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Prohibir el aborto provocará abortos clandestinos y graves daños físicos y psíquicos a las personas que lo practiquen

Creada12-04-2003
Modificada18-07-2014
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Junio9

El Aborto

Quizás la decisión más polémica que se pueda tratar en este aspecto. Si partimos de la idea de que todas las personas tienen derecho a decidir sobre su propia vida podemos argumentar sobre cualquiera de las decisiones tratadas anteriormente porque estamos hablando de personas adultas capaces de manifestar o haber manifestado previamente sus deseos.

Pero en el caso del aborto la situación es justo la contraria: Se intenta decidir sobre la vida de unas personas que, si se les dejara vivir el día de mañana podrían tener su propia opinión al respecto.

¿Quién puede arrogarse el derecho de decidir contra la posible opinión que esas personas podrían tener en el futuro?

No obstante, la opinión de muchas personas es que la libertad de la madre prima sobre los derechos del feto, y lo hacen argumentando que el feto nonato no tiene la cualidad de persona hasta alcanzar un desarrollo mínimo.

Esto nos lleva a una serie de posibles argumentaciones filosóficas y éticas empezando por: ¿Cuándo comienza la vida? y ¿Cuándo se empieza a ser persona?.

En mi opinión la vida empezó hace más de tres mil millones de años y desde entonces no ha dejado de crecer y formar organismos nuevos y variados sobreviviendo siempre aquellos capaces de adaptarse y reproducirse en el medio en que habitaron. Todos los seres vivos actuales son descendientes del primer organismo vivo que existió, por consiguiente, en la actualidad, podemos decir que la vida no empieza en ningún momento concreto, sino que es una mera continuación de un organismo anterior. En ese sentido un feto está tan vivo como una persona, como una célula, como un brazo o como un cultivo de bacterias.

No obstante hay que distinguir si un feto es un organismo independiente de la madre o es un apéndice de la misma.

Desde luego, un feto no es un apéndice, no es una verruga, por ejemplo. Una verruga puede iniciarse y crecer en el cuerpo de la madre, y como tal es materia viva, pero una verruga no tiene la capacidad de convertirse en una persona, y por consiguiente no existe dilema ético alguno si una persona decide extirparse una verruga.

Teniendo esto en cuenta el concepto de vida no sirve, ni se puede aplicar a la discusión sobre los posibles derechos del feto a continuar su desarrollo contra los derechos de la madre a decidir sobre su hijo nonato.

Llegando a este punto, la discusión vendrá dada por en qué momento se puede considerar que un embrión o feto puede empezar a ser considerado persona.

Para muchos, la persona existe a partir del momento inmediato de la concepción, al considerar que acaba de surgir una combinación de genes única, distinta de la del padre o de la madre pero formada por la combinación de la mitad de los genes de ambos, y con capacidad, de llegar a término el embarazo, de dar lugar a una persona consciente, única e irrepetible.

Para otros, el feto no puede ser considerado persona hasta el momento del nacimiento, y solo desde ese momento el estado es responsable de defender con leyes la vida del recién nacido.

Para el resto, en fin, la aparición de la persona se produce en algún momento indeterminado entre la concepción y el nacimiento, discutiéndose entonces si ese momento es aquél en que empiezan a aparecer las neuronas, cuando el feto ya tiene capacidad de sobrevivir fuera del cuerpo de la madre, los tres meses, la mitad del embarazo, etc.

Los partidarios de una u otra opción han discutido hasta la extenuación defendiendo cada uno su postura, sin que ninguna de esas discusiones haya servido para aclarar las cosas definitivamente. Extendernos en esta discusión llevaría a escribir cientos de libros y ni aún así se podría encontrar un argumento incontrovertible que convenciera a todos de la certeza de una de las posturas.

Porque no se trata de ningún argumento científico, sino filosófico y ético, y por tanto dependerá de la sociedad y de las reglas de convivencia en las que se viva.

El Aborto en la Historia

La sociedad ha cambiado mucho desde los tiempos en los que vivíamos en tribus y las reglas éticas y morales también han cambiado a lo largo de la historia. En tiempos antiguos había civilizaciones que hacían sacrificios humanos, llegando a sacrificar bebés en altares o en holocaustos de fuego con el fin de apaciguar a los dioses. Esto, que hoy en día nos parece una barbaridad y un signo de salvajismo, fue considerado en su tiempo como un deber social y religioso, tanto que en muchos casos los padres llevaban a sus hijos al sacrificio con alegría, e incluso cuando se sacrificaban niños de mayor edad estos iban alegres hacia la pira funeraria. Incluso en civilizaciones tan antiguas como la hindú, los sacrificios humanos han existido incluso hasta muy recientemente.

También había culturas donde la lucha por la supervivencia era tan dura que cuando faltaba el alimento eran sacrificados los bebés más débiles, prefiriendo aumentar las probabilidades de supervivencia de un hijo sano que repartir el escaso alimento entre más hijos. Esto ha ocurrido hasta hace pocas décadas entre los pueblos esquimales, pero ¿se sorprendería alguien si le dijera que en algunas zonas de África sigue ocurriendo aún en pleno siglo XXI?

Aborto por Necesidad

Las circunstancias obligan a veces a tomar decisiones que implican la pérdida de vidas humanas a cambio de aumentar las probabilidades de salvar a otras. Es una decisión dura y nadie que no haya pasado por ello está en disposición de criticar a la persona que se vea obligada a tomar una decisión de ese tipo.

Hay ocasiones en que un embarazo puede suponer un riesgo para la madre. En esos casos no creo que quepan muchas dudas de que si hay que elegir entre una vida y otra es preferible sacrificar la vida del nonato antes que la vida de la madre.

Nadie con un mínimo de decencia podría obligar a una persona, mujer, madre y esposa que pierda la vida, deje huérfanos a sus hijos y viudo a su marido por intentar salvar la vida de un hijo.

Pero tampoco se le debería prohibir.

Es la madre, informada de los peligros y riesgos de cada una de las opciones que tiene que asumir, la única que tiene derecho a decidir en un caso como este.

Aborto por Conveniencia

No obstante, en ocasiones la decisión ética no es tan fácil. Por desgracia, la mayoría de los casos de aborto que se producen hoy en día contraponen la vida del feto por la "conveniencia" de la madre de no tener hijos en este momento, pudiendo ser porque no desea tener hijos hasta años más tarde o porque definitivamente ya no quiere tener más hijos de los que ha tenido hasta el momento.

Podrán argüirse mil argumentos distintos, pero muchas veces se tratará de eso, la conveniencia de la madre, que puede ver frustrada una carrera universitaria o laboral, que ya tiene varios hijos y no desea tener más o cualquier otra circunstancia. En estos casos, la diferencia de opiniones es bastante acusada.

Los partidarios del aborto abogan por que prime la libertad de la madre sobre la vida del feto, mientras que los antiabortistas opinan que un aborto es un asesinato y que la madre debe asumir las consecuencias de sus actos.

¿Qué actitud debe tomar el estado en estos casos?. ¿Debe prohibir el aborto en cualquier caso que no ponga en riesgo la vida de la madre?. ¿Debe prohibirlo aún en dichos casos?. O quizás ¿debe permitirlo en cualquier caso?. ¿O limitar esa posibilidad a una serie de supuestos predeterminados?

Sea cual sea la determinación que se tome siempre habrá personas que consideren que se está cometiendo un crimen, sea contra la vida del niño o contra la libertad de la madre.

Si la división de opiniones fuese mayoritariamente favorable a una de las dos posturas, el estado podría verse respaldado para imponer una norma a los pocos que no estuvieran de acuerdo con ella.

En mi opinión

Antes de tomar una decisión el Estado debería consultar a los ciudadanos. Informar a todos sobre las consecuencias de liberar o prohibir el aborto y someter la decisión a un referéndum.

La decisión sería entre dos opciones:

  1. Prohibir el aborto salvo en los casos en que haya riesgo médico para la madre.
  2. No prohibir el aborto, dejando libertad a la madre para decidir sobre su embarazo.

Sin embargo, ni aún así la situación es la misma se tome la decisión que se tome.

Si mayoritariamente se decide que es más importante la libertad de elección de la madre que la vida del niño, entonces se pondrán los medios para que quien quiera abortar lo haga en las condiciones más seguras para la vida de la madre, pero las madres que consideren que el aborto es un crimen no estarán obligadas a abortar.

Y si mayoritariamente se decide que es más importante la vida del niño que la libertad de elección de la madre, entonces el aborto se prohibirá y a cambio el estado deberá facilitar que las mujeres que no quieran tener un hijo pasen por el trance del embarazo con las menos dificultades posibles haciendo entrega de los niños nacidos a instituciones públicas o privadas que gestionen su adopción por las personas que, sin poder tener hijos propios, quieran adoptarlos.

Pero el aborto no se erradicará, se seguirá practicando de forma clandestina. Los abortos se seguirán produciendo, en menor proporción por el miedo a ser descubiertos, pero en unas condiciones clandestinas y muy precarias por las que se producirá la muerte y la desgracia de muchas mujeres que se sometan a un aborto.

En mi opinión, cuando las consecuencias de prohibir son peores que el mal que se pretende evitar, es preferible que el estado no prohíba el aborto. Dejar que sean las madres afectadas las que tomen la decisión según sus circunstancias y creencias éticas. Y si hay personas que siguen considerando que el aborto se debe evitar, tienen la opción de crear asociaciones que intenten convencer a las madres que van a abortar para que no lo hagan, pero convencerlas sin coacciones, por ejemplo, ofreciéndoles la posibilidad de tener sus hijos para darlos en adopción o darles apoyo y ayuda para superar las graves consecuencias que pueda tener una decisión que puede afectar al resto de su vida.

Personalmente, yo sometería el aborto a un referéndum, y en él votaría por que el estado no legisle, que sea la madre quien decida, pero si la sociedad, mayoritariamente, elige la otra opción, aceptaría la decisión mayoritaria de la sociedad, esperando que se faciliten los medios para que el daño a las personas afectadas sea el menor posible.

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