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Protoevangelio de Santiago. X El velo del templo. XI La anunciación. XII La visitación

Creada17-06-2013
Modificada28-07-2015
Total Visitas193
Julio3

Protoevangelio de Santiago

X El velo del templo

  1. Y he aquí que los sacerdotes se reunieron en consejo, y dijeron:
    — Hagamos un velo para el templo del Señor.
    Y el Gran Sacerdote dijo:
    — Traedme jóvenes sin mancilla de la casa de David.
    Y los servidores fueron a buscarlas, y encontraron siete jóvenes. Y el Gran Sacerdote se acordó de María, y de que era de la tribu de David, y de que permanecía sin mancilla ante Dios. Y los servidores partieron, y la trajeron.
  2. E introdujeron a las jóvenes en el templo del Señor, y el Gran Sacerdote dijo:
    — Echad a suertes sobre cuál hilará el oro, el jacinto, el amianto, la seda, el lino fino, la verdadera escarlata y la verdadera púrpura.
    Y la verdadera escarlata y la verdadera púrpura tocaron a María, que, habiéndolas recibido, volvió a su casa.
    Y, en este momento, Zacarías quedó mudo, y Samuel lo reemplazó en sus funciones, hasta que recobró la palabra. Y María tomó la escarlata, y empezó a hilarla.

XI La anunciación

  1. Y María tomó su cántaro, y salió para llenarlo de agua. Y he aquí que se oyó una voz, que decía:
    — Salve, María, llena eres de gracia. El Señor es contigo, y bendita eres entre todas las mujeres.
    Y ella miró en torno suyo, a derecha e izquierda, para ver de dónde venía la voz. Y, toda temblorosa, regresó a su casa, dejó el cántaro, y, tomando la púrpura, se sentó, y se puso a hilar.
  2. Y he aquí que un ángel del Señor se le apareció, diciéndole:
    — No temas, Maria, porque has encontrado gracia ante el Dueño de todas las cosas, y concebirás su Verbo.
    Y María, vacilante, respondió:
    — Si debo concebir al Dios vivo, ¿daré a luz como toda mujer da?
  3. Y el ángel del Señor dijo:
    — No será así, María, porque la virtud del Señor te cubrirá con su sombra, y el ser santo que de ti nacerá se llamará Hijo del Altísimo. Y le darás el nombre de Jesús, porque librará a su pueblo de sus pecados.
    Y María dijo:
    — He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra.

XII La visitación

  1. Y siguió trabajando en la púrpura y en la escarlata, y, concluida su labor, la llevó al Gran Sacerdote. Y éste la bendijo, y exclamó:
    — María, el Señor Dios ha glorificado tu nombre, y serás bendita en todas las generaciones de la tierra.
  2. Y María, muy gozosa, fue a visitar a Isabel, su prima. Y llamó a la puerta. E Isabel, habiéndola oído, dejó su escarlata, corrió a la puerta, y abrió. Y, al ver a María, la bendijo, y exclamó:
    — ¿De dónde que la madre de mi Señor venga a mí? Porque el fruto de mi vientre ha saltado dentro de mí, y te ha bendecido.
    Pero María había olvidado los misterios que el arcángel Gabriel le revelara, y, alzando los ojos al cielo, dijo:
    — ¿Quién soy, Señor, que todas las generaciones de la tierra me bendicen?
  3. Y pasó tres meses con Isabel. Y, de día en día, su embarazo avanzaba, y, poseída de temor, volvió a su casa, y se ocultó a los hijos de Israel. Y tenía dieciséis años cuando estos misterios se cumplieron.
 

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