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Hay gente que para defender a los pobres de la explotación impiden que los empresarios inviertan en los países pobres, condenándolos a seguir viviendo en la miseria.

Creada16-04-2003
Modificada18-07-2014
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Noviembre1

Las Buenas Intenciones,
el Camino de la Miseria

Por último están aquellos bienintencionados, pero mal informados, que quieren impedir que los empresarios exploten a los países pobres.

Les parece mal que las empresas se lleven beneficios del trabajo de los pobres y quieren que, si un empresario monta una fábrica en un país pobre les paguen a los trabajadores lo mismo que les pagarían en el rico.

Pero, en primer lugar, si un empresario ha montado una fábrica en un país pobre no ha sido por altruismo, sino por codicia, porque sabía que allí podría conseguir unos ingentes beneficios. 

Si tú, a un empresario de un país rico, le dices que si pone una fábrica en Miseria tiene que pagar a los empleados lo mismo que en Prosperia, el empresario responderá que la fábrica la monte tu padre. Si los empresarios se plantean trasladarse o invertir en Miseria es porque allí hay mucha mano de obra barata. Si alguien les dice que no, que la mano de obra la tienen que pagar igual que aquí, no irán, y los habitantes de Miseria seguirán muriéndose de hambre.

Hay quien piensa entonces que es el estado el que debe invertir en aquellos países pobres, y lo que harán los gobiernos ricos será recaudar dinero de los trabajadores para dárselo a los gobernantes de los países pobres, confiando que estos serán tan buenos que, sin quedarse con nada en sus bolsillos, el dinero acabará en manos de los ciudadanos del país pobre.

En realidad, los políticos de los países pobres reciben el dinero de la ayuda internacional y, después de quedarse una parte, el resto lo utilizan para crear empresas a nombre de parientes y testaferros, empresas ineficientes y mal dirigidas, pues para ellos no es importante la producción, sino la imagen internacional, las fotos en revistas, las visitas de importantes políticos y actores que vengan a hacerse la foto y presumir de lo buenos que son los políticos gobernantes con el fin de conseguir más ayudas, subvenciones y donaciones. De todo el dinero enviado a los países pobres del mundo, menos del siete por ciento llega a beneficiar a los pobres en forma de pozos, escuelas o medicinas. El resto se lo quedan los políticos y la corte de corrupción que los rodea.

En realidad, las ayudas económicas a los gobiernos de países pobres, es una manera de quitarles dinero a los más pobres de los países ricos para dárselo a los más ricos de los países pobres.

Un estado podría hacerlo mejor: En lugar de darle el dinero al gobierno del país pobre, el estado del país rico podría montar una fábrica y pagar a los trabajadores un salario de país rico. De hecho, podría montar dos o tres fábricas, o diez, pero no mucho más. Si los gobernantes del país pobre le dejan, que no le dejarían.

En cambio, cuando un empresario monta una fábrica en un país pobre lo hace con fines egoístas, por codicia y ambición, pero al funcionar según las reglas del mercado libre da dinero a decenas o centenares de trabajadores, una miseria para el empresario y para el nivel de vida de su país, pero mucho más de lo que los habitantes del país pobre hubieran podido aspirar.

Y con toda su codicia los empresarios consiguen unos ingentes beneficios, y para conseguir aún más beneficios reinvierten en más fábricas, y su enriquecimiento atrae a más empresarios codiciosos que en pocos años llegan a montar miles, decenas de miles de fábricas en el país pobre.

Porque la codicia es un incentivo mucho mejor que la caridad.

Pero, por supuesto, los gobernantes de los países pobres se opondrán a esto. Para los políticos es más beneficiosa la ayuda internacional que la libre empresa, así que procurarán recibir toda la ayuda internacional que puedan, y para ello lo que hay que hacer es tener más miseria.

Muchos gobernantes de países pobres llegan al extremo de impedir la prosperidad, de cerrar el paso a las empresas privadas extranjeras, diciendo que quieren salvar a sus ciudadanos de la explotación, cuando lo que en realidad les interesa es que haya la mayor miseria posible para atraer la caridad de los países ricos del mundo.

Recorte a recorte, las posibilidades de prosperar que tiene un país pobre, los políticos las van recortando, perpetuando y acentuando una situación en la que los ricos seguimos viviendo en una relativa opulencia mientras millones de personas en los países pobres viven en una miseria cada vez más desesperanzada.

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