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Análisis de los evangelios, para explicar cómo se construyó el mito de Jesús.

Creada06-03-2017
Modificada24-05-2017
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Guía para Comprender los Evangelios

Jesús vivió hace dos mil años y desde entonces se ha convertido en el eje central de una religión que, en distintas formas de entenderla, es seguida por miles de millones de personas.

Para muchos es Dios, Hijo de Dios. Para otros fue un hombre ejemplar y cuyas sabias enseñanzas deben ser seguidas.

Por desgracia el mismo Jesús no ha dejado ningún escrito, ningún relato de su vida ni recopilación de sus enseñanzas.

Pero algunos de los que le conocieron sí relataron su vida y su doctrina.

No sabemos con exactitud quiénes ni cuántos, pero lo cierto es que a mediados del siglo II existían varias docenas de relatos que afirmaban narrar hechos de la vida, los milagros y predicaciones de Jesús. Todos los cristianos recién convertidos estaban ansiosos por conocer a Jesús y muchos predicadores sin escrúpulos hilvanaron una serie de historias en las que doctrinas totalmente ajenas al cristianismo eran puestas en boca de Jesús, como si formaran parte de su predicación.

Eran tantos los textos falsos que afirmaban haber sido escritos por testigos directos, en ocasiones de familiares, y tantas las doctrinas falsas, paganas, mistéricas y heréticas que difundían, que las autoridades de la Iglesia decidieron establecer un canon oficial, una lista autorizada de relatos evangélicos.

Tras examinar más de 70 evangelios, la lista oficial de evangelios canónicos fue reducida a 4, que se atribuyeron a los apóstoles Marcos, Mateo, Lucas y Juan.

Todos los demás fueron considerados apócrifos.

Lo cual no significa que todos fueran falsos. Algunos de esos evangelios son listas de dichos y predicaciones de Jesús, conversaciones mantenidas con sus discípulos, y resultan bastante creíbles. Al menos varias de sus sentencias se encuentran en algunos de los evangelios canónicos.

Pero otros son una increíble variedad de milagros y hazañas aderezadas con doctrinas muy apartadas de la predicación de la Iglesia. Y algunas de esas proezas son increíbles hasta el ridículo. En aquella época había mucha gente inculta que creía en seres mágicos y sobrenaturales y podían aceptar milagros como que Jesús niño pudiera dar vida a pájaros moldeados de arcilla o matar con su sola palabra a un niño que le hace tropezar o un maestro que le reprende. O que los templos de Egipto se derrumbaban y las esfinges se inclinaban al paso de la Sagrada Familia. La cantidad de relatos de ese tipo llegó a ser tanta que para los detractores del cristianismo resultaba sumamente fácil ridiculizar sus relatos.

La Iglesia quiso acabar con ese Talón de Aquiles del cristianismo y desterró todas esas fantásticas aventuras al terreno de lo apócrifo, seleccionando los cuatro evangelios canónicos que conocemos.

Y una vez seleccionados esos cuatro evangelios, y decidido que eran los únicos veraces, ¿qué podemos aprender de ellos?

Las Fuentes Literarias

Para tener una visión lo más cercana posible a los evangelios lo ideal sería contar con los originales, escritos por la propia mano de sus autores. Pero esto no es posible.

En el siglo I, un escritor escribía un libro y encargaba que se hiciera una o varias copias que se enviaban a otras personas que, si consideraban que era un relato valioso es posible que hicieran otra copia de la copia. O no.

Millones de cartas han sido escritas y la mayoría han sido destruidas sin que de ellas se haya hecho ninguna copia.

Incluso los textos más valiosos, si no se copiaban, desaparecían.

Y aún los que se copiaban, al cabo de décadas de uso, el original y las copias se deterioran, se dejan de usar. Entonces, o se destruían o se almacenaban, guardándolas en el fondo de armarios o tinajas.

Sólo unos pocos, poquísimos fragmentos de papiro de aquella época han llegado hasta nosotros.

El documento evangélico más antiguo que se conserva es un papiro del siglo II que contiene un fragmento del Evangelio de Mateo, y no es más que una copia de una copia.

De todos los textos evangélicos más antiguos que se han encontrado, no existe ninguno que sea original y desde un punto de vista racional no es posible determinar si son copias exactas o contienen errores de escritura, de interpretación o de traducción.

Durante mucho tiempo la Iglesia ha sostenido que todos los textos evangélicos fueron escritos por apóstoles de Jesús, bajo la inspiración divina del Espíritu Santo, y por tanto entre ellos no podían existir falsedades ni discrepancias. Hoy en día no se piensa de forma tan dogmática, y ante cualquier texto debemos realizar un análisis crítico para determinar si es una trascripción veraz de la vida y la doctrina de Jesús o si su autor desarrolló esa doctrina para adaptarla a sus creencias.

Los autores de los cuatro evangelios, no fueron ninguno de los apóstoles, ni fueron testigos de todos los hechos que narran. Algunos ni siquiera tuvieron la oportunidad de conocer a Jesús. Muy probablemente, no se conocían entre sí, pero a pesar de ello existen muchas similitudes en sus textos, en ocasiones con frases idénticas. Para explicarlo se ha sugerido que todos pudieron basarse en un evangelio anterior, ya perdido, conocido como el Documento Q (de Quelle, Fuente en alemán), que sirvió como núcleo inspirador a los evangelistas.

Sí que parece cierto, porque así lo afirman algunos escritores cristianos de principios del siglo II, que ya en vida de Jesús los apóstoles llevaban consigo dos rollos, uno doctrinal, conteniendo muchas de las enseñanzas de Jesús, otro profético, citando muchos de los pasajes de la Torá, el Antiguo Testamento, donde diversos profetas aseguran que vendrá un Mesías, y que era usado por los apóstoles para afirmar que esas profecías se cumplieron en Jesús.

Se cree que el autor de esos rollos pudo ser alguno de los discípulos más cultos de Jesús, y ya que la mayoría eran pescadores, la Iglesia se los ha atribuido al apóstol Mateo, que por su oficio de recaudador de impuestos tal vez fuera el más culto de ellos.

Tras la muerte de Jesús, sus discípulos pensaban que el Segundo Advenimiento y el Juicio Final llegarían pronto, que era cuestión de meses o pocos años, ya que así lo había afirmado Jesús al decir que algunos de sus discípulos no morirían antes de ver al Hijo del Hombre volver en su gloria (Marcos 13:30, Mateo 16:28, Lucas 9:27 y Juan 21:22), por eso ninguno se tomó la molestia de escribir un relato sobre su vida. La doctrina y el evangelio se transmitía de forma oral y, más tarde, mediante cartas de los principales apóstoles a las comunidades lejanas.

Cuando se comprobó que el Advenimiento no era tan inmediato como se había pensado, algunos discípulos cristianos decidieron escribir un relato ordenado de la vida de Jesús basándose en sus propios recuerdos o en el de aquellos que lo conocieron.

El Evangelio de Marcos

El primer evangelio escrito fue el de Marcos. No se sabe la fecha exacta en que se escribió, los historiadores proponen fechas dispares entre el 50 y el 70.

También el autor plantea dudas ya que él nunca indica su propio nombre, ni se incluye en la lista de los apóstoles ni es nombrado en ninguno de los evangelios.

Tradicionalmente se piensa que se trataba de "Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos", que es mencionado en tres ocasiones en el libro de los Hechos (12:12, 12:25, 15:37), escrito por el mismo autor del evangelio de Lucas.

Juan Marcos vivía en Jerusalén, en la casa de su madre, y allí se reunían los primeros cristianos para orar.

[Pedro] ... llegó a casa de María, la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban reunidos orando.

Hechos 12: 12

Algunos historiadores opinan que fue en esa casa donde Jesús y sus discípulos celebraron la Última Cena. Otros historiadores dudan de ello, y piensan que se celebró en la casa de un joven sacerdote del Templo que, como anfitrión, estaba junto al invitado principal, Jesús, y que recostó su cabeza en el pecho del Maestro. Y parece bastante probable, casi seguro, que ese discípulo fuera el autor, no del evangelio de Marcos, sino del de Juan.

Más adelante, Juan Marcos acompañó a Pablo en parte de su primer viaje pero lo abandonó y volvió a Jerusalén para denunciarlo al comprobar que sus predicaciones se apartaban bastante de las enseñanzas de Jesús (Hechos 13:13). Tanto así que Pablo no quiso que lo acompañara en su segundo viaje (15:37-38). Más tarde acompañó a Pedro en sus viajes y se cree que en la redacción de su Evangelio se basó en muchos de sus recuerdos y relatos. De hecho, parece que Justino, a mediados del siglo II mencionó las Memorias de Pedro refiriéndose al Evangelio de Marcos.

En cuanto al lugar en que este evangelio fue escrito, hay un acuerdo generalizado de que se escribió en Roma, y que fue el primero que tuvo una amplia difusión entre los primeros cristianos de Europa.

En cuanto al contenido, el evangelio cubre el período desde el Bautismo hasta pasada la crucifixión.

Marcos indica los viajes de Jesús por distintas ciudades y los milagros, curaciones y predicaciones realizadas en cada una de ellas, componiendo un relato fácil de seguir y de amena lectura.

También incluye una enigmática escena, tras el prendimiento de Jesús en Getsemaní, que no parece tener relación con el relato y cuyo misterio no se aclara en ningún momento.

Entonces, dejándole, todos sus discípulos huyeron.

Pero cierto joven le seguía cubierto con una sábana sobre el cuerpo desnudo; y los jóvenes le aprehendieron; pero él, dejando la sábana, huyó de ellos desnudo.

Marcos 14:50-52

Según algunos historiadores, este joven podría ser el mismo Juan Marcos, autor de este evangelio y que así quiso hacer constar que estuvo presente en ese momento.

El evangelio termina abruptamente cuando María Magdalena, María, madre de Jacobo, y Salomé, se dirigen al sepulcro la mañana del domingo para terminar de amortajarlo, ya que el Viernes no habían tenido tiempo de hacerlo por la puesta del sol y el inicio del Sábado. Por desgracia la última hoja del evangelio de Marcos se perdió y otro escritor lo completó narrando las varias apariciones y últimos mensajes de Jesús a sus discípulos.

El Evangelio de Mateo

Todo parece indicar que este evangelio fue escrito en Egipto, probablemente en Alejandría, sede de la gran biblioteca y donde existía una importante colonia judía. El autor se basó en alguna copia del Evangelio de Marcos añadiendo unas genealogías desde Abraham a David y desde éste a José, esposo de María.

La genealogía de Jesús según Mateo resulta muy sospechosa y parece artificial ya que en una genealogía verdadera hay muchos hijos a los que se les pone el nombre de sus padres, abuelos o algún familiar, pero en los 40 nombres mencionados por Mateo no se repite ninguno, lo que resulta bastante inusual.

También incluyó varios relatos previos a su vida pública, como la Concepción de Jesús, la Anunciación en Sueños a José, la Visita de los Magos de Oriente, la Huida a Egipto, la Matanza de los Inocentes y, tras la muerte de Herodes, su  viaje a Nazaret. A partir de ahí entronca con el relato de Marcos, que prácticamente copia viaje por viaje, milagro por milagro, pero añade, quizás lo más valioso de este evangelio, el Sermón de la Montaña y varios capítulos doctrinales, que contienen muchas de las predicaciones incluidas en el rollo original atribuido al apóstol Mateo.

El orden cronológico de los viajes, hechos y enseñanzas de Jesús coincide por completo con el mostrado en Marcos, con muy pocas excepciones, como los episodios de la Tempestad Calmada y el de la resurrección de la Hija de Jairo, que son narrados varios episodios antes que en Marcos y con la diferencia de que Mateo no indica el nombre de Jairo, sino que se refiere a él como un Principal, sin especificar, como sí lo hacen Marcos y Lucas, que se trataba de Jairo, el sacerdote principal de una sinagoga. Eso indica que Mateo se basó en una copia de Marcos que ya tenía errores de transcripción, o que fue el mismo Mateo el que cometió esos errores.

La fecha más probable en que se escribió este evangelio es sobre los años 60 a 80, en cualquier caso posterior al de Marcos. Según algunos historiadores, fue escrito antes de la destrucción de Jerusalén por los romanos en el año 70, pero otros, basándose en la supuesta profecía de que el templo de Jerusalén sería destruido, opinan que fue escrito después.

El contenido doctrinal del Sermón de la Montaña y las varias parábolas añadidas al relato de Marcos, hacen que Mateo sea una lectura muy interesante, tanto para creyentes como para investigadores.

La Identidad de Mateo

Siempre se ha pensado que el autor de éste evangelio fue el mismo apóstol Mateo, el publicano, recaudador de impuestos de Galilea, pero...

En Marcos, el nombre de Mateo sólo aparece una vez, cuando se nombra a los doce apóstoles (3:16-19). Pero en el capítulo anterior se describe cómo Jesús encuentra a Leví, hijo de Alfeo sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. (2:14). Sin embargo, en la lista de apóstoles no se nombra a Leví, sino a Mateo (a secas), y a Tomás, y a Jacobo, el hijo de Alfeo. ¿Por qué Leví no es contado entre los apóstoles si fue llamado por Jesús? Y ¿cuál de los dos, Leví o Jacobo, era hijo de Alfeo?

En cambio, en Mateo 9:9, "vio a un hombre que estaba sentado al banco de los tributos públicos, el cual se llamaba Mateo, y le dijo: Sígueme.". Más tarde, en la lista de apóstoles de Mateo 10:3 se nombra a Mateo, el publicano. Y no vuelve a ser mencionado en todo el evangelio.

Por su parte, Lucas 5:27 vuelve a decir "vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme.". Ese mismo día Jesús y sus discípulos comieron en casa de Leví y fue recriminado por los fariseos por comer en compañía de publicanos y pecadores.

Y más tarde, en Lucas 6:13-16, se nombran a los doce apóstoles, y tal como en Marcos, aparece Mateo pero no Leví.

Nunca más, ni en Juan, ni en los Hechos ni en las Epístolas, vuelven a ser mencionados ni Mateo ni Leví. Tradicionalmente siempre se ha interpretado que Mateo y Leví eran la misma persona, pero no hay ninguna mención a este hecho.

En realidad, en el evangelio atribuido a Mateo no hay ninguna mención ni sugerencia sobre quién lo escribió, y todo parece indicar que el autor se inspiró para la parte narrativa en el evangelio de Marcos (con la única variación en el nombre de Mateo-Leví y el cambio de orden de algunos milagros) y para la parte doctrinal en el rollo que solían llevar los apóstoles y que los cristianos del siglo II afirmaban que habían sido escritos por Mateo.

Hay que tener en cuenta que los evangelios se divulgaban mediante copias y copias de copias, y en cada una de ellas podían producirse ligeros errores de trascripción, lo que explicaría las pocas pero evidentes diferencias narrativas entre Mateo y Marcos.

El Evangelio de Lucas

No se sabe quién escribió este evangelio, pero sí que se documentó e inspiró en copias de Marcos y en los rollos originales de Mateo, pero no en el evangelio de Mateo que, al parecer, no conoció.

Y también en las memorias de un discípulo que acompañó a Pablo en varios de sus viajes. Algunos capítulos de los Hechos de los Apóstoles, del mismo autor que Lucas, están escritos en primera persona, lo que indica que fueron copiados literalmente de esas memorias.

Se ha sugerido que ese discípulo era Lucas, el médico querido, mencionado por Pablo en tres de sus epístolas (Colosenses 4:14, 2ª Timoteo 4:11 y Filemón 1:24), pero ni en Lucas ni en Hechos ni en las epístolas hay ningún indicio de que fuera así, aunque los primeros cristianos, en el siglo II, lo mencionan como autor, quizás por tradición oral o por documentos que se han perdido y de los que no nos ha quedado ninguna copia.

Fuera quien fuera, el autor narra varios sucesos de la infancia de Jesús, pero para demostrar que no conocía el evangelio de Mateo, el relato del nacimiento y la infancia no coincide en ninguno de los hechos narrados e incluso en algunos casos lo contradice.

En Mateo 2:13-14, tras nacer Jesús en Belén (no se menciona que hubieran venido de Nazaret) huyeron a Egipto y sólo tras la muerte de Herodes regresan a Israel y al no considerarse a salvo con el heredero de Herodes en Judea, deciden seguir viaje a Galilea, a la ciudad de Nazaret.

En Lucas 2:1-39 sí se indica que José y María viajan de Nazaret a Belén, donde nace Jesús, y después se volvieron a Nazaret, sin pasar por Egipto ni por ningún otro sitio.

Se ha querido interpretar que el autor de Mateo, siendo originario de Egipto, quiso hacer que su tierra fuera escenario de parte de la vida de Jesús.

Igual que Mateo, Lucas escribe una genealogía de Jesús, pero mientras Mateo lo hace desde Abraham hasta Jesús, Lucas lo hace a la inversa, desde Jesús hasta Adán, hijo de Dios. Los antepasados incluidos entre Abraham y David coinciden perfectamente, pero desde David a Jesús discrepan por completo. Mateo indica 27 generaciones, desde David, a través de su hijo Salomón en adelante, lo cual resulta bastante improbable porque significaría que como promedio cada ascendiente de Jesús tendría 37 años cuando nació el siguiente. Si alguno se le ocurriera tener un hijo con 20 años, el siguiente deberá esperar hasta los 54.

Lucas menciona 42 generaciones, desde David y su otro hijo, Natán en adelante. Esta cantidad significa que la edad promedio de los antecesores de Jesús al tener un hijo era de 23 años, lo cual es más creíble que en Mateo.

Y comparando las dos genealogías, ninguno de los nombres coincide entre ambas listas hasta José, padre de Jesús. La única forma en que dos líneas genealógicas diferentes puedan confluir en José es que lo hicieran a través de su padre y su madre, pero en ninguna de las dos genealogías se incluye ningún nombre de mujer. Resulta evidente que una de las dos listas, o las dos, fueron inventadas.

En cualquier caso, dado que Jesús, según ambos evangelistas, no era hijo natural sino putativo de José ¿qué sentido tendría incluir su genealogía para afirmar su cuestionable descendencia de David? Si fue concebido por el Espíritu Santo, la única forma de que pudiera ser descendiente de David era a través de su madre, María, no de José.

La narración de la vida pública de Jesús prescinde de los nombres de muchas ciudades, y los milagros y enseñanzas que pueden encontrarse también en Marcos y Mateo están muy desordenados en el tiempo.

Además, Lucas se repite a menudo. Narra en tres lugares distintos cómo Jesús instruye y envía a sus apóstoles a predicar, y en una de esas ocasiones (10:1-24) envía, no a doce, sino a 70 discípulos.

Sobre el trabajo en Sábado, Lucas habla de ello en tres ocasiones, en 6:1-5,  13:10-17 y 14:1-6.

También la Parábola de la Lámpara bajo la Cama es mencionada dos veces, y algunos episodios son sencillamente imposibles de encajar cronológicamente con Marcos y Mateo.

En Lucas hay dos episodios en los que un hombre pregunta a Jesús lo que debe hacer para alcanzar la Vida Eterna. En el primero, Jesús le dice que ame a su prójimo, y esto lleva a la parábola del Buen Samaritano (Lucas 10:25-37), que no se recoge en los otros evangelios. El segundo episodio transcurre de forma similar a Marcos y Mateo, donde Jesús responde que venda todo lo que posee y lo reparta entre los pobres, lo que lleva a la célebre sentencia sobre que antes entrará un camello por el ojo de una aguja que un rico en el reino de los cielos (Lucas 18:18-27, Mateo 19:16-26 y Marcos 10:17-27).

Por otro lado, aunque se incluyen muchos hechos, parábolas y doctrinas ya mencionadas por Marcos y Mateo, también se incluyen varios relatos que no están recogidos por ellos. Entre ellos cuando Jesús predica en Nazaret y es expulsado por sus paisanos, la Pesca Milagrosa, la curación del Criado del Centurión (Señor, no soy digno...), el Hijo Pródigo, el Buen Samaritano, el Publicano Hipócrita y otros.

Y otros episodios descritos por Marcos y Mateo son narrados en distinto orden, siendo quizás el más llamativo el de la Mujer con el Frasco de Alabastro que le ungió con un carísimo aceite de nardo. Mientras Marcos 14:3-9 y Mateo 26:6-13 sitúan la escena en Betania, en casa de Simón el Leproso, dos días antes de la Última Cena, Lucas 7:36-50 lo sitúa al principio de su ministerio, en la casa de un fariseo, en Naín, cerca de Cafarnaúm.

Y precisamente al mencionar la ciudad de Naín señala que la fama de Jesús se extendió por todos los alrededores de Judea, cuando Naín se encuentra en Galilea, muy al Norte de Judea. Éste y otros detalles similares indican que el autor no conocía la geografía de Israel.

También varias de las predicaciones de Jesús indican que, aunque Lucas no se basó en el evangelio de Mateo, sí disponía de copias de los rollos originales atribuidos al mismo, lo que se evidencia en la inclusión de parte de las Bienaventuranzas, la oración del Padre Nuestro y varias enseñanzas más que también fueron recogidas por el autor de Mateo. Dato curioso, mientras las Bienaventuranzas son incluidas por Mateo (5:1) en el Sermón de la Montaña, que Jesús pronuncia desde lo alto de una montaña con sus discípulos bajo él, Lucas (6:20) indica que se pronunciaron en una llanura, alzando él los ojos hacia sus discípulos.

El relato no termina con la resurrección de Jesús, sino que continúa con una segunda parte, los Hechos de los Apóstoles, donde tras narrar varios episodios de los primeros apóstoles, hace su aparición Pablo de Tarso, que ingresa en la orden de la que forman parte los demás cristianos, y tras tres años de aprendizaje en un monasterio, aparentemente esenio, inicia sus predicaciones que en varias ocasiones le llevan a enfrentarse con Jacobo, el jefe de la iglesia cristiana original.

El autor de Lucas y Hechos escribe una apología de la predicación de Pablo, a quien describe como un campeón de la oratoria, cosa que el mismo Pablo niega en sus cartas, y hace una crítica velada, pero continua, a los demás apóstoles, infravalorando el papel de Jacobo y encumbrando a Pedro, al que en contra de muchas evidencias, lo presenta como líder de la iglesia primitiva.

Lo que se trasluce del relato de los Hechos es que cuando Pablo comenzó a predicar el cristianismo, lo hizo de forma muy distinta a como predicaban los primeros cristianos. Esto podría sugerir que Pablo traicionó las enseñanzas que había recibido y que fue él el que hizo creer que Jesús había nombrado a Pedro como sucesor. Todo ello antes de que se escribieran los primeros evangelios.

La estructura del relato, dividido en dos partes y dirigidas al excelentísimo Teófilo (Lucas 1:3 y Hechos 1:1), es muy similar a un texto de Josefo, Contra Apion, escrito en el año 93, por lo que hay quien piensa que Lucas y Hechos fueron escritos poco después de esa fecha.

Incluso se ha sugerido que fue el mismo Josefo el que escribió ambos relatos, pero esta teoría ha sido descartada porque Lucas y Hechos demuestran un gran desconocimiento de las costumbres y la geografía judías y porque el mismo Josefo era bastante vanidoso y no hubiera perdido la oportunidad de firmar su obra.

El Evangelio de Juan

El más tardío de los cuatro evangelios, fue escrito entre los años 100 y 110, probablemente por un sacerdote que se inspiró en las memorias y relatos del discípulo amado, que vivió los últimos años de su larga vida en un monasterio de Éfeso.

Su autor parece ser también autor de las tres epístolas atribuidas a Juan Apóstol, aunque sólo dos de ellas están firmadas por "El Anciano" sin indicar su nombre.

El Evangelio de Juan comienza con el ministerio de Juan Bautista e incluye varios cánticos e himnos que solían cantar las primeras comunidades cristianas.

Termina tras la resurrección y los consejos que Jesús le da a sus apóstoles, y para confirmar su autoría...

Éste es aquel discípulo que da testimonio de estas cosas, y el que escribió estas cosas, y sabemos que su testimonio es verdadero.

Juan 21:24

El hecho de que el autor no diga su propio nombre puede ser una muestra de humildad y modestia que confirmaría que el relato fue escrito directamente de su propia mano o, lo que parece más probable dada su avanzada edad, al dictado de su viva voz. Pero el "sabemos" sugiere que el evangelio definitivo fue reescrito por un segundo autor basándose en lo escrito por el discípulo amado.

En cuanto al contenido del evangelio, difiere radicalmente de Marcos, Mateo y Lucas. Mientras estos narran UN viaje a Jerusalén al final de un ministerio de menos de un año, Juan sitúa a Jesús en Jerusalén al menos en cuatro ocasiones (2:13, 5:1, 7:10, 12:12), sugiriéndose que su ministerio debió durar varios años.

Respecto a su nacimiento en Belén, sólo Mateo y Lucas lo afirman, Marcos no lo menciona, pero Juan deja entrever, precisamente, que Jesús no nació en Belén, sino en Galilea.

También Juan menciona (8:57) que Jesús tenía algo menos de 50 años, lo que contradice a Lucas, que afirma que tenía 30 en el momento de su bautizo.

Por último, la narración de Juan incluye varios episodios que no son mencionados en los otros evangelios, como las Bodas de Caná, la Samaritana del Pozo, la Primera Piedra, la Conversación con Nicodemo, el enfrentamiento de Jesús con sus hermanos o la Resurrección de Lázaro, entre otros.

Otros hechos ocurridos, según los otros evangelistas al final de su ministerio, como la Expulsión de los Mercaderes del Templo, son situados por Juan 2:14-16 al principio, en su primer viaje a Jerusalén.

Y un hecho sorprendente, es el único evangelio en el que su autor se refiere a sí mismo, aunque nunca da su propio nombre. Basándonos en esos comentarios ¿Qué podemos decir del autor?

El Primer Autor del Evangelio de Juan

En Juan, el autor se refiere en varias ocasiones a sí mismo, pero nunca dice su propio nombre. Cuando se refiere a sí mismo afirma ser "el discípulo amado", "a quien Jesús quería", etc. En todo el evangelio, cuando se menciona el nombre de Juan, hace referencia, siempre, a Juan Bautista, y es curioso porque, si el autor se llamara Juan en algún momento se habría visto obligado a aclarar que al decir Juan no se refería a sí mismo, sino al Bautista. Es lo que ocurre cuando en la Última Cena se refiere a Judas, no el Iscariote (14:22).

Eso no ocurre. El autor nunca hace esa aclaración al hablar de Juan Bautista, y eso da que pensar que el narrador no creyó necesario aclarar una posible confusión, sencillamente porque ni se le ocurrió, porque no había confusión posible, porque él no se llamaba Juan.

¿Quién podría ser, pues, el autor?

El Discípulo sin Nombre

Puesto que nunca se nombra a sí mismo, examinemos las personas que aparecen en el evangelio y que no son nombradas.

Al reunir a sus dos primeros discípulos (1:35-40), uno de ellos es luego identificado como Andrés, pero el otro no es nombrado. Poco después Andrés recluta a su hermano Simón, quien nada más conocer a Jesús es nombrado por éste como Pedro (Mateo 16:17 narra esto mucho más tarde, cuando Pedro afirma que Jesús es el Mesías. Marcos y Lucas no relatan el hecho, sólo lo llaman Simón Pedro y Simón, a quien Jesús llamó Pedro).

Después Jesús recluta a Felipe (1:43) y éste a Natanael (1:45), y mucho más adelante (6:71) se menciona por primera vez a Judas Iscariote, a Tomás Dídimo (11:16) y a otro Judas, pero no el Iscariote (14:22) pero en ningún momento se regresa para dar el nombre del discípulo desconocido que estaba con Andrés.

¿Fue un olvido del autor o fue que se trataba del mismo autor y no quiso mencionar su propio nombre? Tal vez se trate de un olvido, ya que todas las ocasiones en las que aparece el autor se indica con claridad que se trata del 'discípulo amado'.

La primera mención al discípulo amado es al final de la misión de Jesús, en 13:23, cuando durante la última cena estaba reclinado sobre el pecho de Jesús, y Pedro le indica que pregunte a Jesús quién de entre ellos le va a traicionar.

Encontramos de nuevo (18:15) a Simón Pedro y otro discípulo que siguen a la guardia que ha arrestado a Jesús, y que siendo conocido del Sumo Sacerdote y de la portera consiguió que Pedro entrase en el patio.

Después le siguieron al Pretorio, pero no entraron para no contaminarse y así poder comer la Cena Pascual (18:28).

Ya en la cruz, Jesús ve a sus pies a su madre y al discípulo a quien él amaba. Les dijo, "Mujer, he ahí a tu hijo" y "He ahí a tu madre". Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa (19:25-27).

Cuando los romanos atraviesan el costado de Jesús con una lanza, salió sangre y agua, y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice la verdad para que vosotros también creáis (19:35).

Ya llegado el Domingo, cuando María Magdalena encuentra el sepulcro vacío, corre a avisar a Simón Pedro y al otro discípulo, a quien amaba Jesús, y ambos corren al sepulcro. El más joven llega antes que Pedro al sepulcro, y ocurre un hecho sumamente significativo. El joven no entra en el sepulcro, pero desde la entrada ve las vendas que envolvían a Jesús. Luego llega Pedro, que sí entra y comprueba que Jesús no está, y sólo después de esto, el joven discípulo entra también en el sepulcro (20:1-8).

Este hecho es significativo por una razón, porque el joven discípulo no quiso entrar en el sepulcro hasta estar completamente seguro de que no había un cadáver en el interior, para no quedar impuro, según la ley judía. Pedro no tuvo tantos escrúpulos en entrar, porque era un ciudadano normal, un pescador convertido en predicador, pero el joven era mucho más estricto en las normas judías sobre la pureza, como ya se vio cuando no quiso entrar en el pretorio de Pilato, porque ejercía una profesión que se lo impedía.

Era Sacerdote. Si no del mismo templo, al menos conocido de Caifás y lo bastante asiduo como para que la portera le conociera y le permitiera pasar junto con Pedro.

Y eso nos lleva a otra conclusión: que era persona importante, que era adinerado, y que no vivía en una cabaña, sino en una casa, posiblemente cerca del templo, en el barrio donde muchos sacerdotes tenían casa, la mayoría de dos plantas, en cuya planta superior pudo haberse celebrado la Última Cena. Y donde el Invitado Principal ocuparía el lugar más importante de la mesa, y su anfitrión estaría a continuación, recostando su cabeza sobre el pecho de Jesús. (Recordad que no estaban sentados en sillas, sino recostados en divanes o camillas alrededor de una mesa con los platos comunes).

Y llegamos al final. O más bien a los dos finales.

Tras aparecerse a los apóstoles, el capítulo 20 termina diciendo...

Y también hizo Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Juan 20:30-31

¿No es un final? Sí, es un final. Al menos así es como debe terminar una biografía de Jesús: Hizo más cosas. Esto se ha escrito para que creáis.

Y Fin.

Sin embargo el evangelio continúa con el capítulo 21, "Después de esto..." narrando tres episodios, el primero la Pesca Milagrosa, que había sido narrada por Lucas 5:1-8, al comienzo de su ministerio, cuando Jesús estaba aún vivo y predicando en Galilea. En cambio aquí se coloca como una aparición después de su resurrección.

Después se narra la conversación que tuvo Jesús con Pedro, cuando le preguntó tres veces "¿Me amas?" como un intento de que el mismo Pedro se perdonara las tres veces que negó conocerle.

Y el evangelio termina con este relato:

Volviéndose Pedro, vio a aquel discípulo a quien amaba Jesús, que los seguía, el que también en la cena se había recostado en su pecho y le había dicho:

«Señor, ¿quién es el que te ha de entregar?»

Así que cuando Pedro le vio, dijo a Jesús:

— Señor, ¿y éste, qué?

Jesús le dijo:

— Si quiero que él se quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú.

Entonces se dijo entre los hermanos que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no le dijo que no moriría, sino:

«Si quiero que él se quede hasta que yo venga, ¿qué a ti?»

Éste es aquel discípulo que da testimonio de estas cosas, y el que escribió estas cosas, y sabemos que su testimonio es verdadero.

Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribiesen cada una de ellas, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir.

Amén.

Juan 21:20-25

Por todos estos detalles podemos afirmar con muchísima seguridad que el autor que se refiere a sí mismo en este evangelio era un sacerdote, probablemente del templo de Jerusalén, adinerado e importante, conocido o quizás miembro del sanedrín. Y era el discípulo amado de Jesús, que tuvo una muy larga vida y del que muchos cristianos pensaban que aún viviría cuando Jesús volviera en su gloria para el Juicio Final.

Y sin embargo...

El Otro Autor del Evangelio de Juan

Una lectura atenta de este evangelio muestra que sobre las memorias del discípulo amado, otra persona intervino, añadió el capítulo post-final, insertó varios relatos que no eran originales y le dio una impronta al evangelio de la que carecen los demás. 

El de Juan es el más antijudío de los evangelios. Es en el que Jesús y sus apóstoles más veces son perseguidos por 'los judíos'. Incluso sus propios hermanos, judíos, le desprecian. En ningún momento se hace constar que Jesús y sus apóstoles son judíos. Por contra, 'los judíos' les atacan, les persiguen e intentan matarles en varias ocasiones.

Y, para ser el autor un sacerdote judío, manifiesta en ocasiones un gran desconocimiento de muchas de las costumbres judías.

Eso hace pensar que el evangelio de Juan no fue escrito íntegramente por el discípulo amado sino por un devoto cristiano, no judío, que se basó en las memorias del verdadero autor judío pero añadió varios episodios y comentarios en los que manifiesta su enorme animadversión a todo el conjunto de 'los judíos'.

Y también muestra varios hechos que contradicen a los otros evangelios.

Las Contradicciones de Juan

Mientras Mateo y Lucas afirman que Jesús nació en Belén (Marcos no menciona este hecho), 'los judíos' echan en cara a Jesús que, según las escrituras, el Mesías debía nacer en Belén, pero él había nacido en Nazaret, en Galilea.

Pero algunos decían:

— ¿De Galilea ha de venir el Cristo? ¿No dice la Escritura que del linaje de David, y de la aldea de Belén, de donde era David, vendrá el Cristo?

Juan 7:41-42

... de Galilea nunca se ha levantado profeta

Juan 7:52

Y a pesar de estas dudas, el evangelista nunca afirma que Jesús hubiera nacido en Belén.

Otra contradicción manifiesta es la edad de Jesús. Marcos no dice nada, pero tanto Mateo como Lucas afirman que Jesús nació en Belén, Mateo poco antes de la muerte de Herodes, lo que llevaría al año 6 ó 5 aC, Lucas también en tiempos de Herodes, durante el censo ordenado por César Augusto en todo el imperio, lo que ocurrió en el año 8 aC. Pero al mismo tiempo afirma que el censo fue realizado mientras Cirino era gobernador de Siria (Lucas 2:1-2), lo cual es una contradicción irresoluble, ya que éste no fue gobernador de Siria hasta el año 6 dC, 13 años después del censo de Augusto.

De hecho, sabemos por textos romanos que Cirino era gobernador en Cilicia y Galacia (en el sur y centro de Turquía) en los años en que supuestamente nació Jesús, y no pudo organizar ningún censo en Galilea ni Judea en tiempos de Herodes porque entonces estaba fuera de su jurisdicción.

Se trata, sin duda, de un error de Lucas que hace imposible datar la fecha del nacimiento de Jesús.

En cuanto a su ministerio y muerte, Lucas 3:23 afirma que Jesús tenía unos 30 años cuando fue bautizado. Y esto ocurrió en el año 15 de Tiberio Emperador. Como Tiberio fue nombrado emperador en Septiembre del año 14, eso significaría que Jesús fue bautizado el año 29, teniendo (suponiendo correcta la fecha de dos años antes de la muerte de Herodes) 35 ó 36 años.

Sin embargo, en Juan 8: 57, le dijeron 'los judíos': "Aún no tienes 50 años ¿y has visto a Abraham?". Y esto podría significar que Jesús aparentaba estar más cerca de los 50 que de los 40 años.

Y en cuanto al año de la crucifixión, depende de cuánto duró su ministerio. Los tres evangelios de Marcos, Mateo y Lucas narran una secuencia de hechos y viajes que parecen durar un año hasta su único viaje a Jerusalén, lo que nos situaría en el año 30 o 31. Pero la narración de Juan sugiere que viajó varias veces a Jerusalén y que su ministerio duró al menos tres años, lo que llevaría al año 33 ó 34.

Y otra inconsistencia del evangelio de Juan es que mientras Marcos, Mateo y Lucas afirman que Jesús celebró la Cena Pascual judía antes de ser hecho preso, Juan afirma categóricamente que fue preso el día antes de la Cena Pascual: Pedro y el discípulo amado no entraron en el pretorio de Pilato para no contaminarse antes de la Cena Pascual (18:28).

Hay también contradicciones en los nombres de los apóstoles de Jesús. Mientras en Marcos, Mateo y Lucas, Jesús está en Galilea y llama a Pedro y Andrés, luego a Jacobo y Juan, los hijos de Zebedeo, y más tarde a Leví-Mateo, en Juan 1:35 es Juan Bautista el que, en el Jordán, bastante al sur de Galilea, señala a Jesús a dos de sus discípulos y ellos comienzan a seguirle. Uno de ellos, Andrés, llama a su hermano Simón Pedro. Después, ya en Galilea, Jesús llama a Felipe y éste a Natanael, que no es mencionado en ningún otro evangelio o epístola.

En cuanto a las demás apariciones del discípulo amado, ninguna de ellas es mencionada en los otros evangelios, ninguno menciona quién estaba al lado de Jesús en la última cena.

Las mujeres testigos de la crucifixión, en Marcos 15:40 y Mateo 27:55 eran algunas mujeres, entre ellas María Magdalena, María, madre de Santiago y Salomé, la madre de los hijos de Zebedeo, no había ningún varón con ellas, pero en el más tardío Lucas 23:49 eran todos sus conocidos y las mujeres que le habían seguido desde Galilea. Y ninguno de ellos menciona a María, la madre de Jesús, ni a ningún otro discípulo, amado o no.

Cuando Pedro entra en el patio del Sanedrín (Marcos 14:54, Mateo 26:58, Lucas 22:54), está él solo, no se indica que nadie le acompañara. Igual que cuando, según Lucas 24:12, Pedro corre al sepulcro, lo hace solo, no se menciona ningún otro discípulo que le acompañe.

Y varias décadas más tarde hay un cristiano que escribe unas memorias en las que se atribuye haber estado en unos momentos cruciales de la última semana de la vida de Jesús, pero que ningún evangelista anterior había mencionado.

Realmente ¿es posible que los evangelios escritos 20, 30 ó 50 años después de la muerte de Jesús no mencionen estos hechos y el que fue escrito más de 70 años después incluya tantos detalles que no hayan sido descritos por los anteriores?

¿Tanto cambió la historia desde que se escribió por primera vez hasta la cuarta?

La Evolución de los Evangelios

Porque los evangelios no se escribieron al mismo tiempo, sino en un período de unos 60 años, desde el año 50 al 110.

El cristianismo primitivo se estaba formando y evolucionando y los cristianos del año 50 no eran los mismos ni pensaban igual que los del año 110, y eso se nota en las narraciones de los distintos autores que, mientras más tardíos, cambian el carácter y la interpretación que hacen de algunos hechos.

Los primeros cristianos eran judíos que predicaban a los judíos un judaísmo cristiano. No fue hasta varios años más tarde, probablemente hacia el 42~45, en que Pablo, el apóstol que no conoció a Jesús, comenzó a predicar a los gentiles un cristianismo no judío, más romanizado, adaptado a las costumbres y creencias de los gentiles.

A partir de ese momento son cada vez más los gentiles y paganos que se convierten y extienden el cristianismo por todo el imperio romano mientras que los judíos cristianos representan un porcentaje cada vez menor sobre el total de los cristianos. Y esa evolución se percibe en los evangelios, que mientras más tardíos manifiestan un cambio de opinión cada vez mayor sobre distintos aspectos recogidos en ellos.

El papel de los que se oponen a Jesús, por ejemplo, queda muy delimitado en Marcos a los Principales Sacerdotes, Fariseos y Escribas, con muchas críticas de Jesús y algún comentario despectivo como en Marcos 7:3 "[los fariseos] ... si no se lavan las manos muchas veces no comen".

Mateo es más crítico con los Fariseos, a los que en un sólo capítulo, en Mateo 23:13-33, clama "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!", no una, sino ocho veces, con un buen añadido de epítetos e insultos. A pesar de todo, Mateo distingue a menudo entre los Fariseos y los Saduceos, y en ningún momento los confunde con 'los judíos', a los que, igual que Marcos, sólo menciona una vez.

Por su parte los Saduceos sólo son mencionados una vez por Marcos y Lucas, siete por Mateo y ninguna por Juan.

Pero el evangelio más tardío, Juan, hace un uso exhaustivo y exagerado de la expresión 'los judíos' a los que, descontando las expresiones neutras, como Rey de los Judíos, Fiesta de los Judíos y Costumbres de los Judíos, cita hasta 53 veces, presentándolos siempre como enemigos de Jesús, perseguidores y causantes de su muerte.

Esto sirve de demostración de que el autor de Juan pudo basarse en las memorias del discípulo amado, pero él mismo no era judío. Es más, rezumaba odio a todos 'los judíos' a los que no deja de denigrar casi en ninguno de sus capítulos. Jesús, sus discípulos y los de Juan Bautista son los únicos que se libran de sus vituperios, hasta el punto de que en algunos versículos da la impresión de que ninguno de ellos era judío. Y eso es algo que, sin duda, no podría encontrarse en las memorias originales del discípulo amado, judío y sacerdote del Templo.

También se produce una evolución en el papel de Judas, que si en Marcos es retratado como un traidor que vende a Jesús por treinta piezas de plata, y en Mateo hace lo mismo pero se arrepiente, intenta devolver las monedas y luego se suicida, en Lucas y Juan, más tardíos, es el propio Satanás el que entra en Judas y le incita a la traición.

Igualmente, el papel de Pilato es mostrado en los cuatro evangelios de tal forma que en cada uno Pilato es más partidario de dejar vivir a Jesús y no condenarlo. Si en Marcos intenta salvarlo, en Mateo lo intenta aún más, y aún más en Lucas, pero en Juan, Pilato está desesperado por no condenarle y acaba haciéndolo sólo por miedo a 'los judíos'.

¿Miedo a los judíos?

Esta actitud pusilánime de Pilato no casa con la imagen que de él hacen los historiadores romanos, que le retratan como un hombre cruel y despiadado, capaz de lanzar sus soldados contra cualquiera que discutiera sus decisiones.

Sencillamente, es inverosímil que Pilato hubiera perdido el sueño por la muerte de un insignificante predicador judío como Jesús, y mucho menos si éste afirmaba ser Rey de los Judíos, cosa que inmediatamente le hubiera supuesto la condena a la cruz por el delito de sedición. Pilato, desde luego, ya había condenado a muchos a la cruz por delitos menores, en Jerusalén había crucifixiones casi a diario, y durante las rebeliones judías del año 70 se crucificaba a cientos de judíos cada día.

Pero conforme pasaban los años y el cristianismo se extendía en el imperio romano, era preciso ocultar o, al menos, disminuir la culpa romana de la muerte de Jesús y responsabilizar, primero a los sacerdotes principales del templo, a los fariseos, escribas y saduceos, y, con el tiempo, a todos los judíos.

El evangelio de Juan se escribió más de 70 años después de la muerte de Jesús, cuando el cristianismo había dejado de ser judío para ser la religion de personas que, en su mayor parte, no sabían nada de los judíos, desconocían sus costumbres, ignoraban el significado de distinciones tan sutiles como fariseos y saduceos, y el autor decidió meter a todos 'los judíos' en el mismo saco de la culpabilidad de la muerte de Jesús. A pesar del pobre Pilato, el romano que pretendió salvarle.

El Carácter Humano de Jesús

Y un detalle más que hace que el evangelio de Juan sea sumamente sospechoso es que el carácter de Jesús descrito por Juan difiere bastante del descrito por los anteriores evangelios.

Marcos, Mateo y Lucas describen un Jesús Mesías que predica el amor al prójimo y quiere redimir a su pueblo. También es un Jesús muy humano, capaz de cambiar de opinión (La mujer de Sidón) y tener dudas sobre su misión (¿Quién dicen que soy?). Y que puede desesperarse mientras reza en Getsemaní (Aparta de mí este cáliz).

También se deja llevar por la ira contra los Mercaderes del Templo y contra los Fariseos y Escribas, a los que muy a menudo llama hipócritas.

Pero la mayor parte del tiempo rehuye los enfrentamientos y las multitudes, retirándose a menudo al desierto para escapar, no de los que le quieren matar, sino de los que quieren hacerle rey. Y siempre que cura a alguien le pide que no lo divulgue, que lo guarde en secreto, tal como él recomienda en el Sermón de la Montaña.

Quizás lo más difícil de entender en su comportamiento es que castigara a una higuera por no tener higos cuando no era tiempo de higos (Es como si yo me quejara de que no hace sol a media noche). O que cuando le dijeron que su familia estaba en la puerta se negara a recibirlos y respondiera que su familia eran sus discípulos. O que a un joven cuyo padre acababa de morir y que quería enterrarle antes de seguir a Jesús, éste le dijera "Deja que los muertos entierren a sus muertos". ¿Es que acaso Jesús quería derogar el cuarto mandamiento?

Pero si hacemos un balance de lo bueno y malo de Jesús y sus predicaciones llegamos a la conclusión de que es mucho más lo positivo que lo cuestionable y que Jesús era un hombre honesto, que tenía compasión por los pobres, enfermos y pecadores, y que en general quería a la gente, y la gente le quería a él.

Pero en Juan se manifiesta un Jesús muy distinto, desconfiado (2:24) y hasta ladino, como cuando le dijo a sus hermanos que fueran a una fiesta, que él no pensaba ir, y a la que luego se presentó en secreto (7:8-10). Y es un Jesús mucho más polémico y altanero, que siempre está provocando violentas discusiones y escapando por los pelos de los que quieren matarle por sus palabras (5:16, 8:59, 10:39). E incluso desanimando y espantando a sus propios discípulos (6:66).

Y a pesar de todo Juan incluye algunas de las parábolas más humanas y hermosas como la de La Samaritana del Pozo o la de La Primera Piedra, que no habían sido recogidas por los otros evangelistas. Pero si separamos las parábolas y doctrinas y nos quedamos sólo con el relato, las diferencias son insalvables.

Es un Jesús muy distinto, más desconfiado, ladino y altanero, y son muchas las contradicciones entre Juan y los otros evangelistas que resultan imposibles de conciliar, lo que nos plantea una pregunta:

¿Podemos confiar en la veracidad del relato de Juan, escrito unos 70 años después de la muerte de Jesús?

¿O es más fiable el relato de Marcos, escrito unos 20 años después de Jesús, y en el que décadas después se inspiraron Mateo y Lucas?

¿Existió el discípulo amado, que sólo es mencionado por el discípulo amado?

O tal vez se trató de un cristiano anciano que, queriendo halagar su vanidad, pasó los últimos años de su vida presumiendo de que había conocido a Jesús, que él era el Discípulo Amado, el que apoyó su cabeza en el pecho de Jesús durante la última cena, el que estuvo al pie de la cruz, acogiendo luego a la Virgen María, Madre de Jesús, en su casa, y quien tal vez no moriría antes de contemplar el regreso de Jesús con su ejército de ángeles.

¿Cómo sería tratado por los demás monjes del monasterio de Éfeso en el que pasó sus últimos y tal vez más deliciosos años?

Conclusión

De todo lo expuesto sólo podemos llegar a una conclusión. Los cuatro evangelios fueron escritos por cuatro personas de las que tres, muy probablemente, no conocieron a Jesús, pero que para sus escritos se basaron en relatos escritos y orales de discípulos que sí le conocieron.

Estos escritos eran los dos rollos, profético y doctrinal, atribuidos a Mateo y las memorias del discípulo amado.

Marcos quizás fuera el joven de la sábana que huyó desnudo la noche que prendieron a Jesús. Si así fuera, entonces sí, conoció a Jesús, pero sólo al final de su ministerio en Jerusalén, no fue testigo de su vida ni de su ministerio, pero después acompañó a Pedro en sus viajes, escuchó sus relatos y los plasmó en su evangelio.

El autor de Mateo se basó en este relato, incluyendo gran parte del contenido del rollo doctrinal de Mateo, que convirtió en el extenso y valioso Sermón de la Montaña.

El autor de Lucas, más tarde, se basó en Marcos para narrar la vida de Jesús y en las memorias de un acompañante de Pablo para narrar los Hechos de los Apóstoles. No conoció el evangelio de Mateo, pero sí el rollo doctrinal atribuido a Mateo, de donde extrajo las Bienaventuranzas, el Padre Nuestro y otras enseñanzas de Jesús.

Y el discípulo amado escribió o dictó sus memorias y en ellas se basó el segundo autor, probablemente el Anciano que firmó dos de las tres epístolas atribuidas a Juan. Si el discípulo amado se basó en sus propios recuerdos de 60 años atrás, o se basó en otros relatos y escritos y los adornó, o si su relato es fidedigno o exagerado, eso no lo sabemos.

No parece necesario postular la existencia de un supuesto Documento Q, que sirviera de inspiración a los evangelios. O más bien, el primer Evangelio, Marcos, es el documento Q en el que décadas más tarde se basaron otros para escribir Mateo y Lucas.

Y de toda esta amalgama de historias, algunas recordadas, otras inventadas, se ha construido una tradición y un relato que durante casi dos mil años ha sido aceptado como verdad indiscutible por parte de la Iglesia y de toda la cristiandad.

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