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La rebelión Judía y las represalias de Roma

Creada12-10-1999
Modificada07-03-2017
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Diciembre1

Las Guerras Judías

En Jerusalén, mientras tanto, los acontecimientos se precipitaban hacia enfrentamientos cada vez más violentos. Los nazoreos eran cada vez más osados en sus manifestaciones y los romanos más despectivos en su trato a los judíos. Varios graves insultos de los romanos a los judíos provocaron enfrentamientos que Santiago, como jefe de los nazoreos, intentó sofocar sabiendo que aún no estaban preparados para la rebelión.

Pero los enfrentamientos más graves de los nazoreos se producían contra el cuerpo sacerdotal de los saduceos que intentaban por todos los medios desprestigiar a una secta que cada vez atraía más al pueblo.

El año 62 los saduceos tuvieron la oportunidad y no la dejaron pasar.

El gobernador de Judea, Porcio Festo, murió de una grave enfermedad. Al llegar la noticia a Roma, Nerón nombró como gobernador a un liberto llamado Albino que en ese momento se encontraba en Alejandría por lo que hubo que mandarle aviso para que se dirigiera a Judea.

Durante esos meses de interregno, tal como hizo su hermano Jonatán en el 37, Anás, el sumo sacerdote aprovechó para "preparar" un juicio contra Santiago.

Hubiera sido muy difícil que declararan culpable a Santiago de ningún cargo, ya que era un fiel cumplidor de la ley y nadie hubiera creído jamás de él que se hubiera saltado el más mínimo precepto. Sin embargo, en un tumulto "espontáneo" del pueblo, Santiago fue zarandeado y golpeado hasta morir. En su agonía, antes de perder el conocimiento, exclamó "Perdónalos, Señor, porque no saben lo que hacen", frase ésta que posteriormente los cristianos atribuyeron a Jesús.

Para sustituir a Santiago, los nazoreos nombraron a Simeón, hijo de Cleofás, el cual era hermano de José. Pero Simeón no estaba a la altura de sus primos Jesús y Santiago y no pudo reprimir los disturbios que se produjeron tras la muerte de Santiago y que fueron severamente sofocados por Albino.

Tres años más tarde, el 65, finalizaron las obras del templo de Jerusalén que venían realizándose desde la época de Herodes el Grande. El fin de las obras dejó sin trabajo a varios miles de trabajadores que, incapaces de encontrar subsistencia ingresaron en las filas de nazoreos y zelotes y otros muchos formaron bandas de sicarios que se dedicaban a saltear caminos.

Sin la presencia moderadora de Santiago, y recordando todos la ignominiosa forma en que éste murió, la revolución no se hizo esperar: estalló en el año 66 y fueron necesarios varios ejércitos romanos para sofocar la insurrección. El templo de Jerusalén volvió a ser destruido y los nazoreos hubieron de huir a otros países para ponerse a salvo. Aún así hubo ciudades que por su situación en lo alto de abruptas colinas resistieron durante años pero también hubo ciudades en las que, llevados por el fanatismo religioso, sus habitantes prefirieron suicidarse antes que rendirse a los romanos.

Así, en Masada, tras resistir varios años de asedio, cada hombre mató a su mujer e hijos. De los supervivientes se seleccionaron diez hombres que mataron a espada a todos los demás. Cuando sólo quedaron esos diez, uno mató a los otros nueve para después suicidarse.

Cuando las tropas romanas entraron en Masada, sólo encontraron dos mil cadáveres y una mujer que se había ocultado con su bebé recién nacido para salvarlo.

Hubo varias ciudades que protagonizaron escenas similares y en una de ellas, cuando sólo quedaban dos supervivientes, uno de ellos convenció al otro de que se entregaran a los romanos para explicarles con qué valor mueren los judíos. Éste fue el famoso historiador judío Flavio Josefo que durante décadas narró cuanto sabía sobre la historia judía aunque, viviendo entre los romanos, todas sus historias quedaron impregnadas de alabanzas a los romanos y veladas críticas a los judíos.

Los judíos que sobrevivieron se repartieron por todas las ciudades del mundo pero no integrándose en ellas como nuevos ciudadanos de las mismas sino manteniéndose apartados, viviendo en ghetos y juderías y manteniendo vivas unas creencias y costumbres que los separaban de los que no eran judíos con la esperanza de que tarde o temprano regresaría el Mesías que los devolvería a la Tierra Prometida para desde allí volver a dominar a todas las naciones del mundo.

La historia de los judíos como nación termina aquí, aunque a mediados del siglo siguiente hubo un nuevo intento de rebelión que también fue sofocado con dureza. En todos estos intentos de revolución se han podido identificar a varios cabecillas zelotes integrándolos dentro de una misma familia. De hecho sabemos que Judas de Galilea, que protagonizó los disturbios durante el censo de Quirino en el año 6, el general Eleazar, último defensor de Masada y Bar Cochba, instigador de la última rebelión judía a mediados del siglo II eran todos miembros de la misma familia, familia que muy probablemente también estaba relacionada con Cleofás, hermano de José, cuyo hijo Simeón, primo hermano de Jesús, fue sucesor de Santiago a la cabeza de los nazoreos.

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