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Flavio Josefo, protagonista, testigo  y cronista de la destrucción de Judea

Creada21-01-2020
Modificada21-01-2020
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Febrero14

Reseña del Documental La Caída de Judea de la serie Judea y Roma: El Conflicto Fatídico

La Caída de Judea

Segundo y último episodio de la miniserie Judea y Roma: el Conflicto Fatídico (E2, 2018) en el que se narra la historia del historiador Josefo, protagonista, testigo y cronista de la destrucción del Templo de Jerusalén y del reino de Judea.

En el año 66, el pueblo de Judea, tras un siglo de dominio romano, se rebeló contra el imperio. Había pocas esperanzas de vencer pero el pueblo judío, soliviantado por fanáticos líderes religiosos, llevó a cabo numerosos ataques contra las fuerzas de ocupación.

Las represalias acabaron por destruir lo que quedaba del reino de Judea.

Testigo, protagonista y cronista de estos hechos, el historiador Josefo, protegido por el emperador Vespasiano, que le comisionó a narrar la historia de Judea.

Josefo, el Cronista de Judea

Nacido en el año 37, Josefo fue protagonista y testigo de las rebeliones del 66.

Escribió tres obras fundamentales: Las Guerras Judías, Las Antigüedades de los Judíos y una Autobiografía en la que justifica sus actos durante la revuelta contra Roma.

Fue contemporáneo de los evangelistas y de los emperadores Nerón y sus sucesores.

Dominaba el arte de la oratoria y la narrativa, y en sus escritos fue capaz de plasmar con gran habilidad los hechos y el carácter de los protagonistas de la historia. De fácil y amena lectura, sus obras son la mayor, casi la única, fuente documental sobre la convulsa historia de aquellos, los últimos años de Israel.

Los Procuradores de Roma

Tras la muerte de Herodes en el año 4 aC, el emperador Octavio Augusto dividió el reino de Israel entre sus tres hijos, quedando Judea bajo el control de Arquelao.

Éste, para acabar con las rebeliones y protestas, actuó con gran violencia, masacrando a 3.000 judíos.

Roma eliminó rápidamente a Arquelao y a partir del año 6 inició un nuevo sistema de gobierno, con el nombramiento de un procurador.

Los procuradores romanos gravaban a los judíos con onerosos impuestos de los que ellos se apropiaban una importante cantidad para enriquecerse. Desconocedores de las costumbres religiosas judías, cometían numerosas torpezas que ofendían a los sacerdotes y al pueblo. Como desfilar por las calles de Jerusalén con estandartes y figuras del Águila Imperial, que debía ser adorado como una deidad.

Esto se traducía en frecuentes revueltas que los procuradores sofocaban con gran violencia.

Las Sectas Judías

Pero los judíos no actuaban de forma coordinada. Entre ellos existían muchas sectas y facciones que rivalizaban entre sí y que nunca se ponían de acuerdo para presentar una lucha eficaz.

Josefo retrató estas divisiones, pero simplificándolas a sólo tres sectas principales: los Fariseos, los Saduceos y los Esenios.

Los Saduceos eran los aristócratas de Jerusalén, partidarios de colaborar con los romanos para evitar represalias y mantener su sistema de vida. Negaban la Providencia Divina y se atenían fielmente a la única ley legítima de la Torá. Por su colaboración, los romanos les dieron el control del Templo.

Los Fariseos también se atenían a la Torá, pero la interpretaban y enriquecían con nuevas ideas aportadas por otros pueblos. Cuando apareció la secta judeocristiana discutían principalmente con los fariseos, quizás por el hecho de que sus ideas eran mucho más cercanas.

La mayoría de la población se identificaba mejor con las ideas fariseas y los sacerdotes eran más queridos y respetados que los saduceos.

La Secta de los Esenios

Aparte de los Saduceos y Fariseos, también estaban los Esenios, una secta menos numerosa pero muy respetada por los judíos.

Vivían lejos de las ciudades, en comunidades religiosas y su principal actividad era la copia de manuscritos religiosos.

Al Noroeste del Mar Muerto, en Qumrán, se han encontrado los restos de una comunidad esenia y a su alrededor, en numerosas grutas y cuevas, gran cantidad de manuscritos.

Según Josefo, los esenios eran muy sencillos y vivían de una forma muy asceta, dedicados principalmente al estudio y la mística. No tenían propiedades, compartían todos los bienes y no temían a la muerte.

Creían que el Templo de Jerusalén había sido corrompido por sus dirigentes, los saduceos y esperaban la venida de un Mesías que restaurara la sacralidad del templo y de toda la tierra de Israel.

Los romanos destruyeron Qumrán en el año 68.

La verdad, algunos historiadores y arqueólogos dudan de que los restos arqueológicos de Qumrán estuvieran habitados por esenios. Según ellos parece tratarse más bien de una antigua fortificación abandonada que fue ocupada y usada por artesanos de cerámica en el siglo I. Los restos encontrados parecen apuntar en ese sentido.

En mi opinión, si se hubiese tratado de una verdadera comunidad esenia, éstos hubieran construido almacenes y cuevas dentro de la comunidad en los que guardar sus escritos. Todas las cuevas y grutas en los que se han encontrado manuscritos están situadas fuera de la fortificación, algunas bastante cerca, pero la mayoría a bastante distancia. Y esto no me parece lógico.

Varios historiadores opinan (y a mí me parece razonable) que cuando se produjo la rebelión del 66 muchos sacerdotes  y fieles huyeron de Jerusalén con gran cantidad de manuscritos y los escondieron provisionalmente en cuevas y grutas para salvarlos de los romanos con la idea de volver a recuperarlos cuando hubiera pasado el peligro.

Tal como acabaron las cosas, no quedó casi nadie que lo hiciera.

El Templo de Jerusalén

El centro religioso de los judíos, tanto los habitantes de Israel como los que vivían desperdigados por todo el mundo, era el Templo de Jerusalén, reconstruido por Herodes el siglo anterior, y al que fieles de todo el mundo peregrinaban en viajes organizados para visitarlo y hacer sus ofrendas.

En todas las demás religiones existían muchos templos, prácticamente en cualquier ciudad. Pero en la religión judía sólo existía un Templo, donde residía su único dios, Yavé. Y ese templo estaba en Jerusalén.

Los romanos no creían que el templo de Jerusalén fuera más sagrado que cualquier otro templo. El emperador Calígula ordenó que en el atrio del templo se erigiera una estatua de sí mismo, con el fin de que fuera reverenciada y adorada por todos los visitantes del templo. Calígula fue asesinado por sus guardias antes de que la estatua fuese instalada, pero la mera proposición había avivado las brasas de una rebelión a gran escala.

El Viaje a Roma

A la temprana edad de 26 años los líderes de Jerusalén encomiendan a Josefo que viaje a Roma para pedir la liberación de unos sacerdotes judíos. El barco en que viajaba naufragó en una tormenta en el mar Adriático y fue rescatado con unos pocos supervivientes por otro barco que pasó al día siguiente.

En Roma hizo amistad con Alituro, un actor judío en la corte de Nerón. Por su mediación, Josefo conoció a la esposa de Nerón, Popea Sabina, que transmitió al emperador la solicitud de Josefo.

Nerón siempre ha sido retratado como un emperador cruel con repentinos y peligrosos cambios de carácter. En el año 64 se produjo un devastador incendio en Roma, del que a veces se ha considerado responsable a Nerón.

Lo extraño es que Josefo, según su propia biografía, estaba en Roma en ese mismo año y no menciona el incendio en ningún momento.

Al año siguiente, en un arrebato de ira, Nerón mató a patadas a su esposa embarazada. Al perder a su protectora, Josefo, después de tres años en Roma, regresó indignado a Judea.

La Rebelión de Judea

A su regreso, la situación en Jerusalén era muy tensa. El fanatismo religioso y el nacionalismo más radical estaban caldeando los ánimos de la población, cada vez más proclive a rebelarse contra Roma. Sobre todo por los actos del procurador romano, Jesio Floro.

Mapa de Israel en el Siglo ILa ciudad de Cesárea Marítima, construida por Herodes en el año 25 aC, era el centro económico y comercial grecorromano de Judea. En ella convivían romanos, griegos y judíos, pero no siempre mantenían las mejores relaciones.

Los helenos, queriendo perjudicar a los judíos, hicieron un sacrificio ritual pagano en la puerta de la sinagoga volviéndola impura.

Los judíos acudieron al procurador Floro pagándole una gran cantidad de plata para que atendiera sus peticiones, pero Floro, tras aceptar el dinero, encarceló a los peticionarios.

Elevando las tensiones, Floro sacó 17 talentos de plata (unos 500 Kg) del templo de Jerusalén, lo que provocó más tensiones que Floro intentó aplacar enviando más tropas.

Hartos de los agravios, grupos de celotes y sicarios cometieron varios atentados contra las tropas romanas. Confiaban en que, si la situación empeoraba, Dios intervendría ayudándoles y llevándoles a la victoria.

Recién regresado de Roma, Josefo intentó calmar los ánimos, conteniendo a los sediciosos y haciéndoles ver que no tendrían ninguna posibilidad de victoria. En vano.

Tras la momentánea victoria de la rebelión, los judíos dividieron Israel en varios territorios y nombraron gobernadores en cada uno de ellos. A Josefo le comisionaron para gobernar Galilea.

El Asedio de Jotapata

Tal como temía Josefo, las represalias vinieron del Norte, y Galilea presentó la primera batalla.

Nerón envió al general Vespasiano, un veterano de las guerras de Britania y Germania. Con su hijo Tito como su segundo al mando, tres legiones y 30.000 soldados auxiliares, Vespasiano fue avanzando de ciudad en ciudad. Las que se sometían eran ocupadas. Las que resistían eran aplastadas.

Al llegar a Galilea, en la ciudad fortificada de Jotapata, en la cima de una colina con escarpados acantilados a tres lados, se encuentra Josefo al mando de 40.000 hombres.

Contra la superioridad táctica de los romanos, Josefo sabe que no podrá derrotarlos en campo abierto, y las cisternas de agua de la ciudad no serían suficientes para resistir un largo asedio. Josefo escribió a Jerusalén para pedir instrucciones, y le contestaron que resistiera.

En Julio del 67, Vespasiano y Tito plantan su campamento al Norte de la ciudad, su único lado accesible, e iniciaron el asedio.

Josefo describe cómo ideó varias ingeniosas estrategias para obstaculizar el asedio, pero apenas pudieron resistir 6 semanas.

El día 47 del asedio se levantó una espesa niebla que Tito aprovechó para acercar una escala de asalto para superar las murallas. Con una reducida tropa, degolló a los guardias y consiguió abrir las puertas por las que entraron los romanos.

La masacre se cebó con la vida de 40.000 judíos, apenas 1.200 salvaron la vida a costa de ser capturados como esclavos.

Es una cantidad desproporcionada. Los romanos por regla general esclavizaban a mujeres y niños, lo que normalmente representa la mitad de la población, pero en este caso no lo hicieron.

El Suicidio y Resurrección de Josefo

Josefo y unos 40 hombres pudieron refugiarse en una cueva cercana. Josefo pensaba que lo mejor era escapar, pero los demás le recriminaron su cobardía y le impidieron, a punta de espada, que huyera.

Los demás hombres propusieron que debían suicidarse, y Josefo, aduciendo que el suicidio era un pecado ante Dios, propuso que lo echaran a suertes y que se fueran matando entre sí hasta que sólo quedara uno. Así, el último que quedara sería el único que cometería el pecado del suicidio.

Josefo quedó el penúltimo, y tras morir todos los demás convenció al otro soldado superviviente de que la voluntad de Dios era que ambos debían vivir.

Cuando ambos fueron capturados y llevados ante Vespasiano, Josefo afirmó que era un profeta y que Dios le había revelado que Vespasiano llegaría a ser emperador de Roma.

La profecía era descabellada. De extracción humilde, Vespasiano tenía muy pocas posibilidades de llegar a ese cargo, pero intrigado por esta supuesta profecía mantuvo preso a Josefo durante dos años.

Poco después Nerón fue declarado enemigo del pueblo, y sin ser capaz de suicidarse ordenó a uno de sus hombres que le matara.

Se produjeron revueltas y luchas internas por el poder. En el mismo año hubo 4 emperadores sucesivos: Galva fue asesinado. Otón se suicidó a las pocas semanas. Vitelio fue ejecutado y arrastrado por las calles. Y por fin, Vespasiano fue proclamado emperador.

Vespasiano regresó a Roma dejando a Tito a cargo de la campaña contra Judea, con Josefo como su asesor.

El Asedio de Jerusalén

En la primavera del año 70, Tito llegó a Jerusalén e inició el asedio.

Con una ciudad repleta de refugiados, la ciudad no tenía víveres ni agua para resistir un largo asedio. Tito agravó aún más el problema permitiendo que refugiados y peregrinos entraran en la ciudad, pero impidiendo que salieran. A los que intentaban salir los crucificaba o les cortaba las manos y los devolvía a la ciudad.

Dentro de Jerusalén la situación era caótica. Algunos proponían rendirse, otros resistir, presentar batalla hasta que Dios interviniera a su favor. Las distintas facciones luchaban entre sí, y los más beligerantes eran los celotes y sicarios, que vigilaban las puertas matando a cualquiera que intentara huir de la ciudad.

Josefo narra que la situación fue tan desesperada que hubo casos de canibalismo, como el de una mujer llamada María que estaba tan hambrienta que devoró a su propio hijo.

Y aún fue peor cuando algunos más radicales incendiaron los almacenes de alimento con el fin de obligar a los asediados a salir a luchar contra los romanos en vez de sólo defenderse.

En un intento por conseguir la rendición, Tito envió a Josefo ante las murallas para exhortar a los judíos a que aceptaran la rendición, ya que no tenían ninguna posibilidad de victoria.

Josefo apeló a la historia de los judíos, diciéndoles que siempre habían prevalecido a pesar de todas las veces que su pueblo había sido conquistado, y que la historia demostraba que cada vez que tomaban las armas habían perdido, pero que al someterse a los conquistadores habían prevalecido y salvado la continuidad del templo.

Pero su exhortación fue respondida con piedras y flechas y Josefo fue herido durante su huida.

La Destrucción de Jerusalén

Tras 8 meses de asedio, Tito consiguió derribar las murallas de Jerusalén y las legiones romanas entraron y masacraron a la población. Levantaron las calles para dejar a la vista las alcantarillas e impedir que se refugiaran los asediados. Las calles quedaron tan llenas de cadáveres que, según Josefo, la sangre apagaba los incendios de las casas. Una antorcha fue arrojada sobre el templo, que se incendió por completo, quedando reducido a cenizas.

Según Josefo, Tito no tenía la intención de masacrar la ciudad ni destruir el templo, sino que todo se debió a las acciones de sus legionarios, cansados y frustrados por haber estado tantos meses asediando la ciudad.

Según Josefo, en la guerra judía murieron 1.100.000 personas, y 550.000 tomadas en cautiverio.

Botín Judío en el Arco de Tito

Mientras el pueblo judío lloraba la pérdida del Templo y su tierra ancestral, el pueblo romano lo celebró.

En Roma, el hermano de Tito, Domiciano, erigió el Arco de Tito en los límites del foro. En él se ven escenas de los soldados romanos llevándose las reliquias del templo, la Menorá, los estandartes y el altar.

Al contrario que otros pueblos, los judíos no tenían imágenes de su dios, lo que para los romanos era absurdo. ¿cómo podía adorarse a un dios que no se podía ver?

El Asedio de Masada

El templo y la ciudad de Jerusalén habían sido destruidos, pero la guerra aún no había acabado. Judíos supervivientes se reunieron en la fortaleza de Masada, donde librarían su última batalla.

Para combatirlos, Vespasiano y Tito enviaron una legión de élite en el año 73 al mando de Lucio Flavio Silva.

Con 4.000 soldados experimentados y otros tantos auxiliares, asediaron la fortaleza, en la que había 967 judíos. No todos eran soldados, había muchos refugiados, hombres, mujeres y niños. Los soldados que afrontaban la defensa eran del grupo de los sicarios.

Silva levantó un campamento para sus tropas y un muro de 3 Km alrededor de la colina para evitar que pudieran huir o recibir ayuda o alimento. Pero los almacenes de alimentos y las cisternas de agua estaban repletas. Podrían resistir un asedio durante años, mientras que los 8.000 soldados romanos, junto con sus esclavos, criados y mujeres no podrían mantener un asedio durante tanto tiempo.

Pero los legionarios romanos no eran sólo soldados combatientes, también eran expertos ingenieros capaces de construir calzadas, acueductos, puentes y máquinas de guerra y asedio.

Con el fin de quebrar las defensas, Silva hizo que construyeran una empinada rampa de 600 m de largo que llegara hasta la cima de la montaña. Aún bajo los constantes disparos de flechas y rocas de los asediados, la rampa se construyó en tres meses.

Para los judíos asediados, la rapidez de la construcción debió ser aterradora.

Una vez terminada la rampa, una torre de asedio especialmente construida para este fin fue empujada hasta la muralla.

Cuando Silva y sus legiones entraron en la fortaleza, sólo encontraron un millar de cadáveres.

Persuadidos por los sicarios, todos los asediados se habían quitado la vida.

El Ascenso de Flavio Josefo

Vespasiano usó la conquista con fines propagandísticos para afianzar su fama y fortalecerse en el trono. Y el botín conseguido en Jerusalén y en toda Israel le permitió financiar la construcción del Coliseo de Roma, con capacidad para 50.000 personas. Él no llegó a verlo terminado, pero sí su hijo y sucesor, Tito, que inauguraron la dinastía Flavia.

Pero quizás su obra más duradera fue el encargo que le hizo a Josefo de que escribiera una crónica de Las Guerras Judías.

Josefo recibió una pensión y una residencia que había pertenecido a la familia imperial. Allí dedicó el resto de su vida a escribir las crónicas de Las Guerras Judías, las Antigüedades Judías, su propia Autobiografía y otras obras.

En todos sus relatos Josefo elogia a Vespasiano y a Tito, les exime de responsabilidad por las masacres, el incendio del templo y la destrucción de Jerusalén achacándolas a accidentes o actos impulsivos de sus soldados.

Y para firmar su obra adoptó el nombre de la familia que le había dado la vida y su fama: Flavio Josefo.

En mi opinión

La primera vez que oí la historia del asedio de Jotapata y el pacto de suicidio de los asediados del que Josefo se libró por los pelos profetizando que su captor sería emperador, me hice una idea bastante clara de su carácter: Un cobarde mentiroso y traidor cuyos únicos méritos eran la labia y el cuento.

Aunque algunos de los historiadores de este documental se deshacen en elogios y justificaciones, no veo motivo para cambiar de opinión.

Un par de detalles más.

El Incendio de Roma

Cuando se inició el incendio, Nerón estaba en su villa, a 20 Km de Roma. Avisado por sus guardias del resplandor que se veía en el horizonte sobre la ciudad de Roma, Nerón cabalgó hasta la ciudad y organizó la lucha contra el fuego.

SÍ es cierto que incendió varios barrios para que actuaran como cortafuegos e impedir que las llamas arrasaran toda la ciudad. Y parece que tras el incendio creó un cuerpo de bomberos, no sé si sería el primero de la historia.

También, según algunos historiadores, SÍ fueron los cristianos los que la incendiaron con el fin de que se cumplieran las profecías bíblicas y llegara Dios a celebrar el Armagedón.

No eran los cristianos los únicos que creían esto. También celotes y sicarios convencieron a muchos judíos de que cuanto peor se pusieran las cosas antes llegaría Dios a darles la victoria.

Así les fue.

La Credibilidad de Josefo

Josefo escribió Las Guerras Judías para halagar a sus benefactores, los emperadores Vespasiano y Tito. Seguro que muchos de los actos de éstos no fueron tan bondadosos y magnánimos como Josefo los expone. Que los hechos más atroces de la guerra fueran responsabilidad de soldados exaltados es, muy probablemente, un intento de lavarles la cara.

Su Autobiografía incluye relatos en los que se atribuye gran valor e inteligencia. A los 14 años los sabios del templo iban a consultarle detalles específicos de las escrituras. ¿Os lo creéis?

Y el hecho de que estuviera en Roma en el año del incendio y no lo mencionara dice mucho de su credibilidad. O de la falta de ella.

Ver Ficha de La Caída de Judea de la serie Judea y Roma: El Conflicto Fatídico

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