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Evangelio de Pseudo-Mateo. XXVII Los gorriones de Jesús, XXVIII Muerte del hijo de Anás, XXIX Castigo de los hijos de Satán

Creada16-06-2013
Modificada16-08-2015
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Evangelio del Pseudo-Mateo

XXVII Los gorriones de Jesús

  1. Después de esto, Jesús tomó el barro de los hoyos que había hecho y, a la vista de todos, fabricó doce pajarillos. Era el día del sábado, y había muchos niños con él. Y, como uno de. los judíos hubiese visto lo que hacía, dijo a José:
    — ¿No estás viendo al niño Jesús trabajar el sábado, lo que no está permitido? Ha hecho doce pajarillos con su herramienta.
    José reprendió a Jesús, diciéndole:
    — ¿Por qué haces en sábado lo que no nos está permitido hacer?
    Pero Jesús, oyendo a José, batió sus manos y dijo a los pájaros:
    — Volad.
    Y a esta orden volaron, y, mientras todos oían y miraban, él dijo a las aves:
    — Id y volad por el mundo y por todo el universo, y vivid.
  2. Y los asistentes, viendo tales prodigios, quedaron llenos de gran asombro. Unos lo admiraban y lo alababan, mas otros lo criticaban. Y algunos fueron a buscar a los príncipes de los sacerdotes y a los jefes de los fariseos, y les contaron que Jesús, hijo de José, en presencia de todo el pueblo de Israel, había hecho grandes prodigios, y revelado un gran poder. Y esto se relató en las doce tribus de Israel.

XXVIII Muerte del hijo de Anás

  1. Y otra vez un hijo de Anás, sacerdote del templo, que había venido con José, y que llevaba en la mano una vara, destruyó con ella, lleno de cólera y en presencia de todos, los pequeños estanques que Jesús había hecho, y esparció el agua que Jesús había conducido, y destruyó los surcos por donde venía.
  2. Y Jesús, viendo esto, dijo a aquel muchacho que había destruido su obra:
    — Grano execrable de iniquidad, hijo de la muerte, oficina de Satán, a buen seguro que el fruto de tu semilla quedará sin fuerza, tus raíces sin humedad, tus ramas áridas y sin sazonar.
    Y en seguida, en presencia de todos, el niño se desecó, y murió.

XXIX Castigo de los hijos de Satán

  1. Entonces José se espantó, y llevó a Jesús y a su madre a casa.
  2. Y he aquí que un niño, también agente de iniquidad, corriendo a su encuentro, se arrojó sobre un hombro de Jesús, por burlarse de él, o por hacerle daño, si podía. Pero Jesús le dijo:
    — No volverás sano y salvo del camino que haces.
    Y en seguida el niño feneció.
    Y los padres del muerto, que habían visto lo que pasara, dieron gritos, diciendo:
    — ¿Dónde ha nacido ese niño? Manifiesta que toda palabra que dice es verdadera, y aun a menudo se cumple antes de que la pronuncie.
    Y se acercaron a José, y le dijeron:
    — Conduce a Jesús fuera de aquí, porque no puede habitar con nosotros en esta población. O, a lo menos, enséñale a bendecir, y no a maldecir.
    Y José fue a Jesús y le dijo:
    — ¿Por qué obras así? Muchos tienen ya quejas de ti, y nos odian por tu causa, y por ti sufrimos vejaciones de las gentes.
    Mas Jesús, respondiendo a José, dijo:
    — No hay más hijo prudente que aquel a quien su padre ha instruido siguiendo la ciencia de este tiempo, y la maldición de su padre no daña a nadie, sino a los que hacen el mal.
  3. Entonces las gentes se amotinaron contra Jesús, y lo acusaron ante su padre. Y, cuando José vio aquello, se asustó mucho, temiendo un acceso de violencia y una sedición en el pueblo de Israel.
    En aquel momento, Jesús tomó por la oreja al niño que había muerto, y lo alzó de tierra en presencia de todos. Y se vio entonces a Jesús conversar con él, como un padre con su hijo. Y el espíritu del niño volvió en sí, y se reanimó, y todos quedaron llenos de sorpresa.
 

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