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Protoevangelio de Santiago. XXIII Muerte de Zacarías. XXIV Nombramiento de nuevo Gran Sacerdote. XXV Conclusión

Creada17-06-2013
Modificada28-07-2015
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Noviembre1

Protoevangelio de Santiago

XXIII Muerte de Zacarías

  1. Y Herodes buscaba a Juan, y envió sus servidores a Zacarías, diciendo:
    — ¿Dónde has escondido a tu hijo?
    Y él repuso:
    — Soy servidor de Dios, permanezco constantemente en el templo del Señor, e ignoro dónde mi hijo está.
  2. Y los servidores se marcharon del templo, y anunciaron todo esto a Herodes. Y Herodes, irritado, dijo:
    — Su hijo debe un día reinar sobre Israel.
    Y los envió de nuevo a Zacarías, ordenando:
    — Di la verdad. ¿Dónde se halla tu hijo? Porque bien sabes que tu sangre se encuentra bajo mi mano.
    Y los servidores partieron, y refirieron todo esto a Zacarías.
  3. Y éste exclamó:
    — Mártir seré de Dios, si viertes mi sangre. Y el Omnipotente recibirá mi espíritu, porque sangre inocente es la que quieres derramar en el vestíbulo del templo del Señor.
    Y, a punto de amanecer, Zacarías fue muerto, y los hijos de Israel ignoraban que lo hubiese sido.

XXIV Nombramiento de nuevo Gran Sacerdote

  1. Pero los sacerdotes fueron al templo, a la hora de la salutación, y Zacarías no fue en su busca, para bendecirlos, según costumbre. Y se detuvieron, esperando a Zacarías, para saludarlo, y para celebrar al Altísimo.
  2. Y, como tardaba, se sintieron poseídos de temor. Y uno de ellos, más audaz, penetró en el templo, y vio cerca del altar sangre coagulada, y oyó una voz que decía:
    — Zacarías ha sido asesinado, y su sangre no desaparecerá de aquí hasta que llegue su vengador.
    Y, al escuchar estas palabras, quedó espantado, y salió, y llevó la nueva a los sacerdotes.
  3. Y éstos, atreviéndose, al fin, a entrar, vieron lo que había sucedido, y los artesonados del templo gimieron, y ellos mismos rasgaron sus vestiduras de alto abajo. Y no encontraron el cuerpo de Zacarías, sino sólo su sangre, maciza como una piedra. Y salieron llenos de pánico, y anunciaron a todo el pueblo que se había dado muerte a Zacarías. Y todas las tribus del pueblo lo supieron, y lo lloraron, y se lamentaron durante tres días y tres noches.
  4. Y, después de estos tres días, los sacerdotes deliberaron para saber a quién pondrían en lugar de Zacarías, y la suerte recayó sobre Simeón, el mismo que había sido advertido por el Espíritu Santo de que no moriría sin haber visto al Cristo encarnado.

XXV Conclusión

  1. Y yo, Jacobo, que he escrito esta historia, me retiré al desierto, cuando sobrevinieron en Jerusalén disturbios con motivo de la muerte de Herodes.
  2. Y, hasta que se apaciguó la agitación en Jerusalén, en el desierto permanecí, glorificando al Dios Omnipotente, que me ha concedido favor e inteligencia suficientes para escribir esta historia.
  3. Sea la gracia con los que temen a Nuestro Señor Jesucristo, a quien corresponde la gloria por los siglos de los siglos.
    Amén.

Fuente: Los Evangelios Apócrifos, por Edmundo González Blanco

 

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