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Las leyes de Salario Mínimo hacen que no sea rentable contratar a personas de baja cualificación, como jóvenes sin experiencia, trabajadores no cualificados, personas mayores y minusválidos.

Creada12-06-2003
Modificada07-05-2013
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Junio1

El Salario Mínimo

A la hora de calcular los salarios que puede ofrecer, un empresario debe evaluar cuántos beneficios espera conseguir de la actividad del empleado.

Este cálculo lo realiza antes de iniciar la actividad, y al hacerlo se puede encontrar en una situación que le imposibilite realizar el negocio que se haya planteado.

Un empresario que contrata a un trabajador lo hace por conseguir un beneficio. El empresario va a pagar un salario, a cambio pide una productividad por parte del trabajador, es decir, que el trabajador le genere un beneficio al empresario.

Si un trabajador puede hacer que el empresario gane 5.000 Euros, el empresario intentará pagarle lo menos posible, pero si no tiene más remedio podrá subir su oferta hasta un coste laboral máximo de 4.500 Euros. No puede ofrecerle más, porque entonces perdería dinero.

Si un trabajador puede hacer que el empresario gane 1.000 Euros, el empresario sólo podrá gastarse en él hasta 900 Euros.

No hay vuelta de hoja. Un empresario no puede hacer un negocio en el que pierda dinero, por eso la cantidad máxima que puede gastarse en un trabajador es, como máximo, el 90% de lo que calcule que el trabajador le puede hacer ganar. Si puede, por supuesto, intentará pagarle mucho menos, pero la productividad del trabajador impone un límite máximo e inamovible.

Pero después ocurre lo siguiente: Si un trabajador le puede generar un beneficio de 1000 Euros, el empresario puede gastarse hasta 900 Euros, pero el estado se lleva impuestos, seguridad social, seguro de desempleo, cuota sindical, tiene que prorratear las pagas extras, reservarse una parte para la liquidación, etc, etc, etc.

Al final resulta que, después de hacer todos sus cálculos sólo puede ofrecer como máximo un salario de 450 Euros. Entonces busca trabajadores y les ofrece ese salario, y puede que muchos trabajadores se sientan insultados con una oferta tan ridícula, pero otras personas, normalmente las más necesitadas, las menos cualificadas, las que no encuentren otro empleo, aceptarán trabajar por ese salario.

Lo aceptarían, si no hubiera impedimentos. El trabajador sin experiencia podría ganarla, el estudiante que busca unos ingresos extras, el trabajador cuya edad le impide encontrar otros trabajos, el minusválido para el que un trabajo representa algo muchísimo más importante que el dinero que va a recibir. Todos ellos, todos los que estén dispuestos a trabajar por 450 euros, podrían hacerlo.

Pero hay una ley de salario mínimo según la cual un trabajador no puede ganar menos de 600 euros. Y si el trabajador se tiene que llevar 600 euros, el coste laboral del empresario no sería de 900, sino de, como mínimo, 1100 Euros.

Eso significa que el empresario tendría que pagar más, entre salario e impuestos, de lo que el trabajador le va a producir, y por supuesto, no puede hacer eso.

Esto tiene varias consecuencias encadenadas.

  1. El empresario no puede iniciar una actividad que, quizás hubiera funcionado mal, pero quizás hubiera funcionado mejor de como él esperaba, con lo cuál ¿quién sabe la de oportunidades de negocio para él y sus proveedores, de beneficio para sus inversores y clientes y de empleo y salario para sus trabajadores que ha perdido?.
  2. Tampoco tiene la oportunidad de conocer a una serie de trabajadores, no puede saber si entre ellos había un joven prometedor, un adulto experimentado o un minusválido con tesón que podrían haberle reportado mucho más beneficio de los 1000 Euros esperados y a quien, con tal de mantener a su servicio podría haber aumentado el sueldo para que se quedaran mientras que a los menos trabajadores los hubiera ido echando de la empresa.
  3. Trabajadores a los que les hubiera venido muy bien esos 450 euros no podrán recibirlos. En su afán de protegerlos de la explotación el estado los ha condenado al paro.
  4. Un joven sin experiencia no podrá adquirirla, por lo que su productividad seguirá estando por debajo del salario mínimo sin posibilidad de incrementarla.
    Un trabajador que ronde los sesenta años que ha quedado en paro porque la edad le impide hacer determinados trabajos también deberá quedarse en casa o en un banco del parque.
    Tampoco los minusválidos podrán sentirse útiles a la sociedad ni contribuir a su propio sustento.

Supongo que hay quien dirá que el estado tiene la obligación de proteger a estos colectivos para que no sean explotados.

Es decir, para que un trabajador no sea explotado por un despiadado empresario vamos a impedir que trabaje por menos de 600 euros ¡aunque él esté dispuesto a hacerlo!

En mi opinión, y es una opinión compartida por muchos economistas aunque no admitida por los políticos, la Ley del Salario Mínimo genera paro entre los grupos de trabajadores menos productivos, los jóvenes sin experiencia, los mayores de cincuenta años sin titulación y los minusválidos.

Pero además, impide que se inicien muchos negocios de los que un porcentaje muy importante probablemente habría fracasado pero otros hubieran tenido éxito, beneficiando a empresarios, inversores, proveedores, clientes y trabajadores. En suma, a toda la sociedad.

Esto puede sorprender a muchos, pero es la verdad. Una ley de Salario Mínimo impide que puedan trabajar las personas más desfavorecidas de la sociedad, condenándolas al paro.

Perdón por la interrupción

La Ley me obliga a darte el siguiente

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