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La Expedición Balmis, que extendió la Vacuna contra la Viruela por todo el mundo, salvando millones de vidas

Creada04-02-2020
Modificada04-02-2020
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Julio5

La Expedición Balmis
La Vacuna contra la Viruela

Moza tan fermosa non vi en la frontera
como una vaquera de la Finojosa.

Marqués de Santillana, 1398-1458

Durante siglos, la Viruela fue una enfermedad endémica de Europa. Casi toda la población la acababa padeciendo. Siglos atrás causaba gran mortandad, pero los europeos fuimos adaptándonos, adquiriendo anticuerpos, y la mortandad iba siendo cada vez menor aunque aún era importante.

Y tras la curación dejaba secuelas. Todos los que pasaban la viruela acababan a menudo sin pestañas, con el rostro cubierto de granos y agujeros, cicatrices de las pústulas que se les abrieron y supuraron durante lo más grave de su enfermedad.

Casi toda la población de Europa, en aquella época, había pasado la viruela y mostraba en el rostro las cicatrices que lo atestiguaban.

Menos las vaqueras.

La Enfermedad Vacuna

El médico rural Edward Jenner observó que las personas que trabajaban en granjas vacunas no padecían la viruela. Indagó entre los vaqueros de su tierra y descubrió que casi todos habían padecido una enfermedad llamada Vacuna, por ser transmitida por las vacas.

De alguna manera aún desconocida, los que pasaban la vacuna quedaban inmunizados contra la viruela.

En 1796 Jenner tomó muestras linfáticas de una joven vaquera que estaba pasando la vacuna e inoculó las muestras en un niño sano. Después de pasar la enfermedad vacuna y curarse, lo expuso al virus de la viruela. Al comprobar que el niño no enfermaba, que había quedado inmunizado contra la viruela, mandó un informe a la Royal Society de Londres. La Royal Society no consideró el informe de interés, y no lo publicó, pero varios médicos lo leyeron y algunos probaron a realizar inoculaciones de vacuna.

Hoy en día, a Jenner lo hubieran metido en la cárcel y quitado la licencia por tales prácticas, pero en aquella época las cosas eran diferentes, y no debemos juzgar hechos del pasado con valores y leyes del presente.

En realidad, parece que la práctica de la inoculación ya la realizaban casi un siglo antes los médicos de forma habitual en Turquía. Sólo que no lo hacían con la enfermedad de la vacuna, sino con una cepa de la viruela más debilitada.

Un médico griego informó de ello a la Royal Society en 1714. Y la inglesa Lady Mary Wortley Montagu, víctima de la viruela, y que había perdido un hermano por la enfermedad, al viajar a Turquía en 1717, conoció esta práctica, y estando empeñada en acabar con esta terrible enfermedad, la promovió, la practicó en sus hijos y la difundió entre sus conocidos.

Varios médicos ingleses hicieron pruebas y experimentos con virus debilitados de la viruela, pero el mérito de Jenner fue descubrir una enfermedad mucho más benigna pero tan parecida a la viruela que quien pasara la vacuna quedaría inmunizado contra la viruela.

El Ciclo de la Vacuna

El rey de España, Carlos IV, había perdido un hijo debido a la viruela. Empeñado en luchar contra tan nefasta enfermedad, promovió una campaña de vacunaciones en los pueblos de España. Al saberlo, varias autoridades de Nueva España solicitaron que, si era posible, se extendiera la campaña de vacunación en ultramar.

Francisco Javier Balmis, la Expedición de la VacunaCarlos IV encomendó a su médico personal, el doctor Francisco Javier Balmis, la misión de enviar la vacuna a América.

Con el apoyo del rey, el doctor Balmis reunió un equipo de médicos que estudiaron cuál debía ser la forma de conseguirlo.

Para aplicar la vacuna a una persona sana hacía falta una persona enferma, así que había que llevar a enfermos de vacuna a diversos pueblos vecinos y, extrayéndoles muestras, inocular a los vecinos del lugar.

Pero el viaje a América duraba de dos a tres meses, ningún enfermo de vacuna inoculado en España llegaría a América con la enfermedad aún en su cuerpo.

La solución era que la vacuna se mantuviera viva pasándola de unas personas a otras. Había que coger unas veinte personas, inocular a dos de ellas y mantenerlas separadas de los sanos, para evitar contagios indeseados. Cuando la enfermedad empezara a remitir había que cogerles muestras e inocular a otras dos personas sanas, trasladándolas a la zona donde estaban los enfermos y los ya curados.

Repitiendo este ciclo el virus podría sobrevivir a un viaje de varios meses de duración.

Preparativos de la Expedición

Los trabajos preparatorios de la expedición fueron exhaustivos. En aquella época se pagaban muchos menos impuestos y el rey Carlos IV no podía disponer de dinero y créditos con tanta facilidad como los políticos actuales, por lo que hizo una importante donación y promovió en la corte una campaña filantrópica, lo que hoy sería crowdfunding, para recaudar el resto del dinero con el que financiar la expedición.

Meses antes de la expedición se enviaron cartas a las autoridades de todas las ciudades importantes en las que se fuera a hacer escala, a todos los obispos e iglesias importantes y a las misiones dándoles instrucciones de tener dispuestos en las fechas previstas de llegada, grupos de niños de distintos pueblos que no hubiesen pasado la viruela.

Entre esas instrucciones estaba también la de copiar el mensaje y transmitirlo a las misiones e iglesias de las aldeas más recónditas y alejadas. Posiblemente se trate del primer mensaje viral de la historia. Viral en más de un sentido.

Y Balmis editó un pequeño libro, un manual donde se explicaba con claridad cómo debían ser tratados los pacientes, cómo extraerles las muestras linfáticas y cómo inocularlas a otras personas. En el mismo manual se daban una serie de instrucciones para recopilar información científica de importancia, como las enfermedades propias de la región, sus síntomas, tratamiento y mortalidad, así como otras observaciones botánicas y antropológicas que no tenían que ver con la salud pero que podían aportar gran cantidad de conocimientos científicos y culturales.

Se publicaron varios miles de ejemplares que se embarcaron para ser repartidos en su destino.

La Expedición de la Vacuna

El María Pita zarpando de la CoruñaEl 30 de Noviembre de 1803 partió del puerto de la Coruña la corbeta María Pita.

En su interior viajaban 22 niños huérfanos de la Casa de Expósitos de la Coruña, junto con la directora del centro, Isabel Zendal Gómez, que se encargaba de su cuidado. Se inoculó a dos de los niños y se les mantuvo en una zona aparte de los demás.

Cuando la enfermedad empezaba a remitir se les sacaban muestras linfáticas y se inoculaban a dos niños sanos que eran trasladados a esa zona aislada.

Al hacer escala en Canarias, se inoculó la vacuna en varios niños que ya estaban preparados, esperando en el puerto. Después se devolvieron a sus pueblos e islas de procedencia y en cuanto aparecían los síntomas, los médicos y enfermeros instruidos por los libros de Balmis extraían las muestras con las que inocular a los demás niños del pueblo, así como a los adultos que no hubiesen pasado la viruela. Y los recién inoculados podían servir también como fuente de vacunación en las más perdidas y recónditas aldeas.

Lo mismo hicieron a su llegada a Puerto Rico y Venezuela donde esperaban varias decenas de niños. Allí la expedición se separó en dos misiones: Una viajó hacia Perú, extendiendo la vacuna hasta Chile y la Patagonia. La otra volvió a embarcar para viajar a Yucatán y Méjico.

Allá donde fueran, las cartas enviadas meses antes a las autoridades civiles y religiosas hacía que ya les estuvieran esperando grupos de niños que tras ser vacunados se convertirían en fuente de vacunas para los habitantes de las más alejadas poblaciones.

Balmis vacunó personalmente a cientos de niños. Una vez retornados a sus respectivas ciudades, al presentar los primeros síntomas, el médico, la comadrona o el fraile ya instruidos, inoculaban a otras docenas de niños de pueblos vecinos. Y estos a otros. En un proceso viral, el mismo que utilizan los virus para extenderse, la vacuna fue inoculada a más de 20 millones de personas en América.

También hubo resistencia y desconfianza en algunos sitios, no sólo en pueblos, sino incluso en palacios. El virrey de Méjico se resistió bastante a que inocularan a sus hijos. Pero en general la mayoría de la población, convencida por los monjes y sacerdotes en las misiones, iglesias y escuelas, aceptó con agrado la vacunación.

La vacuna se extendió por toda Nueva España, que en aquella época comprendía también los territorios de Tejas hasta Oregón, incluyendo Colorado, Nevada, California y Utah, con importantes ciudades como San Antonio, el Paso, Las Vegas, Sonora, San José, San Diego, Los Ángeles, Sacramento y San Francisco. Y desde ellas hasta las más pequeñas aldeas del interior.

Tras atravesar el continente, Balmis llegó a Acapulco, donde embarcó en otro barco, el Magallanes, y cruzó el Pacífico hasta Filipinas, Macao y Cantón.

Y tras cruzar el océano Índico y rodear África, hizo escala en la isla inglesa de Santa Elena. A pesar de que en ese momento España estaba en guerra con Inglaterra, allí realizó las últimas inoculaciones de su viaje.

Un mes más tarde, en Julio de 1806, llegó al puerto de Lisboa y de allí a Madrid.

Fue, sin duda, la Gesta Humanitaria más noble y grandiosa de toda la historia de la Humanidad.

Más Información: La Expedición de la Vacuna, En el Nombre de los Niños, XLSemanal, Librería Científica On Line.

22 de Marzo de 2020: En plena expansión de la pandemia de El Coronavirus COVID-19, el Ministerio de Defensa de España ha puesto el nombre de Operación Balmis al dispositivo para luchar contra la propagación del coronavirus. El colaborador de Libertad Digital, Pedro Fernández Barbadillo, explica el motivo en el artículo: Balmis. El Elcano de los médicos, donde explica esta misma historia añadiendo información adicional.

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