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¿Qué significan las visiones psicodélicas y esquizoides de Daniel, Ezequiel, Juan y otros profetas apocalípticos?

Creada09-06-2014
Modificada23-05-2017
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Reseña del Documental Profecías Misteriosas de la serie Los Secretos de la Biblia

Profecías Misteriosas de La Biblia

En hebreo, la palabra profeta se dice navi, y no significa predecir el futuro sino hablar, afirmar, declarar. Un profeta es una persona que transmite lo que cree que es la Palabra de Dios.

En la Biblia hay numerosos profetas. Unos tienen la intención de reformar a la sociedad. Otros cambiar las creencias de la gente. Algunos advierten de las calamidades que van a pasar si la sociedad no corrige su mal comportamiento. Otros, por fin, afirman predecir el futuro.

Las profecías más importantes son las que afirman que en el futuro vendrá un Mesías que dirigirá a sus seguidores para expulsar o destruir a sus enemigos y opresores e instaurar un nuevo reino de Israel gobernado por el Mesías.

Algunos estudiosos de la vida de Jesús piensan que Jesús había leído las profecías que hablaban sobre la venida del Mesías y había llegado a la conclusión de que las profecías se referían a él.

En la época de Jesús hubo muchos que se autoproclamaron Mesías y llevaron a muchos seguidores a luchar contra los opresores, pero todos fueron ejecutados y sus seguidores se disolvieron. El único grupo que siguió existiendo tras la muerte de su líder fue el de los seguidores de Jesús.

Tras la muerte de Jesús sus seguidores escrutaron las escrituras buscando profecías que pudieran aplicarse a Jesús y allí donde encontraran una frase que se pareciera mínimamente a un acontecimiento de su vida la mostraban como prueba de que era el Mesías.

Isaías 53,5 describe al Siervo de Dios que será herido por los pecados de la gente.

El profeta Daniel era un joven que vivió en el exilio babilónico en el año 600 aC. Nabucodonosor II, sabedor de su capacidad para interpretar sueños, lo unió a la corte con sus asesores, pero fue expulsado cuando Daniel se negó a adorar a los dioses babilónicos.

Daniel se unió a otros israelitas y les reveló cómo sería el futuro que les aguardaba. Profetizó que los malos tiempos acabarían y tras muchas tribulaciones vendrían tiempos mejores. Los que escuchaban esas profecías las aceptaban con esperanza.

Daniel predijo la destrucción de Israel y el templo y que sufrirían un largo y penoso cautiverio en Babilonia.

Todos los textos bíblicos anteriores hablan de un inframundo terrible de dolor y sufrimiento, pero Daniel habla también, por primera vez, de la resurrección de los muertos y de una feliz vida futura para los justos.

En Daniel 7, 13-14 se dice que vendrá un Hijo de Hombre al que se le dará dominio sobre cielos y tierra y todos los pueblos le servirán.

Jesús solía referirse a sí mismo como el Hijo del Hombre. Esta era una expresión corriente para referirse a cualquier persona común, pero en determinados entornos religiosos algunos de sus seguidores pensaron que se estaba designando a sí mismo como el Mesías profetizado por Daniel.

El Apocalipsis de Juan se ha atribuido durante casi toda la historia del cristianismo al apóstol Juan, pero los historiadores más modernos opinan que fue otro Juan, uno de los primeros cristianos, que fue desterrado por un emperador romano a la isla de Patmos.

Algunos cristianos y judíos pensaron que Dios iba a intervenir para salvarlos de la opresión romana en el año 79, cuando las ciudades de Pompeya y Herculano fueron destruidas por la erupción del Vesubio.

Juan parece describir en el Apocalipsis la destrucción provocada por el volcán. La montaña de fuego, las columnas de ceniza y el envenenamiento de las aguas del mar con la consiguiente muerte de los peces. Todo ello es similar a los efectos del Vesubio.

Según algunos investigadores, Juan escribió el Apocalipsis poco después de la erupción, para que los cristianos, perseguidos por el imperio romano, conservaran la esperanza pues el fin de los tiempos ya estaba llegando y pronto sería el tiempo de la retribución.

Pero debido a la posibilidad de que sus escritos cayeran en manos de los gobernantes romanos no podía hablar con claridad, sino que usó numerosas metáforas para describir los sucesos que habían de venir.

La profecía del Apocalipsis no se cumplió, el imperio romano siguió existiendo durante siglos y los sucesivos cristianos cambiaron su interpretación, diciendo que el cumplimiento se produciría en un indeterminado futuro.

El escrito profético más polémico es el de Ezequiel, que por sus fantasías estuvo a punto de no ser incluido en la Biblia.

Incluso en tiempos modernos hay quien opina que lo que describe Ezequiel es un encuentro con un OVNI.

En el siglo VI aC, Ezequiel describió la destrucción del Templo de Jerusalén. Este templo fue realmente destruido por Nabucodonosor II en el año 586 aC.

Muchos eruditos opinan que las visiones de Ezequiel son verdaderos mensajes de Dios y muestran gran cantidad de información sobre las relaciones de Dios con la Humanidad. A partir de estas visiones se ha construido la interpretación de la Kábbalah.

La Kábbalah, que significa "lo recibido" o "lo aceptado", era tan extraña que los rabinos de hace 2.000 años solo permitían su estudio a hombres casados de más de 40 años, pues personas que no tuvieran la madurez necesaria para interpretarla podían verse desviadas de la fe del judaísmo.

Otro libro profético del Nuevo Testamento es la carta de Pablo a los Tesalonicenses. En Tes 4,16 se describe el Rapto o Arrebatamiento, el momento en que los muertos en Cristo se levantarán de sus tumbas para ascender a los cielos.

Según los expertos, Pablo escribió esta carta en el año 52, en respuesta a su preocupación porque pensaban que solo los que estuviesen vivos al regreso de Jesús serían salvados, pero Pablo les tranquilizó diciéndoles que los cristianos vivos serían salvados, pero también los que hubiesen muerto en la fe de Cristo serían resucitados y elevados a los cielos.

Esta profecía no está contemplada en el Apocalipsis, pero muchos cristianos la han incorporado a la idea de lo que piensan que ocurrirá en el fin del mundo.

En mi opinión

Aunque se menciona brevemente, quiero hacer hincapié en el hecho de que entre los siglos III aC y el II dC se escribieron muchos escritos apocalípticos, en ambos sentidos del término. Eran considerados Revelaciones Divinas y trataban sobre el Fin del Mundo. Tal como se menciona en el documental acerca de las intenciones de Pablo y de Juan de Patmos, opino que la intención de la mayoría de esos libros era mantener la esperanza de aquellos que veían que pasaban los años sin que se cumpliesen las profecías.

Esto me recuerda las profecías apocalípticas que leí hace ya más de 40 años, cuando La Atalaya, de los Testigos de Jeováh, profetizaba que el fin del mundo era inminente, y ocurriría en el año 1.973. ¿Qué fue de aquellas profecías? Fueron sustituidas por otras. Y los Testigos de Jeováh siguieron creyéndolas.

Respecto al Apocalipsis de Juan, siempre he pensado que el autor podía ser el mismo que escribió el Evangelio de Juan, un cristiano que conoció al apóstol Juan, pero si lo dicho en el documental es cierto lo considero más improbable.

Ver Ficha de Profecías Misteriosas de la serie Los Secretos de la Biblia

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