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La historia de Karl Mauch y su extraordinario viaje en busca de las Minas del Rey Salomón y el palacio de la Reina de Saba.

Creada30-03-2015
Modificada27-09-2016
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Reseña del Documental Las Minas del Rey Salomón de la serie Mitos y Leyendas

Las Minas del Rey Salomón

Documental del año 2.012, en el que se narra la historia de Karl Mauch y su extraordinario viaje en busca de las Minas del Rey Salomón y el palacio de la Reina de Saba.

Nacido en 1.837, Karl Mauch era hijo de una familia pobre. A los 10 años le regalaron un viejo atlas en el que el continente africano se veía casi completamente en blanco. Atraído por la incógnita se imaginó a sí mismo como un famoso explorador que descubriría esas tierras desconocidas.

Durante varios años leyó todo lo que encontró sobre exploraciones de África, entre todo ello varios libros que narraban los hallazgos y aventuras de los primeros exploradores portugueses en el siglo XVI.

En una de sus páginas en 1.531, el capitán portugués Vicente Pegado escribió:

Junto a las Minas de Oro que se encuentran en las llanuras entre el río Zambeze y Limpopo hay una fortaleza construida con piedras de un tamaño espectacular y parece que no las une ningún tipo de argamasa.

Pegado estaba convencido de que esta fortaleza era el palacio de la Reina de Saba, y que de ahí procedían las riquezas que ésta ofreció al Rey Salomón.

El Reino de Ofir

Hijo del rey David, Salomón reinó en Israel en el año 1.000 aC. De él se decía que era el más sabio y rico de toda su época. También se narra cómo recibió la visita de la Reina de Saba que le obsequió con toneladas de oro y especias de su tierra, Ofir (1 Reyes 10,10). En el mismo capítulo se narra cómo Salomón enviaba grandes barcos a Tarsis y Ofir de donde traían grandes riquezas, junto con animales exóticos.

En las biblias latinas y sajonas, el reino del que procedían estas riquezas era llamado Ofir, pero en las biblias griegas se anteponía una S al nombre, quedando como Sofir.

El capitán Pegado había encontrado en la costa meridional de África una ciudad llamada Sofala, y de ahí salió la idea de que Sofala podía ser la mítica ciudad bíblica de Ofir y, por ende, el país de la Reina de Saba.

Otro libro escrito por un viajero portugués del año 1.502, narraba cómo, al llegar a Sofala, los habitantes musulmanes le contaron que allí llegaban cada tres años los barcos de Salomón para abastecerse de oro y piedras preciosas.

Ésto hizo que Mauch se convenciera de que era allí donde se encontraban las fabulosas minas del Rey Salomón.

El Viaje Extraordinario de Karl Mauch

Con apenas 15 años, Mauch anhelaba viajar a Sofala y encontrarlas pero, comprendiendo que no estaba cualificado para ello, dedicó los siguientes 11 años a prepararse. Leyó todo lo que pudo sobre África y Salomón, aprendió Inglés, Francés, Árabe y Latín. Estudió ciencias naturales, geología, medicina, astronomía, todo lo que pensó que podía serle útil en la aventura que estaba dispuesto a emprender.

En 1.863, a los 26 años de edad, consideró que ya estaba preparado y escribió al editor de una prestigiosa revista geográfica ofreciéndole, a cambio de financiación, los frutos de su viaje. El editor rechazó su oferta y Mauch decidió emprender el viaje por sus propios medios.

Después de pasar varios meses en Londres, se empleó en un vapor que lo llevó hasta Durban, en Sudáfrica. Desde allí, a pie, en solitario y con el escaso equipaje que podía llevar, una manta, una brújula, un cuchillo y cuadernos para tomar notas y dibujos, emprendió la búsqueda de Ofir.

Dos años más tarde, Mauch llegó a Tati, en la frontera entre Bostwana y Zimbabwe y allí descubrió dos fundiciones abandonadas donde se había extraído, y aún quedaban restos, de oro.

La noticia corrió como la pólvora y prestigiosas revistas geográficas estimaron muy probable que esas fueran las minas de oro de la fabulosa Ofir.

Pero Mauch quería encontrar pruebas.

Durante tres años siguió sus viajes enfrentando numerosas penalidades, llegando incluso a ser hecho prisionero por algunas tribus indígenas.

Murallas del Gran ZimbabwePor fin, en 1.871, encontró las murallas de la ciudad perdida que había estado buscando.

Como no podía creer que los indígenas africanos tuvieran la capacidad de crear esas estructuras, imaginó que los constructores eran blancos procedentes de Oriente Medio. En aquella época se estaban descubriendo en toda la costa mediterránea rastros de la civilización fenicia, comerciantes marítimos que fundaron colonias por todo el Mediterráneo. Mauch pensó que fueron los fenicios los que llegaron allí para explotar las minas de Ofir.

Al estudiar las murallas y las maderas empleadas en la construcción, pensó que era madera de cedro y vio que había semejanzas con la descripción bíblica del Templo construido por Salomón. Pensó que la Reina de Saba, impresionada por las riquezas del Templo, quiso hacer un edificio similar, importando para ello Cedros del Líbano.

Las crónicas de su descubrimiento fueron publicadas en prestigiosas revistas europeas e inspiraron al escritor Rider Haggard a escribir su célebre novela de aventuras Las Minas del Rey Salomón, que lo convirtieron en uno de los escritores más ricos de su época.

Cuando Karl Mauch volvió a Alemania, pensó que recibiría algún reconocimiento por sus descubrimientos, pero el no tener títulos universitarios hizo que fuera rechazado por la comunidad científica.

Tuvo que emplearse en una fábrica de cemento y, víctima de una enfermedad hepática adquirida durante sus viajes, sufría constantes dolores de los que las medicinas de la época no le aliviaban, por lo que intentaba calmar los dolores con alcohol.

Una noche, durmiendo junto a una ventana abierta, calló por ella desde un tercer piso y se rompió la columna. Murió en el hospital, pobre, inválido, enfermo y deprimido en Abril de 1.875, a los 37 años de edad.

Sus descubrimientos habían tenido una gran importancia para las sociedades geográficas e históricas, pero su papel en ellos fue ignorado.

Los Constructores del Gran Zimbabwe

A principios del siglo XX surgió una nueva generación de arqueólogos que pretendía usar métodos científicos para estudiar los yacimientos arqueológicos.

David Randall Mac Iver realizó excavaciones en la ciudad amurallada de Zimbabwe y determinó que no tenían una antigüedad de 3.000 años, como suponía Mauch, sino apenas de 500. Fue construida, no por blancos extranjeros, sino por los mismos negros que habitaban la zona y que, contra todo lo que se había pensado hasta ahora, dominaban la metalurgia, el hierro y la cerámica, y que habían tenido contactos comerciales con mercaderes europeos y asiáticos.

Gertrude Caton Thompson dirigió unas excavaciones en 1.927 y confirmó que todos los restos encontrados tenían un origen indígena, sin ningún indicio de colonizadores extranjeros. Incluso la madera encontrada en las construcciones, que Mauch había pensado que eran de cedro, resultaron ser de madera de Sándalo, abundante en la zona.

Producto de la época victoriana en la que vivió, Mauch nunca pensó que los autores de esa magna obra pudieras ser negros, que en aquella época se consideraban primitivos, incivilizados e incapaces de crear una sociedad compleja. Pero las pruebas aportadas por la arqueología moderna, una vez eliminados los prejuicios, demostraron que la ciudad había sido construida por los indígenas negros de la zona que construyeron una importante civilización entre los siglos XII y XV.

La tribu Shona, que había vivido en la zona desde mil años antes, fundó un reino con una importante economía basada en la agricultura, la ganadería y la exportación de oro hacia la India y China.

No se sabe por qué motivo esta civilización entró en decadencia y desapareció a partir del siglo XVI, hasta el punto de que 300 años más tarde, los descendientes de la tribu Shona hubieran olvidado su esplendor pasado e incluso ellos mismos pensaran que la ciudad había sido construida por extranjeros.

Las Verdaderas Minas del Rey Salomón

Aparte de lo escrito en la Biblia, nunca se había encontrado ningún resto arqueológico ni prueba documental de que David, Salomón o sus fabulosas minas existieran.

Hasta 1.993, en que se encontraron unas inscripciones en roca que narra la historia de un rey de la Casa de David.

También en unas excavaciones en Jordania, al Sur del Mar Muerto, se han encontrado numerosas minas de cobre que fueron explotadas, según atestiguan las dataciones más modernas, en los siglos X y IX aC, la época en la que vivieron David y Salomón.

El cobre no es oro, pero tenía un gran valor en aquella época como material imprescindible para la fabricación de armas y herramientas.

Y el comercio de cobre pudo ser el origen de las fabulosas riquezas del Rey Salomón.

Ver Ficha de Las Minas del Rey Salomón de la serie Mitos y Leyendas

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