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El Mercado es demasiado complejo para que nadie pueda controlarlo ni hacer que funcione, pero sí puede ser obstaculizado, robado, expoliado y destruido.

Creada08-04-2003
Modificada02-05-2013
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Octubre2

El Mercado Incontrolable

Si una persona decidiera controlar toda la economía de un país necesitaría tener un conocimiento completo de las necesidades de todas las personas, de sus capacidades y asignar a todas las personas las tareas más necesarias según su capacidad y las circunstancias de su entorno. Como no hay nadie capaz de abarcar todo ese conocimiento se tendría que crear un cuerpo de funcionarios que, sin producir nada, gastaría muchos recursos humanos y económicos en recopilar toda esa información y analizar y decidir las acciones a seguir. Pero una persona no es capaz de tener una visión de conjunto de todo este sistema, en todo caso podrá tener una visón parcial de un pequeño sector económico en una zona geográfica determinada.

Y aunque un cuerpo de analistas fuera capaz de analizar y comprender todas las relaciones comerciales del mundo, ¿podrá anticipar los cambios?. ¿Podrá anticipar que un invento realizado en un garaje creará un sector empresarial completamente nuevo que llevará a la ruina al 95% de los fabricantes de máquinas de escribir del mundo? ¿O que otro invento llevará a la ruina al 99% de los fabricantes de velas y candiles del mundo?

No, no hay nadie capaz de prever eso, y menos mal, porque si lo hubiera, quizás esos omniscientes dirigentes de la economía mundial podrían decidir que es mejor que no se inventen la bombilla ni el ordenador para evitar la crisis que llevará a la ruina a miles de empresarios y al paro a millones de empleados.

La economía de libre mercado debe funcionar libremente, sin restricciones. Si un nuevo invento amenaza con arruinar a un sector empresarial, hay que dejarlo, no podemos intervenir para intentar salvarlo porque sólo podremos alargar su agonía a costa de gastar muchísimos recursos, muchísima riqueza, y a costa de perjudicar a cientos de millones de personas.

¿Qué hubiera pasado si, tras el invento de la bombilla, los estados del mundo se hubieran empeñado en salvar el sector de los fabricantes de velas y candiles?. Hubieran dirigido muchísimos millones, quitados a los ciudadanos mediante impuestos, para dárselo a los fabricantes de velas para que estos no tuvieran que cerrar sus fábricas y que no tuvieran que despedir a sus empleados. Para evitar la desleal competencia de los fabricantes de bombillas, a éstos se le pondría un canon de tal forma que las bombillas sean mucho más caras y la gente siga consumiendo velas. Se restringiría la posibilidad de abrir demasiadas fábricas de bombillas, y se regularía que estas tuvieran unos requisitos de calidad tan elevados que sería imposible para un emprendedor acatar todos los requisitos.

Hoy en día aún habría muchísimas fábricas de velas y candiles, apenas habría unas pocas fábricas de bombillas y su calidad sería bastante menor, gastarían mucha más energía y serían muchísimo más caras. En nuestras casas seguiríamos viviendo con velas, y solo los ricos tendrían bombillas, pero el sector de los fabricantes de velas y candiles se habría salvado, no se hubieran cerrado fábricas y hoy en día habría tantos obreros en dicho sector, o quizás más de los que había hace ciento y pico de años, cuando Edison, que sería recordado como uno de los malvados empresarios capitalistas que más han perjudicado el bienestar de la humanidad, inventó la bombilla eléctrica.

¿Creéis que exagero?.

Analizadlo cuidadosamente, todas las decisiones que habría que tomar para salvar el sector de fabricantes de velas supondrían un atraso de décadas en la velocidad a la que los fabricantes de bombillas se expansionaron hasta llevar la luz eléctrica a más de la mitad de la población mundial.

Y no sería sólo la riqueza gastada en salvar un sector sentenciado por el progreso, es el conjunto de posibilidades perdidas, de investigaciones paralelas, de atrasar no solo la luz eléctrica sino el descubrimiento del efecto fotoeléctrico, la válvula electrónica, el diodo, todos los componentes que años más tarde configuraron la base para el desarrollo del sector de la electrónica y la informática.

Al fin y a la postre ¿qué fue lo que pasó cuando inventaron la bombilla? Los primeros fabricantes de bombillas empezaron ganando muchísimo dinero, y con el fin de ganar más dinero reinvirtieron para ampliar la producción. Otros empresarios les imitaron y crearon otras fábricas, algunas de mala calidad, otras de mejor calidad: los clientes, informándose de qué bombillas eran mejores y cuáles peores, cuáles más caras o más baratas, fueron los que decidieron en cada momento cuáles de esas empresas tenían éxito y cuáles fracasaban.

Conforme la producción de bombillas aumentaba, las fábricas de velas tuvieron que ir cerrando. Algunos dueños de fábricas no supieron adaptarse al cambio y acabaron arruinados, otros minimizaron las pérdidas, reconvirtieron la empresa y decidieron pasarse al nuevo sector, y otros, los menos, encontraron la forma de especializar su producción para fabricar cirios para las iglesias o velas ornamentales para restaurantes y tiendas de regalos.

Millones de trabajadores en el mundo fueron al paro.

¿Pasaron hambre, acabaron en la miseria, sus hijos tuvieron que escarbar descalzos entre las basuras para sobrevivir?.

No, conforme los obreros eran despedidos aumentaba la oferta de la mano de obra, y los empresarios aprovecharon para bajar los salarios y con ello pudieron contratar a más trabajadores e iniciar más negocios y empresas, por ejemplo, fábricas de bombillas. Durante varios años los salarios en varios sectores laborales fueron más bajos, y gracias a ello los millones de despedidos del sector de las velas fueron reabsorbidos con rapidez por otros sectores que, aprovechando la abundancia de mano de obra, estaban en expansión, y cuando casi todas las fábricas de velas habían cerrado, cuando dejó de ir gente al paro, los empresarios encontraron que cada vez era más difícil encontrar mano de obra barata y de nuevo tuvieron que ofrecer salarios cada vez mayores para que sus empleados no se fueran con la competencia.

La economía libre de mercado se adaptó, y se adaptó con rapidez, porque una característica de la economía libre de mercado es que si no se le ponen trabas ni restricciones se adapta con rapidez a las necesidades de la sociedad.

Si un sector está en expansión y no se le ponen trabas se expandirá con rapidez alcanzando su máxima capacidad de producción, su máxima calidad y su mínimo precio de venta al público.

Si un sector está en recesión y no se le ponen trabas, despedirá obreros, reducirá su mano de obra, cerrará las fábricas que sobren hasta que el sector alcance la dimensión justa que la sociedad precise. Y cuando eso ocurra las fábricas de ese sector que sobrevivan serán las más eficientes, las mejor dirigidas, las más rentables. Las más ineficientes y peor dirigidas serán las que cierren antes. Y todo esto se hará sin nadie que controle, sin nadie que decida por los demás, tomando cada persona la decisión que en cada momento considere más necesaria.

En el proceso habrá empleados que sufran un despido no deseado, y empresarios que vayan a la ruina, pero las pérdidas de algunos generarán más oportunidades a otros y aquellos que sean capaces de recoger velas, adaptarse y cambiar de actividad será reabsorbido por el mercado en un sector empresarial que en ese momento esté en expansión.

¡Y no hay nadie en el mundo que pueda organizar o controlar este caos!

Así que, intentarlo es inútil, además de contraproducente. La persona u organismo encargada de esta misión estará derrochando energía y esfuerzo en una tarea imposible en vez de producir bienes o servicios que enriquezcan la sociedad.

Pero aparte de estos defectos inevitables del mercado, hay varios factores que hacen que muchas cosas no funcionen como deberían.

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