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En las tribus prehistóricas se consultaba al más anciano para resolver conflictos. En las primeras ciudades se sentaron las bases de los jueces y las leyes.

Creada01-04-2003
Modificada02-05-2013
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Abril8

Los Jueces

Cuando dos personas no se ponen de acuerdo, porque ambas creen que tienen razón, normalmente se recurre a un tercero, que merezca la confianza y el respeto de ambos, para que conociendo todos los hechos pertinentes, juzgue y decida quién tiene razón o, en todo caso, cómo resolver el conflicto.

Esta persona es lo que se llama un juez, y normalmente, en las primeras tribus se elegía como juez a la persona de más edad y con mejor reputación de la tribu.

Tal como cualquier persona, un juez podía ser bueno o malo, pero en ellos también funcionaba la reputación. Si un juez tomaba malas decisiones, perdería la reputación y muchos no querrían someterse a su juicio. Si un juez tomaba decisiones acertadas su reputación sería excelente y la mayoría de las personas preferirán resolver sus conflictos sometiéndose al criterio de un buen juez. Pero si un juez tomaba decisiones desacertadas su reputación sufriría un importante menoscabo. La gente que pensara que un juez era malo podía correr la voz, y si muchas pequeñas voces se alzaban contra la reputación de un juez, al final las personas honradas dejarían de confiar en él y acudirían a otros jueces de mejor reputación.

De esa forma, si un juez en una tribu toma con cierta frecuencia decisiones injustas, perderá su reputación y la confianza de los ciudadanos, que preferirán acudir a otros jueces más honrados y/o sensatos.

Los primeros jueces de la historia fueron ancianos respetados por su honradez y sentido común, y ya que con la edad las ambiciones se atemperan, la justicia en sus primeros tiempos casi prehistóricos era muy barata y honesta. Un juez en las primeras tribus solía trabajar gratis, o cobrar muy poco por resolver conflictos, pero si un juez era sobornado para tomar una decisión injusta, en cuanto lo hiciera unas pocas veces perdería su reputación y, por tanto sus clientes. Ninguna persona honrada aceptaría ser juzgada por un juez con reputación de corrupto, así que los jueces corruptos eran muy pocos y duraban muy poco tiempo.

La profesión de juez llegó a ser muy respetada, y acabó siendo ejercida no solo por ancianos sino por personas que deseaban dedicarse a ello y que con el fin de tener la mayor cantidad de clientes posible cuidaban al mayor extremo su reputación y la calidad y sensatez de sus decisiones judiciales.

La Ley

Pero en muchas ocasiones ocurría que en distintas ciudades un mismo caso podía tener dos o más resultados distintos. Por ejemplo: "le compré una cabra pero se murió al tercer día, por eso quiero que me devuelva el dinero". Un juez podría determinar que se devuelva el dinero, otro que no se devuelva nada, y un tercero que se devuelva la mitad del importe de la compra. Así que en muchos casos someterse al arbitrio de un juez era casi someterse a una lotería en la que dependiendo de qué juez te tocara y el humor con el que se hubiera levantado, podías conseguir un resultado u otro.

Los buenos jueces que se enfrentaban por primera vez con un caso similar podían tener dudas sobre cuál era la solución más justa, pero una vez que había tomado una decisión, cuando en el futuro volvían a tener un caso similar tomarían una decisión semejante a la que ya habían tomado anteriormente.

Y los jueces aún mejores, no solo aprendían de su propia experiencia, sino que también aprendían de otros jueces más experimentados que él.

Fue así como se sentaron las bases de la jurisprudencia: en los casos en los que un juez tuviera dudas debía conocer lo que otros jueces habían decidido en casos similares, y si el resultado había sido aceptable decidir en el mismo sentido.

Así, las decisiones de los jueces se adaptaban a las costumbres de las gentes y de jueces anteriores, mientras que los ciudadanos que conocían determinadas historias y anécdotas judiciales tenían una idea más o menos clara de cuales eran las decisiones que más probablemente tomarían los jueces.

Partiendo de ese conocimiento, la gente sabía que había cosas que no se debían hacer, porque si las hacías ibas a tener un conflicto con alguien, conflicto que debería resolver un juez y en el cual el juez iba a decidir en contra de determinadas acciones.

Para evitar conflictos y pleitos, las gentes se acostumbraron a seguir unas determinadas normas de conducta que se convirtieron en las primeras leyes, tales como no matar, no robar, no agredir, no estafar, etc.

Y todo esto ocurría en una época en la que aún ni siquiera se había inventado la escritura.

Cuando la escritura se inventó, miles de años más tarde, uno de los primeros usos que se le dio, después de para apuntar las deudas, préstamos, ventas y todo tipo de inventarios y cuentas comerciales, fue para plasmar por escrito algunas de las primeras leyes de la historia.

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