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Cómo se corrompen las personas en el Estado

Creada08-04-2003
Modificada31-07-2014
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¿Cómo se Corrompen las Personas?

El poder corrompe.

Esta frase, repetida hasta la saciedad, ha llegado a ser tan repetida que hoy en día la mayoría de la gente asume que esto es un hecho irremediable.

El poder corrompe. Y nada de lo que hagamos puede evitarlo.

Pero eso no es cierto.

El poder corrompe, sí, pero SI podemos hacer algo para evitarlo.

Para comprender cómo, vamos a estudiar en primer lugar la forma en que la persona más honrada puede ser corrompida por el poder. Usaremos como ejemplo el ámbito político ya que es donde más acostumbrados estamos a asumir que una gran cantidad de políticos son corruptos. Y veremos que hay varios grados de corrupción, y lo fácil que es pasar de cada grado al siguiente.

Las personas que deciden entrar en la carrera política lo hacen en algunos casos para conseguir beneficio propio, pero otras personas, la mayoría en realidad, lo hacen por motivos altruistas, porque piensan que su trabajo puede ser muy útil para beneficiar a la sociedad.

Estas personas altruistas que son capaces de grandes sacrificios para conseguir el mayor bien posible para la sociedad, empiezan su trabajo con gran ilusión, tienen buenas intenciones y planean grandes reformas.

Su honradez es a toda prueba, y si en alguna ocasión ha oído alguna insinuación de soborno la ha rechazado con integridad y orgullo.

Un día, sin embargo, descubre que un compañero de su mismo partido acepta sobornos a cambio de adjudicar proyectos a determinadas empresas.

Su primera intención es denunciarlo, su sentido de la honradez no le permite trabajar junto a un compañero corrupto, pero cuando habla con otros compañeros estos le hacen ver que sí, que tiene razón, pero ¿se da cuenta del daño que haría al partido una revelación semejante?. Podrían perder las próximas elecciones y entonces, ¿dónde quedarían todos sus proyectos, todas las mejoras sociales que el pueblo necesita?.

Por el bien del pueblo es mejor callar, hacer la vista gorda y seguir formando parte de la clase gobernante, aunque en su seno se encuentren algunas manzanas podridas.

El protagonista de esta triste y frecuente historia sigue siendo honrado, pero ahora no tiene la misma ilusión que tenía antes. Sin darse cuenta ha entrado en el primer grado de corrupción, el del que descubre un acto reprobable por parte de un compañero y lo oculta para no perjudicar al partido.

Conforme pasan los meses y ve cómo su compañero corrupto va medrando, conduce un coche mejor, se compra un chalet e incluso los miembros de su propio partido le tienen en mayor consideración.

¿Cuántos meses, cuántos años podrá aguantar hasta decidir que, si otros lo hacen, qué importancia tiene que lo haga uno más?.

De todas formas él no hará nada que vaya contra la ley, pero si hay que cambiar todas las persianas de los colegios del pueblo y un empresario ha hecho una oferta bastante razonable, y además sugiere la posibilidad de hacer un pequeño regalo para su mujer, ¿por qué no dar un pequeño empujón en la dirección que más le puede beneficiar?.

Basta elegir a un determinado contratista, de todas formas alguien tenía que hacerlo, ¿qué más da que sea uno u otro?.

Cuando por fin lo hace, ha entrado en un segundo grado de corrupción, el del que no hará nada que sea estrictamente ilegal, pero si puede hacer algún favor a cambio de algún pequeño beneficio no dudará mucho tiempo en hacerlo. Es lo que se llama Tráfico de Influencias.

La costumbre aligera las conciencias. A fuerza de repetirlo el político tendrá cada vez menos dudas éticas en aceptar regalos, en inclinar determinadas decisiones para elegir a unos contratistas con preferencia a otros.

Llega un momento en que cuando en un pleno municipal se decide ejecutar una obra, el político está pensando más en el "regalo" que conseguirá según la empresa que lo ejecute, que en el beneficio que conseguirán los ciudadanos.

El político ha llegado ya a un tercer grado de corrupción, en el que todo su altruismo original ha quedado reducido a una serie de frases muy bonitas pero que no se corresponden con la realidad.

Hay más grados de corrupción, algunas personas son lo bastante honradas y tienen una fuerza moral lo bastante alta como para no cruzar ni siquiera el primer grado de corrupción. Pero otras personas llegan más lejos.

Quemar un bosque para recalificar terrenos, si te paras a pensarlo va a suponer un enorme beneficio para el pueblo. Se crearán empleos, aumentará la riqueza y si de paso yo también me beneficio ¿qué daño estoy haciendo a nadie?.

Mentir para ganar unas elecciones, para la sociedad es mejor que gane mi partido a que gane la oposición, entonces, si puedo hacer que el partido de la oposición pierda votos ¿no está justificado?. ¿No es en beneficio del pueblo?

Y la corrupción aún no ha llegado a su máximo grado. El máximo grado de corrupción en la política lo hemos sufrido muchas veces a lo largo de la historia, cuando un político acumula suficiente poder y llega a extremos totalmente inmorales como recurrir a la persecución e incluso el asesinato de rivales políticos o al exterminio de amplios sectores de la sociedad para mantenerse en el poder.

Hitler es quizás el más conocido asesino de masas que ha promovido el exterminio de millones de personas, pero han habido otros. Y todos ellos empezaron su carrera política con fines 'altruistas', los de buscar el máximo beneficio para la sociedad.

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