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Sobrecogedor relato de la dura batalla de los  hombres que lucharon contra la radiación tras  la explosión de la Central Nuclear de Chernobil

Creada25-06-2016
Modificada13-07-2016
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Enero3

Reseña del Documental La Batalla de Chernobil

La Batalla de Chernobil

El Viernes, 25 de Abril de 1.986 fue un bonito día de Primavera para los 43.000 habitantes de Pripiat.

A 3 Km de la ciudad se encuentra la central nuclear Vladimir Ilich Lenin, a la que muchos vecinos van diariamente a trabajar.

Aquella noche los 176 empleados del bloque 4 recibieron instrucciones para realizar una prueba consistente en cortar el suministro eléctrico y comprobar que los sistemas de seguridad funcionaran correctamente.

La Explosión de Chernobil

A la 1:23 se desactivaron los sistemas de seguridad y comenzó la prueba.

En el núcleo del reactor se produjeron varias pequeñas explosiones seguidas de una gigantesca que hizo saltar las 1.200 Toneladas de la tapa del reactor, lanzando grandes cantidades de vapor y fragmentos de grafito y uranio a cientos de metros a la redonda. Por la brecha escapa gran cantidad de partículas radiactivas que ascienden miles de metros hacia el cielo.

Los bomberos acudieron de inmediato, sin equipamiento adecuado para ese tipo de incendios. Vertieron toneladas de agua que no consiguieron apagar el fuego. Dos de ellos murieron esa misma noche y otros 28 más en las semanas y meses posteriores.

Durante 7 meses más de 500.000 personas lucharon desesperadamente para evitar que la radiación siguiera escapando del reactor. Fueron miles de vidas las que se sacrificaron y que la historia decidió olvidar, pero gracias a las cuales se evitó una segunda explosión, diez veces mayor que la de Hiroshima, que habría asolado a media Europa.

Los gobiernos soviético y occidentales ocultaron estos miles de muertes y las mantuvieron en secreto durante 20 años.

La Evacuación de Pripiat

En las primeras horas tras la explosión, el presidente Mijail Gorbachov fue avisado de que se había producido un accidente y un incendio, pero nadie le informó de que se hubiese producido una explosión, y menos radiactiva. Un asesor le dijo que la central era completamente segura, que se podía instalar en la misma Plaza Roja sin representar ningún peligro.

Por la mañana, la situación en Pripiat era completamente normal. Los habitantes salieron a la calle como cualquier otro sábado y los niños jugaban al aire libre.

Ya había soldados con mascarillas tomando mediciones de la radiación, pero a los ciudadanos que preguntaban les respondían que se trataba de unas inspecciones rutinarias y la gente no llegó a alarmarse.

En aquella época las mediciones de radiación se realizaban en Roetgens, siendo la medida normal que se podía encontrar en la naturaleza la de unos 12 microroetgens. A primera hora de la tarde las medidas eran unas 15.000 veces mayores de lo normal. Al anochecer ya eran 600.000 veces mayores.

Cuando las lecturas alcanzaron los 7 Roentgens comenzaron a dudar de que los sensores estuvieran funcionando correctamente.

Se cree que una persona puede absorber hasta 2 Roentgens al año sin verse afectado, pero los habitantes de Pripiat estaban recibiendo una dosis tan elevada que en sólo 4 días llegarían a un nivel que se suponía letal.

Se tomaron medidas al pie de la central, y fueron de 2.080 Roentgens, suficientes para acumular una dosis letal en sólo 15 minutos. El plano que llevaron para anotar las mediciones aún conserva gran cantidad de radiación.

Por fin, 30 horas después de la explosión, se enviaron 2.700 autobuses a la ciudad. Los militares tenían orden de evacuar toda la ciudad antes de las 2 de la tarde.

Para evitar el pánico, a la población se le ocultó la gravedad de la situación y se les dio dos horas para recoger sus maletas con lo más imprescindible para una estancia que se les hizo creer que sería corta. En solo tres horas y media evacuaron a toda la población.

Pero muchos de ellos habían estado sometidos a tales dosis que en los siguientes años desarrollarían diversos cánceres y enfermedades mortales.

A las 48 horas de la explosión, en Pripiat solo quedaron militares y científicos que habían acudido para evaluar los daños.

Ocultación y Descubrimiento

Los científicos en todo momento, infravaloraron el riesgo. Nunca se habían enfrentado a una situación así y pensaban que en pocos meses podrían volver a poner en funcionamiento la central.

Las partículas radiactivas fueron arrastradas por el viento hacia el Noroeste y fueron detectadas por los sensores de una central nuclear sueca. Suecia envió al ejército a medir y analizar las partículas radiactivas y dedujeron que se había producido una explosión nuclear, pero ¿dónde?

Se pusieron en comunicación con los gobiernos de países vecinos, pero en ninguno de ellos sabían nada. Al llamar a Moscú fue cuando las autoridades soviéticas supieron que el accidente de Chernobil había sido una explosión nuclear.

¿Es que las autoridades presentes en Chernobil no avisaron a Moscú de la gravedad de la situación? Me parece increíble.

¿No será que Mijail Gorbachov, que es quien es entrevistado y afirma esto, quiere lavarse las manos alegando ignorancia?

La Batalla contra la Radiación

Tres días después del accidente, buscando el origen de la radiación, satélites USA fotografían la central de Chernobil y en ella se puede ver el reactor en ruinas.

Allí aún se encontraban las 1.200 toneladas de magma blanco incandescente que seguía ardiendo a más de 3.000 grados y enviando grandes cantidades de partículas radiactivas a la atmósfera.

Gorbachov ordenó al KGB que se le transmitiera de inmediato toda la información pertinente para poder tomar las medidas que fueran necesarias.

Un general al mando de una flota de 80 helicópteros se desplazaron desde Moscú para intentar detener el incendio. Al pasar a 200 metros sobre el reactor se detectaron temperaturas de 200 grados y los medidores de radiactividad oscilaban entre 500 y 1.000 Roentgens.

Incluso a esa altura, media hora de exposición hubiera sido letal.

Con el fin de apagar el incendio y detener la radiación, los helicópteros pasaban por encima y arrojaban sacos de arena y ácido bórico. El primer día se realizaron 110 pasadas. El siguiente 300. Los tripulantes iban sin protección y en cada vuelo absorbían 5 ó 6 Roentgens. O más si iban más despacio. Tras realizar varias incursiones, los tripulantes se duchaban, comían y empezaban a vomitar. Pero algunos de los pilotos hicieron hasta 30 vuelos en un mismo día.

Los que se encontraban más graves eran enviados a Moscú, al único hospital especializado en el tratamiento de exposiciones radiactivas.

Tras los primeros síntomas, de vómitos, mareos y diarrea, se producía un período de latencia donde los afectados parecían encontrarse mejor, pero luego se producían quemaduras y llagas que consumían la piel, la carne y hasta los huesos. 27 pacientes murieron en pocos días.

Durante quince años las autoridades sólo reconocieron aquellas primeras víctimas.

El Desfile del 1 de Mayo

Grandes extensiones de bosques de los alrededores se volvieron marrones y luego rojos. La radiactividad afectó a varias zonas de Ucrania, Bielorrusia y Rusia. Después los vientos cambiaron, las nubes fueron empujadas a Kiev y la lluvia depositó las partículas radiactivas en diversos barrios de la ciudad.

Las autoridades hicieron un mapa de las zonas más afectadas, pero no informaron a la población. De hecho, el periódico Pravda (La Verdad) sólo publicó una escueta noticia, en paginas interiores, indicando que el peligro de Chernobil ya había pasado.

Cuando se celebró la fiesta del Primero de Mayo, en Chernobil, Kiev y otras muchas ciudades, las autoridades animaron a la población a celebrar la fiesta y participar en el desfile. Un testigo del mismo lo llama 'El Desfile de la Muerte', porque tras él hubo mucha gente que enfermó y bastantes llegaron a morir.

Las autoridades nunca admitieron el hecho, pero lo cierto es que en todos los archivos fotográficos oficiales han desaparecido las fotografías del desfile. Las únicas fotos que se conservan son las de particulares y periodistas que las hayan guardado en sus colecciones.

Mijail Gorbachov dice que se pretendía que fueran unas fiestas normales, sin alarmismos, pero que si hubieran sabido de antemano la cantidad de radiación que había en las calles hubieran actuado de otra forma.

¿Cuántas personas enfermaron por la radiación absorbida durante el desfile? Nunca se ha realizado un estudio para determinarlo. Cherbitsky el entonces secretario general del PC Ucraniano se suicidó.

Por la forma en que el documental expone la información, parece que Cherbitsky se suicidó por remordimientos. Nada más lejos de la realidad.

Cherbitsky era el típico dictadorzuelo corrupto y servil de las repúblicas gobernadas por Moscú. Era muy represivo con su pueblo y, durante la catástrofe de Chernobil fue el máximo responsable de que no se informara al Kremlim, a Gorbachov, de la terrible gravedad de la situación, minimizando la importancia de los riesgos y retrasando las decisiones que se debían tomar.

Su suicidio se produjo la víspera de que tuviera que ir a juicio, acusado de encubrimiento y negligencias que pusieron en peligro la vida de miles de personas. No se suicidó por remordimientos, sino porque sabía lo que le esperaba tras el juicio.

La Evacuación de la Zona Radiactiva

Al día siguiente del desfile se inició la evacuación de la ciudad de Chernobil, seguida de la de todos los pueblos y aldeas en 30 Km alrededor de la central.

Fueron evacuadas 130.000 personas, muchas de ellas ya contaminadas.

La Batalla Continúa

En la central, el reactor seguía lanzando partículas radiactivas al aire.

A pesar de las 6.000 toneladas de arena y ácido bórico lanzadas sobre el reactor, 195 toneladas de magma blanco incandescente seguían ardiendo. Al estar cubierto, el calor no se disipaba y estaba fundiendo la arena. Y si llegaba a entrar en contacto con el agua que había quedado embalsada bajo el reactor, se podría producir una explosión de gran violencia, comparable con una bomba atómica gigantesca.

Había que detener el proceso, y para ello se enviaron bomberos para drenar el agua que había bajo el reactor.

También se arrojaron 2.400 toneladas de plomo al reactor.

El plomo redujo la radiación y al fundirse iba sellando el agujero, pero ciertas cantidades de plomo se evaporaron y acabaron diseminadas en partículas por todo el paisaje. Veinte años después aún se encuentran altas dosis de plomo en los organismos de muchos niños enfermos procedentes de Chernobil.

Durante esta operación 600 pilotos quedaron mortalmente contaminados por radiación, pero su sacrificio sólo sirvió para ganar unos pocos días.

La Batalla Subterránea

Una exploración por los túneles de cableado permitió acceder a la base del reactor, donde se pudo comprobar que los niveles de radiación eran astronómicos, y que la vasija de hormigón del reactor se había quebrado, derramándose el magma fundido al depósito inferior. Afortunadamente el agua de ese nivel había sido drenada antes de que ocurriera, pero por debajo del reactor, debajo de los niveles inferiores, de los cimientos y de varias decenas de metros de terreno, circulaba un acuífero gigantesco que abastecía de agua a más de la mitad del país. Si el material fundido conseguía atravesar el terreno hasta el acuífero, la radiación, en niveles letales, acabaría llegando hasta los ríos y saliendo por los grifos de la mitad de las viviendas de Ucrania. Y la radiación no pararía ahí sino que contaminaría los ríos Pripiat y el Dnieper hasta Kiev, y de ahí hasta el Mar Negro.

Para evitarlo se decidió cortar el camino hacia abajo. Se trajeron mineros de la ciudad de Tula, a 100 kilómetros de Chernóbil, con la misión de excavar un túnel hasta el subsuelo del reactor con el fin de rellenarlo con cemento que resistiera el descenso del material fundido. En el interior del túnel, sin ventilación, la temperatura era de unos 50 grados, y la radiactividad de un Roentgen por hora.

Se formaron grupos de 30 mineros que trabajaban tan aprisa como era posible, durante 3 horas, siendo después relevados por otros. En total, más de 10.000 mineros trabajaron en el túnel hasta llegar a la base del reactor y abrir una sala de dos metros de alto y treinta metros de ancho bajo el reactor.

Las autoridades estimaron que cada trabajador había absorbido entre 30 y 60 Roentgens, pero los supervivientes aseguran que recibieron de 3 a 5 veces esa cantidad. Una cuarta parte de ellos murió a una edad media de 40 años.

Los Liquidadores

Por fin, a los 18 días del desastre, Gorbachov se dirigió al pueblo soviético.

El General Nikolai Tarakanov estuvo al mando de las tropas terrestres. En un año fueron enviados a Chernobil unos 100.000 soldados reservistas para ayudar en las labores de liquidación. Los primeros días tomaban toda clase de precauciones contra la radiactividad, usaban mascarillas, pero conforme pasaban los días empezaron a relajar sus precauciones.

En una actitud aperturista sin precedentes en la Unión Soviética se enviaron cinco periodistas para documentar la batalla. Tres de ellos, a la fecha del documental, han muerto.

Liquidadores de ChernobilEn total hubo 100.000 liquidadores militares y 400.000 civiles que limpiaron el polvo radiactivo de las casas, recogiendo los escombros más radiactivos y patrullaron los campos y bosques matando a los perros y gatos que encontraban, ya que su pelaje era muy radiactivo y podían contaminar a cualquier persona que inconscientemente los acariciara.

Los helicópteros lanzaron toneladas de un producto que hacía que las partículas radiactivas se depositaran en el terreno, impidiendo que fueran arrastradas por el viento.

Al final del día, cubiertos de gran cantidad de polvo radiactivo, los liquidadores se duchaban cinco o seis veces seguidas, usando los detergentes y jabones más fuertes y restregándose enérgicamente los unos a los otros para eliminar las partículas radiactivas que hubiese sobre su piel o en sus cabellos. Después se vestían con ropa limpia y comían una abundante ración de alimentos para que su cuerpo tuviera energías y proteínas suficientes para luchar contra la radiactividad que hubiese podido penetrar en su interior.

Se excavaron enormes zanjas que se rellenaron con 300.000 m³ de tierra contaminada y luego se cubrieron con cemento.

El Sarcófago del Reactor

Ocho semanas después de la explosión comenzó la construcción de una cubierta de acero y hormigón de 170 m de largo y 66 de alto.

Lev Bocharov, el ingeniero que la diseñó, explica que los trabajadores sólo podían estar unos pocos minutos tan cerca del reactor, y retirarse antes de que la radiación fuera letal.

Algunas máquinas eran dirigidas a control remoto, pero la mayoría eran dirigidas por liquidadores que se turnaban durante unos minutos antes de refugiarse en improvisadas cabinas recubiertas de plomo para ser sustituidos por otros liquidadores.

Entre los escombros había fragmentos de grafito que emitían 500 y hasta 1.000 Roentgens, suficientes para matar a una persona en menos de una hora. Para retirar esos escombros del tejado usaron excavadoras teledirigidas que los arrojaban desde el tejado hasta el suelo, 60 m más abajo. Allí, robots similares los enterraban en zanjas.

Pero a los pocos días la radiactividad empezó a afectar también a los circuitos electrónicos de los robots, y dejaron de funcionar.

La tarea continuó, pero esta vez realizada por liquidadores, la mayoría jóvenes de 20 a 30 años, reservistas que fueron reclutados para esta tarea y a los que se conoció como Biorobots.

Cada uno de ellos se confeccionó un traje al que cosieron planchas de plomo para protegerse los órganos más sensibles, incluidas las botas, la parte más cercana al terreno radiactivo, con una máscara que les cubría la cara y dos pares de guantes superpuestos. El traje completo pesaba entre 25 y 30 Kg.

Biorobots en el tejado de la central de ChernobilCuando sonaba la sirena, un equipo de 8 biorobots se apresuraban a hacer una tarea muy sencilla pero extremadamente peligrosa: Coger con palas los escombros y arrojarlos del tejado al pie del edificio. Los trozos más grandes había que retirarlos a mano.

Según los cálculos, sobre el tejado había una radiactividad de 7.000 Roentgens, por lo que los biorobots sólo podían permanecer 45 segundos en el tejado, el tiempo justo para arrojar dos paladas de escombros y retirarse a una zona más segura.

Durante diez días subieron al tejado del reactor unas 3.500 personas. Algunas lo hicieron cinco veces.

En ese tiempo notaban que los ojos les picaban, la boca les sabía a plomo, no sentían los dientes y las manos les dolían. Entonces sabían que habían sobrepasado la dosis que tenían como límite.

Los biorobots recibieron por su heroicidad un diploma de reconocimiento y un bono de 100 rublos, unos 60 euros. Antes eran jóvenes y fuertes, pero al terminar eran frágiles, débiles y enfermizos. La mayoría tuvieron en adelante graves problemas de salud, y aunque sus historiales médicos afirman que habían recibido en torno a unos 10.000 Roentgens, ellos saben que fueron muchos más, probablemente entre 30.000 y 50.000.

El Fin de la Batalla

Siete meses después de la explosión, la limpieza había terminado, así como la construcción del sarcófago. Más de 5.000 personas habían trabajado por turnos en la operación y lo celebraron con el izado de una bandera sobre la bóveda.

Los liquidadores volvieron a sus casas, los reactores 1, 2 y 3 volvieron a ponerse en funcionamiento y el sarcófago sobre el reactor 4 parecía seguro, al menos para los próximos 30 años.

La obra había costado 18 Billones de rublos, y poco después los precios del petróleo se desplomaron por lo que el país se enfrentó a una gigantesca crisis económica.

En los siguientes meses, la mayoría de los liquidadores tuvieron que acudir con mucha frecuencia a los hospitales para tratar los efectos nocivos de la radiación. Aún al cabo de 20 años algunos tienen que ser hospitalizados un par de meses todos los años en un hospital especializado en daños radiactivos.

Según las autoridades, de los 500.000 liquidadores han muerto 20.000, y 200.000 sufren alguna minusvalía reconocida. Pero aún hay muchos a los que no se les ha reconocido la minusvalía pero son incapaces de realizar las actividades laborales que realizaban antes de ser reclutados como liquidadores. A pesar de estos datos, los informes oficiales sobre el accidente de Chernobil sólo reconocen las 59 muertes ocurridas en las primeras semanas tras la explosión.

No se ha hecho, no se ha querido hacer, un estudio sobre los 130.000 habitantes evacuados de la zona ni sobre la tasa de mortalidad entre los 500.000 liquidadores.

El Encubrimiento

En 1.991, tras la disolución de la Unión soviética, una diputada del Soviet Supremo descubrió que las verdaderas consecuencias del accidente se habían estado ocultando de forma sistemática. Aprovechando la anarquía reinante en el país pudo hacerse con una copia de un documento secreto de 600 páginas escrito en 1.986, mientras aún se estaba librando la batalla de Chernobil.

Según este informe, el 12 de Mayo, poco más de dos semanas después de la explosión, ya se habían ingresado en hospitales a 10.198 personas, 345 con graves daños por radiación.

En otra parte del informe se revela que las autoridades habían quintuplicado la cantidad de radiación que se consideraba aceptable para el cuerpo humano. Al cambiar el baremo, muchos pacientes fueron considerados a salvo, dados de alta y enviados a sus casas.

No fueron los únicos que participaron en el encubrimiento. En Agosto del 86 se celebró a puerta cerrada la primera conferencia internacional para evaluar la catástrofe con la participación de muchos países.

Gorbachov afirma que encargó a su delegado Legasov dar toda la información de la que disponían. En su informe concluía que en las próximas décadas se producirían más de 40.000 muertes por cáncer provocado por la radiación de Chernobil.

Los delegados de los demás países se negaron a aceptar estas cifras y se inició una negociación con el fin de ocultar la gravedad de la situación. Las estimaciones se habían hecho basándose en las consecuencias sanitarias de la explosión de Hiroshima y se adujo que las bajas no podían ser tan elevadas, por lo que la cantidad estimada de muertes se redujo arbitrariamente a 4.000. Veinte años después, en Septiembre de 2.005, esta cantidad se convirtió en la cifra oficial de muertes por la catástrofe de Chernobil.

Los opositores más acérrimos fueron los franceses, que llegaron a negar la evidencia de que la nube radiactiva hubiera pasado sobre su país, pero 20 años después, en algunas zonas de Francia, y especialmente en Cerdeña, se han detectado numerosos casos de cáncer de tiroides tan graves como los producidos en muchos habitantes de las zonas cercanas a Chernobil.

Dos años después del accidente, el delegado Legasov, que había intentado con todas sus fuerzas decir la verdad, se suicidó.

Consecuencias Médicas

Hoy en día 8 millones de personas viven en zonas contaminadas de Ucrania, Rusia y en especial Bielorusia con una alta radiactividad. Desde 1.986 hasta 2.002 se ha operado a 1.150 niños de cáncer de tiroides en un centro especializado de Minsk. No se sabe cuántos habrán sido operados en otras ciudades. No se ha realizado ninguna investigación.

Youri Bandajevsky, un médico que en 1.996 publicó los resultados de un estudio sobre la incidencia de cáncer en las poblaciones contaminadas, fue arrestado de inmediato, acusado de corrupción y encarcelado durante 5 años. En Noviembre de 2.005 seguía en Arresto Domiciliario.

En los meses siguientes a la catástrofe se produjeron cientos de nacimientos con graves deformaciones y miles de abortos. Actualmente, en Bielorusia hay 300.000 niños que sufren las consecuencias de la radiación.

Durante la Guerra Fría, la Unión Soviética había fabricado 2.700 misiles capaces de alcanzar USA con cabezas nucleares, cada una de ellas capaz de emitir una radiación 100 veces más intensa que la emitida por Chernobil.

Tras la catástrofe, Gorbachov fue uno de los primeros líderes mundiales que propugnaron que las armas nucleares debían ser eliminadas.

Apenas un año y medio después hizo que se retiraran todas las armas nucleares cercanas a las fronteras europeas.

Tras retirarse del gobierno en 1.991, Gorbachov fundó la Cruz Verde Internacional con el fin de apoyar a las víctimas de la radiación.

El Futuro de Chernobil

En 2.001, los tres reactores de Chernobil se cerraron definitivamente, pero la radiactividad en la zona sigue siendo mortal, al menos 100 veces mayor de lo normal.

Los años y las inclemencias del tiempo están dañando poco a poco la estructura del sarcófago, en cuyo interior sigue habiendo 100 Kg de Plutonio. Un microgramo es una dosis mortal, lo que significa que hay Plutonio suficiente para envenenar a 100 millones de personas.

No sé si es un error de traducción o de cálculo. En realidad, con los datos mencionados, serían 100.000 Millones, 15 veces la población mundial.

Por supuesto, sólo en el caso de que el plutonio se repartiera de forma homogénea por todo el planeta, lo que resulta bastante improbable.

La semivida del Plutonio es de 245.000 años, por lo que podemos considerar que su poder aniquilador es, a escala humana, eterno.

Se está construyendo un nuevo sarcófago que se instalará sobre el anterior para evitar que, en caso de derrumbe del primero, la radiactividad quede de nuevo fuera de control, pero el presupuesto de Ucrania o de Rusia ha hecho que las obras sufran un retraso ya de diez años.

En los últimos años los partidarios de la Energía Nuclear la están proponiendo como una alternativa a los combustibles fósiles que permitiría luchar con más efectividad contra el Calentamiento Global, pero antes de llevar a cabo esas propuesta hay que mirar a Chernobil y decidir si queremos aceptar el riesgo de que pueda ocurrir algo parecido en cualquier otra parte del mundo.

En mi opinión

Empezando por el final.

La historia de los reactores nucleares como fuente energética se ha desarrollado a lo largo de más de 60 años y en todo ese tiempo ha experimentado varios cambios importantes.

Las centrales de Primera Generación eran MUY peligrosas y generaban MUCHOS residuos radioactivos. Fueron las primeras que se fabricaron y aunque los ingenieros comenzaron a trabajar ya desde el primer momento en nuevas centrales de Segunda Generación, más seguras y con menos residuos, las decisiones políticas de URSS y USA hicieron que se siguieran construyendo durante años las de Primera Generación, ya que con los residuos se podían construir muchísimas bombas atómicas.

Por lo que tengo entendido, en todo el mundo se construyeron unas 400 centrales de Primera Generación, pero en USA, aparte de en unos pocos submarinos nucleares, sólo construyeron 6, con cuyos residuos armaron varias decenas de miles de cabezas nucleares y luego cerraron cinco centrales, dejando sólo una funcionando, en un desierto bastante lejos de cualquier población. Las demás centrales de USA fueron de la Segunda Generación.

También Francia, al apostar decididamente por la Energía Nuclear, casi todas las centrales que construyeron son de Segunda Generación, en las que se producen muy pocos residuos nucleares y en las que sería casi imposible que se produjera un accidente como el de Chernobil a consecuencia de un corte de suministro eléctrico.

La URSS construyó la central a sólo 15 Km de la ciudad de Chernobil, y para que los obreros no tuvieran que desplazarse a tanta distancia, construyó la ciudad de Pripiat, con 43.000 habitantes, a 3 Km de la central.

En la construcción de la central se ahorraron costes reduciendo el grosor y la calidad del material de la vasija de contención. Las pruebas de seguridad desde varios meses antes de la explosión detectaron deficiencias que debían ser corregidas, pero las reparaciones no se llevaron a cabo. La última prueba, que provocó el accidente, no se pudo iniciar en un primer intento y los técnicos desactivaron un sistema de control necesario. Fue entonces cuando se produjo la explosión.

Cabe preguntarse si la central de Chernobil estalló porque la Energía Nuclear es peligrosa o porque no se siguieron las normas y recomendaciones de seguridad.

Los coches matan todos los años a más de 60.000 personas en todo el mundo. ¿También habría que prohibirlos?

Y si un coche atropella a un niño en un paso de cebra ¿es por culpa del coche? ¿o del conductor?

Personalmente opino que las centrales nucleares de Primera Generación son MUY peligrosas y contaminantes, y aunque se sigan todos los protocolos de seguridad que no se siguieron en Chernobil siempre podrá haber accidentes, por lo que desearía que se cerraran todas cuanto antes.

Las de Segunda Generación son mucho más seguras y limpias. Los residuos de todas las centrales de Francia se almacenan juntos en una sala no muy grande y, salvo que las autoridades lo hayan ocultado, nunca se ha producido ningún incidente de importancia.

Los únicos incidentes de importancia en centrales de Segunda Generación fueron en Three Miles Island, en la que se escapó una cierta cantidad de radiación que al parecer no ha causado efectos a las poblaciones cercanas y en el que no se han producido víctimas, y el de la central de Fukushima, que inicialmente resistió a un intenso terremoto pero que fue inundado por el tsunami subsiguiente impidiendo que funcionaran los generadores de emergencia. Aún así los daños humanos han sido mucho menores que los de Chernobil.

Las centrales de Tercera Generación son aún mucho más seguras. En ellas sería imposible un incidente como el de Chernobil, aún cuando se tuviera que enfrentar a un corte de corriente, un terremoto y un tsunami. Y cuentan con una ventaja adicional, que son capaces de funcionar con los residuos radiactivos de las centrales más antiguas.

USA ha comprado hasta ahora más de 16.000 cabezas nucleares soviéticas para usarlas como combustible de sus centrales de Tercera Generación. Con ellas produce la mitad de toda su energía nuclear.

Podemos decir que las centrales nucleares de Tercera Generación han hecho más por el desarme mundial que todas las conferencias internacionales de desarme realizadas en muchos años.

Y ¿quién sabe si en el futuro no se desarrollará la tecnología necesaria para extraer el material radiactivo enterrado en Chernobil, Fukushima y en almacenes de residuos nucleares de todo el mundo para reutilizarlos como combustible eliminando de una vez por todas el grave problema de los cementerios nucleares?

Yo creo que sí. Puede que en veinte o cincuenta años seamos capaces de aprovechar la energía nuclear sin dejar ningún residuo radiactivo.

Por lo demás, el documental es muy bueno, las entrevistas al expresidente de URSS, Mijail Gorbahov, dan bastante información aunque, como soy muy desconfiado con los políticos, no me acabo de creer del todo lo que dice.

¿Se puede creer que él, el Presidente de la Unión Soviética, no recibió información detallada e inmediata del accidente y que sólo se enteró de que había radiactividad en la atmósfera cuando la misma fue detectada en Suecia?

¿No supo que la ciudad de Pripiat había sido evacuada?

Y ¿no se le ocurrió recomendar a la gente de Chernobil, Kiev, Minsk y ciudades cercanas que tomaran la precaución de buscar refugio, salir lo menos posible a las calles y cancelar los desfiles previstos para el Primero de Mayo?

En fin, tal vez la culpa de todo la tuvo el presidente de Ucrania que ocultó la gravedad del accidente a Moscú, pero si tenemos en cuenta que los autobuses para la evacuación de Pripiat fueron enviados, sólo 24 horas más tarde, desde Moscú, no desde Ucrania, la explicación de Gorbachov resulta inverosímil.

En mi opinión Gorbachov intenta lavarse la cara, pero no lo consigue del todo.

Mi conclusión, la información de los hechos es bastante completa, pero las responsabilidades no se achacan a quien realmente corresponde.

Sigue siendo un documental MUY bueno y lo recomiendo, pero sin creerse al 100% todo lo que se afirma, especialmente por parte de políticos y militares, aún cuando algunos salgan con tres docenas de medallas en la pechera.

Ver Ficha de La Batalla de Chernobil

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