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El Velo de la Verónica, donde se grabó el rostro de Jesús antes de ser crucificado.

Creada12-05-2015
Modificada23-05-2017
Total Visitas433
Diciembre6

Reseña del Documental El Velo de la Verónica de la serie Mitos y Leyendas

Productor

IMG World Media Rights

Canal

UKTV

Colaboradores

Paul Badde Chiara Vigo

El Velo de la Verónica

La primera prueba documental de la existencia del Velo de la Verónica es del año 705, cuando el Papa Juan VII construyó un altar para guardarlo.

En el año 1.200 estaba expuesto en la Basílica de San Pedro, donde lo visitaban miles de cristianos.

Sobre el 1.400 hay constancia de que existía toda una industria de copistas de la Santa Faz que se vendían a los visitantes.

Inocencio III daba indulgencias a los peregrinos que orasen ante la Santa Faz y los beneficios eran tan importantes que costearon el derribo de la antigua basílica y la construcción de una más grande y majestuosa.

En ella, encima del lugar donde supuestamente estaba la tumba del apóstol Pedro, se situó el altar rodeado de cuatro columnas, cada una representando las cuatro reliquias más importantes de la cristiandad: La Cabeza de San Andrés, La Vera Cruz, La Lanza Sagrada y el Velo de la Verónica.

El Saqueo de Roma

El 6 de Mayo de 1.527 Roma fue atacada y saqueada por las tropas del Sacro Imperio Romano. En una orgía de violencia, más de 500 personas fueron masacradas ante el altar. Las reliquias fueron profanadas.

Cuando pasó esa época violenta, la Santa Faz ya no fue expuesta de forma permanente. Sólo se exhibía en raras ocasiones, y cuando lo hacía se podía apreciar que la imagen, antes perfectamente definida, del rostro de Jesús, ya no estaba. Sólo había una serie de manchas ensangrentadas.

El Velo Desaparecido

Cuando Paul Badde se reunió en Milán con el padre Faifar, éste le dijo que la Santa Faz ya no se encontraba en Roma, sino en el pueblo de Manopello, a 190 Km de Roma.

Badde no le dio credibilidad a la historia, pero unos meses más tarde, viajando con su hija por la costa adriática, tuvo ocasión de parar en Manopello y, recordando la conversación, entró en la iglesia del pueblo.

Santa Faz de ManopelloEl velo estaba expuesto en un marco transparente dejando ver una tenue imagen que sólo se hacía claramente visible cuando la luz lo atravesaba desde atrás.

En los meses siguientes intentó contactar con las autoridades vaticanas y en el verano de 2.004 tuvo por fin una reunión con el profesor Arnold Nesselrath, uno de los directores de los Museos Vaticanos. Nesselrath hizo caso omiso a la información de Badde y se negó a visitar Manopello diciendo que no era de su jurisdicción.

Badde intentó investigar por otras vías.

Durante el saqueo de Roma, el Papa Clemente se refugió en el castillo de San Angelo y Badde pensó que no habría abandonado una reliquia tan importante como la Santa Faz. Casualmente, el comandante de San Angelo tenía unas tierras en Manopello y era perfectamente posible que hubiera enviado esa reliquia a sus tierras.

Pero existe otra versión de la historia. En 1.506, veintiún años antes del saqueo, un desconocido, según algunos un ángel, le dio la tela a alguien de Manopello. Esto no encajaba en la historia.

Estudiando la historia de la Iglesia durante esa época observó que en el siglo transcurrido entre el saqueo y la consagración de la reconstruida basílica de san Pedro, en 1.626, nunca se mencionó la reliquia, lo que resultaba bastante extraño. Aparentemente la tela continuaba en el Vaticano, y seguía expuesta al público hasta que en 1.629 el Papa Urbano VIII dejó de exhibir el Velo, prohibió el lucrativo negocio de las copias y ordenó que todas las copias existentes fueran destruidas. Era como si quisiera borrar las pruebas de la existencia del velo.

Fue esa la época en la que por primera vez se mencionó la historia del ángel que llevó el Velo a Manopello.

Para Badde, la historia comenzó a tener sentido.

El Vaticano había perdido la imagen y la sustituyeron por una tela muy diferente, una copia, tal vez la más parecida al original que pudieron encontrar.

Ordenaron que desaparecieran las demás copias y sacaron el nuevo lienzo años más tarde, cuando pensaron que la gente habría olvidado ya cómo era el Velo original.

Durante bastante tiempo, Badde intentó que se le mostrara el Velo del Vaticano, pero no consiguió el permiso necesario. En su lugar pidió ver el Tesoro Vaticano y allí encontró una sorpresa.

En una urna había un marco transparente, similar en la forma y el tamaño al que en Manopello sujetaba el Velo de la Verónica. El cristal estaba roto, y parecía evidente que era el marco original que sujetaba el velo antes del saqueo.

Convencido de que la imagen que se había exhibido en el Vaticano durante la Edad Media fue arrancada de su marco original durante el saqueo de Roma y puesta a salvo en Manopello, Badde se preguntó cuál podría ser el origen de esa reliquia.

El Origen de la Verónica

La historia de la Verónica no aparece en los Evangelios, y el mismo nombre, Verónica, no es más que un apócope del latín, Vero Icona, Imagen Verdadera. La Santa nunca existió, sino que fue inventada, en algún momento, quizás por sacerdotes, quizás por el pueblo llano, para justificar la existencia de la Verdadera Imagen de Jesús.

La tela también era muy peculiar. No era de lino ni de algodón. Era mucho más fina y muy translúcida, casi transparente.

Después de investigar sobre diferentes tipos de fibras que se han utilizado en la historia para tejer, Badde llegó a la conclusión de que la tela se había hecho con Biso, unas hebras muy finas extraídas de moluscos Pinna Nobilis, un molusco muy grande, de unos 90 cm de largo que vive en las costas del Mediterráneo y que ha sido usado ancestralmente para fabricar telas muy finas, destinadas al uso de reyes y nobles.

Badde consiguió localizar a una mujer de Cerdeña, una de las últimas tejedoras de biso y la llevó a Manopello a ver la imagen. Ella le confirmó que la tela era de biso.

El Misterio Resuelto

Convencido de que la tela expuesta en Manopello era la misma que había estado expuesta en el Vaticano y de la que se perdió el rastro tras el Saqueo de Roma, Badde comunicó su descubrimiento al Papa Juan Pablo II.

Tras ello, el Domingo, 13 de Marzo de 2.005, a Paul Badde le autorizaron, por fin, a ver el Velo que se conservaba en el Vaticano.

Y comprobó que era una imagen muy distinta a la de Manopello, más oscura, basta y sin detalles. Sólo se distinguía una silueta sin apenas rasgos distintivos.

Para Badde quedó muy claro lo ocurrido. Durante el saqueo de Roma la imagen fue puesta a salvo, probablemente por el Papa y luego por el comandante de San Angelo. Después se perdió su rastro y la Iglesia, para no confesar que había perdido la imagen, hizo una copia, o usó una ya existente, de la misma. Pero la técnica usada por el pintor debió ser bastante pobre y con el tiempo los pigmentos de la pintura se fueron oxidando y perdiendo definición hasta que varias décadas más tarde la imagen resultó irreconocible. Antes de reconocer que la habían perdido, o que la mala copia se había estropeado, la Iglesia prefirió dejar de exhibir la imagen.

Tres semanas más tarde de ver la imagen vaticana, el 3 de Abril de 2.005 murió el Papa Juan Pablo II y poco después fue elegido su sucesor, Benedicto XVI. Éste, que había conocido la investigación de Badde, visitó Manopello el 1 de Septiembre de 2.006. Fue la primera vez en 500 años que un Papa contemplaba la verdadera Santa Faz.

En mi opinión

Interesante investigación. La explicación dada al final parece bastante probable, pero echo de menos un estudio científico de la imagen, cómo pudo formarse, si con pintura, tintes, o por algún otro procedimiento.

Curiosamente, la imagen muestra un rostro de forma casi fotográfica, mostrando la nariz torcida, la mejilla hinchada, la frente sangrienta, como si acabaran de darle una paliza.

Si la imagen fuera verdadera (que no lo creo) ¿cómo encajaría en la historia oficial de la crucifixión y de las síndones?

El Sudario de Oviedo fue usado por José de Arimatea para envolver la cabeza de Jesús durante su descendimiento de la cruz y su traslado al sepulcro.

Al llegar al sepulcro, estaba a punto de ponerse el Sol, no había tiempo para amortajarlo debidamente así que lo untaron con unos pocos aceites de embalsamar y lo colocaron sobre la mitad inferior de su mortaja. José de Arimatea, rico como era, había adquirido el tejido más caro que se podía comprar, una tela de biso casi transparente con el que cubrió su cara. Y sobre su cuerpo extendieron el resto de la tela de la mortaja.

Es decir, que hay TRES telas que, supuestamente, pudieron entrar en contacto con el cuerpo de Jesús fallecido.

Por supuesto, hay que tener en cuenta que si el biso se puso sobre el rostro de Jesús, la faz no se habría plasmado en la síndone, por lo que, o ésta no es la explicación o, al menos una de las telas (sin descartar que puedan ser todas), es una reproducción posterior a la resurrección de Jesús.

¿Qué es lo que yo pienso realmente?

Pues que el Velo de la Verónica no es una falsificación en el sentido de que no fue hecho para engañar a los fieles, sino para ofrecer una imagen que los fieles pudieran venerar, tal como se pinta un cuadro o se esculpe una talla.

Probablemente fue tejido entre los siglos VI y VII, por unas devotas hilanderas utilizando hilos de biso y con unas técnicas que ya han caído en desuso y en el olvido. Su fabricación, para nosotros, es un misterio, igual que la construcción de las pirámides, pero seguro que en la época en que se construyeron las pirámides todos los obreros sabían cómo se trasladaban las enormes rocas, y en el siglo V todas las niñas de los pueblos pesqueros de Cerdeña aprendían de sus abuelas los trucos del tejido del biso.

Posteriormente, a lo largo de siglos, los fieles comenzaron a inventar la historia de que el velo fue impreso por la verdadera faz de Cristo y las autoridades religiosas no lo desmintieron.

Ver Ficha de El Velo de la Verónica de la serie Mitos y Leyendas

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