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Tras la muerte de Jesús, los Apóstoles empezaron a predicar su resurrección.

Creada12-10-1999
Modificada07-03-2017
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Diciembre8

Jesús, el Mesías

Durante varias semanas después de la muerte de Jesús, los rumores se fueron extendiendo por el pueblo y los discípulos que conocían la verdad mantuvieron silencio. Los rumores de la resurrección de Jesús llegaron al sanedrín pero no le dieron apenas importancia: había asuntos más urgentes que tratar.

En Samaria había surgido un profeta que aseguraba conocer el lugar donde estaban ocultas unas copas sagradas que habían sido enterradas siglos atrás por Moisés. Este profeta concentró una gran multitud cerca del monte Gerizim y Pilato, enterado de la convocatoria, envió tropas que frustraron y disolvieron violentamente la manifestación.

La brutalidad de la represión fue tan grande que el consejo samaritano elevó una protesta a Vitelio, legado de Siria, el cual harto ya de las protestas del pueblo contra Pilato decidió destituirlo y enviarlo a Roma para ser juzgado por el emperador.

Al visitar Jerusalén unos meses más tarde, Vitelio supo que había un malestar creciente del pueblo contra Caifás, a quien odiaban por la muerte de Jesús. En su afán de congraciarse con el pueblo y de calmar los ánimos después de los duros agravios que Pilato había realizado, hizo destituir también a Caifás, si bien, para no enemistarse con su familia, una de las más ricas y poderosas de Jerusalén, nombró para el cargo a Jonatán, hijo de Anás.

Al desaparecer de la escena política los dos enemigos más poderosos de los nazoreos, éstos decidieron trasladar la jefatura de la secta a Jerusalén nombrando nuevos miembros para completar el número de doce que según la regla de la comunidad debían ser.

Dentro de la comunidad se integraron también muchos de los apóstoles y seguidores de Jesús que iniciaron una campaña de proselitismo para ganar adeptos.

Dentro de su predicación integraron el hecho de la resurrección de Jesús, afirmando que, habiendo resucitado, había ascendido a los cielos pero pronto regresaría para dirigir la rebelión que les libraría del dominio romano. En un pueblo como el judío, acostumbrado a oír y creer leyendas como las ascensiones de Henoc, Isaías y otros muchos que a lo largo de la historia había viajado a los cielos, la historia de la ascensión a los cielos de Jesús no resultaba nada extraña, al contrario, era consoladora ya que les daba la esperanza de que la tiranía romana acabaría pronto y Judea gobernaría el mundo.

Sus actividades fueron cada vez más públicas, hasta el punto de llegar a predicar en el templo y hubo varios enfrentamientos verbales con el sanedrín que en varias ocasiones les prohibió predicar, pero Santiago y sus diáconos no cejaron en su ministerio predicando sus creencias a todo aquél que quisiera escucharles.

La historia de Jesús y de su resurrección atrajo a numerosos prosélitos si bien causaba mucha sorpresa entre los judíos extranjeros que acudían a Jerusalén pues aunque los nazoreos creían en la resurrección de la carne prácticamente desde su inicio como secta, esa era una idea totalmente nueva para el mundo grecorromano, por lo que los judíos provenientes de Asia menor y Europa quedaban al principio muy sorprendidos de estas enseñanzas.

Para confirmar la verdad que estaban revelando, los nazoreos solían viajar con dos rollos de pergamino, en uno de los cuales se citaban y comentaban todos los versículos del Antiguo Testamento que profetizaban la llegada del Mesías y que demostraban que éste era Jesús, y otro con todo cuanto sus seguidores habían podido recordar de las predicaciones de Jesús. Este último rollo, años más tarde, fue integrado en el evangelio de Mateo ocupando los tres capítulos que componen el Sermón de la Montaña.

Los fariseos y saduceos que componían el sanedrín acusaron a los nazoreos de corromper las escrituras mientras éstos acusaban a los primeros de haber transgredido la ley.

En este ambiente de acusaciones mutuas y encendidas pasiones, llegó a Jerusalén Saulo de Tarso.

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