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Cómo nacieron las Primeras Empresas y el Mercado Laboral

Creada01-04-2003
Modificada02-08-2014
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Agosto5

El Mercado Laboral

Las personas cada vez tenían más opciones para ganarse la vida.

Algunos podían preferir el modo clásico, pre-mercado, realizando todas las tareas necesarias para la supervivencia, pero su número era cada vez más reducido ya que, como todo el mundo podía ver, había que trabajar mucho y de una manera muy ineficiente para apenas sobrevivir.
Otros se convertían en artesanos, produciendo un bien que intercambiaba por los demás bienes que necesitase.

Algunos artesanos, con el fin de aumentar su producción y sus beneficios, contrataban a trabajadores a los que dirigían y supervisaban. De esa forma se convertían en empresarios.
Y otros ofrecían su tiempo y esfuerzo a un empresario, ofreciéndose como obreros.

Los obreros, en principio, solían conocer el oficio para el que eran contratados, pero en ocasiones un empresario no encontraba trabajadores que conocieran ese oficio, por lo que tenían que contratar aprendices, a los que pagarían menos por su trabajo.

Conforme el aprendiz fuera aprendiendo se convertiría en un oficial que, conociendo ya la profesión, recibiría un salario más elevado.

Los obreros se convirtieron en un bien deseado por los empresarios, y tal como las personas buscaban los mejores bienes al precio más económico que pudieran pagar, los empresarios buscaron a los mejores obreros intentando, como siempre, pagarles el mínimo salario posible.

Sometido a las inexorables leyes de la Oferta y la Demanda, si había muchos obreros disponibles el empresario pagaría mucho menos, pero si el empresario no encontraba obreros para su empresa les acabaría ofreciendo un salario mayor.

Y si consideramos que un obrero es un bien codiciado por los empresarios, el productor de ese bien es el mismo trabajador.

Es decir, todo obrero es un artesano que tiene que producir un bien para venderlo a un cliente.

El producto que tiene que fabricar es Él Mismo como obrero. Y ese producto lo tiene que vender a un empresario.

Tal como un alfarero cuida la calidad de sus jarros, el trabajador debe cuidar la calidad de su trabajo. La mejor arma de un artesano es la reputación, igual que la de un obrero. Si un obrero tiene buena reputación será apreciado por los empresarios que le conozcan. Si tiene mala reputación será menospreciado. Y aquí, las palabras aprecio y menosprecio tienen mucho que ver con el precio que los empresarios estarán dispuestos a pagar por su trabajo.

Pero tal como cualquier otro bien, el "precio" de un trabajador no depende solo de su calidad, también depende de la ley de la oferta y la demanda. Si hay muchos empresarios que necesitan trabajadores, y no hay suficientes trabajadores para todos los empresarios, éstos estarán dispuestos a pagar más dinero para conseguirlos. Pero si hay muchos trabajadores disponibles y los empresarios no los necesitan, su salario podría ser bastante menor.

Las preferencias laborales de las personas no coincidirán con las necesidades de los empresarios, de ahí que siempre se produzca un desequilibrio. Los mejores obreros no son lo que trabajan en lo que más les gusta a ellos, sino los que hacen mejor el trabajo que más demanden los empresarios.

Igual que un empresario busca satisfacer las necesidades de consumo de la sociedad, el obrero debe satisfacer las demandas productivas de los empresarios.

Puede ser que nos guste mucho la alfarería porque es un trabajo artístico, que no requiere mucho esfuerzo y se paga bien, pero si muchos obreros tienen la misma idea, al final sobrarán alfareros, y ante un aumento de la oferta los empresarios aprovecharán para bajar el salario de los alfareros. Pero, por contra, si hay muy pocos carpinteros, los empresarios que quieran contratar carpinteros deberán pagar un salario mucho más elevado que por un alfarero.

Un buen obrero debe observar las empresas y detectar en qué profesiones hay demasiados obreros y en qué otras hacen falta más. Y de entre ellas debe elegir aquella que más le guste y que se considere capacitado para realizarla.

El salario que los empresarios pagan a los obreros les da a estos una información valiosísima: les dice qué profesiones hacen más falta, en qué tareas trae más cuenta profesionalizarse. Y por contra, si detecta que los empresarios ofrecen un salario menor por un determinado trabajo, significará que hay demasiados trabajadores en ese sector laboral, y los trabajadores más avispados buscarán cuáles son los trabajos mejor remunerados y harán lo posible por cambiar de profesión.

Con esa información, y teniendo en cuenta su gusto y su capacidad, cada obrero intentará emplearse en el trabajo que piense que más le va a satisfacer, sea por salario, facilidad, afición, cercanía a su domicilio o cualquier otro método de valoración que haya utilizado.

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