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La Formación de los Asteroides en el Origen del Sistema Solar

Creada26-04-2007
Modificada04-06-2015
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La Formación de los Asteroides

Los asteroides existentes actualmente en el sistema solar tienen dos orígenes distintos.

En primer lugar están los asteroides que se formaron por condensación de la nube original, y que acabaron en una órbita más o menos estable.

Debido a su masa tan reducida, su interior no ha llegado a generar suficiente calor para fundirse, y solo diversas porciones de la superficie sobre las que hayan caído meteoritos han formado una costra de material fundido, material compuesto en su mayor parte por una mezcla más o menos homogénea de las sustancias más abundantes en la nube solar original.

Su fuerza gravitatoria nunca fue suficiente para retener gases, de ahí que no tengan atmósfera, pero en su estructura también podemos encontrar gases en combinación con otros elementos que, a temperaturas bastante bajas permanecen en estado sólido, entre ellos el agua. El agua se forma por la superabundancia de hidrógeno y oxígeno en la nube original y las moléculas aisladas de agua actúan como un gas, pero debido a que dichas moléculas actúan como un imán, diversas moléculas de agua cristalizan con otras para formar cristales de hielo en el espacio. Si están demasiado cerca del Sol, el calor que reciben estos cristales es suficiente para romper su estructura cristalina y convertirse en gas, pero a mayores distancias del Sol, los cristales de hielo actúan como un elemento más que acabará por formar parte de la estructura de un asteroide.

Esto mismo también ocurrió con la formación de los planetas, también ellos incorporaron en su masa inicial grandes cantidades de hielo, pero la temperatura alcanzada más adelante, capaz hasta de fundir las rocas, convirtió todo este hielo en vapor, que acabó flotando en la atmósfera y, si el planeta no tenía masa suficiente, perdiéndose en el espacio.

Es decir, la primera generación de asteroides formados en el sistema solar eran conglomerados de hielo y polvo, y de ellos solo sobreviven hoy en día aquellos que estén tan lejos del Sol que su calor no llegue a derretirlos.

Pero hay otro tipo de asteroides, formados principalmente de hierro o silicatos.

Y su origen está en el interior de los planetas.

Cuando el Sistema Solar se encontraba en sus inicios, alrededor del Sol se formaron miles de planetesimales, asteroides y conglomerados de muy diversos tamaños. Los planetas más grandes que tuvieran una órbita estable tendían a sacar de su órbita a otros más pequeños cuyo período orbital fuera un múltiplo o fracción entera del mayor. Estos planetesimales llegaban a acercarse tanto a un planeta mayor que en ocasiones podían ser capturados por su fuerza gravitatoria y quedar a su alrededor como un satélite o incluso llegar a estrellarse contra él.

Un choque tan gigantesco, a las velocidades a las que viajan los planetas, producía unos efectos cataclísmicos. Según la velocidad a la que se produzca el choque saldrían numerosos trozos de ambos planetas salpicados hacia el espacio, volviendo a caer los menos veloces y provocando otros choques secundarios que a su vez provocarían la emisión de más restos barriendo toda la superficie planetaria. Los trozos que adquirieran una velocidad superior a la velocidad de escape saldrían al espacio y acabarían convertidos en asteroides de segunda generación, no una mezcla de hielo y polvo, sino de silicatos, hierro y níquel extraídos del corazón de un planeta por el choque cataclísmico de otro cuerpo planetario.

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