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Los primeros planetas grandes y medianos del Sistema Solar

Creada24-04-2007
Modificada04-06-2015
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La Formación de los Planetas

Los planetesimales eran en principio nubes de gas y polvo que giraban alrededor del Sol y que se habían formado por el mismo proceso que ya hemos descrito más arriba.

Una vez iniciado el proceso de condensación de una nube de gas y polvo se producía un efecto de retroalimentación. La mayor condensación aumentaba la presión interior, lo cual aumentaba la atracción gravitatoria que la masa interna ejercía sobre la masa periférica y esto a su vez provocaba más condensación de materia.

De esa forma los planetesimales se fueron haciendo cada vez más densos y los materiales que los componían comenzaron a diferenciarse.

Debido a la fuerza gravitatoria los materiales más pesados, principalmente el Hierro y el Níquel, tendían a hundirse hacia el interior de la nube mientras que los más ligeros, como silicatos y gases, permanecían en el exterior.

El Corazón Radiactivo de los Planetas

Entre los elementos más pesados que el hierro se encontraba una cierta cantidad de elementos radiactivos, como Uranio, Torio o Potasio. La proporción era mínima, hacía falta reunir cuatro Billones de átomos al azar para encontrar uno solo de uranio, pero la cantidad de átomos de cada planetesimal era gigantesca, había más que suficiente como para encontrar millones de toneladas de uranio incluso en los planetesimales del tamaño de la Luna. Al ir hundiéndose toda esa cantidad de Uranio y otros elementos radiactivos en el planetesimal, la radiactividad produjo el calentamiento de la materia circundante, lo cual ocasionó la fusión de los elementos que se habían “aglomerado” acelerando su propio hundimiento al mismo tiempo que los elementos y compuestos más ligeros flotaban hacia la superficie.

Pero al llegar al centro del planeta la concentración de elementos radiactivos fue cada vez mayor hasta alcanzar la masa crítica.

¿Cómo fabricar una bomba atómica?

Se coge una cierta cantidad de Uranio y se funde en forma de semiesfera.
Aparte, se coge otra cantidad igual y se hace otra semiesfera.

Cada pieza emite gran cantidad de neutrones, algunos de ellos vuelven a chocar con más átomos en el interior, pero la mayor parte llegan a la superficie y se alejan de la pieza metálica con lo que la pieza es radiactiva, mortal para quien se encuentre cerca y genera mucho calor, pero no explota.

Júntense las dos piezas.

Al hacerlo, los neutrones que habrían salido por la parte lisa de una pieza tienen que atravesar la otra, con lo cual la probabilidad de que los neutrones choquen con otros átomos de uranio es mucho mayor y eso hace que la reacción en cadena se multiplique en unos microsegundos generando una explosión atómica.

Nota: Esto por supuesto, no pretende ser un manual para terroristas. Sería muy difícil que un grupo terrorista llegara a tener la cantidad necesaria para fabricar una bomba atómica tan simple, aparte de MUY peligroso, pues ya diez gramos emitirían una radiación letal para cualquiera que los maneje.

Pero esto puede hacer comprender que una explosión atómica puede producirse de forma natural, como así ha sido, en el centro de la Tierra y de cualquier planeta de un tamaño suficiente que pase por un proceso de fusión total.

Los elementos radiactivos que formaban parte del planeta cuando se formó eran átomos y partículas sueltas, separadas entre sí. Cuando el planeta se fundió estos átomos empezaron a hundirse y concentrarse y en cuanto la concentración de elementos radioactivos fuese suficiente entrarían en explosión. Con 6.000 Km de magma por encima la explosión no es suficiente para destruir el planeta, así que se mantiene contenida en el núcleo planetario generando una gran cantidad de calor que se ha mantenido hasta ahora.

En realidad, todos los cuerpos grandes del sistema solar que hayan pasado por un proceso de fusión deben tener un núcleo radioactivo, pero en los más pequeños como la Luna y Marte el combustible atómico ya se habrá consumido, llevando al planeta a su enfriamiento definitivo y a que su temperatura dependa sólo de la radiación solar, pero los planetas mayores aún mantienen suficiente combustible atómico para estar más calientes de lo que estarían si su calor solo dependiera de la radiación solar. De ahí que se haya comprobado, por ejemplo, que Júpiter emite más radiaciones de las que recibe desde el Sol, ya que si solo un átomo de cada cuatro billones de átomos de polvo espacial es uranio, la masa de Júpiter es lo bastante grande como para que en su formación integrara cientos de millones de toneladas de elementos radioactivos que al fundirse el planeta se hundieron hasta formar en su centro una masa radioactiva de al menos cien kilómetros de diámetro y que en esa concentración generaran una reacción atómica que aún se mantendrá por varios miles de millones de años.

El núcleo atómico de la Tierra es bastante más pequeño, unos pocos kilómetros de diámetro, y lleva ardiendo más de cuatro mil millones de años, pero no tenemos medio aún de saber cuándo empezará a agotarse propiciando el enfriamiento definitivo del interior de la Tierra.

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