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Los grandes monumentos y hazañas de Atenas en el siglo V aC, bajo el mando de Pericles

Creada24-04-2017
Modificada17-05-2017
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Reseña del Documental Atenas: Superciudad de la Antigüedad de la serie Mundos Perdidos

La Antigua Atenas

Hace 2.500 años, Pericles, gobernante de Atenas, decidió convertir su ciudad en algo que nunca había existido antes.

En el curso de 30 años construyó fortificaciones inexpugnables, la primera sede del Senado, una red de abastecimiento de aguas, la Armada más poderosa del mundo antiguo y templos, entre ellos el Partenón, el edificio más perfecto del mundo antiguo.

En este documental se muestran las maravillas de la ciudad de Atenas, tal como Pericles la soñó y la hizo realidad.

El Siglo de Pericles

En el siglo V aC Grecia estaba formada por cientos de ciudades estado. Una de ellas, Atenas, estaba gobernada por Pericles, que no era rey ni príncipe, sino un gobernante que había sido elegido por su pueblo.

Se dice que su madre, cuando estaba en el octavo mes de su embarazo, soñó que daba a luz a un león, y supo que su hijo sería el más grande de Grecia.

Al llegar al poder inició una serie de construcciones para convertir Atenas en la ciudad más bella y poderosa de Grecia y, por ende, del mundo. Se le acusó de gastarse en ello el dinero que estaba destinado a la defensa de toda Grecia, y en cierto modo es cierto, ya que todo lo recaudado entre todas las ciudades estado del país lo destinó a las grandes construcciones de Atenas.

El Partenón

El Partenón, en la Acrópolis de AtenasSu obra más emblemática fue el Partenón, el edificio más imitado de la Historia. Todas las grandes ciudades del mundo occidental tienen algún edificio, palacio o monumento con detalles inspirados en el Partenón.

Las piedras de mármol, algunas de hasta 13 Toneladas, fueron extraídas de una montaña a 16 Km y llevadas hasta el pie de la colina de 90 m de altura. Para llevarlas hasta la cima usaban ocho rampas, en cada una de las cuales había una polea. Una reata de mulas tiraba cuesta abajo de una cuerda que, pasando por la polea, hacía subir las piedras por la empinada pendiente. Una vez arriba disponían de grandes grúas con las que colocaban las rocas en su sitio. Doscientos obreros trabajaban en la colina y probablemente más de mil entre la cantera, el transporte, el tallado y la pintura de las rocas.

Para sujetar las rocas adyacentes se labraba sobre ambas una hendidura en forma de H en la que colocaban una grapa de hierro.

Las piezas de las columnas tienen un orificio en el centro en el que se colocaba una pieza cilíndrica que encajaba cada pieza con su inferior. Entre ellas la unión es tan perfecta que no hay ningún lugar en el que pueda introducirse una hoja de papel.

Reconstrucción del Hastial del PartenónPor los restos de pinturas que se han hallado se ha descubierto que el mármol estaba pintado, las columnas de blanco, el friso que rodea el edificio y el hastial de la portada, de azul, rojo y oro.

Las descripciones históricas del Partenón informan de que su interior era tan impresionante como el exterior, y contenía una estatua de 10 metros de la diosa Atenea, recubierta de oro y marfil. Estaba sobre un pedestal de metro y medio, y tan al interior del edificio que quedaba en la penumbra, por lo que al acercarse lo primero que se veía eran sus pies y desde ellos la vista se alzaba para captar una imagen sobrecogedora.

Por desgracia, en el siglo III un incendio destruyó la estatua y en 1.687 el ejército veneciano bombardeó la ciudad, destruyendo una de las bombas el interior del templo.

A pesar de que durante 25 siglos se han construido muchos edificios imitándolo, nunca se ha conseguido reproducir un dato sorprendente que ha pasado desapercibido por todos los arquitectos anteriores. El secreto de su belleza estética consiste en que las aristas de la base del edificio no son completamente rectas, están ligeramente curvadas, unos diez centímetros más altas por el centro que por las esquinas, pero el efecto óptico engaña a nuestro cerebro y nos hace ver líneas perfectamente rectas al tiempo que dan la impresión de que el templo se eleva hacia el cielo.

El Ágora

En el centro de la ciudad se encontraba el Ágora, centro de reunión social, comercial y cultural de los atenienses. Destruida por ejércitos bárbaros, quedó en ruinas y se construyó sobre ella, pero las excavaciones realizadas en las últimas décadas nos han permitido reconstruir cómo era en tiempos de Pericles.

En esta extensa parcela de 120.000 m² (unos 400 X 300 metros), había calles, templos, mercados y edificios públicos.

Muchos edificios disponían de una galería a su alrededor donde los atenienses podían guarecerse del sol en un microclima fresco y confortable.

Entre los muchos edificios públicos y alrededor del ágora estaban situadas las viviendas de los atenienses. Éstas eran modestas y sencillas, construidas con tapial y adobe reforzados con piedras y vigas de madera. La casa rodeaba un patio interior y estaba conectada a una red de suministro de aguas y a otra de desagües y alcantarillado.

El edificio más importante del ágora era el edificio del Senado.

Con una arquitectura más sencilla que la del Partenón, lo que ocurría en su interior fue la obra más importante y duradera de Pericles.

La Democracia

Los atenienses diseñaron un sistema de gobierno en el que había 500 senadores durante un período de un año. Después eran sustituidos por otros 500, siendo una obligación ciudadana el servir a la ciudad y tomar las decisiones necesarias para su gobierno.

Las decisiones se tomaban con votaciones, echando piedras blancas o negras en una urna de terracota y contándolas al final.

También podían, una vez al año, exiliar de Atenas, durante diez años, a un político o ciudadano que los atenienses consideraban que podía dañar su ciudad. Para votarlo se usaban trozos de teja en los que se escribía el nombre de la persona a la que se quería exiliar. Como estos trozos de teja se llamaban ostracones, de ahí nació el concepto del ostracismo.

Las elecciones para elegir el gobernante de la ciudad, durante 30 años consecutivos, fueron ganadas siempre, con abrumadora mayoría, por Pericles.

Las Murallas de Atenas

Atenas se convirtió en la joya más importante de Grecia, pero su prosperidad trajo también la envidia de sus vecinos.

Para combatir a los enemigos que quisieran invadir y saquear Atenas, Pericles hizo que se construyeran dos murallas fortificadas que, rodeando la ciudad, se extendieran hasta la costa, en el puerto del Pireo, a 8 Km de distancia, delimitando tres Km de costa y protegiendo el acceso de la ciudad al mar.

Las murallas eran de 5 m de grosor y 10 de alto, y estaban construidas en la base con piedras y tapial, y la parte superior con adobes.

La guardia se desplazaba con rapidez, a caballo, a cualquier lugar donde el enemigo pudiera atacar, y en las murallas, a intervalos regulares, había torreones donde se apostaban expertos arqueros escitas, reclutados al Norte del Mar Negro, que disponían de eficaces arcos capaces de disparar a 200 m de distancia.

Y lanzadores de honda, que arrojaban proyectiles de plomo capaces de partir el cráneo de un asaltante.

Las defensas de Atenas nunca fueron superadas durante el gobierno de Pericles.

Y eso que su enemigo principal era la ciudad de Esparta, que ambicionaba el gobierno de Grecia y que sometía a un intenso entrenamiento militar a  todos los jóvenes de la ciudad.

La Flota de Trirremes

En el 431 aC las tropas de Esparta atacaron Atenas con un ejército de 60.000 soldados.

Pericles sabía que en una batalla campal, su ejército sería vencido por las mejor preparadas tropas espartanas, por eso ordenó que todos los atenienses se refugiaran dentro de las murallas abandonando las casas y campos exteriores.

Y se enfrentó a los espartanos en el mar, usando una armada de 300 trirremes, cada uno con 200 tripulantes.

Las tres filas de remos de ambos lados daban a los barcos atenienses una gran potencia con la que embestían a los barcos espartanos, y sobresaliendo de la proa, su quilla terminaba en un ariete reforzado de bronce y con bordes cortantes que destrozaban cualquier barco que se le pusiera por delante.

No se han encontrado restos de ningún trirreme de la época, pero sí de los astilleros donde se construían, y eso nos ha permitido saber que medían unos 35 m de eslora

Los barcos también transportaban hoplitas, soldados de infantería que desembarcaban en la costa, atacaban al enemigo antes de que pudieran organizarse y se retiraban para volver a embarcar antes de que el mejor entrenamiento de los infantes espartanos se volviera en su contra.

Con estas tácticas Pericles esperaba la victoria, pero los espartanos insistieron y atacaron Atenas 5 veces en 10 años. Y en esta guerra de desgaste las fuerzas atenienses fueron debilitándose.

La derrota, sin embargo, no vino de Esparta, sino de los suministros de alimentos traídos de ultramar que trajeron una desconocida enfermedad que tras diez días de sufrimiento mataba a los que la padeciesen. Recientes investigaciones sugieren que la enfermedad pudo tratarse de tifus.

Murió el 25% de la población de Atenas. Entre ellos, Pericles.

Por fin, en el 404 aC, sin fuerzas, sin líder y sin ánimos, Atenas se rindió a los espartanos.

Pero el legado de Atenas, la perfección del Partenón y la Democracia, aún perduran.

Ver Ficha de Atenas: Superciudad de la Antigüedad de la serie Mundos Perdidos

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