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El Despido Libre aumenta la productividad de los empleados, los beneficios de la empresa y, a medio plazo, los salarios de los trabajadores.

Creada12-06-2003
Modificada07-05-2013
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Abril2

El Despido Libre

Antiguamente las empresas contrataban trabajadores cada vez que los necesitaban y los despedían cuando dejaban de necesitarlos. Normalmente tenían una plantilla fija de trabajadores estables, y otra variable de gente que era contratada por días, semanas o temporadas, según la necesidad de la empresa. De entre los trabajadores temporales los empresarios solían escoger a los mejores y dejarlos como fijos, y si algún trabajador, temporal o fijo, no se esforzaba lo suficiente el empresario lo despedía y contrataba a otro que lo sustituyera. De esa forma los mejores trabajadores, los que más se esforzaban, eran los que se quedaban en la empresa y, según las circunstancias, podían acceder a mejores empleos o salarios.

Sabiendo esto, todos los trabajadores se esforzaban al máximo para ser tan productivos como el que más.

Esto le parecía mal a los trabajadores, por supuesto. Todos los trabajadores, cuando entran a trabajar en una empresa, quieren que la empresa no los eche. Con ese fin se constituyeron asociaciones de trabajadores que lucharon para conseguir que el empresario no pudiera despedir a los trabajadores.

De las partes en conflicto, los empresarios vieron restringida su libertad de despedir a los trabajadores cuando quisieran sin tener que justificarse ante nadie y los trabajadores vieron protegidos sus puestos de trabajo.

Pero como todas las buenas intenciones mal pensadas, esto trajo varias malas consecuencias.

La mayoría de los trabajadores son buenos trabajadores, pero hay un porcentaje de trabajadores que, si pueden, harán lo mínimo imprescindible para no perder el empleo.

Si el empresario pudiera despediría a los trabajadores menos productivos y contrataría a otros hasta que la mayoría de sus empleados sean más productivos que la media.

Pero no puede. Si un mal trabajador no incumple ninguna norma, no llega tarde, no hace nada mal, sencillamente no se esfuerza más allá de su obligación, el empresario no tiene ninguna causa justificada para echarle.

Así que se tiene que aguantar con un trabajador poco productivo.

Aún peor, los otros trabajadores lo ven, y ven que no le pasa nada, así que la tendencia natural de los trabajadores es ser tan productivos como el que menos.

Y si un trabajador trabaja más que la media, si se preocupa por aumentar su productividad, por esperar una recompensa en forma de ascenso o aumento de salario, será inmediatamente mirado con desconfianza por sus compañeros. Será tildado de pelota y marginado por sus compañeros. Al final puede ser que consiga el ascenso pero su ambiente laboral se habrá deteriorado.

La prohibición del despido libre hace que la productividad de una empresa descienda. Eso es inevitable.

Esta es la primera consecuencia, pero hay otras.

Al bajar la productividad también descienden los beneficios de la empresa, y las consecuencias más habituales son que el empresario tendrá que economizar, dejará de correr tantos riesgos como antes, dejará de reinvertir y se planteará reducir el salario a los trabajadores, acción ante la que estos reaccionarán iniciando una huelga y empeorando aún más la situación.

Desde luego, ni se planteará contratar a más empleados, corriendo el riesgo de verse aún más atado. Si antes contrataba trabajadores por unas semanas para atender las necesidades de temporada, ahora hará lo posible para no hacerlo, bien sea produciendo más antes de la temporada alta, con el consiguiente aumento del costo de almacenaje, o haciendo esperar a los clientes, con lo cual aumentará su descontento.

El resultado de estas y otras consecuencias es que la prohibición del despido libre hace a la empresa menos productiva y menos capaz de adaptarse a las siempre cambiantes necesidades de la sociedad, con lo cual acabarán peligrando tanto los empleos de los trabajadores como el negocio del empresario.

El único motivo de que estas empresas no vayan a la quiebra es que debido a la inteligencia de los políticos todas las empresas del país están en las mismas condiciones, es como si a todos los empresarios les hubieran atado a la vez un brazo y una pierna a la espalda.

Pero imaginad lo que pasaría si la mitad de las empresas del país pudieran despedir a los trabajadores sin tener que dar explicaciones ni someterse al riesgo y al gasto de graves juicios laborales, y la otra mitad de las empresas no pudieran despedir a los trabajadores.

Los trabajadores de una empresa donde hubiera despido libre se esforzarían por no ser despedidos, por ser tan productivos como el que más y generarían más beneficios a la empresa. Los trabajadores que no lo hicieran serían despedidos y sustituidos por trabajadores temporales de los que el empresario irá seleccionando los mejores para hacerlos fijos mientras se libra de los peores, obligándoles a éstos a mejorar.

Las empresas con despido libre producirían en poco tiempo mucha más riqueza, generarían muchos más beneficios y los empresarios, en su ansia infinita de beneficios, reinvertirían e innovarían más y para ello contratarían más trabajadores. Las empresas competirían por los trabajadores pagando más a los mejores y menos a los peores. El crecimiento económico que conseguiría el sector sería mucho mayor que el de las empresas donde los empleados no pueden ser despedidos, y éstas acabarían condenadas a cerrar.

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