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Protoevangelio de Santiago. IV La promesa divina. V Concepción de María

Creada17-06-2013
Modificada28-07-2015
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Protoevangelio de Santiago

IV La promesa divina

  1. Y he aquí que un ángel del Señor apareció, y le dijo:
    — Ana, Ana, el Señor ha escuchado y atendido tu súplica. Concebirás, y parirás, y se hablará de tu progenitura en toda la tierra.
    Y Ana dijo:
    — Tan cierto como el Señor, mi Dios, vive, si yo doy a luz un hijo, sea varón, sea hembra, lo llevaré como ofrenda al Señor, mi Dios, y permanecerá a su servicio todos los días de su vida.
  2. Y he aquí que dos mensajeros llegaron a ella, diciéndole:
    — Joaquín tu marido viene a ti con sus rebaños. Porque un ángel del Señor ha descendido hasta él, diciéndole:
    »Joaquín, Joaquín, el Señor ha oído y aceptado tu ruego. Sal de aquí, porque tu mujer Ana concebirá en su seno.
  3. Y Joaquín salió, y llamó a sus pastores, diciendo:
    — Traedme diez corderos sin mácula, y serán para el Señor mi Dios; y doce terneros, y serán para los sacerdotes y para el Consejo de los Ancianos; y cien cabritos, y serán para los pobres del pueblo.
  4. Y he aquí que Joaquín llegó con sus rebaños, y Ana, que lo esperaba en la puerta de su casa, lo vio venir, y, corriendo hacia él, le echó los brazos al cuello, diciendo:
    — Ahora conozco que el Señor, mi Dios, me ha colmado de bendiciones; porque era viuda, y ya no lo soy; estaba sin hijo, y voy a concebir uno en mis entrañas.
    Y Joaquín guardó reposo en su hogar aquel primer día.

V Concepción de María

  1. Y, al día siguiente, presentó sus ofrendas, diciendo entre sí de esta manera:
    — Si el Señor Dios me es propicio, me concederá ver el disco de oro del Gran Sacerdote.
    Y, una vez hubo presentado sus ofrendas, fijó su mirada en el disco del Gran Sacerdote, cuando éste subía al altar, y no notó mancha alguna en sí mismo. Y Joaquín dijo:
    — Ahora sé que el Señor me es propicio, y que me ha perdonado todos mis pecados.
    Y salió justificado del templo del Señor, y volvió a su casa.
  2. Y los meses de Ana se cumplieron, y, al noveno, dio a luz. Y preguntó a la partera:
    — ¿Qué he parido?
    La partera contestó:
    — Una niña.
    Y Ana repuso:
    — Mi alma se ha glorificado en este día.
    Y acostó a la niña en su cama.
    Y, transcurridos los días legales, Ana se lavó, dio el pecho a la niña, y la llamó María.
 

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