la realidad, pero no es cierto. Lo que vemos es lo que nuestro cerebro reconstruye a partir de estímulos sensoriales.

Si tenemos los ojos cerrados y una persona nos toca rítmicamente varias veces en el hombro, el codo y la muñeca, nuestro cerebro intenta reconocer esa experiencia comparándola con experiencias previas, elige la experiencia más similar y nos ofrece una explicación que, probablemente, sea que un insecto nos está corriendo por el brazo, e incluso sentiremos cómo nos toca en lugares intermedios que no han sido tocados. Pero esto sólo funciona si lo hace otra persona y es la primera vez que nos pasa. Si lo hacemos nosotros mismos el cerebro no es engañado, y si es una experiencia que ya hemos vivido antes, el cerebro la reconoce correctamente.

Incluso lo que vemos a nuestro alrededor es una reconstrucción generada por nuestro cerebro inconsciente, y hay ilusiones ópticas que el cerebro no sabe interpretar, ofreciéndonos una imagen distinta a la realidad.

El sentido de la profundidad, del espacio tridimensional que nos rodea, no lo empezamos a captar hasta los tres meses de edad a partir de la distinta información captada por ambos ojos. Y no es hasta los ocho meses en que el cerebro aprende a captar la profundidad y las formas a partir de las sombras de la superficie de los objetos.

Los cerebros no intentan discernir la realidad, sino que crean esquemas que permitan sobrevivir y reproducirnos. Los esquemas que contribuyan mejor a esos fines son los que se transmitirán a los descendientes.

Los ojos de las ranas son similares a los humanos, pero el cerebro de las ranas sólo analiza los objetos que se mueven, lo que facilita la caza de insectos y la huida de los depredadores, pero cuando ven objetos inmóviles sus cerebros no los analizan.

Flores en UltravioletaLas mariposas ven la luz en frecuencias que nosotros no somos capaces de percibir. A ellas les sirve para identificar variedades de flores con pétalos que tienen manchas características, pero esos mismos pétalos nosotros los vemos blancos o de algún color liso, sin manchas. ¿Cuál es la flor real? Ninguna. Cada especie animal ve sólo las frecuencias lumínicas que a lo largo de la evolución les han sido más útiles para la supervivencia.

No vemos la Realidad, sino una reconstrucción virtual fabricada por nuestro cerebro. Pero eso no es una desventaja, sino una ayuda. ¿qué ganaríamos si pudiéramos ver las ondas de radio, los electrones girando alrededor de los núcleos atómicos, las miles de millones de bacterias y virus que viven en cada centímetro de nuestra piel, si oyéramos los ultrasonidos de los chillidos de los murciélagos o los infrasonidos de los movimientos del magma subterráneo o si sintiéramos los trillones de neutrinos que nos atraviesan cada segundo? Recibiríamos tal cantidad de información que nuestro cerebro no tendría tiempo para procesarla, así que es mejor que el cerebro sólo capte y procese la información que resulte útil a nuestra supervivencia.

Distintos animales tienen distintos sentidos, muchas aves tienen un sentido que les permite captar los campos magnéticos, lo que les ayuda a orientarse. Algunas aves son capaces de 'ver' las corrientes ascendentes de aire cálido, lo que las ayuda a mantener el vuelo. Los tiburones captan las diferencias de potencial eléctrico lo que les facilita la localización de presas en el agua, incluso en ausencia de luz. Esos sentidos a nosotros no nos resultan útiles, no sólo no los necesitamos sino que, de tenerlos, harían que nuestro cerebro tardara más tiempo en procesar la información realmente importante para nuestra supervivencia.

El Palacio de la Memoria

Las experiencias que vivimos son almacenadas en el cerebro en forma de sendas neuronales que, cuando las necesitemos, el cerebro es capaz de recuperar.

Los recuerdos se almacenan, pero no lo hacen de forma total y fidedigna. No se puede almacenar TODA la información de TODAS las imágenes, sonidos o sensaciones de TODOS nuestros sentidos, así que el cerebro tiene un mecanismo con el cual guarda un esbozo y a la hora de recuperar el recuerdo rellena los huecos. El cerebro nos engaña y nos hace creer que lo recordamos todo de forma fidedigna, pero en realidad sólo recuerda las partes importantes, el resto son reconstrucciones virtuales.

A veces ese mecanismo falla y mezcla los recuerdos, creemos haber visto un accidente desde una terraza cuando en realidad lo vimos desde un parque, pero en ese momento estábamos pensando en una conversación que tuvimos en la terraza, por lo que el impacto sensorial se mezcla con el recuerdo que estábamos procesando y se almacena una información mezclada.

Otras veces se produce un error que a casi todo el mundo le suele resultar familiar, el 'dejá vu', en francés 'ya vivido', cuando experimentamos un suceso por primera vez pero nuestro cerebro crea una reverberación que nos hace creer que ya lo hemos vivido antes.

Implante de Falsos Recuerdos

Se han realizado experimentos con ratones en los que a un ratón se le introduce en dos jaulas distintas y se comprueba cuáles son las zonas del cerebro que se activan al estar en una u otra. Después, estando en la jaula A, se le activan las zonas correspondientes a la jaula B al mismo tiempo que se le envía una leve descarga eléctrica. El ratón asocia el recuerdo de la jaula B con las descargas eléctricas y, cuando trasladamos el ratón a la jaula B, en la que nunca ha sufrido ninguna descarga, el ratón está aterrorizado. Se le ha implantado el falso recuerdo de que la jaula B está asociada a las descargas eléctricas. En cambio no se asusta cuando se la traslada a la jaula A, en la que ha recibido realmente las descargas.

Si desarrollamos esta tecnología podríamos llegar a ser capaces de implantar falsos recuerdos. En plan pesimista se podría pensar en control mental o convertir a soldados en psicópatas, pero siendo optimista podríamos poder discernir cuándo un recuerdo es fidedigno o falso, lo que podría evitar que una errónea identificación acabe con un inocente en la cárcel, o servir para aprender una carrera por medio de estímulos corticales.

Ver Ficha de ¿Por qué Mentimos? de la serie Secretos del Universo

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