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Jesús toma a Adán bajo su protección y los antiguos profetas cantan su triunfo

Creada09-06-2013
Modificada28-07-2015
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Noviembre1

El Evangelio de Nicodemo

XXV Jesús toma a Adán bajo su protección y los antiguos profetas cantan su triunfo

  1. Y el Señor extendió su mano, y dijo:
    — Venid a mí, todos mis santos, hechos a mi imagen y a mi semejanza. Vosotros, que habéis sido condenados por el madero, por el diablo y por la muerte, veréis a la muerte y al diablo condenados por el madero.
  2. Y, en seguida, todos los santos se reunieron bajo la mano del Señor. Y el Señor, tomando la de Adán, le dijo:
    — Paz a ti y a todos tus hijos, mis justos.
  3. Y Adán, vertiendo lágrimas, se prosternó a los pies del Señor, y dijo en voz alta:
    — Señor, te glorificaré, porque me has acogido, y no has permitido que mis enemigos triunfasen sobre mí para siempre. Hacia ti clamé, y me has curado, Señor. Has sacado mi alma de los infiernos, y me has salvado, no dejándome con los que descienden al abismo. Cantad las alabanzas del Señor, todos los que sois santos, y confesad su santidad. Porque la cólera está en su indignación, y en su voluntad está la vida.
  4. Y asimismo todos los santos de Dios se prosternaron a los pies del Señor, y dijeron con voz unánime:
    — Has llegado, al fin, Redentor del mundo, y has cumplido lo que habías predicho por la ley y por tus profetas. Has rescatado a los vivos por tu cruz, y, por la muerte en la cruz, has descendido hasta nosotros, para arrancarnos del infierno y de la muerte, por tu majestad. Y, así como has colocado el título de tu gloria en el cielo, y has elevado el signo de la redención, tu cruz, sobre la tierra, de igual modo, Señor, coloca en el infierno el signo de la victoria de tu cruz, a fin de que la muerte no domine más.
  5. Y el Señor, extendiendo su mano, hizo la señal de la cruz sobre Adán y sobre todos sus santos. Y, tomando la mano derecha de Adán, se levantó de los infiernos, y todos los santos lo siguieron.
  6. Entonces el profeta David exclamó con enérgico tono:
    — Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho cosas admirables. Su mano derecha y su brazo nos han salvado. El Señor ha hecho conocer su salud, y ha revelado su justicia en presencia de todas las naciones.
  7. Y toda la multitud de los santos respondió, diciendo:
    — Esta gloria es para todos los santos. Así sea. Alabad a Dios.
  8. Y entonces el profeta Habacuc exclamó, diciendo:
    — Has venido para la salvación de tu pueblo, y para la liberación de tus elegidos.
  9. Y todos los santos respondieron, diciendo:
    — Bendito el que viene en nombre del Señor, y nos ilumina.
  10. Igualmente el profeta Miqueas exclamé, diciendo:
    — ¿Qué Dios hay como tú, Señor, que desvaneces las iniquidades, y que borras los pecados? Y ahora contienes el testimonio de tu cólera. Y te inclinas más a la misericordia. Has tenido piedad de nosotros, y nos has absuelto de nuestros pecados, y has sumido todas nuestras iniquidades en el abismo de la muerte, según que habías jurado a nuestros padres en los días antiguos.
  11. Y todos los santos respondieron, diciendo:
    — Es nuestro Dios para siempre, por los siglos de los siglos, y durante todos ellos nos regirá. Así sea. Alabad a Dios.
  12. Y los demás profetas recitaron también pasajes de sus viejos cánticos, consagrados a alabar a Dios. Y todos los santos hicieron lo mismo.
 

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