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Los primeros talleres se convirtieron en Tiendas, dando origen al Sector Comercial

Creada01-04-2003
Modificada02-05-2013
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Diciembre1

El Nacimiento del Sector Comercial

Con la especialización del mercado, cada tarea que hubiera que realizar tendía a subdividirse en tareas más especializadas. En el caso del alfarero, ya vimos como algunas personas asumieron el trabajo de buscar arcilla, otros el de transportarla a los talleres, otros el de fabricar los cacharros de barro.

Por regla general los artesanos fabricaban las piezas bajo pedido, pero había ocasiones en que no había pedidos suficientes y el artesano invertía el tiempo en fabricar piezas que no le habían pedido pero que especulaba que podría vender con facilidad.

Pero si acumulaba muchas piezas en el almacén, tarde o temprano se tendría que plantear aumentar las ventas.

El único procedimiento que hemos indicado hasta ahora para incrementar las ventas es el de bajar los precios, pero en realidad hay otra forma, y es incrementar el deseo de los clientes.

A una persona podría venirle bien una tina de barro, pero no siente un deseo lo suficientemente fuerte como para ir a encargarla a un alfarero. A veces ve a un vecino que tiene una tina y se da cuenta de lo útil que le sería, pero en ese momento no tiene a mano alguien que se la venda y cuando sale de casa del vecino, sencillamente, se olvida de ello. Este tipo de personas solo compran algo cuando lo ven en el momento.

Los alfareros descubrieron que si colocaban sus artículos en la puerta de su taller, podían venderlos con más rapidez que si los dejaban en el interior.

Fue así como se crearon las primeras tiendas y escaparates, al cuidado de las cuales se solía colocar a un hijo del alfarero.

Las primeras tiendas vendían el producto de sus talleres, y los demás artesanos, al ver que una tienda vendía más que un taller, decidieron instalar sus propias tiendas en sus propios talleres.

Pero poner una tienda también requiere un arte que hay que saber aplicar. Cada tienda se organizó de una forma distinta, algunas de forma caótica, otras organizadas por diversos criterios. Los tenderos descubrieron que colocando los artículos en determinadas disposiciones se conseguían más ventas. Al mismo tiempo, las tiendas situadas en calles céntricas o de paso venderían más que las situadas en calles con poca circulación. Se dio el caso, incluso, que una tienda vendía más artículos de los que el taller era capaz de producir. En ese caso, para no desperdiciar un negocio rentable, los tenderos tenían dos opciones: Aumentar la producción del taller contratando obreros, o colaborar con otros talleres que tuvieran excedentes, comprándoselos a bajo precio y venderlos con un beneficio.

El ingenio es la mejor herramienta del mercado. Una vez descubierta una nueva forma de negociar, muchas personas la intentaron poner en práctica. Hubo quien lo hizo mal y salió perdiendo, pero otros acertaron y salieron ganando. Incluso los que al principio habían salido perdiendo, corrigieron lo que pudieron imitando a los que habían tenido éxito y al final las tiendas que sobrevivieron cumplían las expectativas de sus propietarios.

No solo se instalaron tiendas adosadas a un taller, también se instalaron tiendas sin taller propio, tiendas que compraban los artículos producidos por los artesanos y los vendían con un beneficio a los clientes. Los comerciantes llegaron a acuerdos con los mejores artesanos, guiándose por su reputación. Les compraban sus productos y los ponían a la venta. El artesano se ahorraba el tiempo que perdía en el proceso de venta y podía dedicar más tiempo a producir, por lo que incluso podía permitirse vender el producto a la tienda a un precio menor que si tuviese que mantener una tienda.

Tal como en muchos otros procesos comerciales, este también fue implantado de forma gradual, y durante mucho tiempo convivieron las tiendas de los talleres y las que no tenían taller. A igual calidad, la gente prefería ir al lugar más barato, pero los clientes de oportunidad solían comprar en las tiendas que tuviesen más cerca.

Asimismo, una tienda podía vender artículos de diversos productores, y eso aumentaba la posibilidad de que un cliente que iba a comprar un artículo, comprase otro que no planeaba comprar pero que, al verlo, pensó que podía serle útil.

El Sector Comercial había nacido y a través de siglos de experimentación, pruebas y eliminación de errores evolucionó hasta la plétora de tiendas y supermercados que podemos encontrar en nuestras calles actuales. Miles de tiendas, de muy diversos tipos, de diversos tamaños, donde podemos acudir a comprar ropas, alimentos, bebidas, herramientas o cualquier cosa que a cualquier persona se le pueda ocurrir que alguien podría necesitar.

Y mientras más prosperaban las tiendas, más profesiones surgieron de la especialización de las tareas que conllevan el llevar los productos de los artesanos a las manos de los clientes. Transportistas, reponedores, escaparatistas, publicistas, limpiadores, dependientes, cajeros, todas las profesiones que rodean el proceso de ventas y que permitieron que cada persona, en vez de realizar múltiples tareas, pueda especializarse en aquella tarea que haga mejor, permitiendo que, con la misma cantidad de esfuerzo pueda producir más cantidad de bienes o servicios para los demás.

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