Ciencia y Futuro

Bienvenidos a MasLibertad

Torrejón de Ardoz

Areas de Ciencias

Ciencia y Futuro

Los Orígenes de Todo

Vida y Evolución

El Cambio Climático de la Tierra

Física y Relatividad

La Energía

La Crisis Energética

Usos de la Energía

Orígenes de la Energía

La Electricidad

El Motor de las Dinamos

La Energía Nuclear

Una Oportunidad para el Cambio

La Energía Nuclear y el Accidente de Chernobil

Ciudades en el Espacio

Teoría de La Gran Onda y el Omniverso

Lansi: Idioma Universal

Vida Natural

Utilidades y Herramientas

Documentales y Libros

Áreas de Religión

Economía y Política

La Última Página

Datos de Usuario

AnónimoEntrar
IP3.88.156.58

Datos de Pagina

La energía más limpia y más peligrosa.

Creada30-01-2008
Modificada26-05-2015
Total Visitas305
Mayo3

La Energía Nuclear

Concluyamos con la última y más polémica fuente energética.

A pesar de lo mucho que se habla de ella, lo cierto es que es bastante desconocida.

Intentemos conocerla un poco.

El material radiactivo, de forma espontánea y natural, produce calor. Como los materiales radiactivos se encuentran repartidos en la naturaleza, no solemos encontrar "puntos calientes", pero podemos procesar mil toneladas de material extraído de una mina y tras un proceso de refinado conseguir unos cuantos kilos (más bien unos cuantos gramos) de material radiactivo concentrado.

Reactor Nuclear

Una vez conseguida cierta cantidad de material radiactivo se fabrican barras (como lápices) y se colocan en un contenedor que está, previamente relleno de una sustancia que actúa como moderador. El tamaño de las barras y la distancia a la que se deben situar entre sí, dentro del reactor, están perfectamente calculadas para que la temperatura del reactor permanezca a una temperatura segura, y entre las barras radiactivas se colocan otras que actuarán como moderador de la reacción. Esta disposición de barras se mantendrá estable a una determinada temperatura. Si ahora queremos que el sistema genere más calor, solo tenemos que sacar una o varias barras de control.

Todo el bloque del reactor está conectado térmicamente con un depósito de agua. La conexión puede ser directa, estando el reactor dentro de una piscina, o indirecta, calentándose un fluido que llegue a, por ejemplo, 300º y que luego pase por tuberías dentro de un depósito de agua llevándola a ebullición.

En cualquier caso el agua se calienta, se produce vapor en grandes cantidades y esto hace girar unas turbinas que generan electricidad.

Si queremos producir más o menos electricidad, para adaptarnos a las fluctuaciones de la demanda, solo tenemos que jugar con las barras de control que actúan de moderador radiactivo.

Esta es una forma bastante limpia y económica de calentar agua para mover una turbina y generar electricidad.

Limpia: No genera emisiones de CO2, ni humos contaminantes de ningún tipo.

Económica: cuesta un 30% menos que el carbón y un 40% menos que el gas.

En realidad podría costar muchísimo menos, hasta cien veces menos que la energía hidroeléctrica, pero...

Ahora vienen los inconvenientes.

  • Si se junta una gran cantidad de material radiactivo en un volumen pequeño, podría producirse una explosión atómica. En realidad, aunque normalmente nos referimos a la "masa crítica", no se trata exactamente de una cantidad de masa determinada, sino una "densidad crítica". Una explosión nuclear se producirá si metemos cinco kilos de uranio en el volumen de un vaso de agua, o (por ejemplo) 100 Kg en un metro cúbico, o 1.000 Kg en una habitación más o menos pequeña.
    Para evitar este peligro, el material radiactivo nunca se suministra en cantidades suficientes para que se forme una densidad crítica.
  • Por otro lado, aunque no se llegue a la densidad crítica, si por accidente quitamos todas las barras del moderador la temperatura del reactor subiría tanto que podría fundirse.
    Para evitar que ocurra esto, las barras de material radiactivo de las centrales más modernas ya vienen mezcladas con su propio material moderador, de forma que aunque se quitasen todas las barras de control la temperatura no alcanzaría el punto de fusión de ninguno de sus componentes.

El mismo proceso que genera calor, también emite radiaciones y partículas ionizantes. Esto son balas del tamaño de átomos que pueden atravesar nuestros cuerpos sin que las notemos, pero destruyendo a su paso cualquier molécula con la que choquen dentro de las células de nuestro cuerpo.

La Tierra, de forma natural, emite una cierta cantidad de radiación, cantidad muy reducida pero suficiente para que el cuerpo de cualquiera de nosotros, al cabo del año, sea atravesado por varios millones de esas 'balas'. Aunque esta radiación natural causa daños en nuestro cuerpo, este daño es casi insignificante, y con suerte podemos vivir ochenta años sin que se llegue a causar ningún daño significativo. Si sufrimos una exposición radiactiva unas cien veces mayor que la radiación natural, aún más o menos pequeña, no notaremos nada, solamente aumentarán nuestras probabilidades de desarrollar un cáncer en los próximos veinte años, pero lo mismo morimos de viejos antes de que se desarrolle. Si la radiación es mayor, podríamos desarrollar cáncer y tumores en pocos años. No llegaríamos a viejos. Si es aún mayor, el daño en nuestros tejidos puede enfermarnos y provocarnos una dolorosa agonía hasta nuestra muerte, unas pocas semanas o meses más tarde. Y si la radiación supera aún estos niveles, moriríamos en unos minutos.

Para evitar este peligro se siguen unos protocolos de seguridad sumamente caros o se desarrollan reactores que puedan producir la cantidad de calor necesaria con menos radiación. Además, se procura que el material radiactivo nunca entre en contacto con la atmósfera y cuando los residuos ya no generan suficiente calor para ser útiles, como aún siguen siendo bastante peligrosos, se procede a su almacenamiento en las condiciones más seguras posibles.

Todas estas medidas de seguridad encarecen enormemente el funcionamiento de una central nuclear, pero son necesarias, y aún con todo este sobrecosto, sigue siendo la mitad de caro que las otras fuentes de calor para la producción de vapor.

Ni que decir tiene que hay bastantes más problemas, pero a lo largo de más de cincuenta años de explotación de centrales nucleares se ha estudiado e investigado para mejorar la seguridad y minimizar el riesgo y aunque no se han eliminado por completo todos los peligros, hay que reconocer una cosa: A pesar de sus evidentes riesgos, la energía nuclear es una de las que menos muertes ha provocado en sus más de 50 años de funcionamiento.

En toda la historia de las centrales atómicas que se han construido en el mundo sólo se ha producido, que se sepa, una explosión catastrófica en un reactor atómico, la de Chernobyl, en el que murieron 31 personas, varias decenas más murieron en los siguientes años por enfermedades relacionadas con la radiación, y casi un cuarto de millón de personas hubieron de ser evacuadas de las tierras contaminadas.

Tomemos en cambio las muertes producidas en accidentes de la minería del carbón: 7.000 al año, más de 300.000 en los últimos cincuenta años. Y no cuento las provocadas por enfermedades pulmonares causadas por la contaminación del carbón ni el daño ecológico que le hace al medio ambiente.

Parece que hay una diferencia abismal ¿no?

Pero observemos un detalle, cada vez que se conoce un incidente en una central nuclear, es noticia durante días en los medios de comunicación, se hacen declaraciones políticas contra las centrales, manifestaciones y protestas pidiendo su cierre.

Cuando explota una mina matando a trescientos mineros, la noticia quizás se publique en algunos medios, no en todos. Se hablará de la tragedia durante las noticias de la tarde, pero al día siguiente casi nadie se acordará de ella. Los políticos no la mencionarán en sus discursos, las organizaciones ecologistas no convocarán manifestaciones, y, accidente tras accidente, olvido tras olvido, nadie se dará cuenta de que al cabo de un año han muerto 7.000 personas en las minas de carbón.

Realmente, si comparamos los menos de 100 muertos provocados por la energía nuclear en toda su historia con los 7.000 muertos AL AÑO que se producen en la extracción del carbón, solo nos queda llegar a la conclusión de que la energía del carbón es más, mucho más peligrosa y contaminante que la nuclear.

Entonces, ¿por qué se da tanta importancia en los medios de comunicación a los riesgos de la energía nuclear y no llegamos a enterarnos de que en los últimos 50 años han muerto más de trescientas mil personas en accidentes relacionados con la extracción del carbón?.

Quizás porque un accidente en una mina solo va a afectar a los mineros y un accidente nuclear podría afectar a cualquiera, incluso a nosotros.

¿No es un poco egoísta?.

¿Preferimos que mueran 7000 personas al año, mientras el riesgo sea sólo para unos pobres mineros que a nadie importan, a que mueran cien personas cada cincuenta años, si somos nosotros los que corremos peligro?.

Me gustaría que no fuese esa la explicación, pero en cualquier caso, el riesgo de que se produzca un accidente en una central nuclear asusta tanto que los sistemas de control y salvaguardia de las centrales nucleares son los más seguros del mundo (salvo la tecnología espacial). Y conforme avanza la tecnología, la seguridad de las centrales nucleares es cada vez mayor.

No quisiera dar información errónea, por eso expongo esta información, que leí hace bastante tiempo, con una cierta reserva, a la espera de poder confirmarla.

Cuando los americanos terminaron la II Guerra Mundial, se propusieron construir centrales nucleares para abastecer de energía el país. Los primeros diseños que habían hecho los ingenieros permitirían construir centrales con bastante rapidez, pero ya en los planos se preveía que tendrían dos problemas bastante graves, uno de seguridad y otro de residuos. El problema de seguridad era que, si se producía un error simultáneo en dos sistemas de control del reactor, se podría llegar a producir la fusión del núcleo, provocando una explosión, no atómica, pero sí que esparciría numerosos escombros y polvo radiactivos contaminando los alrededores.
Por otro lado, en este tipo de centrales se generarían muchos residuos nucleares.

Tampoco creáis que lo pensaron mucho. Los militares encargaron la construcción de seis centrales nucleares, en desiertos alejados de poblaciones, las pusieron a trabajar y, mientras lo hacían, los ingenieros comprobaron los errores de las primeras centrales y diseñaron la segunda generación de centrales.

Los militares, mientras tanto, cogieron todos los residuos nucleares que pudieron pillar y los colocaron en 80.000 cabezas nucleares que repartieron por silos y arsenales de todo el país y parte del extranjero.

Cuando los ingenieros tuvieron lista la segunda generación de centrales, mucho más seguras y menos contaminantes, desmantelaron cinco de las seis primeras que habían construido y dejaron sólo una para reponer las bombas y cabezas nucleares que se fueran gastando. Creo que alguna de las que cerraron la usan ahora de museo.

Mientras tanto, los Rusos, no sabemos si con diseño propio o con la colaboración de algún espía, hicieron un diseño calcado de una central americana de primera generación. Y como ellos también querían alimentar sus cabezas nucleares encargaron la construcción de varias centrales. Y como confiaban en sus expertos ingenieros las construyeron cerca de las ciudades a las que debían abastecer de energía.
Todas las centrales atómicas que construyeron los rusos en aquellos años, fueron de la primera generación, mucho más peligrosas y contaminantes, mientras que los americanos, no solo habían abandonado ya la primera generación de centrales nucleares, sino que estaban diseñando la tercera.

Cuando estalló Chernobyl, estalló una central nuclear de la primera generación, con un sistema de seguridad bastante deficiente y que había sufrido los efectos de un mal mantenimiento durante muchos años, causando 31 muertos en el momento del accidente y varias decenas en los años siguientes, y debiendo desplazar a cientos de miles de personas de las tierras que habían quedado contaminadas.

Ese accidente ¿se podría haber producido en una central de segunda generación?.

No lo sé. El accidente más grave que se ha producido en una central de segunda generación fue el de la Isla de las Tres Millas y creo recordar que no se produjeron víctimas.

En cambio, una central de tercera generación es imposible que estalle, salvo que un terrorista le ponga una bomba debajo, e incluso entonces el daño que provocaría la radiactividad del reactor al medio ambiente sería muy, muy inferior al de Chernobyl.

Por todo ello, me atrevería a decir que las centrales nucleares de tercera generación son tan seguras que no hay ningún motivo lógico para temer un accidente nuclear.

Además de más seguras, también son más limpias. No solo por que no haya emisiones de humos ni de CO2, sino porque incluso la radiactividad del combustible está totalmente aislada del exterior.

Puede parecer increíble, pero se ha encontrado más radiactividad en el ambiente y el entorno laboral de los trabajadores de una central de carbón (aparte de muchos otros venenos y contaminantes) que en el entorno de trabajo de una central nuclear.

¿Cómo es esto posible?. Porque los sistemas de control y filtros de aire son tan eficientes que incluso filtran la radiactividad natural del terreno. En un círculo de un Km alrededor de una central nuclear hay menos radiactividad en el aire y en el terreno que en otro círculo del mismo tamaño alrededor de una central de carbón. Aparte del hollín, el humo, el CO2, y otras muchas sustancias contaminantes.

Además, en una central de carbón la contaminación es habitual e inevitable, forma parte del proceso de producción eléctrica. En una central nuclear la contaminación sería un accidente, algo que ocurre de forma muy infrecuente y con efectos muy limitados por controles de seguridad muy precisos y completos.

Si una central de carbón funciona 6.000 horas al año, estará contaminando 6.000 horas al año.

Si una central nuclear funciona 8.000 horas al año, lo habitual es que no tengan ninguna fuga, y en caso de accidente, que se producen, evidentemente, la fuga puede durar unos minutos u horas, y perderse una cantidad de radiación que puede poner en peligro las vidas de... ¿cuántas personas?.
Bien, preguntémonos seriamente, ¿cuántas personas han muerto en cincuenta años a consecuencia de fugas de radiación en centrales nucleares?.

Bien, cuando tengáis la respuesta preguntaos también: 

¿Cuántas personas han muerto en cincuenta años a consecuencia de accidentes en centrales de carbón?.

¿Cuantas han muerto por enfermedades pulmonares provocadas por la contaminación del carbón?.

Estoy seguro de que si lo pensáis bien no os llevareis ninguna sorpresa.


Por desgracia, a la Energía Nuclear aún le queda resolver el grave problema de los residuos nucleares.

Este no es ya un problema tan grande como en las primeras generaciones de centrales, de hecho, los residuos nucleares producidos en un año en una central de primera generación hubieran necesitado varios camiones para evacuarlos (que era justo lo que querían los militares). A una central de segunda generación le bastaría con algo más de un camión al año, y a una central de tercera, le bastarían con varios bidones.

Ya no es un problema tan grande, pero sigue siendo un problema grave. ¿Qué hacer con los residuos nucleares?.

Los defensores de la Energía Nuclear ofrecen diversas soluciones, que casi siempre pasan por meter los residuos en bidones recubiertos de plomo y cemento y enterrarlos a varios kilómetros bajo tierra o incluso bajo el fondo marino.

Un defensor de la energía nuclear incluso ha ofrecido su propio terreno para enterrar los residuos de un año de una central nuclear en un pozo a unos 100 metros de profundidad bajo su jardín.

Pero algunos residuos nucleares tardan miles de años en reducir su radiactividad. ¿Quién puede garantizar la integridad de un depósito subterráneo durante miles de años?. En cualquier momento un terremoto, una erupción volcánica, la misma corrosión de los metales, agravada por la radiactividad que intentan contener, todo ello hará que en cualquier momento un depósito de residuos nucleares pueda perder su integridad y derramarse en la naturaleza. Y sus efectos para el medio ambiente podrían ser catastróficos.

Es casi seguro que los residuos nucleares no representarán un riesgo para los que en este momento podamos aprovecharnos de la energía nuclear, pero el riesgo para la naturaleza y para las próximas generaciones es demasiado grande. ¿por qué tenemos que asumir ese riesgo?

Es más, ¿qué derecho tenemos a asumir un riesgo que va a afectar a nuestros descendientes?. ¿Podemos apostar la salud, el bienestar y la vida de nuestros nietos? ¿Es ético que pongamos en peligro el futuro de nuestros descendientes a cambio de ocultar bajo el sótano las pruebas de nuestro delito?

No, el problema de los residuos nucleares debemos resolverlo nosotros, no dejárselo a nuestros descendientes. Mientras no lo hagamos no tendremos derecho a arriesgar la salud de la naturaleza y de nuestras futuras generaciones.

Una Posible Solución para los Residuos Nucleares

Permitidme una sugerencia.

Hay una forma en que nos podemos deshacer de los residuos nucleares.

Lanzarlos al espacio en forma de polvo.

Supongo que quienes no conozcan el funcionamiento del Sistema Solar y del Viento Solar podrían temer que la radiactividad vuelva a caer sobre nuestras cabezas, pero es un temor infundado.

Permitid primero que explique qué es y cómo funciona el Viento Solar.

El viento solar es un conjunto de partículas, átomos y moléculas ligeras procedentes de las capas altas de la atmósfera del Sol que son empujadas por la presión de la radiación solar. Recordad que el Sol es una gigantesca explosión termonuclear, una colosal bomba H en la que átomos de Hidrógeno se fusionan para formar átomos de Helio. Debido a esta violenta reacción, el Sol emite radiaciones en todas direcciones con una intensidad tan grande que los átomos ligeros de las capas altas de la atmósfera solar son, literalmente, empujados hacia el exterior. Es como si la atmósfera solar se derramara por el espacio.

Conforme se aleja del Sol, la velocidad de las partículas arrastradas por el viento Solar se va reduciendo y al llegar a la altura de la Tierra es solo de unos 300 Km/s. Su presión es muy débil, por lo que un satélite o un tornillo no serían afectados, pero aquí interviene una curiosa característica física de la materia. Cuando un objeto reduce su longitud a la mitad, conservando todas sus demás proporciones, sus superficies se reducen a la cuarta parte, pero su volumen, y por tanto su masa, se reducen a la octava. Si la longitud fuera diez veces menor, la superficie será CIEN veces menor y la masa sería MIL veces menor. En general, las superficies se reducen en proporción al cuadrado de la longitud y los volúmenes y masas al cubo de la longitud.

La inercia de un objeto depende de su masa o volumen, y la presión lumínica depende de la superficie que sufre dicha presión, por consiguiente, al llegar a un tamaño suficientemente pequeño, la presión lumínica es mayor que la inercia de un objeto y será desviado por el viento solar en dirección opuesta al Sol.

Esto mismo se puede comprobar fácilmente colocando una serie de objetos de la misma densidad pero distintos tamaños en el techo de un coche que vaya acelerando. Aunque todos los objetos tengan la misma forma y densidad, los más pequeños caerán antes que los mayores.

Es decir, un objeto del tamaño de un satélite apenas será desviado por el viento solar, pero una tuerca sí puede sufrir una desviación, pequeña pero significativa, y una limadura del mismo material del tamaño de un grano de arena sí será desviada y empujada hacia el exterior del Sistema Solar.

Imaginad esta misma imagen ...  pero en tres dimensiones.De esa forma es como el Viento Solar va arrastrando átomos y polvo hacia el exterior del Sistema Solar, pero al acercarse a otras estrellas choca con el viento solar de las estrellas vecinas y el polvo y las moléculas que arrastra quedan atrapadas en una membrana entre las estrellas, una membrana que rodea todas las estrellas y sirve de frontera entre elllas.

Es como si cada estrella estuviera en el centro de una burbuja de forma irregular y tamaño variable que dependerá de la intensidad de la radiación de cada estrella y de la distribución estelar. Allí se van acumulando gases y polvo y, en las membranas entre dos estrellas, el polvo, empujado en ángulos simétricos desde dos direcciones diferentes, tenderá a desplazarse hacia las aristas y después a acumularse en los vértices de esa espuma de polvo cósmico. En esos vértices, verdaderos sumideros de materia, se va acumulando cada vez más gas, polvo y materia de todo tipo y, eventualmente, se formarán condensaciones más grandes que se convertirán en cometas, asteroides y, llegando a un cierto tamaño se formarán incluso nuevas estrellas y sistemas planetarios.

De hecho, lo más probable es que nuestro propio sistema solar, así como muchos otros, fueran anteriormente un sumidero donde, durante miles de millones de años, se fue acumulando el polvo arrastrado por el viento solar de estrellas más antiguas, hasta que la cantidad de polvo y gas fue suficiente para formar un nuevo sistema estelar.

Es decir, que si esparcimos por el espacio los residuos radiactivos de una, varias o todas las centrales nucleares del planeta en forma de polvo, el Viento Solar se encargará de barrerlo hacia los confines del Sistema Solar.

Una vez esparcido en el espacio, el polvo radiactivo tardaría un mínimo de 5.000 años en alcanzar la frontera interestelar, y para entonces la mayor parte de la radiactividad habrá desaparecido. Lo que llegará allí será polvo, tan inocuo como el que se lleva acumulando allí desde hace 4.500 MM de años, cuando el Sol empezó a brillar.

Pero el polvo no se quedará allí. El polvo ha llegado hasta allí empujado por el Viento Solar de nuestra estrella, pero es frenado por el de otras estrellas vecinas. Pero si las partículas de polvo no están justo entre ambas estrellas, el polvo sufrirá un empuje desde dos direcciones diferentes, empuje que le llevará hacia el borde de esa membrana interestelar. El polvo, empujado por el viento solar de dos estrellas, llegará hasta las aristas, donde una tercera estrella unirá sus fuerzas para desviarlo hacia el fondo de un vértice, un sumidero estelar donde el polvo empujado por varias estrellas vecinas se irá acumulando durante miles de millones de años hasta que su masa sea suficiente para que se forme un nuevo sistema solar.

El único riesgo de que algo de este material volviera a la Tierra sería que un cometa que hiciera el recorrido entre un sumidero interestelar y el Sol chocara con la Tierra, cosa de una probabilidad tan escasa que resulta ridícula, aparte de que tardaría tantos miles de años en su recorrido que para entonces la radiactividad se habría reducido a un nivel inferior al de la propia radiación natural de la Tierra. Si un cometa o asteroide se estrellara contra la Tierra, la radiactividad que pudiera contener sería tan escasa que no tendríamos necesidad de preocuparnos por ella. Guiño

También existe el problema de que algún día nuestras naves espaciales, para viajar a otras estrellas, tendrán que atravesar la barrera interestelar, pero claro, la solución más evidente es no pasar por las aristas y vértices de la misma, sino procurar atravesarla por el centro de cada membrana interestelar, ya que ahí la acumulación de polvo cósmico será casi insignificante, apenas superior a la que podamos encontrar durante todo nuestro camino. En las aristas, en cambio, podríamos encontrar una concentración bastante mayor, pero aún así sería más inofensiva que atravesar el cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter. Mucho mayor peligro, en realidad, casi certeza total de un choque catastrófico, tendrá el viajar atravesando un vértice de la frontera interestelar. Los vértices, actuando como sumideros de materia, van acumulando gas, hielo y polvo durante miles de millones de años haciendo que un viaje interestelar que atraviese un vértice de la barrera interestelar tendría un peligro de colisión enorme, prácticamente seguro.

La verdad, no sé cómo ningún escritor de ciencia ficción ha mencionado hasta ahora esa norma de circulación tan sencilla.

En fin, estoy seguro de que para cuando se presente la necesidad habrán pasado tantos siglos y la ciencia habrá avanzado tanto que para nuestros descendientes esto no representará el más mínimo problema, tendremos mapas de todas las concentraciones de polvo y gas de las fronteras interestelares que se deban evitar en cualquier viaje, por eso, aunque me estoy divirtiendo mucho con estos supuestos, dejaré el resto de los problemas futuros a la imaginación de los lectores.

Como dijo el guía, cuando lleguemos al río, lo cruzaremos. Antes no.

No obstante, dejadme intentar resolver el verdadero problema que nos ocupa.

Si los residuos nucleares podemos convertirlos en una sustancia granulada, fina como el polvo, la empaquetamos y la lanzamos al espacio, y a una distancia de por lo menos 100 MM de Km, esparcimos el polvo, el Viento Solar se encargará de alejar el polvo para siempre hacia la frontera estelar y el problema de los residuos nucleares quedaría totalmente resuelto.

Podemos hacerlo de dos formas. Una es la clásica ya conocida de utilizar cohetes.

No la recomiendo por dos razones. La primera y fundamental es que es MUY peligrosa. ¿Qué ocurre si un cohete lleno hasta los topes de residuos radiactivos tiene un accidente durante el despegue y acaba esparciendo los residuos sobre una ciudad?. La otra razón es que es MUY cara. Si hay que librarse de 50 toneladas de residuos nucleares al año, habrá que enviar dos cohetes al año, cohetes que no pueden reutilizarse, por lo que sería sumamente caro. Lanzar materia al espacio mediante cohetes cuesta alrededor de ¡¡ ocho o diez MIL dólares por Kg.!!.

50.000 Kg X 10.000 $/Kg = 500.000.000$ . Un poco caro, ¿no?. Y por supuesto, el costo de deshacernos de los residuos lo tendríamos que cargar sobre el precio de la electricidad producida por las centrales nucleares, por lo que al final la electricidad de origen nuclear dejaría de ser la más barata, y casi con seguridad se convertiría en astronómicamente alta.

Acelerador Electromagnético de Masas La otra forma es mediante un Acelerador de Masas, también conocido como Cañón Electromagnético.

Esto no es más que un rail de varios cientos de metros de longitud por el que circula un vagón magnético. A lo largo del cañón hay una serie de bobinas que generan campos magnéticos y que aceleran el vagón, adquiriendo una aceleración de hasta 2000 G. Esta aceleración es tan intensa que una pelota de fútbol, un coche o una persona acabarían destrozados, aplastados contra el suelo, la pelota reventada, el coche convertido en una torta de hierros, cristales y plásticos. Respecto a la persona, prefiero no describir cómo quedaría.

Un cañón EM de cuatro Km de longitud, a una aceleración de 2000 G, es capaz de acelerar un paquete de un Kg a tal velocidad que escaparía de la Tierra y se perdería en el espacio, para nunca más volver. El lugar más adecuado para construir un cañón EM con el fin de deshacernos de los residuos nucleares sería en la ladera de una montaña de al menos 5.000 m de longitud y apuntando hacia el ecuador. La fuerza gravitatoria de la Tierra no tendrá fuerza suficiente para provocar la caída del objeto, pero sí para desviar ligeramente su trayectoria. Eligiendo un ángulo y velocidad de lanzamiento adecuados, podemos conseguir que los paquetes salgan disparados en dirección perpendicular a la Eclíptica, y para ello podemos elegir varios emplazamientos posibles: Cañón Electromagnético en AlaskaLa altiplanicie del Tibet, una meseta Andina en la Patagonia o cualquier lugar que reuna las características de altitud y desierto que son necesarias. Personalmente pienso que el mejor emplazamiento sería en Alaska, en la ladera norte del monte McKinley o uno cercano, y apuntando hacia el Sur, hacia el océano Pacífico.

Pero aunque no se encuentre una ladera de montaña lo bastante empinada, no importa, el cañón podría disponerse incluso casi horizontal. Basta que tenga unos metros más de altura en la boca del cañón que en su inicio. El paquete sale tan rápido que antes de empezar a ser desviado por la gravedad ya habrá dejado atrás la curvatura de la Tierra.

¿Por qué interesa que el paquete vaya en dirección perpendicular a la eclíptica?.

Porque precisamente en la eclíptica es donde se encuentran la Luna y los demás planetas del Sistema Solar. Así nos aseguramos de que el polvo radiactivo no llegará a acercarse a ninguno de ellos.

Una vez construido el cañón EM hay que construir una procesadora de residuos radiactivos. Esta procesadora convierte los residuos en un polvo seco granulado y lo empaqueta en paquetes de un Kg, similares a los paquetes de harina. Estos se introducen en el cañón EM, y a razón de un paquete por minuto los va disparando hacia el espacio. Junto a la boca del cañón se oirá un estampido supersónico cada vez que sale un paquete disparado, pero como está a varios Km de altura sobre el nivel del mar, la densidad del aire es muy escasa y apenas se oirá a unos kilómetros de distancia, y al ser una zona deshabitada no habrá molestias para nadie. Ni siquiera las águilas anidan a esas alturas.

A una velocidad de, por ejemplo, 12 Km/s, cada paquete tardará unos quince segundos en atravesar la atmósfera, un minuto en dejar atrás la mayoría de los satélites artificiales y unas ocho horas en estar más lejos que la Luna.

Desechos Radioactivos puestos en órbita solar.El paquete no pasará en ningún momento cerca de la Luna ni de ningún otro planeta: como lo hemos disparado apuntando hacia el Polo Sur celeste, el paquete se está alejando de la Eclíptica, pero si lo dejásemos así quedaría en una órbita polar alrededor del Sol, y dependiendo de la hora a la que hubiésemos lanzado el paquete, la órbita podría ser muy diferente, pero en todo caso, siempre alejándose de la eclíptica. El viento solar apenas es capaz de desviar un paquete de un Kg, por eso debemos hacer que el paquete se deshaga y esparza el contenido en forma de polvo.

Para ello usaremos un envoltorio de papel o plástico fotodegradable, que, tras dos o tres meses de recibir la luz del Sol, se degrade, cuartee y convierta en polvo dejando el interior expuesto al viento solar. Sobre la superficie granulada del paquete el viento solar actuará arrancando las partículas de la superficie del paquete, tal como hace el Sol con los cometas, y empujándolas hacia los límites del Sistema Solar. En unos pocos días o semanas, el viento solar habrá disuelto el paquete por completo, no quedando del mismo más que un leve rastro de polvo empujado por el Viento Solar en dirección al cuadrante sur del Sistema Solar. Dependiendo de la hora a la que se produzca el disparo y de la fecha del año, y teniendo en cuenta que el envoltorio fotodegradable puede tardar un tiempo aleatorio entre tres y cuatro meses, por ejemplo, todos los residuos atómicos que arrojemos al espacio se distribuirán en una zona tan extensa que sería como si disolviéramos una pizca de sal en los océanos de cien planetas como la Tierra.

Arrastrado por el viento solar a 300 Km/s, el polvo tardará unos 5000 años en llegar al límite con las estrellas vecinas, y otros tantos en caer a un sumidero estelar, de donde ya no volverá a salir, y para entonces la mayor parte de la radiactividad habrá desaparecido por completo.

¿Hay peligro de que un paquete no llegara a salir disparado del cañón EM con la velocidad suficiente y volviera a caer sobre la Tierra?

Si se fuera la luz en mitad del disparo, sí. Pero sería un paquete de un Kg, no un cohete de 30.000 Kg. El peligro que representaría sería mínimo, sobre todo si elejimos el emplazamiento de Alaska disparando sobre el océano Pacífico. Seguramente, la probabilidad de ser alcanzado por un disparo será menor que la de ser alcanzado por un meteorito.

Y ¿hay peligro de que se lleve por delante un satélite artificial?

Evidentemente sí, sobre todo porque, disparado desde Alaska hacia el Sur, el paquete va a atravesar el Ecuador a una altura que puede ser frecuentada por satélites. Dependiendo de la velocidad del lanzamiento, cruzará el Ecuador a 2.000 o a 20.000 Km de altura. Se trata de que elijamos la altura a la que haya menos satélites y diseñar la rampa del Cañón EM de forma que se consiga la altura y velocidades que tengan menos probabilidades de molestar el tráfico regular de los satélites. Como conocemos la posición de todos los satélites en funcionamiento, antes de efectuar un disparo debemos comprobar que no va a chocar con ningún satélite conocido. Si existiera ese riesgo, sólo habría que esperar unos cinco o diez segundos hasta que el satélite en cuestión haya pasado de largo o variar ligeramente la aceleración para que el paquete cruce el ecuador mil kilómetros más lejos o más cerca de la Tierra, esquivando los satélites conocidos.

Por supuesto, siempre se podría buscar una trayectoria que no atravesara el Ecuador, pero eso supondría construir un cañón EM de varios kilómetros de longitud en posición casi vertical. Sinceramente, no creo que esté aún al alcance de nuestra tecnología construirlo por encima de la superficie. En todo caso, desde lo alto de una meseta o montaña, se podría perforar un pozo con la inclinación adecuada de varios kilómetros de profundidad que luego se convertiría en el cañón, y eso sí se podría hacer, pero sería mucho más caro que la primera opción.

Personalmente me gusta esta idea, pero reconozco que será también mucho más cara.

De cualquier forma, una vez construido el cañón, el coste de enviar el espacio cada paquete no será más que energía eléctrica, siendo sólo de unos pocos dólares el Kg, mucho menos que los casi 10.000 $ que hubiera costado lanzarlos con cohetes. Y esto a su vez repercutirá en un abaratamiento de la energía nuclear. Tengamos en cuenta que en el precio de la electricidad de origen nuclear se incluye el coste de almacenamiento de los residuos nucleares, costo que, virtualmente, desaparecería de la ecuación, permitiendo que la electricidad nuclear pudiera reducir aún más su ya reducido precio.

En cuanto al coste de la construcción de un cañón EM, si lo hacemos en superficie, probablemente sería menor que la décima parte de lo que cuesta un cohete. Si lo hacemos perforando un pozo desde la cima de una meseta para hacerlo de disparo vertical, valdrá mucho más caro, quizás veinte veces más, pero aún gozaría de una importante ventaja: No hay que construir un cañón después de cada disparo, cosa que sí que habría que hacer con los cohetes.

Si el problema de los residuos nucleares pudiera resolverse de esta u otra forma, ¿quedaría algún otro inconveniente a la energía nuclear?

En mi opinión, la energía nuclear es mala porque para que sea segura hay que realizar una cantidad enorme de controles de seguridad, y a pesar de ello no se elimina por completo el peligro. Los riesgos con una central de carbón, gas o petróleo son mucho menores, por eso no se hacen unos controles de seguridad tan exhaustivos y de ahí que en estas centrales se produzcan más accidentes y víctimas mortales al cabo del año. Paradójico, ¿verdad?

En resumen, la energía nuclear es mala, pero es mucho mejor, más limpia, más segura, y encima más barata que cualquiera de las otras.

Y, siendo así, la más limpia, más segura, y más barata, y si además pudiésemos resolver el único inconveniente real que tiene, el de los residuos radiactivos, ¿no sería una estupidez renunciar a ella?

Perdón por la interrupción

La Ley me obliga a darte el siguiente

Aviso Legal

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación.

Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.

Si lo desea, puede Ampliar Información

Aceptar Cookies

Bienvenidos a MasLibertad | ¿Quién soy yo? | Cartas al Autor | Aviso Legal sobre Cookies