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La Vida Laboral, desde la Infancia hasta la Jubilación

Creada13-02-2007
Modificada07-05-2013
Total Visitas193
Diciembre3

Derecho a la Jubilación

Todas las personas pasamos a lo largo de nuestra vida por tres etapas diferentes.

La primera parte de nuestra vida es la infancia. En ella no trabajamos, solo adquirimos conocimientos y capacidades más o menos necesarias, más o menos acordes con nuestros gustos y preferencias para afrontar la siguiente etapa.

La segunda parte de nuestra vida es la laboral. En ella debemos buscar un trabajo que satisfaga nuestras necesidades de subsistencia y que a ser posible esté de acuerdo con nuestros gustos y preferencias.

Pero llega un momento en que la edad nos impedirá seguir ejerciendo determinados trabajos y si ya no podemos ejercer el trabajo que hemos realizado a lo largo de nuestra vida perderemos la capacidad de trabajar y de recibir ingresos con los que subsistir iniciando así la tercera etapa de nuestra vida.

La Jubilación

Esta tercera etapa la podremos afrontar de dos formas.

Podemos prepararnos para ella, ahorrando durante nuestra vida laboral.

O podemos no prepararnos y, cuando ya no podamos seguir trabajando depender de la ayuda de nuestros familiares o de la caridad de los desconocidos.

Depender de los demás es humillante, y aunque han habido épocas a lo largo de la historia en que era moneda corriente que los ancianos dependieran de los hijos o tuvieran que asilarse en instituciones de caridad, lo deseable es siempre la primera opción: Ahorrar mientras podamos para llevar nuestra vejez con dignidad y sin depender de nadie.

La mejor forma de ahorrar depende de las posibilidades de cada uno, y hay varias formas de hacerlo, pero por desgracia, a lo largo de la historia, han habido muchas épocas en las que a la mayoría de las personas no les ha sido posible ahorrar, quedando entonces condenadas a depender de parientes o de la caridad. Aún hoy en día es bastante frecuente que de nuestro salario no podamos dedicar una parte para guardar para nuestra jubilación.

Gracias a las políticas sociales de algunos gobiernos, en algunos países se han establecido sistemas de pensiones que permitan que los ancianos no queden desasistidos, pero esto, que en principio era un bien, ha resultado tener unos inconvenientes mayores que las ventajas que se deseaban.

El problema está en la forma en que se administran esas pensiones.

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