Bienvenidos a MasLibertad

Bienvenidos a MasLibertad

¿Quién soy yo?

Experiencias Informáticas

Mis Favoritos

Cosas que me han Pasado

Paseos y Excursiones

Novelas y Relatos

La Estrella y el Águila

Bienvenidos a Libertad

Reino de Sombras

Autobiografía de Dios

La Sala Oval

Un Paseo por Libertad

El Gran Aburrimiento

El Cambio

Novedades y Proyectos

Miscelánea

Cartas al Autor

Torrejón de Ardoz

Areas de Ciencias

Documentales y Libros

Áreas de Religión

Economía y Política

La Última Página

Datos de Usuario

AnónimoEntrar
IP54.234.228.78

Datos de Pagina

Una excursión promocional de jubilados a uno de los primeros hábitats espaciales.

Creada09-03-2013
Modificada30-05-2015
Total Visitas266
Diciembre2

 

El Gran Aburrimiento, Juan Polaino

Lo primero que vemos al acercarnos a la estación es que hay dos partes claramente diferenciadas: una torre vertical que permanece estática en el espacio apuntando a la estrella polar y rodeada de módulos y paneles solares y, en la parte superior, dos módulos unidos por una torre centrífuga cuyo punto medio se une al extremo de la primera torre.

Es como una gigantesca T que está girando de una manera muy particular ya que, mientras la torre norte y los dos módulos de los extremos giran alrededor del eje de la estación, la parte inferior de la estación no gira, sino que permanece estática y los paneles están siempre orientados al sol.

El trasbordador en el que viajamos se acopla a una compuerta que hay en el extremo de la torre sur y, desde allí entramos en un pasillo de sección hexagonal. A lo largo de una de las paredes hay una ancha cinta de moqueta azul. Las zapatillas que nos han dado antes de subir tienen el talón recubierto de velcro así que con un poco de práctica podemos simular que caminamos por la moqueta.

Pronto nos damos cuenta de que es una tontería. Intentar conservar el equilibrio donde no hay equilibrio posible resulta mucho más complicado de lo que parece, así que al final nos dejamos flotar y vamos de un lado a otro agarrándonos a las numerosas asas que hay en las paredes, tal como vemos hacer a los que ya han estado antes aquí.

(Por lo visto las moquetas y las zapatillas de velcro las dan por tradición, y solo las usan los novatos el primer día)

Cada quince o veinte metros encontramos un segmento del pasillo en el que las paredes contienen compuertas y entonces apreciamos una cosa bastante curiosa: La torre, en realidad, es un conjunto de piezas ensambladas entre sí y si prestamos atención veremos que la unidad básica que forma la torre es un panel cuadrado que se ensambla por sus cuatro lados con los cuatro paneles adyacentes.

El ensamblaje de uno de los lados forma un ángulo de 120 grados por lo que la unión de seis paneles forma un segmento completo del pasillo.

En los segmentos más cortos, de dos metros de largo, hay dos o tres paneles con compuertas que comunican con los módulos de investigación que hay alrededor del pasillo.

Uno de estos módulos es una cámara que permite salir para realizar reparaciones o trabajos en el exterior de la estación. Por otras compuertas podemos acceder a los distintos módulos que forman la estación internacional Alfa.

En los paneles donde no hay compuertas encontramos ventanas, cintas de moqueta, armarios de herramientas o consolas de ordenador, aunque la mayor parte de los paneles no tienen más utilidad que ser recubiertos con posters de hermosos paisajes de la Tierra.

Al final del pasillo llegamos a un curioso segmento al que llaman la sala cardan.

Es una sala de unos veinte metros de largo cuyas paredes forman una especie de fuelle. Al preguntar el porqué nos dicen que en caso de que se estropeasen los ascensores de la torre centrífuga el centro de gravedad de los módulos habitacionales podría quedar descompensado del eje de la estación, por eso la sala cardán debe ser capaz de absorber ese descentrado.

Yo creo que ni siquiera el que nos lo está explicando lo entiende realmente, así que lo mejor es decir que lo hemos entendido perfectamente y, si nos interesa, ya averiguaremos más adelante para qué sirve la sala cardán y por qué le han dado ese nombre tan raro.

Al pasar a la siguiente sala, a la que llaman la sala diferencial, nos llevamos el primer susto desde que estamos en la estación.

A diferencia del resto del pasillo que hemos recorrido, este tramo de unos diez metros de longitud es cilíndrico y está dividido en varios segmentos de un metro de longitud cada uno.

Cada segmento está recubierto de una especie de escala de peldaños que da la vuelta al cilindro.

Y cada segmento gira en relación al anterior.

Y cada uno va más rápido que el anterior

Al mirar al extremo opuesto de la sala vemos que la pared del fondo está girando en el sentido de las agujas del reloj mucho más rápido que un tiovivo de feria. (Más tarde nos dirán que a tres revoluciones por minuto).

Los guías nos dan las instrucciones y avanzamos hasta el primer segmento, nos agarramos a un escalón con la mano izquierda y luego a otro con la derecha. Con los codos nos sujetamos para que los pies no se balanceen hacia el segmento que hemos dejado atrás. Avanzamos al siguiente, y luego al siguiente.

Pasar de un segmento al siguiente no resulta difícil, simplemente tienes que fijarte en que el segmento que tienes ante tí se desplaza con respecto al tuyo, pero no es a mucha velocidad.

Primero te agarras con la mano izquierda a un asa cualquiera del siguiente segmento, a continuación te impulsas con la derecha, sueltas el asa que estabas sujetando y te agarras a otro asa del nuevo segmento.

Cuando te quieres dar cuenta, no quedan más segmentos. Has cruzado los seis segmentos cilíndricos casi sin darte cuenta, has llegado hasta el último y ... ¡No se mueve!.

A pesar de lo que parecía cuando entraste en la sala todo lo que ves permanece quieto, no está dando vueltas tal como nos había parecido al principio.

Pero al mirar hacia atrás... ¡sorpresa!. Lo que vemos es exactamente lo mismo que vimos al entrar, es decir, nosotros estamos perfectamente quietos y los segmentos están girando, cada uno más rápido que el anterior, hasta que en el extremo opuesto está la entrada a la sala cardán girando a tres revoluciones por minuto.

¿Pero puede ser? No, por supuesto. Hasta ahora hemos estado en un estado de perfecta ingravidez y las veces que hemos quedado flotando en el pasillo nos ha costado bastante alcanzar un asa para agarrarnos. Pero si nos soltamos aquí, en este extremo de la sala, notamos cómo nuestro camino se desvía ligera pero ineludiblemente hacia la pared más cercana. En realidad, según el guía, si nos tumbásemos en una de las paredes de este extremo de la sala pesaríamos algo más de un kilo.

No es fuerza de gravedad sino fuerza centrífuga, pero los efectos son casi los mismos, por primera vez desde que iniciamos la visita sentimos algo que nos empuja, aunque es una fuerza tan leve que cuesta trabajo descubrir cuál es el suelo y cuál el techo.

¡Ah, vaya! nos dicen que aquí no hay techo ni suelo, para eso tendremos que bajar la torre.

Del extremo del pasillo salen otros dos pasillos, uno a la izquierda y otro a la derecha. En la pared del fondo hay unas barandillas...

No, no, no. En realidad un pasillo va hacia abajo y otro hacia arriba, o es el mismo pasillo...

No, en realidad es una torre de planta hexagonal y al fondo tiene unos rieles por donde circula la cabina de un ascensor

La torre parece tener el mismo aspecto tanto si miras hacia arriba como hacia abajo. (¿o es al revés?).

No, según las explicaciones de uno de los guías estamos justo a la mitad de la torre y cualquiera de las dos direcciones que cojamos es hacia abajo. Primero vamos a ir a las granjas, aunque sólo estaremos allí unos minutos, justo lo suficiente para tomar un refrigerio de bienvenida.

Tras llamar al ascensor, este se presenta en pocos segundos ante nosotros. Lo llenamos enseguida obedeciendo las instrucciones de los guías que nos indican en qué dirección debemos colocar los pies y cómo debemos agarrarnos a las barandillas que hay dentro de la cabina. Cuando estamos preparados una barandilla cierra la entrada y la cabina empieza a acelerar. Conforme acelera va girando y no se distingue bien en qué dirección nos movemos. De repente se abren las barandillas y al mirar a la pared de enfrente nos damos cuenta de que estamos detenidos, pero aún sentimos que estamos acelerando.

No, claro, seguramente la cabina ha dado un giro de ciento ochenta grados en su trayecto y por eso nos ha parecido que estaba acelerando en todo momento, aunque al final de su recorrido estaría frenando, y ahora que el ascensor está detenido lo que sentimos es la fuerza centrífuga de la estación simulando una gravedad que no existe en el espacio.

A pesar de vivir desde hace tanto en el espacio, aún tardo unos segundos en adaptarme, ahora estoy sometido a una aceleración angular constante que se parece mucho a la gravedad pero que no es idéntica en todo.

Saco del bolsillo una moneda y la dejo caer desde un metro y medio de altura. La moneda se desvía casi treinta centímetros hacia la derecha indicando que ésa es la dirección de AntiGiro y que la fuerza de Coriolis es lo suficientemente fuerte como para jugar malas pasadas a quien no tenga cuidado.

Bien, hace años que dejé de ser imprudente, así que sigo al guía que nos indica el camino hacia una sala donde esperaremos a que baje el resto de la gente.

Por cierto, ¿cómo han llegado ellos hasta aquí?.

Ah, al lado del ascensor hay una cinta continua con travesaños que sirven de escalones y junto a ella un armario con varios guantes de trepa.

A setenta y cinco metros del eje de rotación pesamos un veinticinco por ciento menos que en la Tierra y, para demostrarlo, a un lado de la sala han colocado unas básculas. Tras guardar una alborotada cola compruebo que vuelvo a pesar cuarenta y dos kilos. ¡Dios mío, quién los pillara otra vez!. ¡Hacía por lo menos cincuenta años que no pesaba tan poco!

¡Y allí hay unas escaleras!. Pero no unas escaleras de pasarela, ni una escala, ni nada de eso, sino una escalera de madera con sus escalones de madera y su barandilla de madera y sus balaustres de madera. ¿En una estación tan antigua?.

No, al tocarlas comprobamos que no son de madera, sino algún compuesto plástico que la imita, aunque el veteado es prácticamente igual al de la madera natural y el aspecto de la escalera es como el de cualquier escalera normal y corriente que se pueda encontrar en las ciudades.

Por la escalera bajamos hasta la primera planta de las granjas (aquí las plantas se numeran de arriba abajo) y nos encontramos en un jardín con diversos tipos de plantas y, en medio de una plazoleta varias mesas con un pequeño refrigerio.

¿Productos de esta estación?. Bueno, puedo creer que los vegetales los hayan cultivado aquí, las endibias, los pepinos y los tomates. También los quesos, y los huevos cocidos y, si me apuras hasta el jamón. ¿Pero el champán?.

Después del típico discurso de bienvenida, nos enseñan un holo en el que se ven los esfuerzos de los primeros habitantes de la estación para cultivar plantas y criar animales en el espacio. Unas cuantas docenas de fotos más tarde no aguanto más. Estoy a punto de preguntar por unos aseos cuando se produce la desbandada de vuelta a la torre.

Otra vez al ascensor, hacia el módulo habitacional.

Esta vez el viaje dura un poco más pero el ordenador controla la aceleración y los giros de la cabina de tal forma que en todo momento parece que estamos detenidos en un campo gravitatorio (o acelerando en la ingravidez, al fin y al cabo el efecto es casi idéntico).

Algunos jovencillos han decidido probar las cintas con los guías y tras ponerse unos guantes de trepa, han subido por ellas. Ya están llegando entre risas y alboroto y yo me acuerdo de cuando hace años hubiera hecho lo mismo que ellos.

Pero los años pasan y yo tengo que vaciar la vejiga cada tres o cuatro horas como mucho, así que tras una visita a los servicios, a la que me acompañan varios más, de nuevo nos reúnen para llevarnos a la sala de conferencias.

Y llegamos a la peor parte del viaje. Ahora tendremos que aguantar las dos o tres horas de charla mientras simulo estar interesado en lo que dicen. Es lo malo de estos viajes de promoción, hay que aparentar interés aunque malditas las ganas que tengo de prestar atención.

¿De qué hablarán hoy?, ¿parcelas en Marte?, ¿acciones en alguna empresa minera en los asteroides?. No, por lo visto están intentando formar una nueva ciudad sin retorno y venden plazas a cambio de financiación.

Por un momento se me ocurre la estúpida idea de apuntarme, irme, construir una nueva vida en una nueva ciudad, conocer a nueva gente y decir adiós al resto de la humanidad mientras la ciudad se dirija a un destino situado a muchos años luz de distancia.

Yo no llegaré, desde luego, pasarán varios siglos antes de llegar pero tal vez sea divertido volver a formar parte del nacimiento de una ciudad.

Me despierto de repente y me doy cuenta de que me he quedado ligeramente dormido. ¿En qué estaba pensando?. No lo recuerdo. Bueno, da igual. La semana que viene creo que hay un viaje de promoción a Juno. Seguro que intentarán vendernos holovisores Ergo, o vacaciones en la Tierra o cualquier cosa por el estilo.

¡Dios mío, si pudiera librarme de tanto aburrimiento!

   

Perdón por la interrupción

La Ley me obliga a darte el siguiente

Aviso Legal

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación.

Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.

Si lo desea, puede Ampliar Información

Aceptar Cookies

Bienvenidos a MasLibertad | ¿Quién soy yo? | Cartas al Autor | Aviso Legal sobre Cookies