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El origen mítico de los escritos bíblicos

Creada12-03-2013
Modificada12-10-2015
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Mitos y Leyendas Bíblicas

Muchos relatos del Pentateuco son narraciones y leyendas de al menos dos, o probablemente más, pueblos diferentes, escritos entre la invención de la escritura y el año 1500 AC.

Los Dos Relatos de la Creación

Si lees los dos primeros capítulos de la Biblia verás dos relatos de la Creación totalmente diferentes en la secuencia de los hechos. En uno se crean por orden: Luz, Firmamento, Plantas, Peces, Aves, Reptiles, Bestias y el Hombre, varón y hembra. La secuencia se parece enormemente a la Evolución, y no es por casualidad, sino porque el narrador imaginó que la Creación se había realizado de lo más sencillo hacia lo más complejo, y para eso no hace falta inspiración divina.

Y el relato acaba con la creación del Hombre. Observa la mayúscula, significa que se refiere a la especie humana, sin distinción de sexo, y para hacer hincapié en ello recalca "varón y hembra los creó". Es decir, el hombre y la mujer fueron creados juntos, en igualdad de condiciones y sin hacer distinción ni privilegio de uno sobre otro. El narrador consideraba que hombres y mujeres eran creación divina.

En el segundo capítulo de la Biblia hay un relato totalmente distinto. Dios crea al hombre a partir del barro. (Fijaos que el barro al que se refiere no es el barro de los ríos, sino la arcilla con la que se construían las cerámicas y que en tiempos casi prehistóricos eran tan valiosos, si no más, que el oro).

Después construye un Jardín para que el hombre viva en él.

Luego se da cuenta de que "no es bueno que el hombre esté solo". Y entonces, ¿crea la mujer?.

¡No!. Crea los animales (también a partir de arcilla) y los presenta ante Adán para ver si entre ellos hay alguno adecuado para hacerle compañía. Y como no lo encuentra, Dios duerme a Adán, le saca una costilla y de ella crea a Eva (no de arcilla). Como puedes ver, el relato es totalmente distinto pero sí se percibe que el narrador considera que la mujer ha sido creada para servir de compañera al hombre, situándola por debajo de los hombres y de todos los animales y negándole incluso la dignidad de haber sido creada con la misma arcilla con la que Dios había formado al hombre y a los animales y con la que el mismo hombre construía sus más valiosas posesiones.

El Auge de las Leyendas

También se escribieron leyendas sobre pueblos e historias antiguas, tanto que las historias se llenan de anacronismos (Abraham luchando con los Filisteos, a través de 500 años de historia). Tal como los mesopotámicos escribieron las epopeyas de Gilgamés, también otros pueblos escribieron leyendas sobre Abraham, Nemrod, Melquisedec, etc, quizás basadas en personajes reales pero, como todos los narradores, convirtiendo determinadas anécdotas en batallas y reinventando la historia para embellecerla.

Cuando los Hicsos conquistaron Egipto, muchos judíos viajaron también allí llevándose sus leyendas. Al recobrar lo Egipcios el poder, 80 años más tarde, hubo muchos hicsos y judíos que huyeron, pero otros quedaron cautivos.

Los Egipcios tenían unas reglas muy precisas (y humanitarias) sobre el trato de los esclavos y también tenían normas sobre cómo podían conseguir su liberación. Varios grupos, a lo largo de más de un siglo, abandonaron Egipto, bien sea fugándose o bien liberados por sus amos.

Después llegó la catástrofe de Santorín, las plagas de Egipto y la huida en masa de varios grupos numerosos que se establecieron en Canaán, algunos de forma pacífica, otros grupos de forma violenta. Y de nuevo se empezaron a forjar más leyendas.

Trescientos años después muchas de esas leyendas se habían plasmado por escrito. Llegaron los tiempos de los Jueces, David y Salomón. Más leyendas, más escritos.

El Libro de la Ley y las Leyendas

Por fin el destierro a Babilonia y, al regreso del destierro, Esdras, escriba, sacerdote y director de las obras de reconstrucción del Templo de Jerusalén durante el reinado de Josías. Este ve la necesidad de unir a todo el pueblo judío bajo una misma religión y una misma ley y de repente "encuentra" el Libro de la Ley. (Cro 34:14)

Fijaos cuándo la encuentra, no al principio de la reconstrucción del templo, cuando se están quitando escombros.

Tampoco durante la construcción, cuando se están levantando columnas, muros y techados. No.

El Libro de la Ley es "encontrado" cuando han terminado las obras de reconstrucción del Templo y se está repartiendo el pago a los obreros.

¿Lógico?. No, desde luego.

Lo que yo pienso es que Esdras, quizás de acuerdo con Josías, o tal vez por orden suya, dedicó todos los años de reconstrucción del templo a recopilar, reunir, rehacer y refundir todas las leyendas escritas que pudiera encontrar y unirlas en una historia coherente para darla como base a un pueblo que regresaba de un destierro de más de cuatro generaciones sin recuerdos históricos comunes.

Tanto es así que, al leer la Ley, tanto el Rey como todos los que lo oyen se rasgan las vestiduras al darse cuenta de las abominaciones y pecados que habían estado cometiendo sin saberlo.

La historia es tan absurda que cualquiera que la lea se dará cuenta de que es inventada, que todo es un invento para obligar a todos los judíos regresados del destierro a adoptar la misma ley, una forma de que el rey Josías pudiera "homogeneizar" las creencias y costumbres de todos para controlarlos mejor. Por eso una de las primeras órdenes que da Esdras al llegar a Jerusalén es que expulsen a las mujeres no judías que muchos judíos habían tomado durante el destierro. Y a quien no quisiera repudiar y expulsar a sus mujeres extranjeras, le serían confiscados todos los bienes y sería expulsado o asesinado.

Tampoco Josías se corta un pelo pues poco antes de "encontrar" la Ley desarrolló una intensa campaña de destrucción de altares, ídolos y aseràs (mi Biblia, pudorosamente, no traduce esta palabra, pero en el glosario del final sí da la definición: Estatuas de penes erigidos en homenaje a la diosa Astarté y donde "Prostitutas Sagradas" trabajaban para el mantenimiento del templo).

Todo esto no son invenciones, cualquiera puede ver que en aquellos tiempos eran muy frecuentes las aseràs y las prostituciones sagradas, incluso por parte de hombres (1Rey 14:24, 22:47, Deu 23:18, Eze 16, Jer 3, Ose 1-5).

Y surge la pregunta: si desde los tiempos de Moisés estaban prohibidas las aseràs y las prostituciones sagradas, ¿cómo es que mil años más tarde los judíos aún se sorprenden al ¡descubrir! que estaban cometiendo una abominación ante Dios?.

Muy sencillo, porque esos libros no existían antes de Esdras y Josías. Porque fueron compuestos después del destierro en Babilonia durante los años en que se reconstruía el templo a partir de escritos, leyendas e historias escritas eso sí mucho tiempo antes pero escritas casi siempre al menos dos siglos después de los hechos que pretendían narrar.

Esto me recuerda La Gran Maldición, que mi buen amigo Josep Catalá (andandará) me mostró para probar cómo la profecía se había cumplido y no se dio cuenta de que el último párrafo de la profecía indicaba que la profecía había sido escrita en los mismos tiempos que supuestamente estaba profetizando. No recuerdo exactamente cuál era, pero sí recuerdo que después de advertir sobre numerosas calamidades terminaba diciendo "...como hoy se ve".

Vamos como si yo escribiera ahora mismo: "algún día la gente podrá comunicarse por Internet", hiciera creer que lo escribí hace cien años y lo firmara con la fecha de hoy.

Perdón por la interrupción

La Ley me obliga a darte el siguiente

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