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Los empresarios egoístas son fáciles de evitar. Se ve lo que quieren. Las personas altruistas parece que quieren salvarte, pero...

Creada02-05-2003
Modificada12-12-2017
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Octubre4

Egoísmo y Altruismo

El interés de los demás, ¡qué sorprendente!

La mayoría de la gente relaciona el Mercado con el egoísmo, pero es una equivocación. La verdad es que en el Mercado intervienen personas egoístas y altruistas. Lo sorprendente es que tanto unas como otras, todas pretenden conseguir el Máximo Beneficio Posible al Mínimo Coste Imprescindible. Y todas, para conseguirlo, deben seguir exactamente las mismas reglas.

Los egoistas quieren satisfacer su afán de beneficios, pero para ello no pueden actuar de cualquier forma sino que tienen que atender una serie de reglas, y la primera regla es averiguar lo que quieren los demás.

Un empresario no fabrica lo que él quiere sino lo que piensa que van a querer sus clientes. De hecho, es bastante probable que el empresario ni siquiera necesite ni llegue a usar nunca el producto que fabrica. ¿Por qué lo fabrica entonces? Por el interés de los demás.

Gracias a ello, a que el empresario no fabrica lo que él quiere, sino lo que desean los demás, es por lo que los demás compran esos productos a un precio suficiente para dejar al empresario un sustancioso beneficio.

Y los clientes no son altruistas, son egoístas, y cada uno de ellos quiere el mejor producto posible al mínimo precio imprescindible. Y gracias al egoísmo de los clientes, los empresarios que tendrán más éxito serán aquellos que mejor sepan satisfacer las necesidades y deseos de los demás.

Los empresarios que no sepan o no sean capaces de satisfacer los deseos de los demás, irán a la quiebra y la ruina.

En cuanto a los empresarios altruistas, les pasa exactamente lo mismo, tendrán éxito en su empresa aquellos que mejor sepan satisfacer los deseos de los demás. Fracasarán los que decidan dar a los clientes, no lo que quieran los clientes, sino lo que los empresarios altruistas quieran darles.

Si lo analizamos detenidamente podemos llevarnos una sorpresa: NO IMPORTA si un empresario es egoísta o altruista. Si quiere tener éxito en su empresa (sea el éxito conseguir beneficios económicos o una satisfacción personal aunque no haya beneficios económicos) DEBE averiguar lo que desean los demás. Quien mejor lo haga, conseguirá el éxito (económico o personal). Quien no satisfaga los deseos de los demás cosechará su propio fracaso.

De la buena gente me libre Dios
que de la mala me cuido yo. 

Acabamos de decir que no importa si un empresario es egoísta o altruista, pero en realidad sí hay una diferencia. Pero esa diferencia sólo se hace evidente en el fracaso.

Cuando un empresario egoísta fracasa, pierde bastante dinero y eso hace que se enfade. Puede que alguno se enfade con la gente que no compra su producto, pero en realidad sabe que el responsable de su fracaso es él mismo, pues no ha sabido ofrecer a los clientes aquello que desean.

Si es un empresario perseverante, intentará perder lo menos posible y buscará otra idea, intentará satisfacer otra necesidad, confiará en acertar esta vez y conseguir el éxito, y si no a la siguiente. En cualquier caso nunca tiene tiempo para echar la culpa a los demás.

Pero cuando un empresario altruista fracasa, su reacción suele ser muy diferente. ¿No está actuando en beneficio de los demás? ¿Cómo es que la gente no se da cuenta y se lo reconoce? El empresario altruista que fracasa en su empresa suele tener una actitud de incomprensión, de atónita sorpresa. Asume que lo que él ha hecho es lo mejor para los demás y no entiende que los demás no lo quieran, así que su reacción psicológica suele ser indignación hacia los que no reconocen su generosidad.

Es un fenómeno extraño pero que personalmente he visto ocurrir en varias ocasiones. Personas altruistas, que se preocupan por los demás, que quieren salvarles de una situación injusta y que, cuando lo hacen, se llevan la sorpresa de que muchos de los demás, ni necesitan ni quieren ser salvados. Su reacción es sentirse traicionados por aquellos a los que generosamente estaban dispuestos a ayudar y eso hace que se sientan amargados.

Al cabo de los años acaban siendo personas mezquinas y ruínes que, si tienen algún trabajo donde traten con el público, lo tratarán con desprecio y altanería, aún indignados de que no se muestren agradecidos por los sacrificios y la generosidad que están desperdiciando con esos ingratos.

Lamento decir que he conocido a varias personas así y todas empezaron siendo generosas y altruistas. O, al menos, pretendiendo serlo.

Eso hace que me pregunte si realmente podemos fiarnos de alguien que pretende salvarnos.

A un empresario egoísta lo veo venir, sé lo que quiere y yo procuraré no dejarme engañar, y si decido comprarle le pagaré y me iré, pero si no me fio le compraré un producto similar a otro empresario o no me lo compraré.

Pero una persona que me quiere salvar, sea un predicador, un político o un sindicalista, lo que hace es prometer mucho, y a lo mejor cumple lo prometido, o tal vez no, pero mientras tanto, mientras yo esté esperando que cumpla sus promesas, estara tejiendo redes a mi alrededor, redes en forma de promesas, de halagos, de compañerismo y amistad. Corro el peligro, cualquiera lo corre, de dejarme atrapar en esa red y algún día acabar preso de una secta religiosa o política.

No, gracias. Si quiero algo ya lo compraré a un empresario egoísta, que los que quieren "salvar a todos los españoles, incluso a los que no quieran o no se dejen" (de la película Vota a Gundisalvo), esos sí que son peligrosos.

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