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Cómo funcionaba la Justicia en las primeras ciudades de la Historia

Creada01-04-2003
Modificada02-05-2013
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Abril2

¿Como era la vida y la profesión de los jueces en aquella época?.
¿Cómo se podía una persona convertir en Juez?.

Una persona se convertía en Juez de varias formas, y sorprendentemente, alguna de ellas de forma involuntaria. Un anciano con fama de honrado y reputación intachable, podía ser requerido por personas que le respetasen para aconsejar o decidir en determinados conflictos personales. Si su decisión era acertada, su fama aumentaría y más personas acudirían a él para consultarle y pedirle su intermediación.

Una persona también podía convertirse en juez y ofrecer sus servicios a cambio de un pago. Si no era conocido, debería cobrar muy poco, y solo cuando su fama y reputación fueran mayores podría aumentar su precio. De esa forma, tal como un artesano montaba una alfarería o una curtiduría, una persona cualquiera podía establecer un juzgado y ofrecer sus servicios de juez.

Los ciudadanos que tuvieran conflictos podían acudir a él y a cambio de un pago el juez tomaría la decisión que considerase más justa.

Para nuestros tiempos modernos, en los que la justicia es un monopolio del estado y donde está prohibido que una persona realice determinadas actividades como la de juez, puede resultar sorprendente, absurdo, extraño e imposible de entender, pero el sistema judicial surgió de esta forma. Cualquier persona podía convertirse en juez. Si no tenía buena reputación acababa sin clientes y debía dedicarse a otra cosa. Si tenía buena reputación podía ganarse la vida bastante decentemente. La profesión de juez era muy apreciada y al principio habría mucho intrusismo, pero eso hacía que incluso los mejores jueces ofrecieran sus servicios a un precio muy económico. De ahí que, aunque era una profesión más o menos apreciada y respetada, no era tan rentable como un taller artesano, y eso hizo que el trabajo de juez acabara siendo ocupado casi siempre por personas de cierta edad que hubieran llevado una vida de trabajo honrado e intachable reputación.

Los buenos jueces usaban principalmente su sentido común y se apoyaban en las costumbres y tradiciones del pueblo y en las decisiones de otros jueces anteriores para tomar sus decisiones.

¿Cómo funcionaba la Justicia al principio de su historia?

Es totalmente imposible saber cómo funcionaba el sistema judicial hace miles de años, sólo podemos hacer suposiciones a partir de las instituciones que han llegado hasta nuestros días o, al menos, hasta épocas históricas, pero permitidme describir más bien:

¿Cómo debía funcionar la Justicia?

Cuando una persona consideraba que había sido engañada, robada o estafada en su relación con otra persona, sea por un intercambio comercial, un contrato laboral o cualquier otro tipo de relación, podía pedir que se le resarciera del daño sufrido. Pero si el contrario considera que no es responsable del daño, o siéndolo prefiere ignorar el daño infligido, el supuesto perjudicado comenzará a criticarle y a hacer una publicidad negativa perjudicando gravemente la reputación del otro. El resultado es que ambos acaban siendo perjudicados, uno por el daño original, el otro por su reputación, y cualquiera de los dos, o los dos en conjunto podrían acudir a un juez para dirimir el conflicto.

Si uno de ellos acude a un juez y el otro se niega a acudir, todo el mundo pensará que el que acudió al juez era el que actuaba honradamente y el otro perderá su reputación, con lo cual sus relaciones con el resto de la gente sufrirá un grave quebranto de confianza, pudiendo perder clientes y posibilidades de ganarse la vida. Así que, cuando uno decidía acudir al juez, el otro también acudía, pues era mucho mayor el perjuicio ocasionado si no iba.

En caso de que los dos acudan al juicio, ambos tendrán la oportunidad de presentar su caso, defenderlo con todos los medios y pruebas de que dispongan y esperar el veredicto del juez. Hasta este momento ambos pueden confiar en que podrán convencer al juez, pero ambos deben también aceptar que si el juez decide en su contra, el perdedor debe aceptar la sentencia.

Una vez tomada la decisión judicial, ambos litigantes deberán acatar la sentencia y en el futuro procurarán no meterse en un conflicto similar. El perdedor del litigio sufrirá un menoscabo y una pérdida económica al tener que compensar el daño causado, pero el hecho de que acate la sentencia hará que su reputación esté a salvo. Las personas con las que entable relaciones comerciales sabrán que alguna vez ha tenido pleitos, pero que respeta las decisiones de los jueces, por tanto se puede confiar en él.

Pero si el perdedor de un litigio no acata la sentencia, sencillamente ya puede empezar a cerrar su negocio, vender su casa e irse a vivir a una ciudad donde no le conozcan, pues su reputación quedará totalmente en entredicho y nadie se fiará de él en futuras relaciones económicas y laborales.

Aún puede darse el caso de que una persona considere que es inocente y que su sentencia es injusta, y en ese caso puede apelar a otro juez, y si este decide en sentido contrario al primero, deberán someterse a un tercer y definitivo arbitraje, esta vez no de un juez sino de un tribunal de tres jueces que diriman los conflictos más complejos.

El perdedor de un litigio, sea en la primera vista o en la segunda, o si ha habido empate en estas, en la tercera y definitiva, está obligado a respetar la sentencia, y ni siquiera hace falta que vayan a buscarle y obligarle pues el valor más preciado que tiene cualquier persona es su honor y su reputación, y una persona que no respetase una sentencia judicial, que no respetase las reglas del juego, perdería su honor y su reputación y disminuiría enormemente su capacidad de establecer relaciones laborales o comerciales con otras personas.

Por supuesto, esto es una idea general de cómo se podría haber establecido un sistema judicial libre en la sociedad, pero todos podemos ver que esto no ocurre así en casi ningún lugar del mundo.

Sin embargo, SI ha habido épocas y lugares en que sí ocurría así, la justicia era una actividad similar a la medicina en la que una persona ofrecía sus servicios para resolver litigios y pleitos y las personas acudían a los jueces y les pagaban por el servicio judicial que se les pedía.
En un capítulo posterior intentaremos explicar por qué el sistema judicial que tenemos en casi todos los países civilizados del mundo es ... como es.

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