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Cómo apareció el Dinero y su utilidad como Medio de Intercambio de Bienes y como Sistema de Ahorro

Creada01-04-2003
Modificada02-08-2014
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Diciembre5

El Origen del Dinero

En el documento anterior hemos expuesto cuáles son los principios básicos y naturales del Mercado, y cómo, a partir de ellos, se fueron organizando las primeras tribus para atender de forma más eficiente sus necesidades.

Conforme pasaba el tiempo, los integrantes de la tribu descubrían nuevas maneras de resolver los viejos problemas, inventaban nuevas herramientas, nuevos bienes. El número de productos que ahora fabricaban era mucho más elevado y esto hizo que el sistema de intercambio de bienes llegara a hacerse sumamente complejo. Los productores de un bien tenían que saber por cuántas unidades de cada uno de los otros bienes podía intercambiarlos. Así, un conejo podía intercambiarse por tres cabezas de hacha, o por dos truchas, o por diez palmos de cuerda. Y al contrario, para conseguir una piel de oso hacía falta ofrecer cinco conejos. Con tres conejos se podían conseguir unas parihuelas y con quince conejos una cabaña.

Cada productor de bienes debía estimar por cuántas unidades de cada uno de los otros bienes podía intercambiar su producción, pero esa estimación debía hacerla examinando el mercado, viendo si se estaban fabricando muchos o pocos bienes de cada tipo, y según lo que se observara debía ofrecer más o menos bienes. Como ya en aquella época era imposible conocer todos los entresijos de la economía, los productores de bienes inventaron el Regateo.

Con este sistema los productores de bienes ofrecen en principio muy poco pidiendo mucho a cambio. El contendiente de la puja hace exactamente lo mismo, pide lo máximo posible a cambio de lo mínimo imprescindible. Ambos empiezan desde posturas extremas y van cediendo, rebajando sus pretensiones. Mientras el precio está muy por encima de su nivel de beneficio puede ir cediendo, pero conforme vaya bajando en sus pretensiones cada vez cederá menos. Llega un momento en que hay un punto final del regateo. En ese momento los dos pujantes deben decidir si aceptan el intercambio o no. Como el intercambio es voluntario, si alguno de los dos pensara que iba a salir perdiendo no realizaría el cambio. Es decir, que si al final del regateo ambos deciden completar el cambio es porque ambos piensan que están ganando.

La Extraña Matemática del Mercado Libre

¿Es posible esto?. ¿Es posible que en un intercambio de bienes ambos actores salgan ganando?

Sí, desde luego, y el motivo es que el valor de un bien no es objetivo, sino subjetivo, depende del deseo de las personas, del valor que cada uno le de a los distintos bienes.

Para un tallista, las hachas le sirven para intercambiarlas por otros bienes, así que para él, en un momento dado, será más importante cualquier otro bien que un hacha. En cambio, para un cazador, un hacha es una herramienta imprescindible, de la que depende su supervivencia y su capacidad de conseguir otros muchos bienes.

Así que el mismo bien tiene un valor distinto para unas personas y para otras, de ahí que cuando dos personas negocian un intercambio de bienes, al final, decidan lo que decidan, ambos se llevarán algo de más valor para ellos que lo que han tenido que dejar a cambio.  Ambos están ganando.

Pero hay ocasiones en que dos personas no tienen un medio de intercambiar bienes. Puede ser que yo tenga hachas, pero necesite pieles y el hombre que tiene pieles resulta que no necesita hachas. 

¿Cómo puedo conseguir las pieles, entonces?. 

Podría hacerlo de dos formas, ambas igual de complejas. Intento averiguar qué bienes desea el peletero, busco a quien tenga esos bienes y se los pido a cambio de mis hachas. Después ofrezco esos bienes al peletero a cambio de sus pieles. La otra forma es más sencilla para mí, pero traslada la complicación al peletero. Le convenzo de que acepte mis hachas, que no necesita, para que luego las cambie por los bienes que necesita.

Cualquiera de los dos medios es complejo, ineficiente e inseguro. En ambos casos se requiere una importante pérdida de tiempo, bien sea mío o del peletero, en buscar un bien intermedio que permita que el peletero y yo podamos realizar el intercambio que realmente nos interesa. A veces, por mucho que busquemos no encontramos un bien intermedio, y debemos encontrar una cadena de intercambios. Yo le doy las hachas a un cazador a cambio de unos conejos que le ofrezco al leñador a cambio de unas lanzas y éstas al peletero a cambio de las pieles que yo necesito.

Y para hacer esto cualquier comerciante tenía que estar informado de qué valor tenía cada uno de esos artículos para cada una de las distintas personas.

Esto, por supuesto, era casi imposible, y aún con la ayuda del regateo era sumamente fácil equivocarse y salir perdiendo en el intercambio, por lo que se impuso la necesidad de encontrar otro sistema, y la solución fue elegir un bien que fuese más o menos deseado por todo el mundo y que sirviese como un Medio de Intercambio de Bienes.

No hubo nadie que tomara una decisión particular al respecto, sencillamente, cuando una persona ofrecía sus productos pero no encontraba un bien que necesitara, acababa llevándose otro que pensara que luego fuera fácil de intercambiar por otros bienes.

Este bien no podía ser perecedero, no podían ser, por ejemplo, conejos. Debía ser duradero, compacto y valioso, es decir que en poco volumen y peso pudiera transportarse mucho valor. Al mismo tiempo debía ser un bien con un valor estable, y para ello las existencias de ese bien no debían cambiar con excesiva rapidez.

Durante siglos se probaron distintos artículos, como hachas (demasiado peso por poco valor), conchas (después de una tempestad aparecían tantas conchas en la playa que las existentes perdían casi todo su valor), pieles (una plaga de ratas podía destruir el mayor tesoro en unos pocos días) o ganado (muy expuesto al robo y a las enfermedades).

Hubieron de pasar muchos miles de años y probar cientos de artículos antes de que por fin se encontrara un bien que sirviera a esos objetivos. Ese bien eran los metales preciosos.

El Nacimiento del Dinero

Los metales preciosos eran en principio sumamente raros. La gente los encontraba y los apreciaba por su capacidad de servir como adornos. Aunque casi inútiles, cuando una persona tenía todas sus necesidades satisfechas podía adquirir adornos y joyas, lo cual le daba una cierta sensación de prestigio entre los suyos. Cuando llegaba a pasar necesidad, intercambiaba las joyas por otros bienes que necesitara.

Apreciadas por casi todos, el oro y la plata, y en menor grado el ámbar y las piedras preciosas, tenían todas las características que se requerían de un Medio de Intercambio de Bienes. Eran bienes escasos y deseados, por tanto su valor era alto. Su precio dependía de la cantidad de oro y plata que hubieran en manos de la gente, y teniendo en cuenta que la cantidad de oro o plata que circulaba era bastante escasa y no podía variar mucho, su valor era bastante alto y estable en el tiempo.

Conforme el uso del oro como Medio de Intercambio de Bienes se fue extendiendo, la gente buscaba yacimientos de oro, pero aunque en algún momento encontraran minas, nunca se encontró una mina que tuviera más de un pequeño porcentaje de la cantidad de oro que ya estuviera circulando.

Si en un país circula una cantidad de 100 Kg de oro y alguien encuentra una mina de la que extrae 10 Kg, el oro circulante perderá automáticamente un diez por ciento de su valor, pero esto sólo pudo ocurrir al principio de la historia, cuando había poco oro en el mercado y cualquier yacimiento podía alterar significativamente el valor del oro circulante.

Pero hoy en día hay tanto oro en el mundo que el hecho de encontrar una nueva mina apenas cambiará el precio del oro en menos de una milésima de su valor.

Y además, el oro tenía capacidad de fundirse en lingotes grandes o acuñar piezas de un peso pequeño, con el fin de utilizarlo como un medio sumamente exacto para evaluar el precio de los demás bienes.

Así nació el Dinero.

Convertido en el mejor Medio de Intercambio de Bienes, el dinero agilizó extraordinariamente el comercio. Los productores de bienes ya no tenían que conocer el precio de sus productos con relación a cada uno de los demás bienes del mercado, cosa ya difícil con apenas una docena de bienes pero casi imposible con más de treinta. Bastaba que cada productor conociera el precio de sus productos en relación al oro y el precio en oro de los artículos que deseara adquirir.

Por otro lado, el dinero no solo tenía valor como medio de intercambio de bienes, también permitía ahorrar. Tal como las células acumulan energía en forma de moléculas de grasa o azúcar para afrontar las épocas de carestía, un productor podía acumular dinero durante años con el fin de sobrevivir cuando la edad o las circunstancias de su entorno le impidieran seguir teniendo ingresos.

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