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La Ruina de las Empresas Públicas. ¿Por qué son tan ineficientes?

Creada08-04-2003
Modificada02-08-2014
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La Ineficiencia del Estado

El estado es más ineficiente que la iniciativa privada.

¿Cómo puedo asegurarlo tan tajantemente?

Muy sencillo: Toma dos empresas diferentes, una privada y otra pública.

La Empresa Privada

Una empresa privada nace cuando una persona arriesga su capital para producir bienes y servicios que cree que las personas van a necesitar.

Si un empresario no tiene capital suficiente, puede pedirlo a inversores que le ofrezcan ese capital a cambio de un interés y unas garantías.

El empresario arriesga su dinero, su capital, su crédito y sus bienes, y por la cuenta que le trae procurará embarcarse en empresas que considere sensatas y que le van a dar un beneficio sustancioso.

Si acierta, se hará rico, y cuando acabe de pagar los préstamos que le han hecho, inmensamente rico.

Si se equivoca, perderá mucho, muchísimo dinero. Puede acabar en la ruina y abrumado de deudas.

Ante esas dos alternativas, el empresario es el máximo interesado en triunfar, y la única forma de que una empresa pueda triunfar en un entorno de mercado libre, es que los clientes compren sus productos a un precio superior a su coste.

No todas las empresas lo consiguen, pero el empresario pondrá siempre todo su empeño en conseguirlo.

La Empresa Pública

Una empresa pública nace cuando un político o alguna persona con apoyos políticos, arriesga el capital de los ciudadanos para producir bienes y servicios que dice que cree que las personas van a necesitar.

Cuando una persona no arriesga su dinero, sino el dinero de otros, no tendrá nunca el mismo cuidado que pondrá un empresario privado. Sencillamente por eso, el empresario público correrá más riesgos estúpidos, tomará decisiones menos sensatas, y si las cosas se complican demasiado hará lo posible por quitarse la responsabilidad de encima.

Hay que mencionar también las estrategias de buscar chivos expiatorios, culpables de las malas decisiones tomadas por el empresario público, y también el hecho de que si un empresario privado se equivoca, el responsable es él, y es él el que pierde todo su dinero, pero si un empresario público se equivoca siempre echará la culpa a otros y, como no le cuesta nada, pedirá más dinero para hacer que funcione la empresa pública.

Aparte de esto, y no menos importante, cuando un empresario maneja dineros que no son suyos, siempre intentará que algo se quede en sus bolsillos.

Según el control que se ejerza sobre las cuentas lo hará con más o menos descaro. Si no puede coger el dinero directamente de la caja ya se encargará de colocar a familiares cobrando sueldos exhorbitados, contratar a proveedores que le hagan regalos, sea en efectivo, en trajes o en viajes, o dar subvenciones y ayudas a empresas en las que trabajen familiares que se vayan a llevar una comisión por las ayudas recibidas.

Si un político corrupto quiere robar un millón de euros, y de paso, "regalar" otro millón a su hija, no tiene más que hacer que colocar a su hija como comisionista en una empresa cualquiera y conceder a esa empresa una subvención de DIEZ millones de Euros. La hija se llevará una comisión del 20% de la subvención recibida y entre el político corrupto y la hija del tal, habrán robado DOS millones de Euros, al mismo tiempo que desperdician otros ocho millones del dinero que se le ha robado a los ciudadanos. Y todo sería perfectamente legal.

Eso, en una empresa privada, no puede pasar. Primero porque el empresario nunca tendrá interés en robar su propio dinero, y si el empresario es listo, ya procurará que ningún empleado suyo, de vicepresidente para abajo, pueda hacerlo.

Aún en el caso de que un empresario privado fuera estúpido y dejara que uno de sus empleados le robara de esta forma, los daños quedan limitados a los propietarios de la empresa. Sólo si el daño es muy grande podrá repercutir en proveedores y trabajadores.

En la empresa pública, casos como el hipotético ejemplo descrito se dan con una frecuencia tan apabullante, sin que nadie acabe en la cárcel ni los partidos hagan nada para expulsar a las manzanas podridas de sus filas, que la cantidad de dinero que los políticos corruptos acaban robando a los que pagamos impuestos se hace insoportable.

Entre unas y otras cosas, si hay dos empresas, una pública y otra privada, que realicen la misma función, la privada hará lo mismo con menos presupuesto, y si lo hace bien prosperará, y si lo hace mal cerrará, mientras que la pública requerirá muchísimo más dinero, dinero que se escapará por las rendijas, y si lo hace bien el político de turno se llevará un reconocimiento que no se merece, pero si lo hace mal ¡pedirá más dinero!

Pongo aquí como ejemplo el caso de algunos teatros privados de Madrid en contraposición a otros públicos.

Ambos ofrecen los mismos servicios, obras de teatro clásicas o modernas, comedias o dramas, en una oferta que se va renovando por temporadas. Ambos cobran las entradas a precios similares.

Sin embargo los teatros públicos tienen unas cinco veces más empleados que los privados, sus salarios son más altos, especialmente entre los cargos directivos, de los que hay, no cinco, sino diez veces más que en los privados.

¿Cómo es posible? ¿Da un teatro suficientes beneficios?

Si le preguntamos a un empresario teatral privado responderá que algunas veces sí, pero otras, la mayoría, apenas se saca lo justo para mantener el teatro abierto. Lo que pasa es que un teatro privado se financia con lo que cobra a los clientes por las entradas, mientras que uno público se financia con las entradas y con parte de los impuestos que los políticos les transfieren.

Un empresario teatral privado arriesga su dinero, por tanto no puede tener interés en robar su propio dinero, y si lo pierde puede acabar en la ruina.

Un empresario teatral público no arriesga su dinero sino el de otros, el nuestro. Al manejar dinero de otros está sometido a la tentación de tomar lo que no es suyo, y tarde o temprano empezará a hacerlo, y cuando empiece ya no parará. Si la empresa teatral que dirige acaba perdiendo dinero, quien pierde ese dinero somos nosotros, pero el empresario público no perderá nada, seguirá cobrando su sueldo público, que también pagamos nosotros.

Perder dinero en una empresa privada equivale al fracaso, la quiebra y el cierre, pero en una empresa pública no. Siempre queda la solución de pedir más dinero de los impuestos, con lo cual el año que viene nosotros perderemos aún más mientras el empresario público tendrá más dinero para robar o desperdiciar.

La Persistencia en el Error

Cuando un empresario privado fracasa en su empresa, se da cuenta de que se ha equivocado, de que ha ofrecido al público un producto que el público no desea, al menos no al precio al que el empresario lo ofrece.

El empresario intentará corregir su error, analizará distintas alternativas y de no encontrar solución acabará por claudicar, cerrar su empresa intentando perder lo menos posible.

Un empresario público JAMÁS hará eso.

Como el dinero no es suyo, no tendrá problemas en seguir ofreciendo productos de un coste elevado a un precio menor, con tal de atraer más clientes. La diferencia entre los gastos y los ingresos la suplirá tomando el dinero de la recaudación de los impuestos, de tal forma que el servicio que esté dando no lo pagarán los que lo usen, sino que lo pagarán todos los ciudadanos, lo vayan a usar o no.

Puede tratarse de una escuela, un hospital, una piscina, un teatro o un salón de masajes. Si es una empresa privada tiene que ser autosostenible o cerrar.

La empresa pública que no sea sostenible hará trampas. Seguirá abierta y perdiendo dinero pero sobrevivirá porque pedirá que se le asigne dinero extra de la recaudación de los impuestos de todos los ciudadanos.

Por su misma naturaleza, la empresa pública que realiza una actividad equivocada, no cerrará, sino que persistirá en el error y lo hará cada vez más grande.

De esta forma, el promedio de las empresas privadas es cada vez más eficiente, ya que las que no lo son, cierran. Pero las empresas públicas son cada vez más ineficientes, porque las que pierden dinero siguen existiendo a costa de quitar dinero a los ciudadanos.

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