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Hallazgos arqueológicos realizados en Israel contradicen las historias narradas en la Biblia. ¿Cuál es la Historia Real? ¿La narrada en la Biblia? ¿O la que se deduce de los restos arqueológicos? Y ¿por qué existen esas contradicciones?

Creada12-10-2015
Modificada12-10-2015
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Diciembre1

La Biblia Desenterrada

Libro escrito en el año 2.001 por Israel Finkelstein y Neil Asher Silberman en el que se muestran numerosos hallazgos arqueológicos realizados en Israel y que han hecho que nos replanteemos muchas cosas que creíamos saber de la historia de Israel desde su origen hasta el siglo III aC, incluyendo el origen de sus textos sagrados.

Escritas hace miles de años, las historias narradas en la Biblia han sido siempre consideradas veraces y fidedignas, pero un análisis de los textos revela que hay muchas contradicciones y anacronismos en los hechos narrados.

En los últimos siglos han sido muchos los arqueólogos que han querido localizar ciudades, escenarios, murallas y monumentos mencionadas en la Biblia con el fin de demostrar la veracidad de su historia. Y los descubrimientos se ajustaban e interpretaban para que se ajustasen a la historia bíblica.

Pero conforme los métodos científicos de datación mejoraban se fue descubriendo que algunos de los hallazgos arqueológicos no se correspondían a los hechos y épocas descritos en la Biblia.

Desde hace varias décadas, algunas escuelas de arqueología de Israel han tomado la costumbre de llevar a sus alumnos en excursiones exploratorias, buscando todo lo que se pudiera encontrar en la superficie, sin llegar a hacer excavaciones. Los restos encontrados han permitido localizar varios yacimientos que valía la pena excavar, y el conjunto de exploraciones y excavaciones, unida a métodos modernos de datación, ha permitido reconstruir la historia de Israel, sus variaciones de población, migraciones, deportaciones y muchos otros avatares de su historia.

Y esta historia, aunque en muchos aspectos es similar a la narrada en la Biblia, en otros la contradice flagrantemente.

¿Cuál es la Historia Real? ¿La narrada en la Biblia? ¿O la que se deduce de los restos arqueológicos? Y ¿por qué existen esas contradicciones?

La Historia Bíblica

Si nos basamos únicamente en los datos, hechos e historias incluidas en la Biblia podemos hacer una reconstrucción de la historia de Israel.

Yavé creó el mundo y todo lo que contiene, tierras, mares, ríos, plantas y animales. También creó las primeras personas que habitaron el planeta. Basándose en las genealogías y las edades de los personajes mencionados, la fecha de la creación se ha datado en el año 4.004 aC.

La Biblia narra diversas historias de Adán y Eva y varios de sus descendientes, siendo las historias más relevantes de esa época más antigua las de la Torre de Babel y el Diluvio Universal.

Después, a partir del año 1.900 aC nos encontramos a Abraham, que partió con toda su familia de Ur, en Mesopotamia, por las riberas del Éufrates río arriba hasta la ciudad de Jarán. Desde allí viajó con sus ganados por toda la zona de Canaán llegando hasta Egipto y estableciéndose por fin en la zona de Canaán cercana a Hebrón y Jerusalén, donde Yavé le prometió la propiedad de todas aquellas tierras y un extenso linaje.

Su hijo Isaac, los hijos de éste, Esaú y Jacob, a quien, por combatir a Dios se le cambió el nombre por Israel (Isra-El, el que se enfrentó a El, otro nombre de Yavé), siguieron viviendo en aquellas tierras como pastores trashumantes.

No todo fue feliz en aquellas tierras y los doce hijos de Israel, para sobrevivir a una terrible sequía que asoló sus tierras debieron emigrar a Egipto.

480 años más tarde, sus descendientes vivían aún en Egipto y sus gobernantes, temerosos de su número, los esclavizaban e impedían que siguieran teniendo hijos.

Acordándose Yavé de su pueblo, decidió que volvieran a Canaán y encomendó a Moisés la tarea de llevarlos hasta allá, pero debido a varios pecados e infidelidades los mantuvo durante 40 años vagando por los desiertos de Sinaí y Madián antes de permitirles llegar por fin a la Tierra Prometida.

El sucesor de Moisés, Josué, al mando de 600.000 hombres y, probablemente una cantidad aún mayor de mujeres y niños, llegaron a las ricas tierras de Canaán, atacaron las ciudades exterminando la población y conquistaron el territorio de Israel, que se repartió entre las doce tribus, cada una formada por los descendientes de los doce hijos de Israel.

Tras algo más de un siglo de continuas luchas con los pueblos vecinos, durante el cual Israel estuvo gobernado por jueces, los israelitas quisieron tener, como otras naciones de su entorno, un rey. Yavé no quería que Israel fuera gobernada por reyes, pero ante la insistencia de los israelitas promovió un rey, Saúl (1.025-1.005 aC). Sus sucesores fueron David (1.005-970 aC) y Salomón (970-931 aC), que gobernaron durante la época de máximo esplendor de Israel.

Tras la muerte de Salomón, Israel se dividió en dos naciones, la del Norte formada por 10 tribus y la del Sur, formada por las tribus de Judá y Simeón.

En adelante se llamará Israel al reino del Norte y Judá al del Sur.

Ambas naciones siguieron caminos separados, y los reyes de Israel no fueron fieles al pacto que habían suscrito con Yavé, se casaron con mujeres extranjeras y permitieron el culto a otros dioses. Todos esos pecados hicieron que perdieran el favor de Yavé y éste suscitó que imperios extranjeros invadieran Israel (en el 724 aC), la masacraran y deportaran a la población.

Judá se libró de las primeras deportaciones en masa, pero en el año 586 aC, a consecuencia de los pecados de los gobernantes de Judá, también ésta fue conquistada y su población deportada a Babilonia.

En el año 538 aC, el rey Ciro el Grande permitió que los judíos volvieran a sus tierras y se restableció el reino de Judá, que tras pasar por varias vicisitudes permaneció hasta la ocupación griega y, posteriormente, la romana.

Y en el año 148 dC Judá fue destruida por el imperio romano y todos los judíos acabaron desterrados y repartidos por diversas partes del mundo.

Las Evidencias Arqueológicas

No existen evidencias arqueológicas de los relatos previos a Abraham. No se han encontrado indicios del Edén, ni de las inundaciones del Diluvio Universal, y la historia de la Torre de Babel parece formar parte de la historia babilónica, aunque de una época muy posterior a la sugerida en la Biblia.

A partir de Abraham, casi todas las ciudades mencionadas en la Biblia han sido localizadas y excavadas, las descripciones geográficas coinciden bastante bien con el relato bíblico, aunque hay numerosas contradicciones en las fechas en las que se dice que ocurrieron los hechos. A Abraham, por ejemplo, se le describe luchando contra los filisteos, pero éstos no se establecieron en la zona hasta al menos tres siglos después de su muerte. También se afirma que poseía camellos, cuando éstos no se empezaron a domesticar y usar como ganado o medio de transporte hasta 800 años más tarde. Todo ello revela que su historia fue escrita mucho después de su muerte, cuando los mitos se habían mezclado con las leyendas.

El camino del éxodo, recorrido por 600.000 hombres, sus mujeres e hijos durante 40 años por los desiertos de Sinaí, Madián y el Sur de Canaán, no han dejado ningún rastro de su paso, ni vasijas rotas, ni lanzas o monedas perdidas. Tampoco la bien documentada historia Egipcia indica que en esas fechas se produjera tal éxodo.

Las ciudades supuestamente incendiadas y destruidas por Josué por los años 1.200 aC han sido localizadas, pero la arqueología indica que esos incendios y destrucciones se produjeron entre los años 900 y 800 aC. Además, muchas de las ciudades supuestamente asediadas y destruidas por Josué, y que los arqueólogos han podido localizar, han revelado que la mayoría, en la época de Josué, eran simples aldeas sin amurallar, algunas con pequeñas guarniciones militares instaladas por los egipcios para proteger las tierras de labor y cobrar los tributos e impuestos, pero ninguna que pudiera ser considerada como una ciudad importante. Y para hacer más hincapié en la forma en que se construyó esa historia, las campañas de Josué y las ciudades destruidas coinciden sospechosamente con las ciudades limítrofes del reino de Josías y sus campañas militares de 500 años más tarde.

Un análisis de los restos arqueológicos encontrados en Israel y Judá indica que la población de Israel sobre el año 1.100 aC era de unos 60.000 habitantes mientras que la de Judá apenas llegaba a los 12.000, muy lejos de los supuestos 600.000 hombres más mujeres y niños que llegaron tras el éxodo..

Los restos arqueológicos que demuestran una mayor población y riqueza de Israel se presentan sobre el año 900 aC, con una población estimada de unos 300.000 habitantes. En la misma época Judá solo tiene unos 45.000.

La ciudad de Jerusalén, en una fecha tan tardía como el siglo VII aC, apenas llegaba a 60 Hectáreas, una extensión similar a la de un pueblo pequeño, con apenas unos 15.000 habitantes.

La mención relativa a Judá más antigua encontrada son unas cartas, escritas en tablillas de arcilla con escritura cuneiforme, en las que Habdi-Heba, rey de Urusalim (posteriormente, Jerusalén), en el siglo XIV informa a Egipto (de quien era rey vasallo) de los resultados de las campañas contra los apiru, unas tribus nómadas de pastores-bandoleros que con frecuencia realizaban razias de pillaje en las aldeas de la zona. En toda la zona dominada por este rey, entre Siquén y Hebrón, sólo se han encontrado ocho pequeños asentamientos de aquella época.

Los autores de la obra recalcan la similitud del relato bíblico de Saúl y David con las historias y el carácter propio de los apiru, por lo que piensan que tanto Saúl como David fueron originalmente jefes destacados de esas tribus que en algún momento consiguieron derrocar a la dinastía de Habdi-Heba, reemplazándolos en el poder sobre Jerusalén y la zona de Judá.

Se han encontrado referencias escritas más modernas que hablan de Israel y de Judá como dos naciones distintas. Una inscripción encontrada en Tel-Dan menciona cómo el rey arameo Jazael, en el siglo IX aC, derrota a Israel y a la "Casa de David".

Posteriormente Israel es mencionada como una potencia bélica importante que aporta dos mil carros y combatientes a una coalición militar que se enfrenta a Salmanasar III, rey de Asiria, en el año 853 aC.

El Entorno Geográfico

Canaán en tiempos BíblicosAntes de narrar la historia de Israel y Judá es preciso situarnos en el entorno geográfico de ambos reinos.

La tierra ocupada por el antiguo Canaán podemos dividirla en varias zonas diferenciadas. La zona costera, con fáciles accesos desde el norte y el sur, permitía el tránsito de mercaderes y ejércitos. En las extensas llanuras comprendidas entre Berseba, Gaza y Jaffa, prospera la agricultura, y a la región se la conoce como La Sefela.

Entre las llanuras de la zona costera y el Mar Muerto y el río Jordán hay un terreno muy accidentado con numerosas montañas. La disposición de estas montañas por la parte sur, a la altura del Mar Muerto y hasta la mitad del río Jordán, es irregular, no hay caminos fáciles y resulta un terreno apropiado para el pastoreo trashumante, pero no para la agricultura ni el comercio. Es la zona conocida como Judá.

Al norte se encuentra el amplio Valle de Yezrael, que permite la presencia de poblaciones agrícolas desde la costa mediterránea hasta el Jordán y a la que acuden numerosas tribus nómadas de pastores a comerciar.

Al Norte de Yezrael se encuentra la región de Galilea, montañosa pero con amplios valles que permiten la agricultura y facilitan el paso y el comercio Este-Oeste.

Toda la zona que bordea el Jordán, desde el Mar de Galilea hasta el Mar Muerto, forma un amplio valle agrícola.

Al Este del Jordán, más allá del valle que lo bordea, se encuentra la Meseta Transjordana, una zona bastante agreste frecuentada por unas pocas tribus nómadas.

El Entorno Histórico

Hasta el siglo XIII aC florecieron dos grandes imperios. Egipto dominaba todo el Nilo hasta Nubia, y la costa Mediterránea hacia el Oeste hasta Libia y hacia el Norte hasta Siria. Al Norte, en la Anatolia, gobernaba Hatti, el imperio Hitita, con su capital en la imponente ciudad de Hattusa, que dominaba todas las tierras desde Turquía hasta el Norte de Siria.

En el Mediterráneo proliferaban los barcos mercantes de Micenas y Grecia, que explotaban ricas minas de cobre en Elisia (Chipre) y traían mercancías de todo el Mediterráneo, llegando sus barcos hasta lugares tan lejanos como Cádiz e Inglaterra. Estos pueblos comerciaban con Hititas y Egipcios, y seguramente mantenían relaciones comerciales pacíficas con todos los pueblos que visitaban.

Egipto y Hatti chocaron, en 1.274 aC, en la famosa batalla de Cades, en la que Ramsés II y Muwatalli se enfrentaron en una histórica batalla. Los documentos arqueológicos revelan que ambos bandos se atribuyeron la victoria, pero es bastante probable que acabara en un empate del que ambos monarcas salieron firmando un pacto "eterno" de amistad, sellado con un matrimonio de Ramsés II con una princesa hitita.

El comercio y la paz trajeron una edad de oro que se prolongó durante más de un siglo, hasta la repentina llegada de "Los Pueblos del Mar". Procedentes de Occidente por el mar y del Norte de Grecia por tierra, los Pueblos del Mar llegaron a Turquía, Elisia, Ugarit y Hattusa devastando e incendiando todas las ciudades a su paso.

En 1.185 aC, Ammurapi, último rey de Ugarit, describe la llegada de numerosos barcos que asolan e incendian la ciudad. Los Shiqalaya, los que viven en barcos, continuaron su obra de devastación y apenas diez años más tarde Elisia, Ugarit y Hattusa habían sido aniquiladas.

Ramsés III se enfrentó con ellos en una feroz batalla naval y en los textos escritos afirma que consiguió detenerlos y exterminarlos, aunque a decir verdad fue en esa época cuando comenzó una atroz decadencia de su poderío que le llevó a abandonar las guarniciones militares establecidas en Libia, Nubia y Canaán.

La ciudad filistea de Asdod fue destruida por el fuego y sobre sus restos se erigió una nueva ciudad con estilos arquitectónicos y cerámicos muy distintos a los existentes antes de la devastación. También Jasor, Meggido, Laquis, Afee y otras varias ciudades sufrieron una suerte similar.

Tras esta convulsa época, los Pueblos del Mar desaparecen de la historia, probablemente por haberse establecido en las ciudades devastadas y convertido en campesinos y mercaderes pacíficos, asimilándose al resto de la población.

El imperio Asirio fue el primero en recuperarse y dominar Israel, ocupando las plazas que un siglo antes habían sido controladas por Egipto, y estableciendo guarniciones militares en las aldeas, pero ignorando la zona de Judá, mucho más pobre y deshabitada. En esta época están datados los reinados de Saúl, David y Salomón, aunque no hay ninguna mención documental o arqueológica que los nombre, y la arqueología revela que en esa época Jerusalén era poco más que una aldea.

La Historia Reconstruida

La población anterior al siglo XIV aC se encuentra diseminada en aldeas donde coexisten el pastoreo y la agricultura. No hay estructuras estatales y las ciudades más importantes de Israel se encuentran sometidas como vasallos de Egipto. En esas fechas no existen en Judá más que unas pocas aldeas de escasa importancia (sólo ocho han sido localizadas y datadas en esas fechas), frecuentadas por grupos de pastores que a veces comercian con los agricultores de las zonas agrícolas y a veces realizan razias de pillaje sobre las aldeas.

Se ha constatado que algunas tribus de pastores realizaban en ocasiones actividades agrícolas, cultivando algunos valles despoblados y dejando a algunos miembros de la tribu al cuidado de los cultivos mientras la mayor parte de la tribu llevaban sus ganados a pastar volviendo en la época de la cosecha. Estas tribus seminómadas pasaban de una actividad predominantemente ganadera a agrícola según lo permitieran las condiciones del clima.

Debido a su mejor acceso y riqueza agrícola, la zona de Israel comienza a prosperar y se forman ciudades más grandes. El apogeo de Israel se produce a partir del año 900 aC, siendo sus reyes más importantes Omri (884-873 aC) y Ajab (873-852 aC).

A pesar de su potencia militar y económica, Israel siguió rindiendo vasallaje, primero a Egipto y luego a Asiria, y sus intentos de liberarse fueron sofocados con violencia.

El último intento, en el año 720 aC, provocó que el imperio asirio asolara Israel deportando la mayor parte de la población de las ciudades a tierras lejanas, al norte de Irak, y sustituyéndola por población traída de otras provincias del imperio. Esta deportación, que en la Biblia se indica que fue masiva, fue en realidad mucho menos numerosa, ya que sólo fueron deportadas las élites gobernantes de las ciudades. La población campesina y las aldeas continuaron su vida habitual sin apenas cambios. Pero las estructuras estatales y de poder desaparecieron.

La Historia Falsificada

Israel había sido destruida. Su población urbana deportada al Norte de Asiria y sustituida por poblaciones traídas de otras partes del imperio. La población campesina fue respetada y la economía agrícola siguió prosperando, aunque a escala de aldea. Las estructuras estatales habían desaparecido y Asiria apenas se implicó en su reconstrucción.

Ante aquel vacío estatal, los reyes de Judá, que hasta entonces había sido un país más bien despoblado e insignificante, ignorado por las grandes potencias de la época,  iniciaron una campaña para controlar militar y estatalmente a Israel. Y lo hicieron por medio de los ejércitos y la religión.

Se estableció el culto monoteísta a Yavé y la prohibición de adorar a otros dioses. Además, la ciudad de Jerusalén tenía el monopolio religioso, todos los habitantes de Israel y Judá debían acudir todos los años a Jerusalén para realizar el culto y las ofrendas a Yavé. Los israelitas, que durante siglos habían realizados sus ritos religiosos en templos esparcidos por toda Samaria, principalmente el Monte Gerizim, se vieron obligados a abandonar sus ancestrales altares y peregrinar todos los años al Templo de Jerusalén.

Los sacerdotes de Yavé, apoyados por los reyes de Judá, comenzaron a recopilar las historias, orales y escritas, que pudieran encontrar en toda Canaán. Tomaron las historias de distintos héroes de distintas regiones, Abraham, de Canaán, Jacob-Israel, de Israel, Isaac, de Madián, y otros como Lot, Melquisedec y Moisés, héroes todos cuyas historias se habían contado durante siglos en distintas regiones antes de ser por fin escritas.

Los Yavistas recopilaron muchas de estas historias y las reescribieron, inventando una genealogía en la que Abraham era el padre de Isaac, éste de Jacob-Israel y éste de las doce tribus. Para afianzar la prevalencia de Judá sobre las otras tribus, añadieron en la historia el Testamento de Jacob, en el que se afirma que Judá gobernará a sus hermanos. Ni que decir tiene que ese añadido fue inventado.

También alteraron muchas historias, e inventaron otras, en las que denigraban a muchos de los pueblos a los que gobernaban. Moabitas y Amonitas, por ejemplo, eran despreciados como descendientes de una relación incestuosa de las hijas de Lot con su padre. Los Samaritanos eran condenados como idólatras.

La recopilación también incluyó muchos escritos cananeos, donde el dios más importante era Baal, pero también se adoraba a otros dioses como El, al que en muchas ocasiones lo nombraban en plural, Elohim. Esta fuente elohista pasó a formar parte, mezclada con la yavista, de los cuatro primeros libros de la Biblia.

Es de destacar las diferencias que se pueden observar en los dos relatos de la creación incluidos en los dos primeros capítulos del Génesis. La versión Elohista, compuesta por el pueblo agrícola de Canaán, describe un proceso de creación muy acorde con la realidad de la evolución, revelando que el pueblo que creó ese relato era un buen observador de la naturaleza y donde se crean todos los seres vivos desde los más sencillos a los más complejos, acabando en la creación de la Humanidad, Varón y Hembra, en condiciones de igualdad. La Versión Yavista, en cambio, se revela como un relato mucho más religioso y misógino. Yavé crea al Hombre. Después crea un Jardín para que viva en él, encomendándole la misión de cuidarlo. Después se da cuenta de que "No es bueno que el Hombre esté solo". Y entonces crea ¡a los animales! Pero como Adán no encuentra ningún animal con el que emparejarse, entonces crea a la Mujer, siendo ésta una propiedad sometida a la voluntad del Hombre.

Igualmente, en los escritos Elohistas se revela que los pueblos de Canaán previos al Yavismo preferían la agricultura y eran sedentarios, pacíficos, cosmopolitas y tolerantes con las creencias extranjeras, mientras que los Yavistas eran pastores nómadas, belicistas y no toleraban a los extranjeros ni a sus dioses. Así, las ofrendas del agricultor Caín eran despreciadas por Yavé mientras que Éste aceptaba con agrado las ofrendas del pastor Abel, y no porque así ocurriera en la realidad, sino porque así lo quisieron retratar los escritores de estos relatos muchísimos siglos más tarde de que supuestamente ocurrieran. O la animadversión, típica de los pueblos de pastores nómadas, que se trasluce en toda la Biblia contra las ciudades, a las que se considera fuente y nido de toda clase de pecados.

En otros muchos relatos bíblicos pueden apreciarse estas diferencias entre los relatos elohistas cananeos, mucho más pacifistas y cosmopolitas, y los yavistas judíos, más bélicos, misóginos e intolerantes.

Los sacerdotes no se conformaron con recopilar los relatos elohistas y yavistas, también añadieron una serie de normas y disposiciones, prácticamente todo el Deuteronomio, en el que establecían el funcionamiento del sacerdocio y la religión, y las leyes que debían regir a los israelitas. En el Deuteronomio afirmaron que el mismo Moisés había escrito los cinco primeros libros de la Biblia hasta llegar a su muerte y la entrada y conquista de su sucesor, Josué, en Canaán.

Durante varias décadas se fueron añadiendo más libros e historias, Josué, Jueces, Samuel, Reyes y Crónicas. Fue una labor de equipo que duró más de sesenta años hasta completar la mayor parte de lo que hoy llamamos la Torá, el Antiguo Testamento de la Biblia.

Todas estas historias siguieron siendo un texto religioso en constante proceso de ampliación, hasta que en tiempos del rey Josías (639-609 aC) se representó el inverosímil hallazgo de estas escrituras. La Biblia narra (2 Reyes 22) cómo, en el año 18 de su reinado (621 aC) al terminar la reconstrucción del templo de Jerusalén, no durante los desescombros, ni durante la limpieza, ni durante las obras, sino cuando la obra ya había terminado, los sacerdotes encuentran el 'Libro de la Ley' y se lo muestran a Josías. Éste, al escuchar la lectura del libro, se rasga las vestiduras apesadumbrado porque durante años ha estado pecando al ignorar la ley y decide convertirlo en Libro Sagrado de obligado cumplimiento para todos los súbditos de Judá e Israel.

En esa época Asiria cayó en una fase de decadencia y abandonó sus guarniciones militares en Israel y Filistea, lo que fue aprovechado por Egipto para volver a controlar militarmente la zona, volviendo a someterla a vasallaje.

Y a pesar de toda la evidencia documental y arqueológica que revela la presencia de guarniciones militares egipcias en muchas de las ciudades de Canaán, la Biblia censura la verdad histórica y nunca las menciona, como si quisiera que las futuras generaciones ignoraran que Israel y Judá estuvieron durante casi toda su historia sometidas a vasallaje por parte de Egipto, luego de Asiria, de nuevo otra vez de Egipto, y más tarde de Persia. Aunque los demás pueblos conquistadores son mencionados en la Biblia, sin reconocer su condición de vasallaje, la presencia egipcia en Canaán no es mencionada en absoluto.

Al contrario, el relato del Éxodo, que hasta entonces había sido mucho más corto narrando la migración de un pequeño grupo de judíos desde Egipto, pasando por Madián, hasta llegar a Judá, fue ampliado dando una mayor connotación épica a la lucha de los judíos por liberarse del yugo egipcio. Las penurias pasadas en Egipto fueron exageradas muy por encima de lo que la historia real justifica. Las plagas se ampliaron, pasando de cuatro a siete y más tarde a 10. Todo el relato del éxodo se amplificó hasta tener la extensión actual, convirtiéndose en una epopeya que recalcaba el poder de Yavé y daba la esperanza y la promesa de que los Egipcios serían de nuevo derrotados.

Pero estas promesas nunca se cumplieron. Los intentos de rebelión de Judá fueron de nuevo sofocados violentamente y por fin, en el año 586 aC Israel y Judá fueron devastados y su población deportada a Babilonia. Esta deportación, aunque en la Biblia se afirma que fue de toda la población, parece más probable que fuera sólo de las élites gobernantes y religiosas. Los sacerdotes yavistas llevaron con ellos sus textos sagrados y durante el destierro en Babilonia siguieron ampliándolos, escribiendo la mayor parte de los libros de los profetas en los que Jeremías, Elías y otros profetizan desde varios siglos antes aquello que en realidad ya estaba ocurriendo en la época en que fueron escritos. Es de resaltar cómo muchas de estas profecías acaban con la expresión "como hoy se ve", indicando que fueron escritas cuando esas supuestas profecías ya se habían cumplido.

Cuando Ciro permitió el regreso de los Judios a Israel, cincuenta años más tarde, las escrituras sagradas ya tenían casi la forma y la extensión que hoy conocemos.

Los sacerdotes yavistas regresados de la deportación tomaron el poder en Judá e Israel, reprimiendo cualquier costumbre y religión no yavista, condenando los matrimonios con mujeres extranjeras y obligando a repudiarlas so pena de ser despojados de sus tierras.

Reestablecieron el monopolio del culto religioso en el Templo de Jerusalén, obligando a todos los judíos e israelitas a celebrar los ritos yavistas y viajar todos los años a Jerusalén para realizar sus ofrendas y sacrificios al templo. Destruyeron los altares de los dioses que tradicionalmente, desde miles de años antes, se habían adorado en aquellas tierras.

La historia de Israel continuó por esos derroteros durante varios siglos más, siempre sometidos al dominio o vasallaje de imperios extranjeros con frecuentes rebeliones e intentos de liberación que eran reprimidos con violencia, llegando a su destrucción definitiva en el año 148 dC, cuando el pueblo judío fue deportado en masa convirtiéndose en un pueblo esparcido por todas las naciones de la Tierra.

Lo único que quedó de Israel fueron sus escrituras.

El Poder de la Biblia

Muchos pueblos a lo largo de la historia han escrito relatos y libros sagrados, pero salvo algunos historiadores pocas personas los han leído o siquiera los conocen.

¿Por qué la Torá, las escrituras judías de los sacerdotes yavistas, se han conservado durante milenios manteniendo un poder tan grande para transmitir una ideología religiosa?

El secreto de la Torá es que es un relato muy diferente al de los demás mitos religiosos. Mientras la mayor parte de los escritos religiosos de diversos pueblos de la Tierra narran las hazañas de dioses, reyes y héroes, la Torá narra las historias de las personas. Adán y Eva, Caín y Abel, Noé, Abraham y tantos otros personajes cuyas historias se narran en la Biblia, no son dioses ni ángeles ni seres míticos, sino personas normales que se encuentran en situaciones extraordinarias y que reaccionan como humanos, con todas las debilidades y defectos de los humanos, y narran historias con las que todas las personas pueden identificarse en algún momento.

El Rey David es descrito como un joven valiente, un inteligente comandante militar y un rey devoto, pero también se le ve llorar por la muerte de su amado Jonatán y caer en la tentación del adulterio y el asesinato por la mujer de uno de sus mejores generales. La historia de los dos hermanos en la que los actos nobles del mayor son despreciados y los del menor son apreciados, provocando la envidia, los celos y el homicidio, es una historia con la que muchas personas pueden identificarse. O la de una joven viuda extranjera que lucha por ser aceptada por la familia y el pueblo de su difunto esposo.

Y si otras historias sagradas narran las aventuras de un héroe, la Biblia narra cientos de historias de muy diversos personajes extraídos de todas las capas sociales. ¡Siempre hay alguna historia, o varias, de las que cualquier persona puede extraer importantes enseñanzas y en las que se pueden encontrar grandes esperanzas!

El pueblo de Israel, durante casi dos mil años, ha estado diseminado por todas las naciones de la Tierra, sin tener un lugar al que llamar su hogar, pero ha sobrevivido aferrándose a unos textos escritos hace 2.500 años con fines religiosos y nacionalistas, fuertemente impregnados de intolerancia y misoginia, y donde la verdad histórica ha sido manipulada y falseada, que contienen historias de personas perseguidas pero que conservan la esperanza del cumplimiento de las promesas hechas por su dios al Pueblo Elegido.

En mi opinión

Sólo hay un detalle que echo de menos en este libro, y es que no se menciona ni se sugiere un posible origen para la misma religión yavista que acabó por hacerse hegemónica y exclusiva de Israel.

En otros documentales recientes (Ver Secretos Enterrados de La Biblia) se menciona la presencia de un pueblo de beduinos en Madián cuyo nombre era YAV. Los residentes adoraban a un dios al que llamaban YAVÉ. El documental sugiere que algunos grupos de pastores, procediendo de Egipto, habían pasado por YAV y adoptado al dios de la ciudad. Algún tiempo más tarde viajaron a Canaán y se establecieron como pastores nómadas en las agrestes colinas de Judá.

Los dioses ancestrales del pueblo de Canaán siguieron siendo adorados durante siglos y sus fieles no eran exclusivistas, sino que aceptaban la presencia y el trato con gentes de otras culturas y religiones. Pero los yavistas eran más fanáticos e intolerantes, y tal como hicieron los católicos en Europa, en cuanto consiguieron el poder político persiguieron a las religiones ancestrales de los pueblos de la región hasta hacerlos desaparecer, exterminando a todo aquel que no se sometiera a sus creencias.

Por desgracia, así funcionan, aún hoy en día, algunas religiones e ideologías.

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